La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Mes: febrero 2014

“Memento mori”, de CONLFUENCIAS (BeginBook, 2010)

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Quisiera ser árbol;

respirar el aire en sus hojas,

saborear la ósmosis en sus ramas

y circular la savia hasta su tronco;

latir adentro,

en sus edades de anillo,

recorrer todo el cuerpo celuloso

y dejarme llevar, río abajo,

por la sencilla gravedad de la vida.

Quisiera ser agua; penetrar la tierra

y abrirme camino por raíces y humus.

Ser Tierra… Roca y mineral, pensamientos cristalizados

entre insectos y animales muertos,

hojarasca, heces y materia inerte.

Quisiera ser lluvia eterna, y luego viento,

y luego fuego. Aire, para respirarlo todo,

y besar en sus hojas a los árboles.

“Solo una reflexión”, de CONFLUENCIAS (BeginBook, 2010)

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Estaría bien eso creer en Dios

y poder pedirle un día que te ayude,

que te proteja, que te ilumine el camino

cuando la mierda y las tinieblas

te lleguen por las rodillas, el corazón, o la garganta.

Estaría bien creer en Dios,

si quieres atravesar una autopista con los ojos cerrados,

o desmembrarte con kilos y kilos de explosivo

para ir a ese mundo celestial o, simplemente,

estar quieto, sin hacer nada:

sólo quejarte ante la estampilla de tu santo o tu Dios…

Qué jodido es ser humano,

todo carne blanda y vísceras y alma,

y verte un día pensando

que está bien, en algún momento,

pensar que existe Dios…¡Y creer!

“Desnudo”, Confluencias (BeginBook, 2010)

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Desnudo

Me desnudo en cortezas.

Una tras otra caen al suelo.

Ni siquiera sangro; ni siquiera puede verse el tejido desechado.

Poco a poco, crezco en cada árbol,

broto hoja verde y húmeda de vida,

extiendo mis brazos y se abren mis manos.

Poco a poco penetro la tierra,

escapa de mi boca

el aullido blanco de la vida,

la hora llena, la luna roja que late adentro…

Me desnudo en cortezas que corto con mis manos

y cuanto más desnudo quedo,

más libre soy.

Carta al padre, traducción de “Carta ao pai” de João Tordo

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CARTA AL PADRE

de João Tordo 19/02/2014 – 11:21

El escritor João Tordo publicó en su blog una “carta al padre”, el músico Fernando Tordo, que, a sus 65 años, emigró para Brasil. Se trata de un testimonio conmovedor que aquí reproducimos íntegro.

Ayer, mi padre se marchó, finalmente. Hacía poco que regresó y ya se fue, emigró a Recife y dejó este país, donde nació y donde vivió durante 65 años. Su jubilación sería, por aquí, de unos docientos y pocos euros, más una pequeña “pensión” de la Sociedad Portuguesa de Autores que habría servido, durante los últimos años, para pagar el coche con el que se movía por Lisboa y hacia los conciertos que fue dando por el país. En esos conciertos hubo salas llenas, medio llenas y, a veces, casi vacías; siempre lo hizo (era su trabajo) con una sonrisa en los labios y buen ánimo, para ganarse los garbanzos.

Ayer, cuando me acosté, me sentí triste. Y, al mismo tiempo, me sentí feliz. Triste, porque es más normal que emigren los hijos y no los padres (aunque Portugal tal vez ha sido capaz de conseguir invertir esa tendencia). Feliz, porque admiro su coraje para comenzar de nuevo en un país que casi desconoce (y donde casi lo desconocen), yéndose como se va animado por las cosas nuevas que allí encontrará.

Todo esto son cosas personales que no interesan a nadie, excepto a la familia del señor Tordo. Sucede que mi padre, guste o no su música, es una figura pública desde que era yo muy pequeño y, por lo tanto, su partida, que se limitó a anunciar en Facebook, donde mantenía contacto regular con sus amigos y admiradores, acabó por convertirse en algo mediático Y es esa la razón por la cual escribo: porque, casi sin quererlo, leí algunos de los comentarios sobre su marcha.

Mucha gente se despedía de él con palabras de ánimo. Otros, a pesar de las circunstancias, lo mandaban para Cuba. O para Corea del Norte. O decían que tenía que haber emigrado mucho antes. Que solo necesitamos aquellos que se quedan aquí. Hasta le insultan. Le asocian a la política, de la que se disoció activamente hace décadas (mientras estuvo con ella contribuyó, a su modesta manera, como otros músicos, escritores, cineastas y artistas, para la liberación de un pueblo). Y también pregunta qué hará allá: ¿limpiar baños y cocinas? ¿Vivir de su dorada jubilación? ¿Pillar un “curro” proporcionado por los “amiguitos”? Hubo hasta quien, con una ironía insospechada, le pidió que “no cobrase su jubilación portuguesa”. Los doscientos y poco euros.

Entiendo el desamor. Siempre lo entendí; es natural, incluso más natural cuando vivimos como vivimos y donde vivimos y con las dificultades que atravesamos. Lo que no entiendo es el odio. Mi padre, que es una persona llena de defectos como todos nosotros —como todos los autores de estos insultos—, hizo lo que le quedaba por hacer.

