La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Patrícia Portela, traducción de extracto de “En la hora de comer al entrenador”

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[…] Estoy a tu lado, despierta. Ya raya el día y sólo ahora te dormiste. Es entre las dos y las seis de la mañana que nos encontramos, todas las noches, en nuestra habitación. Yo, porque llego siempre tarde de la redacción, ceno de pie y de camino a casa mientras voy cerrando otra edición más del periódico. Tú, porque no tienes trabajo, porque perdiste el interés por todo y atraviesas la noche, arrastrándote, evitando el nuevo día.

Vivimos hace 15 años en esta distancia. Tú, enviciado en las zonas de conflicto armado a las que te vas siempre que puedes; yo, enviciada en la próxima noticia con la que pondré patas arriba el mundo. Me prometiste que nunca más aceptarías un reportaje de guerra pero todas las noches fotografías una batalla nocturna más. Soy yo quien te despierta de tus pesadillas, quien te limpia el sudor, la baba que se te escapa. Soy yo quien te aprieta contra mí para alejar los delirios con las canciones que tú mismo me enseñaste a cantar. No tuvimos hijos, no compramos una casa con jardín, no acumulamos ni deudas ni dinero, pero ahora tenemos tiempo, tenemos un techo y un insomnio permanente. No es fácil dormir frente a la visible inutilidad de tanta catástrofe diaria.

El sueño no puede eliminarse pero puede destruirse, reducirse y maltratarse con la vida que llevamos desde que nos despertamos. Son tantas las noches que recorremos a la vez, un paso tú, un paso yo, abrazados a la sombra, interrumpiendo el presente aquí y allí con nuestros fantasmas nocturnos y los sueños por cumplir. Son tantas las noches en que nos acostamos de manos dados con la memoria, intentando ser algo más que sólo este limbo, y ejercitamos un equilibrio permanente entre la extenuación y un renacimiento a dos.

Tú nunca vuelves de las zonas de conflicto —te susurro en los días más difíciles. Tú me respondes que no hay nada más bonito que verme dormir, que podrías contemplar durante horas infinitas el diseño de mis cejas y acariciar los caracoles de mi tupida cabellera.

Nuestra vigilia es el vehículo de un deseo consciente de cambio, voluntariamente desconectados de la matriz diaria para cuidarnos el uno al otro, señal de que aún confiamos en nosotros. Mientras todos se exponen, ahí fuera, en las redes virtuales o en los bares nocturnos de la ciudad, nosotros nos encerramos en la habitación y vivimos sin avances ni retrocesos, como si fuésemos una tienda de artículos de segunda mano, un lugar contra la sociedad de consumo, reciclando hasta nuestros días más inútiles, repitiéndonos en las costumbres y en las conversaciones, deambulando sin límites ni objetivos. Es al descansar del día cuando compartimos el abandono de la conciencia donde tú y yo nos encontramos, tal y como siempre fuimos, en un tiempo suspendido que es sólo nuestro, donde nadie nos puede convencer de absolutamente nada.

Es en ese extraño momento en el que ambos nos detenemos y nos juntamos a la multitud de soñadores de la ciudad. Apagamos las luces como si no faltase nada más, ni dinero, ni trabajo, ni aflicciones, solamente estos cuerpos ignorando a los espectros. Quizás fuera Freud el primero en dejar constancia de todo esto cuando afirmó que los sueños no son más que piezas de una infancia reprimida, olvidando que también pueden ser ensayos secretos de un futuro mejor.[…]

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Source http://www.algumapoesia.com.br/poesia3/

Eugénio de Andrade, traducción y selección de poemas inéditos

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VIAJE

 

Iremos juntos separados,

las palabras mordidas una a una,

taciturnas, centelleantes

—oh mi amor, constelación de bruma,

hombro de mis brazos vacilantes.

Olvidados, recordados, repetidos

en la boca de los amantes que se besan

en lo alto de los navíos;

deshechos ambos, ambos enteros,

en el rastro de los peces luminosos,

ahogados en la voz de los marinos.

 

NO ES VERDAD

 

Cae, como antaño, de las estrellas

un frío que se extiende por la ciudad.

No es de noche ni de día, es el tiempo ardiente

de la memoria de las cosas sin edad.

 

Lo que soñé cabe en tus manos

desgastadas de tejer melancolía:

un país que crece en libertad,

entre almiares de trigo y de alegría.

 

Pero la muerte pasea por las habitaciones,

ronda las esquinas, entra en los navíos,

su mirada es verde, su vestido blanco,

huelen a ceniza sus dedos fríos.

