La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Mes: diciembre 2013

Punto blanco sobre negro

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A veces miro y pienso que es una luna y que hoy, esta noche y por suerte, me ha tocado verla en todo llena. Entonces la pienso desnuda, con esa piel blanca de guardarse, de ofrendar la propia entrega a tan solo unos pocos, por aquel celo tan de proteger la magia; esa epidermis tan blanca que hasta un gemido basta para sonrojar, así apenas una gota de saliva. A veces, ocurre que observo por encima del hombro, rápidamente, como queriendo no ser notado, perpetrando con la experiencia que en suerte he recogido de mis años aquella mirada tímida y nerviosa, aquella de cuando los ojos se entregaban a otra persona… Además, en ocasiones, quizás en esos días más aerostáticos en los que recorro el mundo y el universo con unas alas imposibles y casi prohibidas, me llego a la fe de que ese punto blanco que se muestra a la mirada, es solo el más delicado y pequeño vello de todo su ser; que es inabarcable.

El mensaje

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Inconscientes. Despertamos bajo los golpes de una mano de bombero. ¿Cuánto tiempo llevábamos aquí, dormidos frente al mar…?

… Ella abrió los ojos. Extrañamente sorprendida o excitada. En vez de darse la vuelta y calentar otras áreas de la cama, la pupila enfocó el cuadro azul sobre el sofá. En el fondo cae un celeste, lentamente, degradándose hasta un blanco irreal, difuminado, que parece posarse como una nieve hecha de bruma. A la izquierda de ese delicado horizonte se ve entrar el extremo de un brazo de tierra que, rápidamente, se sumerge junto con la nieve, se funde con apenas una línea de tierra también, de una tierra flotante que separa el aire del agua. Sobre ella decenas de personas parecen pasear distraídas; algunas prolongan la conversación que intentó detener el pintor; otras señalan la dirección de un futuro movimiento; las hay incluso, casi diluidas en la derrota del cielo, que pretenden lanzarse el agua. Y una mujer. De frente. Señala fuera del cuadro, hacia el mar. Más allá…

…Nunca supo el nombre del artista. Apenas sí que había sido pescador, marinero en buques coreanos, que había pintado todos los ríos de Europa, de Brasil, y de los bosques helados de Finlandia. Pero nada más. Edad, nombre, familia, procedencia. Nada. Aquel acento que pudo notar no fue suficiente para decantarse por una nacionalidad u otra. Y aquel azul, el de sus ojos, pero también el del mar que habitaba el lienzo y parecía elevar leve y delicadamente la cama esa mañana… Aquel azul.

…Cada mañana, desde hacía dos semanas, miraba el cuadro. Celeste, nieve, bruma, esa poca tierra, una persona que señalaba hacia él; y el mar. El mar, paredes del seno de un ser gigantesco y antiguo, anterior incluso a los ojos que intentaban nombrarlo… Aquel mar, aquel azul como el amanecer, era una luz de promisión. Incluso a solas.

Hoy, despertaba con ella…

…Horas después se incorporaron en la cama, y se levantaron. Frente al espejo. Él observaba desde atrás. Ella antojaba su propia imagen mientras movía, ritualmente, la manos hacia abajo y hacia arriba, a izquierda y a derecha, hacia el espejo y hacia atrás, articulaba a ratos la muñeca deslizando en sus dedos lo que quería decir. Con la mano libre buscó entre sus piernas… Delicadamente se llegó al rostro. Extendió entonces su menstruo por toda la cara, se volvió, y le besó la mejilla.

—Estás preciosa.

 

La mañana siguiente. Exhaustos. Un día más el sudor fosilizado sobre las sábanas y unas manchas ferrosas. Cuando llegó la hora del almuerzo, él preparaba la comida. Ella, desde el cuarto de baño, pidió sonriendo el corazón del cabrito para sí, aún entero, que danzaba dentro del caldero.

poeta Tomás Morales

Tomás Morales o la importancia de la memoria

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El pasado año, 2012, Juan Carlos de Sancho (Islas Canarias, 1956) organizó un acto de reinvidicación social y literaria para que se conservara el nombre del poeta canario Tomás Morales para el “nuevo” instituto que acogería a todos los alumnos de lo que, anteriormente, eran dos centros educativos colindantes.

poeta Tomás Morales

Reivindiación para la conservación del nombre Tomás Morales para el IES

A los muertos no les queda más que la memoria de los vivos, nuestra voluntad y compromiso de recordarlos… Que existen y existirán millones de personas cuya vida y obra estuvo, y está, condenada a un olvido casi irremediable, es parte del destino humano. Pero no por ello hemos de condenarnos a la resignación… Y en Canarias aprendimos a condenar al olvido (al desinterés) desde muy temprano en nuestra historia, tal y como ocurrió con nuestros primeros antepasados y su legado cultura (auténticamente único en ciertos casos)… Lo peor de todo fue que esa inusual maquinaria de olvido se hizo costumbre entre nosotros… De esta manera, Tomás Morales se convierte hoy en la oportunidad perfecta para luchar contra el olvido, una vez más, de nuestra historia, a través de su obra y el testimonio poético que dejó de la época en la que vivió, y poder entender, un poco más, este tiempo nuestro que vivimos. De esta manera, el nombre –y, por tanto, la memoria- de Tomás Morales es la ocasión perfecta para ser más humanos, valorando nuestro pasado, honrando también nosotros la vida y hacer algo más que vagar y consumir.

Sin embargo, es fundamental que tengamos muy presente que permitir la desaparición del nombre de Tomás Morales es una de tantas maneras de no ser, o de ser más vacíos, más inhumanos; de convertirnos en cualquier cosa autómata… Es la ocasión perfecta para que nuestra dejadez contribuya otra vez a que nuestros hermanos y amigos, a que nuestros hijos y familiares olviden, un poco más, quiénes son, para que todos aquellos que nos visiten sigan ignorando quiénes somos, qué tierra es ésta, qué historia.

Sobre un plato de tomates

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“Una vez asistí a una tomatina… No terminó bien. O sí, depende. Desperté a la mañana siguiente frente a un reloj de esos redondos con campanas a ambos lados. Obviamente no escuchaba el tictac y mi compañía de cama tampoco parecía escucharlo. Así, enfrentando fijamente el reloj y sus tentáculos me miré la palma de las manos… rojas… pringosas… Recordé aquella vez que desperté, tras una queimada, sobre un colchón en medio de un salón rodeado, ¡no!, ¡cercado!, por una marabunta de moscas ansiosas de azúcar… ¿Qué había pasado? ¿Qué sucedió anoche?… Cuando miré al otro lado, aquella compañía se tapaba su bella desnudez con unas sábanas que anteriormente fueron blancas… Por todo su cuerpo había restos de tomate, jugo exprimido una vez y restregado luego a conciencia, pepitas aquí y allí, en el pliegue de los seños, en los pezones, alrededor del ombligo y sobre el vello del pubis junto a las gotas de un rocío extraño… “Buena noche, pensé”… Desde entonces no puedo ver un plato de tomates, ni una salsa de tomate sin sentir una “extraña” tensión en la entrepierna…” , extracto de Luigi y las tortugas (del mismo autor)

Tierra de otro cuerpo

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No busques más.

No hallarás tierra

en la ciudad.

Salvo que hagas

tierra de otro cuerpo.

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