Se quiera o no, él forma parte de la historia de la música en Portugal. Solo, o con Ary dos Santos, o junto con algunas de las voces más apreciadas por el público de hoy —Carminho, Carlos do Carmo, Mariza, son incontables— , hizo algunos de los temas que perdurarán mientras nos sea permitido oír música.

Poco importa quién es el hombre, eso queda reservado para la intimidad de quien le conoce. Yo le conozco: es un tipo simpático y lleno de humor, que está bien con la vida y que, ayer, se fue con una maleta a la espalda y una guitarra en la mano, a los 65años, cansado de este país donde, más pronto que tarde, aquellos que le mandan para Cuba, Corea del Norte o a limpiar baños y cocinas encontrarán, finalmente, la tierra prometida: un lugar donde no queda nada salvo losreality shows de la televisión, las telenovelas y la vergüenza.

Nuestros gobernantes se han preparado para anunciar, contentísimos, el fin de la crisis, olvidando decir todo lo que se ha llevado por delante. La primera cosa fue la cultura, que es el patrimonio de un país. La segunda fue la felicidad, que está ausente de los rostros de quien anda por la calle todos los días. La tercera fue la esperanza. Y la cuarta fue mi país, y otros como él, que se niegan a ser gobernados por gente que hace de todo para darle el jaque mate —país lleno de personas, como mi padre, llenas de defectos, peor que quisieran construir un país mejor para sus hijos y para los nietos. Fracasaron en ese propósito; se engañaron al pensar que podíamos cambiar.

No queremos cambiar. Queremos esta miseria, la admitimos, la dejamos entrar. Y algunos de nosotros incluso están ahí para insultar, desde la comodidad de sus sofás, a aquel que, por no tener trabajo aquí —y que necesita trabajar para, a los 65 años, no transformarse en un fantasma o un pedigüeño—, hizo las maletas, cogió la guitarra y se fue lejos.

Ayer, al acostarme, le imaginé solo dentro del avión, soñando con el futuro; de buen ánimo, con una sonrisa en los labios. Y le voy a echar mucho de menos, pero me quedo con suspicacias. Me duele saber que, ayer, mi padre se fue lejos.

Versión original, aquí

Conexto original: Público.pt

Traducción al español del traductor Javier Hernández Fernández

Amor perro

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En la parada de guagua

Tu perra fue mi coartada:

dejóse oler el trasero

por un minúsculo perro

e hizo de palanca perfecta

para mover mi mundo

y abrazarme al tuyo por la cintura.

 

En la parada de guagua

Tu perra fue mi coartada:

dejóse oler el trasero

por un minúsculo perro,

e hizo de palanca perfecta

para mover mi mundo

y abrazarme al tuyo por la cintura.

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Elvis resurrected

cante jondo on

your miserable grave

Ámame con ternura

Ámame dulce

Killed you delicadamente

with this poema

never let me go

never let me go

Elvis resurrecto

cante jondo sobre

tu mísera tumba

Love me tender

Love me sweet

Tema te softly

con este poema

Comunicación leída en el I Encuentro de Joven Crítica Canaria

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Comunicación leída en el I Encuentro Joven Crítica Canaria, en el tuve el inmenso placer de participar gracias a las gestiones de Daniel María y Covadonga García Fierro:

Antes de llegar al cuerpo de la comunicación, les confieso que esta es, irremediablemente, incompleta e imperfecta y que con ella su autor sólo pretende exponer sus graves y grandes carencias. Además, me veo en la obligación de cambiar el título propuesto y decirles que no podremos hacer un seguimiento lineal a lo largo de la historia de la crítica literaria en Canarias, entre otras cosas, porque tal historia, de momento, no existe; o no he podido encontrarla. No obstante, quiero proponer un viaje en el tiempo, hacia el pasado y el futuro, de la mano de dos síntomas de inmadurez espontánea que afectan a esta literatura atlántica, que es la nuestra, aunque no sea de una manera exclusiva. En eso, sí que no somos únicos. Asimismo, y con algo de suerte, podré arrinconar a algunas de esas falsas certezas que, aquí y en todas partes, venden la vanidad y el miedo al escritor, y recordemos que el crítico literario es, también, un autor, un escritor… Pero no nos equivoquemos. Hablar de estos síntomas más o menos espontáneos de inmadurez en nuestra literatura, no es hablar de la ausencia de importantes, novedosas, sólidas o relevantes propuestas literarias; se trata, al contrario, de señalar sin pudor ese hábito o vicio que seduce a poetas y escritores, a críticos e investigadores por igual y que, junto al amiguismo y los textos travestidos, oscuros y neoacadémicos perjudican seriamente la salud, la literatura y la crítica literaria.