 

Entre un cielo sin color y montañas de carbón

el ardor de las estaciones cae podrido;

los mástiles y las casas escurren las sombras,

sólo la sangre brilla endurecida.

 

No es verdad tanta tienda de perfumes,

no es verdad tanta rosa descepada,

tanto puente de humo, tanta ropa oscura,

tanto reloj, tanta paloma asesinada.

 

No quiero para mi tanto veneno,

tanta madrugada barrida por el hielo,

ni ojos pintados donde muere del día,

ni besos de lágrimas en mi pelo.

 

Amanece.

Un gallo raya el silencio

dibujando tu rostro en los tejados.

Yo hablo del jardín donde comienza

un día claro de amantes entrelazados.

 

ELEGÍA Y DESTRUCCIÓN

 

De ese tiempo en que se sigue siendo niño

durante miles de años,

traje conmigo un aroma de resina,

traje también los juncos rojos

que ladean la orilla del silencio,

en este cuarto, ahora habitado por el viento;

traje incluso una mirada húmeda

en la que los pájaros perpetúan el cielo.

 

Difícilmente olvido la calle donde encontré

tus ojos inmensos, fascinados

por el fulgor secreto de las espadas,

la casa donde te conté, con las manos trémulas,

la parábola del pan y del vino,

dando a cada palabra un rostro nuevo.

 

La ciudad donde te amé fue arrancada

y no puedo destruir a los centinelas del miedo.

Pero tampoco puedo dejar de quererte

con besos y relámpagos,

con sueños que tropiezan en las paredes

y se alimentan de terror y de alegría,

mientras el tiempo sigue sollozando.

 

¿Qué me queréis verdes sombras de luna

en mi cama donde adormece el frío?

Aquí estoy, más alto que el trigo,

sangrando en los pétalos del día,

y sin recelo de que a nuestros gritos

aun los llamen brisa.

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ESBOZO DE UNA EXPERIENCIA (de traducción)

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Te imagino paseando por las calles de Lisboa, dando vueltas por O Chiado, calle abajo, dejando atrás a Camões y a Pessoa. No soy yo quien mira al escaparate de aquella librería en la que siempre entrábamos, quien compra el libro As Palavras Interditas, Até amanhã. No soy yo, fuiste tú, tú que no estabas aquí cuando yo imaginaba, aún sin saberlo, los versos del poeta:

 

Despierto sin el contorno de tu rosto en mi almohada,

sin tu pecho terso y claro como un día de viento y comienzo a

erguir la madrugada apenas con las dos manos que me dejaste,

vacilante en los gestos, porque mis ojos se fueron con los tuyos.

 

La poesía de Eugénio de Andrade llegó así para quedarse, anidando en mi vida, vida de traductor y vida de tu amante. Luego vendría el respirar sus palabras poco a poco, regresar a la vida de a diario cabalgando una mirada distinta, sus palabras como mías, recordando aquella pasión que fue la primera lectura, prolegómenos de esta traducción, este libro en la cocina de tu casa (metáfora de una revelación) mientras desfilaban en el televisor las atrocidades de las sombras nefastas de nuestros días, y yo, con la noche allá fuera, repitiendo en voz alta:

 

Cae, como antaño, de las estrellas

un frío que se extiende por la ciudad.

No es de noche, ni de día, es el tiempo ardiente

de la memoria de las cosas sin edad.


 

Y ahora que ya estamos aquí, que hemos vuelto, una vez más, a caminar juntos esta arena y sus orillas, sigo en el aire el rastro de tu lengua, esa lengua que es boca para estos versos; y me enredo con los extraños sueños que da la luz, arrastrando entre las sábanas mis dedos, adelantando las manecillas del reloj mientras te espero, encogiéndome fetal y ebrio, alzando con mi brazo esta copa con el deseo de que no pase el temblor. Y que vuelvas pronto, Amor mío, amor de una breve madrugada de banderas. Porque aún recuerdo tu regreso con este libro, proponiendo con tus labios nuevas preguntas e incertezas:

 

Qué puedo yo hacer sino escuchar el corazón inseguro

de los pájaros, apoyar la cara en el rostro lunar de los borrachos y

preguntar qué fue lo que pasó.

 

Nada más abrir la puerta sonreías con relatando sin pausa tus historias lisboetas, ese equipaje que tanto haces levitar como una madre de nubes y futuro, alimentando los erráticos deseos de mi memoria… Amor, he susurrado pecho adentro estas palabras, estos versos, siempre antes de medianoche para invocarte, siempre, cuando me dejabas con tu ausencias de ocho horas y cuarenta y cinco minutos, porque:

 

Un pájaro y un navío son la misma cosa

cuando te busco con el rostro clavado a la luz.

