La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Mes: septiembre 2013

Reflexiones sobre la crítica literaria

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… Al margen de corrientes críticas y ataduras de todo tipo, lejos de reseñas disfrazadas de críticas, y de criticas de “contexto excesivo”, esas que hablan de todo menos de la experiencia de la lectura, de la obra leída y revivida, propongo una crítica “de encuentro”, un mano a mano a solas con el texto, con la obra, con el poema, con la incertidumbre y el riesgo; una experiencia. La crítica literaria es, a fin de cuentas, un acto creativo, un análisis e interpretación que se debe a su naturaleza subjetiva pero que, al contrario de una opinión y la mera vanagloria, se compromete con la red coherente y flexible de interpretaciones, de ejemplos y argumentos que elabora y teje. Ahí radica la humildad, la honradez y el compromiso del crítico. Y es un compromiso múltiple; con la concepción propia de la crítica, con el desarrollo continuo de esta, y también con la poesía, con la creación literaria y la literatura…

Muestra de relato hiperbreve

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I

Te llegaste como un ángel que sabe nada de misericordia. Viniste a mí. Diría que me buscabas. De ahí que casi no entienda esa costumbre tuya ahora de huir (de aquí, de ahí) de ti, hacia todas partes y ninguna. Y no quieres darte cuenta pero te delatan las miguitas de pan desnudas que sin querer deslizan tus manos, esos otros dedos que te suben la falda justo después de comer, y que hacen que abras otra vez la boca.

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A veces, la cercanía de las lenguas percibida entre los signos de la palabra avisa de un riesgo, insinúa la posibilidad de una sinonimia “absoluta”. Ocurre entonces que, según el contexto, se vive el milagro donde “barco” es “barco”, y “cabelo” es “cabello”.

3 poemas incluidos en “Confluencias” (BeginBook, 2010)

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Semana Santa

En el bar.

Tú hablas de Buda mientras Manolo

te pregunta por las procesiones.

Entonces te imaginas siguiendo a la marea humana,

toda bien vestida, casi toda en colores negros

y piensas: me voy a beber.

Y vas y entras en un bochinche y pides vino hasta reventar,

y al salir a la calle te asalta, desde arriba,

la imagen de un hombre, de unos treinta y tantos,

medio desnudo, cargando una cruz que no le pertenece,

sangrada toda su cara y con una expresión de dolor

que nunca has visto…

¿Qué es esto? ¿Por qué pasean el sufrimiento de este hombre?

… ¿Por qué este sacrificio?

… Das unos pasos, te caes al suelo sobre un charco

y te sorprendes al ver como se apresura

una perra abandonada a limpiarte la cara y las manos:

Deja que limpie tus manos y tu rostro cansado”-dice ella.

Y tú contestas:

Por haber amado tanto… por haber amado tanto y siempre

con fe, tú no tienes ningún pecado.

Vulgar

Aquí yace,

frente a esta bolsa de basura,

una paloma muerta.

No es una paloma cualquiera,

es la única paloma aún joven

que yace muerta frente a mí…

Así pues, no es una paloma vulgar.

La noria

Sobre una lágrima,

a través de la extrema piel del agua

incidía la luz sobre mi pecho.

A tan sólo un centímetro escaso de su boca

mi corazón latía apresurado,

se esforzaba en el mecanismo rojo

de las cavidades de la noria y

las llenaba,

las vaciaba sobre la ropa

y dentro del hueso

y así, continuamente,

repetiendo la reverencia humilde con el gesto.

Infinito

Proceso de creación de un poema

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Salgo de mi casa. Me dirijo a la parada de guaguas. Tengo el tiempo algo justo para llegar y coincidir con el transporte urbano justo a tiempo. Voy con algo de prisa porque no me puedo fiar de ninguno de los relojes. El reloj de muñeca siempre retrasa cinco minutos, pero la hora que muestra el teléfono móvil me hace dudar. En esta ocasión, no camino por en medio de la carretera todo el trayecto hasta el paso de peatones, sino que me subo a la acera a mitad de camino. Saludo a un vecino, que solo conozco de vista, y paso, a velocidad constante y acelerada, junto a varios parterres con árboles, pequeñas piedras, alguna que otra planta en miniatura y diversos excrementos de perro. Y encuentro una tórtola muerta…