 

Vanidad y miedo. Miedo, y sobre todo vanidad, ese peligroso atavismo de la hipnosis de la propia mano que desliza de izquierda a derecha, de arriba abajo sobre la propia letra y sobre las letras afines, sobre la letra del gurú o del maestro; ese abandono entre las sábanas anticiclónicas del papel. La vanidad es ese gusto vicioso por el olor propio, por el olor de la tribu y que afecta, sin remedio, al juicio y la letra del que escribe, empujándolo a buscar rebaños a los que seguir o grupúsculos que crear. La se distancia del dogma con apenas una frase envenenada; la distancia entre la vanidad y la ansiedad de “querer ser popular” son unas pocas líneas irresponsables donde el autor se autoproclama poseedor y conocedor de la verdad, donde, incluso, dicta el lugar que habita la Poesía, un lugar que afirma único. Y tal comportamiento carcome la esencia misma de la Literatura, de la Poesía como conocimiento y búsqueda perpetuas; la médula misma de la crítica literaria que es, también, camino y búsqueda de conocimiento. Lo sorprendente es que, a estas alturas de la Historia, aún se encuentran ejemplos de actitudes que perjudican seriamente la propia capacidad crítica y reflexiva, dentro del ámbito literario, y que, sobre todo, contaminan y manipulan al lector. Véase, por ejemplo, un extracto del artículo titulado “La falacia como realidad” (La Provincia-Diario de Las Palmas, 6 septiembre 2001), de la mano de Francisco León y referente a la antología de Antonio García Ysábal “La nueva poesía canaria” (de. Verbum, 2001) y la polémica en torno a esta. Textualmente, se lee que:

 

«existe otra poesía en Canarias, más nueva, más joven y más seria, que lleva el sello liberador de las corrientes syntácticas. Ya sé que no gusta mucho, en Canarias, oír esto. Pero a veces no queda más remedio que hacer recordar la verdad. Y yo apuesto por la verdad y por quienes se bañan en esas aguas: aguas de la responsabilidad y la dificultad»

 

Lo sé. Se trata de una cita con poco contexto pero que sirve a uno de los propósitos de esta comunicación, animarles a que investiguen, a que investiguen tal contexto; permite animarles, además, a que se pregunten qué significa “poesía más joven y más seria”, qué significa “sello liberador”; qué significa “corrientes syntácticas”; qué significa “recordar la verdad”, qué es la Poesía, y proponerles también que se pregunten si es responsable que alguien se haga valedor de la verdad presentándola como única, y más cuando se habla de Poesía. Les animo a que lean, que lean en soledad y pregunten por sí mismos, a que expongan sus conclusiones en grupo; les animo a que sacudan a la “tribu” porque es preciso recordar que si bien las lealtades de grupo tienen su momento y lugar, también acanceran la sangre de la Literatura. Orwell ya lo decía:

 

«Las lealtades de grupo son necesarias, pero en la medida en que la literatura es obra de individuos, las lealtades envenenan la Literatura»

 

Vanidad y miedo pueden afectar por igual al escritor y al crítico literario aunque sea más fácil pensar que mucho más a este último. Al respecto, confesaré que contemplo la crítica literaria como otra forma de escritura, igual en sus sacrificios y exigencias, con su parte (re)creativa, interpretación del Otro, de lo leído, de la propia experiencia de la lectura. Por eso hablo tanto de vanidad, porque somos personas que leen y experimentan la lectura, leyentes (e imperfectos). Pero la vanidad y el miedo actúan, generalmente, sobre períodos distintos del tiempo. Así, mientras que la vanidad se deja sentir, sobre todo, en el presente y el futuro, en su intento de controlarlos, el miedo mira constantemente hacia el pasado, ese pasado que le provoca un terror atávico y el cual, de una manera u otra, desea cambiar, modificar o manipular. Y la historia literaria de Canarias nos da ejemplos al respecto, tanto para hablar de la vanidad como del miedo. En el caso de este último, al hablar del pasado,  recuerdo unos ejemplos estudiados por el poeta, ensayista y crítico literario Lázaro Santana en su ensayo “La memoria mixtificada”. En él, y acerca de la afirmación tan repetida de la superioridad del poeta Domingo Rivero sobre la obra de Miguel de Unamuno, el crítico escribe su dedo en la llaga y nos recuerda que la obra de calidad que Domingo Rivero publicó es la única que el propio poeta consideró de calidad, cosa demostrada cuando se ha podido tener acceso al resto de “obra no publicada” del poeta. Y todo esto frente a la obra de Miguel de Unamuno que es suficiente, honda y extensa para sostenerlo como uno de los grandes españoles del siglo XX. Otro ejemplo es la reivindicación de Nicolás Estévanez como el poeta del sentir canario y del nacionalismo cuando clara era, en su prosa, el pensamiento político revolucionario y anarquista, y que, además, en lo tocante al verso, no pasaba de aficionado. Hablemos, también, de la fama dada al Vizconde del Buen Paso (Cristóbal del Hoyo) como el primer “collagista” de la poesía española cuando, según la investigación de Lázaro Santana, apenas escribió un verso propio, limitándose a hacer “sus poemas” de traducciones de poetas portugueses; hablemos, también, de la afirmación e insistencia que desvincula el surrealismo de la poesía canaria del surrealismo español con la intención de hermanarlo, directamente, con el surrealismo francés, justificando tal “vínculo” con la breve visita de los padres del surrealismo a Tenerife, además de la relativa importancia de la exposición de 1935. Al respecto, añade Lázaro Santana, que si bien Canarias dio dos buenas figuras al surrealismo español y europeo, a saber, Agustín Espinosa y Oscar Domínguez, poetas y artistas como Pedro García Cabrera, Domingo López Torres, Emetério Gutiérrez Arbelo, Juan Ismael, entre otros, que fueron poetas y pintores estimables, sí, tuvieron méritos lejos del de aquellos. Además, continúa el investigador grancanario, “los mejores libros de García Cabrera, escritos con posterioridad a 1940, nada tienen que ver con el surrealismo.