Y sé que hay diferencias,

pero no cuando se ama,

no cuando apretamos contra el pecho

una flor ávida de rocío.

 

Es así que también las palabras cobran vida, dando vueltas y revueltas en nuestras cabezas mientras llega un domingo más irrumpiendo en la puerta. Pero siempre en medio de palabras, de palabras prohibidas, palabras que solamente nosotros conocemos. Hasta mañana.

Al parecer

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Al parecer deseo, en mi espera, un sirena que encalle mi proa, mi nave, mi carne,

una sirena que me abra la cabeza contra las rocas, que me desuelle y me decante sobre mis propias hojas escritas.

 

La letra, al menos, sabrá alimentarse de mí.

[poemPackage 1 % N]

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[poem Package 1 % N]

 

Mercado de Sonora.

[poemPackage 1 %…]

Vendo libros usados

apoyado contra una pared

observando a la gente

[poemPackage 1 %…]

alumbro tal o cual parábola

pero nadie se detiene

un segundo a escuchar

[poemPackage 1 %…]

saludan y sonríen

palmaditas en la espalda -y tal-

[poemPackage 1 %…]

nadie compra

simplemente miran

y se van,

Pero siguen ahí

[poemPackage 1 %…]

en mi boca,

compañía para caracoles

que extrañamente quieren decirse.

 

La cama, media barra de bar abanonada

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Tu ropa dejaba un silencio tras de sí,

confidencia o soco o silo, refugio nuclear.

Ahora nada queda salvo un silencio obcecado,

un letime apocalíptico sobre las playas de la isla de Henderson

donde, ahora, como en la propia trinchera que nos desangra sobre la cama,

se reúnen, a morir, restos de basura, carne y desechos.

No somos más que media barra de bar,

abandonada a la suerte de una medianoche de lunes

donde apenas unas chopas trapecistas, y algunas cucarachas mexicanas,

recalan, para devorarse, entre restos de Jilmador, cepos de caza

y los restos de Lorca lamiendo la sosa caústica.

Aquellos años

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¿Recuerdas aquellos años? Asistíamos a un espectáculo único, sin duda, aquel espectáculo que parecíamos contemplar siempre desde una piscina cubierta, en medio de una bruma y la visión de la anguila mitológica, medio sorprendidos y medio distraídos, en ese instante equilibrista que tanto conocimos y aprendimos a domar mientras otros retrasaban el paso con el que podrían acompañarnos…

Tú y yo nos entregamos a la minería más auténtica, excavar lugares en los que añejar la carne y nuestra letra. Siempre el mismo día… Y así hemos llegado hasta aquí y hasta ahora. Siempre mirando otros horizontes rodeados de monos.

[12:50pm]

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Sala de estar. Televisor encendido.

La abeja Maya en el interior del bosque.

Un ciempiés exhibe sus dotes de trobador…

pero no convence.

Tras la cristalera de la sala de estar del hospital

un hombre de polo rojo falla su único y último hoyo

en el green. La pelota queda muerta,

y él la mira apenas un segundo y la recoge,

y se va.

En el bar del hospital, sobre una butaca vacía,

da a luz una mota de polvo entre una multitud ausente y gérmenes que la ignoran.

Es un mediodía soleado. Las nubes dibujan la historia del tiempo sobre el césped

mientras un árbol gris y muerto me susurra una historia repetida.

Abandono mis ojos sobre el césped.

La muerte se torna verde.

 

En la sala de espera un viejo moribundo intenta servirse un café de máquina, mientras me mira, perdido, adivinando

la muerte de mi abuela. Se comenta en los pasillos -dice-las palomas en los ventanales, y las tórtolas y los niños.

 

Pero sólo cabe amar cuando unas lágrimas afloran nuevas tentativas de asalto.

Sin título, primeros poemas

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Esta noche es perfecta.

Hay luz. Hay silencio.

El cerebro se inyecta de sangre

y la sangre de azúcar y de alcohol

y de tanta poesía

que nunca

cabe en un poema…

*

¿Qué importa

si nos quedamos solos?

Hace tiempo que dejó

de extrañarnos.

El tiempo gira sin cesar,

la vida se multiplica en nuestra retina

y no dejamos de enviar nuestras hordas bárbaras

contra toda la jodida civilización…

¿Qué importa?

*

¿Qué importa el conocimiento profundo

y extraño

de nuestros deseos?