Una tórtola muerta en la calle,
estirada en una esquina de un parterre

Sin embargo mi paso sigue, no se para, sé que quiero llegar lo antes posible a la parada y, esta vez, no voy a dejarme llevar por la impresión de la tórtola muerta. Mi mente, sin embargo, se ha quedado junto a ella. Su mirada se perdía muerta a la altura de mi pies, bajo la línea de los tobillos, destacando su gris blanquecino y polvoriento sobre el marrón negruzco de la tierra húmeda. La miré menos de una milésima de segundo y su imagen viajó a la velocidad de la luz hasta mis ojos. Allí, cada glóbulo ocular invirtió la imagen y la traslado a través del nervio óptico hasta los dos hemisferios cerebrales. El cerebro, entonces, de una manera inconscientemente instantánea, certificó la muerte del animal y ordenó levantar levantar el cadáver. No hay nada que hacer. Ha muerto.

Sobre su pecho,
una esmeralda verde de un millón de ojos
ausculta el corazón del ave:
ya murió. Y no late…

Y seguí andando. En mi cabeza había quedado atrapada la imagen de la tórtola muerta sobre la tierra. La semilla del poema, su idea primera…

 

…Una tórtola muerta, en la esquina de un pequeño parterre, una mosca verde con sus miles de lentes oculares, saboreando con su boca el cuerpo del ave. La muerte en cuerpo y figura en ese pedazo de naturaleza manipulada que es un parterre; el Tiempo dejaba su huella, la causalidad. La paloma muerta atraería, más tarde, a otros insectos, como las hormigas y cucarachas, estimularía el olfato de gatos y perros callejeros, y, quizás, algún ave rapaz divisaría el cuerpo quieto desde las alturas y picaría el aire hasta él. A medida que seguí caminando, sin haber llegado aún a mi destino, viajé hacia el futuro para crear el poema. En el futuro, la paloma sería devorada por la putrefacción, la tierra aceptaría su cuerpo como lenta ofrenda y, con ella, alimentaría a sus vástagos, a las raíces, a los pequeños insectos subterráneos, a las bacterias fotofóbicas…

La tierra reclama el cuerpo
para sus hijos,
las raíces plañideras
curvan el torso
y ofrecen sus lágrimas

Pero mi cerebro no fue el único en firmar certificados de defunción. Los sanitarios de urgencias locales alertaron a los  médicos de guardia y hasta allí se acercó, antes que yo, un forense. Afamado galeno de la muerte, de la reconocida familia Calliphridae, aquella mosca verde botella pisaba el pecho muerto del ave, bajaba la boca y chupaba, meticulosamente. Tal era su entrega al acto consumidor que solo me miró de reojo cuando pasé a su lado. Y aunque deseé que se marchara de un salto, perturbada por mi mirada de reproche inocente, colaboró en el poema, que seguía su propio desarrollo:
La mosca verde recoge sus útiles de medicina
y hace una reverencia:
ya llegan las hormigas
haciendo antorchas de las colillas en triste procesión

Ya llegaba a la parada de guaguas cuando escuché a lo lejos una melodía judía de violines y violonchelos dulces y oscuros. Al final de la calle, imaginé una procesión de hormigas portando antorchas, poniendo en cada paso un ritmo moribundo de zombis que solo piensan en sí mismos, al ritmo, quizás, de Beirut y March of Zapotec.

El poema, ¿final?

Una tórtola muerta en la calle,
estirada en una esquina de un parterre.
Sobre su pecho,
una esmeralda verde de un millón de ojos
ausculta el corazón del ave:
ya murió. Y no late…
La tierra reclama el cuerpo
para sus hijos,
las raíces plañideras
curvan el torso
y ofrecen sus lágrimas.
La mosca verde recoge sus útiles de medicina
y hace una reverencia:
ya llegan las hormigas
haciendo antorchas de las colillas en triste procesión.