A la vista de estos ejemplos, no puedo sino recordar la urgencia de estar atentos a todo aquello que se repite sin pensar y que puede afectar a nuestra lectura, a todos esos juicios, valoraciones y parabienes y premios que se reproducen sin filtro ni tino (y mucho en Canarias); a esas “palabras papales”, como diría el poeta Rayco Arbelo Robaina, que se repiten sin cesar y sin argumentos. Además, si nos atrevemos a aceptar que la Poesía no necesita quién la defienda, podremos estar de acuerdo en que tampoco necesita sordos o loros que le hagan eco, que la vacíen de su carne. Y hablar de Poesía es hablar de crítica literaria.

 

Cuando se escribe, un poema, una novela, un cuento (una crítica literaria) por vanidad o miedo el texto es empujado por su autor a la hinchazón, al hematoma, a la deshonestidad. En palabras de George Orwell, citadas por el crítico y ensayista Jorge Rodríguez Padrón en “La memoria y sus signos”:

 

«El estilo hinchado es por sí mismo una suerte de eufemismo (…) El gran enemigo del lenguaje claro es la insinceridad. Cuando hay un hiato entre la realidad de uno y el propósito de uno, uno se vuelve de modo instintivo a las palabras largas y a las frases hechas y gastadas, como un calamar que hace derramar su tinta»

En efecto, la vanidad y el miedo inflan la escritura pero la vanidad lo hace para convertir sus letras en sumidero de todo lo que no sea ella misma, bocanegra hambrienta de “ego” y ciénaga llena de los reptiles-ideas del autor. De ahí que la vanidad de nada sirva, salvo para alimentar al ganado guanil; la vanidad de nada protege y a todo expone al autor con el ridículo del rey desnudo. La vanidad apuñala a la Literatura por la espalda y no permite cultivar la Letra sostenida en el tiempo. Y acaba reduciéndose ella misma a unas simples y escuetas coordenadas sobre el papel; ese mismo papel que, antes o después, querrá convertir en dogma y crucifixión. Desde este punto de vista, la vanidad en la crítica literaria contamina el objetivo del autor convirtiéndolo en un simple promotor enaltecido de sí mismo, o enaltecedor del amigo o maestro. La vanidad crea dogma y olvida lo fundamental: ofrecer el texto a nuevos lectores, a nuevas lecturas, a nuevos diálogos y encuentros; ofrecer al lector esas nuevas conexiones e interpretaciones que, a priori, ni el mismo autor ha podido llegar a ver ni pretender. Y el ser del crítico literario no debe ser el poder, ni siquiera esa pretensión de “crear opinión”, pues antes que crear opinión el crítico debe proponer un diálogo múltiple, con el texto y con el lector, y, finalmente, con el autor de la obra que contempla e intenta desvelar. Porque cuando el crítico literario ha sido capaz de entregarse al texto y sacrificar su propio ego, cuando ha sido capaz de dedicarle el tiempo necesario a la experiencia de su lectura, el crítico literario, como escritor, huye de su propia vanidad y se deja llevar por la creación y el análisis desapegado, el silencio de navegar el inabarcable remanso de la lectura; esa extraña soledad sin magua que camina lentamente en busca del conocimiento, de un rumor que todo lo envuelve y que, en todas partes, se expone a la intemperie.

 

Y llegados a este punto, podemos hablar del presente, aunque sea del limitado presente que puedo ofrecerles. Al respecto, si bien el panorama de la crítica literaria en los medios impresos y electrónicos en Canarias está en coma, cuando no muerto, es justo señalar la labor realizada en El Escobillón y El Perseguidor para la difusión de la Literatura. Sin embargo, esta más que estimable tarea sobrevive como un oasis en medio de un desierto donde hasta los cactus mueren de sed… de no ser por la Red. La Red se mueve más, y, quizás inevitablemente, de una manera más caótica. Una muestra de ello es que apenas conozco webs dedicadas a la crítica literaria; sí, sin embargo, para la reseña y la investigación literaria, como la revista Fogal (http://www.revistafogal.com/), la revista de la Academia Canaria de la Lengua (http://aclrevistaliteraria.academiacanarialengua.org/), el blog del poeta Daniel Bernal (http://impresionesdesdeutopos.blogspot.com.es/). Pero poca crítica literaria, y desconozco algo más que lo que escribo en el blog Mierda Perro y en la revista digital de El Alisio. Aún así, lejos de ennegrecer el futuro, y a la vista de este I Encuentro de Joven Crítica y de las relaciones que por la red se han ido estableciendo, creo que el panorama de la crítica literaria, tal cual la he planteado o, al menos, de una crítica no visceral ni destructiva, está más cerca de un cambio para bien. El aviso, no obstante, y si estuviera yo en condiciones de advertir de peligros, presentaría a ese tipo de textos que se pretenden o se quieren críticos pero que no pasan de reseñas o de artículos de opinión y reflexión. Y, en este caso, y tal cual reza una canción de Violadores del Verso, hay que llamar a las cosas por su nombre.