Siempre habrá versos y relatos que no me cuentes,

que yo

no te diga.

¿Qué importa un libro mal escrito unas comillas

extrañas y urticantes…

si baja dulce la absenta nuestras gargantas?

Los abogados van al infierno, y lo sabes;

y los que no quieren ahogarse en su mierda se van de putas,

¡y lo sabes!

¿Qué importa, Loco?

¿Qué importa?

¿Qué importa tu nombre y tu apellido

si te cuelgas de ramas y farolas, si aúllas en silencio,

si no preguntas, sino hablas,

si tras unos acordes te lanzas a bailar con la utopía de un hombre

con la felicidad recitada, con la dicha

que ahora no tienes,

con un tiempo que ahora sólo recuerdas ebrio?

Loco, tienes razón,

nos cuelgan nuestros errores de las pupilas

pero el aire que respiramos es nuestro, y SÓLO nuestro.

 

¡Qué importa si es este poema se suicida de por vida

a sabiendas de que se queda corto,

de que hay toneladas de poesía con las que no puede cargar

sino es con la inestimable ayuda de una botella de algo, un algo de droga,

un todo de poco,

o  mucho sexo de nada!

¿Qué importa, Loco?

¿Qué importa?

The Tiki doctors and the late mixed poems

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*

Únicamente es posible el naúfrago

*

Naútica, Antidio Cabal en “Atmósfera seguido de Parasangas”.

*

*

mi homero de la clase fabularia

mi viejecito terco y arbitrario

quién te diría a ti   quién te diría

nada    tú lo investaste mi viejo y sedentario

el viaje y la pelea los hombres y las sombras

fuen un juego junto al fuego junto al vaso

de vino    quién desdeña el guarecido

de itaca y se va a troya mi cansado

rapsoda   quién se apunta a la guerrilla

del monte  como un perro solitario

mi viejo y mentiroso    qué soñaste

tu cabeza es un grillo astuto y trasgo

tú nada viste viejo   nada sabes   ¿qué ulises?

me resigno con ser llama en el palo

*

sin título, de Lázaro Santana en “Recordatorio USA”

*

*

Habrá que empezar por algún sitio. Pero eso no quiere decir que podamos empezar por el principio. Aquel lugar desde el que empezamos es el origen, está aquí, no detrás. Su resultado no es el inicio, sino la inaguración, y por ello su marca no es la de lo inicial, sino lo inagural. No separa lo de antes y lo de después, sino que une esos dos trozos en lo originario, en la paertura que nos hace sernos insustituibles.

*

Desde lo partido, de Miguel Pérez Alvarado

en “Tras la sístole -viaje y escritura insular-

*

*

Mãe é aquela que vê partir.

*

MÃE. UMA DEFINIÇÃO POSSÍVEL, de Nuno Costa Santos

en “Melancómico O Livro”

*

*

 

Mafra

é Mafra

e eu

sou eu.

Nunca dancei ao som de carrilhões

num pus colchas floridas nas janelas.

Não pretendo lançar no futuro

a minha história que os outros construiram.

Máfra é Mafra

e eu sou livre.

Ou não:

Meus escravos de áfrica plantados no brasil

escavando o ouro com a coronha das g3.

Nunca acertei meus passos pelo ritmo das balas

nem porei a cabeça no alvo que procuras.

Mafra é Mafra

e eu

sou eu.

Por detrás da máscara eu lá estou

sem ódios, nem balas, nem guerras

despido

e com um ramo de cravos

em cada mão.

*

 

De Mafra, com mágoa, de Urbano Bettencourt

en “outros nomres outras guerras”.

*

*

Two hours have passed now

And the blood still flow from my throat

There is not a soul walking outside

A spring night, the trees quietly breathing, sprouting

This above all is the seminary spring

Where Bodhisattvas have given up a hundred million lives

Andthe Buddhas have passed into Nirvana to reside

I have resolved time and again

To die alone

Unseen tonight by anyone

Leading myself by the hand

Yet whenever the lukewarm

New blood gushes forth

Fear, indistinct, white, strikes

*

Night, de Kenji Miyazawa en “Strong in the rain”,

traducción al inglés por Roger Pulvers.

*

*

Si os que xacen dentro non poden saíre,

i os que viven fora non queren entrar,

ostes rexos muros que coutan as campas

son un monumento da idiotez humán.

*

Escrito na parede do cimenterio, de Celso Emilio Ferreiro en “Cimenterio Privado” recopilado en “En tránsito. Poesía Galega en Madrid”.

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