El poema final nunca llega. Muta una y otra vez, engaña con sus amagos. Cuando se despide y te da la tarea por hecha, es cuando más debes desconfiar. A poco que le des la espalda comienza a alimentarse del todo y de la nada, y crece, a otro ritmo, y en silencio; también en nuestro ser. No obstante, siempre aceptamos durante cierto tiempo que tal o cual versión es la final. Entre los versos que anoté en el bloc de notas y que fue posteriormente publicado hay diferencias que nacieron justo en el momento de la transcripción; incluso hoy, ya en 2013, el poema ha cambiado, leve pero efectivamente. Cuando vuelvo sobre los versos escritos a mano, los retengo una vez más en la memoria a corto plazo y, al mismo tiempo que los visualizo, la industria de la imaginación me aviso: los reconozco, sí; todavía, aún no ha pasado mucho tiempo… Y casi amenaza con otra versión… Y así sucede que podría afirmar que, en casi todos los poemas, este es el principal o el más claro de los procesos creativos, este vaivén de barca anclada en el mar, a la idea-gérmen del poema. La cadena que se hunde en el mar con el ancla como punta afilada, la historia de la tórtola muerte, es lo que no ha cambiado:

…una tórtola muerte; un doctor que certifica su muerte con millones de ojos; el Tiempo que vendrá y ofrecerá el ave a la tierra, como alimento para sus hijos; la hormigas que hacen antorchas mortuorias de las colillas del suelo…

La historia no cambia. Las imágenes permanecen casi sin modificación. Algunos versos han cambiado. De alguna manera ha tenido lugar un proceso de destrucción y creación, de reciclaje incluso, del poema. Las imágenes se pliegan a la historia, la historia de perfila, las imágenes discuten su intensidad, su conveniencia y veracidad dentro de la tira de fotogramas. El fondo de mi mente bulle, respira, hincha su pecho y se hace con las ideas que aportan las imágenes para cuestionar cómo de profundo han llegado en mi ser. Es cierto que seguí caminando, que no me dejé bucear en el acontecimiento de la muerte de la tórtola, que no navegué su muerte, su mirada, su última rama. No me detuve a contemplarla. Pero, de alguna manera, sí lo hice. Nunca dejé de estar junto al cadáver y nunca abandoné su cuerpo. Caminó conmigo, subió junto a mi la calle Fray Luis de León hasta bajar por el pasaje Samaritano y llegar a la calle principal de Tamaraceite. La contemplación tuvo lugar aunque seguramente no con la profundidad oportuna. No obstante, las marcas que dejó la tórtola persistieron, y el poema, tanto en su versión primera como en la publicada, contribuyen a que las imágenes permanezcan ahí, a mano; al igual que la historia.
Un poema debe producir extrañeza, debe plasmar su decir, su historia, su imagen, su reflexión mental; sumergir su mano e intentar alcanzar el fondo abisal de nuestro ser y del lector. La impresión siempre varía. La profundidad y las reacciones o sensaciones nunca son las mismas; pero son todas estas y más variables las que, al final, dan un raro cómputo o resultado final que es, al mismo tiempo, siempre variable…
…Y, efectivamente, el poema ha cambiado de nuevo:
Una tórtola muerta en la calle
estirada en una esquina de un parterre.
Sobre su pecho,
una forense de bata verde y un millón de ojos
ausculta el corazón del ave:
ya murió. Y no late…
La tierra reclama el cuerpo
para sus hijos,
las raíces plañideras
curvan el torso
y ofrecen sus lágrimas.
El doctor recoge sus útiles de medicina
y hace una reverencia:
ya llegan las hormigas,
iluminan el paso con colillas para la triste procesión.

 

Obviamente no es el final

Presentación individual de "Confluencias"

“Confluencias” BeginBook, 2010), primeros poemas publicados. Entrevista para LP Se Expresa

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¿Qué es “Confluencias”?

“Confluencias” es un rábano con forma de libro que, una vez maduro, decidió salirse del huerto tras casi dos años de chupar y chupar tiempo, absenta, cervezas, reuniones, recitales y excursiones por la capital y el sur de la Isla. Eso, y varios meses de selecciones y dolorosas correcciones. Es, también, y sin menoscabar la importancia de lo primero, una buena muestra de la primera etapa creativa de los miembros del colectivo literario Nueve Puertas en la que se puede encontrar relato, relato corto y poesía; un proyecto hecho con mucha ilusión que contó con el inestimable patrocinio y apoyo de la empresa Joyartesana (www.joyartesana.com)

Hablas de etapa creativa, ¿en qué momento se encuentran ahora los autores de “Confluencias” y el libro mismo?