 

Sin embargo, he de reconocer que la mirada que me acerca a la Letra, a la Escritura y a la Poesía, a la crítica literaria, no es una mirada de certidumbres. No hay certezas, y no puedo ofrecerlas. Indico, sí, lugares, esquinas y, lejos de tranquilizar a nadie, hablo de esa cabeza que transforma el horizonte (antes recto y rígido) en un hogar oblongo, circular, curvo y sin límites; alejado de tranquilos paseos a la luz de las estrellas, hablo de esa luz de Mafasca que se aparece en este instante en que escribo, o cuando siembro y doy agua a un poema, a una crítica literaria, con la intención de mostrar la inmensidad del lugar que habitamos… Pero esta es una mirada de aliento, de ánimo; mis pasos son pequeños y este mundo inaudito, tremendo y hermoso, y en verdad que me hace sentir muy pequeño, y que acrecienta mi propia desnudez. Pero, a cambio, y casi sin querer, ofrece la transmutación en creación y luz de la urdimbre que convulsiona la mirada. Así que, llegado a este punto, y para hablar el presente y del futuro de la crítica literaria, el acercamiento crítico que propongo huye de hacer dogma, huye de la vanidad, huye de convertir la experiencia poética que es la Ysla (con “i” griega) en una “poca tierra que pisar”; huye de hacer del océano un “mucho mar por estorbar” y quiere habitar el encuentro. No en vano, me he expuesto aquí a hablar de la vanidad y del miedo para acercarles esta propuesta, esta crítica literaria que, al margen de corrientes y ataduras de todo tipo, lejos de reseñas disfrazadas de críticas y de contexto excesivo trabaje una crítica de mano a mano, un a solas con el texto y con la obra, con el poema, con la incertidumbre y el riesgo. Pues la crítica literaria es, a fin de cuentas, un acto creativo y de recreación, de análisis e interpretación que se debe a su naturaleza subjetiva pero que, al contrario de una opinión, se compromete con la red coherente y flexible de interpretaciones, de ejemplos y argumentos que elabora y teje a partir de una experiencia lectora. Y es ahí donde ubico la humildad, la honradez y el sacrificio del crítico, su combate constante contra el miedo y la vanidad (egoísmo); de su compromiso múltiple. A mi entender, el crítico literario extiende el trabajo del autor del poema, del libro, de la obra, por su cuenta y riesgo, y reconoce sus propias limitaciones al mismo tiempo que se ofrece como una luminaria para el lector; de esta manera, el crítico es a veces un mago o un ilusionista que transita para nosotros veredas que, en ocasiones, nunca estuvieron claras ni admitidas en el plan inicial del poeta o escritor.

         En otras palabras, el crítico ha de saber entregarse a la incertidumbre y al temblor que alimenta la creación literaria. No hay certezas, pero vale la pena.

 

Crítica literaria, primeras aproximaciones (III)

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Nunca había sabido que mi paso

era distinto sobre tierra roja,

que sonaba más puramente seco

lo mismo que si no llevase un hombre,

de pie, en su dimensión. Por ese ruido

quizá algunos linderos me recuerden.

Por otra cosa no. Cambian las nubes

de forma y se adelantan a su cambio

deslumbrándose en él, como el arroyo

dentro de su fluir; los manantiales

contienen hacia fuera su silencio.

¿Dónde estabas sin mí, bebida mía?

Hasta la hoz pregunta más que siega.

Hasta el grajo maldice más que chilla.

Un concierto de espiga contra espiga

viene con el levante del sol. ¡Cuánto

hueco para morir! ¡Cuánto azul vívido,

cuánto amarillo de era para el roce!

Ni aun hallando sabré: me han trasladado

la visión, piedra a piedra, como a un templo.

¡Qué hora: lanzar el cuerpo hacia lo alto!

Riego activo por dentro y por encima

transparente quietud, en bloques, hecha

con delgadez de música distante

muy en alma subida y sola al raso.

Ya este vuelo del ver es amor tuyo.

Y ya nosotros no ignoramos que una

brizna logra también eternizarse

y espera el sitio, espera el viento, espera

retener todo el pasto en su obra humilde.

Y cómo sufre cualquier luz y cómo

sufre en la claridad de la protesta.

Desde siempre me oyes cuando, libre

con el creciente día, me retiro

al oscuro henchimiento, a mi faena,

como el cardal ante la lluvia al áspero

zumo viscoso de su flor; y es porque

tiene que ser así: yo soy un surco

más, no un camino que desabre el tiempo.

Quiere que sea así quien me aró. -¡Reja

profunda!- Soy culpable. Me lo gritan.

Como un heñir de pan sus voces pasan

al latido, a la sangre, a mi locura

de recordar, de aumentar miedos, a esta

locura de llevar mi canto a cuestas,

gavilla más, gavilla de qué parva.

Que os salven, no. Mirad: la lavandera

de río, que no lava la mañana

por no secarla entre sus manos, porque

la secaría como a ropa blanca,

se salva a su manera. Y los otoños

también. Y cada ser. Y el mar que rige

sobre el páramo. Oh, no sólo el viento

del Norte es como un mar, sino que el chopo

tiembla como las jarcias de un navío.

Ni el redil fabuloso de las tardes

me invade así. Tu amor, a tu amor temo,

nave central de mi dolor, y campo.

Pero ahora estoy lejos, tan lejano

que nadie lloraría si muriese.

Comienzo a comprobar que nuestro reino

tampoco es de este mundo. ¿ Qué montañas

me elevarían? ¿Qué oración me sirve?

Pueblos hay que conocen las estrellas,

acostumbrados a los frutos, casi

tallados a la imagen de sus hombres

que saben de semillas por el tacto.

En ellos, qué ciudad. Urden mil danzas

en torno mío insectos y me llenan

de rumores de establo, ya asumidos

como la hez de un fermentado vino.

Sigo. Pasan los días, luminosos

a ras de tierra, y sobre las colinas

ciegos de altura insoportable, y bellos

igual que un estertor de alondra nueva.

Sigo. Seguir es mi única esperanza.

Seguir oyendo el ruido de mis pasos

con la fruición de un pobre lazarillo.

Pero ahora eres tú y estás en todo.

Si yo muriese harías de mí un surco,

un surco inalterable: ni pedrisca,

ni ese luto del ángel, nieve, ni ese

cierzo con tantos fuegos clandestinos

cambiarían su línea, que interpreta

la estación claramente. ¿ y qué lugares

más sobrios que estos para ir esperando?

¡Es Castilla, sufridlo! En otros tiempos,

cuando se me nombraba como a hijo,

no podía pensar que la de ella

fuera la única voz que me quedase,

la única intimidad bien sosegada

que dejara en mis ojos fe de cepa.

De cepa madre. Y tú, corazón, uva

roja, la más ebria, la que menos

vendimiaron los hombres, ¿cómo ibas

a saber que no estabas en racimo,

que no te sostenía tallo alguno?

-He hablado así tempranamente, ¿y debo

prevenirme del sol del entusiasmo?

Una luz que en el aire es aire apenas

viene desde el crepúsculo y separa

la intensa sombra de los arces blancos

antes de separar dos claridades:

la del día total y la nublada

de luna, confundidas un instante

dentro de un rayo último difuso.

Qué importa marzo coronando almendros.

Y la noche qué importa si aún estamos

buscando un resplandor definitivo.

Oh, la noche que lanza sus estrellas

desde almenas celestes. Ya no hay nada:

cielo y tierra sin más. ¡Seguro blanco,

seguro blanco ofrece el pecho mío!

Oh, la estrella de oculta amanecida

traspasándome al fin, ya más cercana.

Que cuando caiga muera o no, que importa.

Qué importa si ahora estoy en el camino.

 

 

 

Al leer este poema una vez más después de subirlo, me surge una reflexión. Dicha reflexión gira entorno a si, para hacer una crítica literaria es necesario, o útil el conocimiento del autor, de su biografía, de sus circunstancias, como podría añadir Ortega y Gasset. Además, el poner o no el nombre de Nueve Puertas ha sido una cuestión discutida en Nueve Puertas, como siempre con cordialidad y urbanismo . En mi opinión, no poner el nombre del autor permite asegurar una dosis mayor de integridad o de subjetividad a la crítica, además permitir que ésta sea más “original” o menos preguiada. No obstante, al saber yo de quién es este poema, me planteé la utilidad de conocer algunos aspectos vitales del poeta para, de esta manera, poder construir o conducir mi crítica con más seguridad. Con todo, no he buscado más información sobre el autor y la crítica se sustenta en mi ignorancia de las condiciones vitales de éste y en mis propias percepciones y reflexiones. El poema comienza con una iluminación del poeta que, luego podremos intuir, está paseando. Al poeta le asalta un instante la certeza de que su paso es distinto según la tierra que pise, que en ese momento es una tierra roja que casi ausenta su presencia. Por eso los linderos que frecuenta el poeta no lo recordarán por su presencia sino por ese sonido, que a pesar de ser pisada sobre piedras rojas, no es ruido. Se trata de una toma de conciencia nueva, de percibir “como por primera vez”, no sólo la tierra que se pisa, si no el lugar que ocupa el mismo poeta en el camino que recorre y su relación con el paisaje. Al mismo tiempo el paisaje descubre la profundad de sus secretos expuestos a todos los ojos, pero que sólo unos pocos llegan a desvelar:

cambian las nubes

de forma y se adelantan a su cambio

deslumbrándose en él, como el arroyo

dentro de su fluir”

 