Pues no lo sé… Cada proceso es personalísimo y solo podría arriesgar en qué trabajan actualmente los autores de “Confluencias”. Así, por ejemplo, Benita López Peñate acaba de publicar “Libros de Sal”; Corina Morera y Román Pérez González continúan el trabajo de la prosa con sus proyectos respectivos. De la parte del relato corto y el relato (también poesía), tenemos a R. Alzala y a Trini Rodríguez… mientras que yo sigo acostándome solo (o casi) con la Poesía. Sobre “Confluencias”… como proceso o etapa creativa de los autores, ahora mismo casi todos confirman lo que, a medida que el libro se vislumbraba, es decir, que, de ser hoy, se elegirían textos distintos. Sobre el libro propiamente dicho, quiero pensar que sigue a la espera de llegar a más lectores y de enfrentar otras posiciones literarias, críticas, etc. Es mi deseo. Hoy por hoy, hemos escuchado las valoraciones de los poetas Elsa López y Federico J. Silva. Además, falta una presentación oficial de “Confluencias”.

En la historia de la literatura canaria, ¿tiene “Confluencias un lugar? ¿Cómo se ubica “Confluencias” en esa perspectiva?

¡Uf, buena pregunta!… La verdad es que no tengo ni idea. A ver… nada más salir el libro me afané en encontrar o crear el lugar de “Confluencias” desde esa perspectiva, buscar similitudes con antologías como “Antología cercada”, “Poesía canaria última”; quería construir argumentos y arriesgar una posición para “Confluencias”, ubicarla donde yo creía – o quería- que estuviese; ser algo echado pa’lante intencionadamente. Pero lo cierto es que, ahora mismo, estoy muy lejos de pretender nada, y hablo sólo por mí. Creo que el tiempo y la suerte, así como el trabajo de cada uno de sus autores, le dará un lugar a “Confluencias”… si es que lo tiene. No obstante, sí creo que “Confluencias” tiene mucho que ofrecer y provocar… ya sea bueno o malo. Hasta el momento, nunca había leído o visto reunido en un sólo libro tantos estilos y voces distintas, pues la poesía presente en “Confluencias” sorprende por su variedad, por las diferentes aproximaciones a la existencia, a la realidad. Si en unos poemas ves el deseo de prenderle fuego al mundo entero, en otros querrás verlo arder y explotar, a lo lejos, si es eso lo que le mundo quiere para sí. Entre ambos extremos, introspección, búsqueda, sexo, amor, paisajes y emociones urbanas, y de tierra, mar y sal.

En “Confluencias” abunda la poesía. ¿Es cierto aquello de “Canarias tierra de poetas”?

No, y definitivamente no solo eso… o, al menos, dentro de mi ignorancia, mis propias lecturas y conclusiones. En Canarias, poetas grandes, por así decirlo, tenemos a Cairasco; luego, Tomás Morales y Alonso Quesada. En el siglo XX, la nómina de poetas aumenta, pero queda la cuestión de la aportación verdadera y duradera de estos. Y poesía de los últimos 20 0 30 años, destaco, por su aportación de frescura y renovación, la poesía de Federico J. Silva, Pedro Flores, Juan Carlos de Sancho y del fallecido José Rafael Franco… sin hablar de los poetas presentes y no presentes en “Confluencias” claro está. No obstante, me queda mucho por leer y descubrir, de manera que tal afirmación me parece un perpetro, una dudosa operación de márquetin, un onanismo intelectual. Además, también hay buena prosa en Canarias. Me atrevo a recomendar a Francisco Ramírez Viu en “Retrato de un loco azul”y “Hojas en la orilla”, “El árbol del bien y del mal” de J.J Armas Marcelo, “Mararía” de Rafael Arozarena y “Marianela” del abuelo Benito.

 

 

Poema premiado

Poema primer premio en el I Certamen de Poesía, por el Día de la Mujer, convocado por la Concejalía de Política de Igualdad y Mujer del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana

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Seas quién fueras

Fueras quién fueras…

… Sea cuál fuera

el corazón, el sexo,

el color, la sangre… el anhelo―.

Fuera cuál fuera

―el cuerpo y la soledad

de los órganos―…

…Quién quiera que seas

―tú, y yo;

compañeros o desconocidos

entre cuatro paredes―…

… Aquí permanezco leyendo tus manos

un instante, acercándome en la mirada,

recreándome en esas pequeñas diferencias

que nos despiertan y unen a diario.

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