La contemplación de la naturaleza es, junto con la autocontemplación reflexiva, uno de los caminos que conduce al Conocimiento del origen de la experiencia humana. En este caso, el poeta descubre las palabras que explican el conocimiento que, de una forma u otra, ha estado fraguándose a medio camino entre su interior y el exterior. Es un comienzo de poema muy lírico, profundo y sin que por ello sea complejo de entender ni de leer. Podría incluso pensarse que el poeta, en el recuerdo de ese instante, se eleva de la tierra roja que pisa, tal y como haría su espíritu cuando paseaba. Y, sin embargo, continúa su camino… un camino y una acción de caminar que aprovecha el poeta para reflexionar, para desvelar aquella que llega a aprehender el pensamiento (o la intuición poética?). El comienzo del poema es, como ya apuntaba anteriormente, muy poético y sencillo de entender. Parece adelantar que la estructura del poema será así: lírica y asimilable sin mayores esfuerzos. Sin embargo, la misma acción de caminar parece dotar al poema de una mezcla de estructuras o de pensamientos que, en mi opinión, dificulta su lectura y su opinión salvo que, a medida que leemos con atención el poema, se llegue a la conclusión de que el poema es una serie de pensamientos o iluminaciones en voz alta: distintos en su tema, en su voz, en su tono… Incluso, parece que entre el verso “¿Dónde estabas sin mí, bebida mía?” y

¡Cuánto azul vívido,

cuánto amarillo de era para el roce!

se mezclan unidades conceptuales (ideas, temas) de una forma un tanto brusca.

Así seguimos con la lectura del poema:

Ni aún hallando sabré: me han trasladado

la visión, piedra a piedra, como a un templo!

 

El poeta sigue caminando y y mueve su cuerpo a través del paisaje que contempla y los pensamientos e imágenes que le sugieren. Se crea una especia de paisaje poético en su mente en que el camino, poético también, de conocimiento, se alimenta de lo que perciben sus sentidos. Parece entonces que el poeta hace de su cuerpo el mismo paisaje que contempla, busca algún tipo de equivalencia:

 

Riego activo por dentro y por encima

transparente quietud, en bloques, hecha

con delgadez de música distante

muy en alma subida y sola al raso.”

 

En este punto ya el poema se ha transformado en una experiencia casi mística, contenida, pero conceptualmente compleja. La sencillez del comienza, la manera directa en que se acercaba al lector se pierde para transformarse en un poema difícil de sostener entre las manos. El poema se nos evade, es volátil y ligero, pero no sencillo. A partir de aquí, el poeta mantiene la mirada nueva hacia lo que contempla, y va entrelazando distintas reflexiones que se nutren de su propio ser, a veces, hasta con dolor. Las imágenes son coloridas, el tiempo pasa a ser juguete rítmico y a medida que se abre el poema (impreso leeríamos la segunda página) parecen reflejarse en el poema las nubes que, probablemente, salpican de sombras la luz del sol. De repente, entre los versos

Quiere que sea así quien me aró” y “Y los otoños también”

parece que esconde el autor una crítica a la religión, como si aceptará la figura de la divinidad, pero no los dogmas religiosos, al mismo tiempo que expresa su condición de Ser reflexivo.

Y el poeta camina. Y se aleja. Sus pensamientos se insertan y siembran el paisaje, y el el paisaje fecunda su espíritu. Y la reflexión crece sin pausa, en una especia de toma de conciencia de la propia condición y vida humanas, hasta tal punto que nos parece que el poeta habla de la muerte.

Es aquí cuando salta la pregunta acerca de la idoneidad de documentarse acerca de la vida del autor. Cuando el autor escribe:

 

cuando se me nombraba como hijo,

no podía pensar que la de ella

fuera la única voz que me quedase,

la única intimidad bien sosegada

que dejara en mis ojos fe de cepa”

 

parece hablar de su muerte, de su cercanía o, quizás, de éste pensamiento, que se ha hecho más frecuente o muy real. El poeta camina y le salen al paso piratas del pensamiento que lo asaltan con reflexiones, costureras aladas que hilvana la naturaleza que le rodea con sus acto de vivir.

 

Y así hasta que anochece con

una luz que en el aire es aire apenas”

 

Y entonces ya la muerte parece perder su importancia. Y, entonces, de nuevo, el poeta introduce otro salto conceptual, aunque si hemos llegado hasta aquí, independientemente de cuántas lecturas haya costado, bascularemos de nuevo nuestra atención en la recta final del poema

A modo de conclusión, resalto el comienzo del poema y determinados versos sin máculas, perfectos en forma y contenido-sentido, parecen claros de luz en un día nublado por los que podemos alimentarnos y saciar el hambre de luz. El tono reflexivo del poema también me gusta, a pesar de esos saltos conceptuales y de la complejidad que aparece y desaparece en los versos, aunque me gusta, por muy contradictorio que pueda parecer, los cambios aparentes de tema dentro del poema ya que aportan coherencia al hecho de una paseo durante el cual el poeta piensa y asiste al preludio de la creación del poema.

Crtítica literaria, primeras aproximaciones (2)

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Alguien siembra la luz entre los surcos.

La tierra candeal se queda quieta,

y aquí, allá, se ve azorando el grano

ardiendo; florecen llamas, lenguas:

alas de luz es lo que da la tierra.

Ardiente brisa orea los sembrados,

el oleaje de los trigos encendiéndose,

el cabeceo de las brasas altas.

Arde el pan sobre la era solitaria;

huele el aire a pan, la piedra, el agua.

¡Campos de luz! La arena bulle, rompe

contra los muros blancos, se despeña

desparramada por el suelo, vuelta.

Me gusta este poema. Sin más. Me parece un poema clásico, en el sentido más generalmente aceptado como “poesía”. Tiene lirismo, tiene imágenes que me encanta y logra, a mi parecer, crear un paisaje nuevo a partir del que, seguramente, contempla o vive el poeta. Al unir sus imágenes: Luz ardiendo, llamas que florecen, alas de luz nacida de la tierra; la brisa arde en unos sembrados que ella misma refresca; el trigo se enciende; hay brasas en lo alto, es el campo todo luz y arena que bulle, que rompe contra los muros blancos y se desparrama por el suelo. parece que el poeta crea sobre el paisaje de tierra firme (tierra, sembrados, trigo, lo alto, campo, arena, muros) un paisaje que se acerca a una playa; o, quizás, se trata del camino que realiza el poeta-poema desde dentro (la tierra) hacia la playa…

Y me gusta. Es un poema cálido, tranquilo, con aroma a sueño despierto, a espejismo de incandescencia y soledad. Veo el poema como un texto ya terminado, muy cercano al “poema último” que es todo texto en blanco antes de que el poeta se lance a buscarlo con pruebas y correcciones. Se percibe una mirada profunda y sobria, con un ligera intención de elevar lo vivido a la grandeza (¿épica?). No obstante, hay dos versos que me dejan un leve resto de desconfianza acerca del lugar que ocupa en el poema, y de desconcierto. Así, el verso “huele el aire a pan, la piedra, el agua”, es un verso que me encanta; tiene algo en su sonoridad que inyecta calma directamente en el cerebro, al mismo tiempo que fecunda la intuición de la sospecha de que quizás sobran los dos últimos elementos del verso. Pero, ¿cómo decir sin ser el autor que un segmento u otro sobra de un verso? Como dije al principio, el poema me parece sólido, compacto, además de muy colorido, por lo que no afirmaré que sobran los elementos “la piedra, el agua”. Por lo tanto, me limito a señalar que hay algo en ellos que me inspira infantil “desconfianza”…¿o quizás un desconcierto poético?

Para terminar, el verso que también me desconcierta es el último, no en su totalidad, sino únicamente cómo termina “desparramada por el suelo, vuelta”. Sea quizás por tratarse de un final “típico” para un tipo de poesía concreta, o incluso para la poesía del autor (Sea quién sea), ese “vuelta” me llega como un el único fleco del poema, ese mechón de pelo que, en un peinado hecho a propósito, con un fin, basado en una idea-imagen concreta, se sale del marco.

Imagen: cuadro de Manuel Padorno, en Galería Bat

Las infamias – I

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En el baño. Me siento, bajo los pantalones, y leo… Los piratas y saqueadores del Fondo Monetario Internacional (lo de piratas es mío) sugieren a los tribunales españoles que “para que la reforma laboral del Gobierno surta efecto” los jueces no deberían hacer “una interpretación tan restrictiva”, en lo que respecta a los casos de despidos… Termino de leer, y traduzco: ¡Ah! Lo que dicen estos del FMI es que los jueces permitan los despidos sin mayores consideraciones de ley… El caso es que me resulta familiar esta “costumbre” hedionda del FMI. De Latinoamérica arrastra una fama de desastres y miseria provocada por el mismo, pero en Europa y EEUU casi toda la “casta” política (a su sueldo) lo adora, corteja y venera; lamen la mano de su dueño… Pues sí, ahora el resulta que el FMI aconseja a España; y no me extraña que se vean capaces viendo los políticos que tenemos y la cantidad de borregos… España es hoy una república bananera gracias a la última legislatura del PSOE y al infame “gobierno” del PP, eso está claro. No obstante, por mucho que haya jueces, políticos y ciudadanos, incluso, que escuchen las “sabias” palabras del FMI, ¿quiénes se han creído que son los del FMI? ¿A qué creen que juegan? ¿Al Monopoly? ¿Acaso quieren provocar más al pueblo español, ya de por sí provocado, fustigado y amenazado continuamente por el “Gobierno”? La Historia avisa, aunque el FMI y nuestros políticos, se hacen los sordos con una insultante irresponsabilidad; pero serán ellos, y no otros, los máximos responsables si se llega la violencia a las calles, a la vida. La Historia avisa… Coincidencia; justo en estos días leía una reflexión de la nueva secretaria general del CNP, sobre si el “Gobierno” está esperando una muerte de los enfrentamientos entre manifestantes y policías, si los está usando a estos últimos como escudo…

… ¿Cómo interpretas tú, lector, esta noticia del FMI y los jueces? ¿Y por qué lo haces así? Que lo sepas, es fundamental para protegerte de engaños y chantajes… A mí me apesta a falta de democracia porque recuerdo que, hace algunos años, el ahora expresidente griego Papandreu propuso someter a referéndum los acuerdos con la Unión Europea con Grecia, que los votase el pueblo griego… Rápidamente, Alemania, Francia y el FMI (todos con ganas de cobrar lo incobrable) amenazaron a Grecia, un país soberano, con la supresión de las “ayudas” a Grecia y su expulsión de la UE… Un referéndum, ¡qué ideas, estos griegos! En España sí que es un país serio y democrático: el referéndum solo cuando interesa al gobierno, y no cuando es, de verdad, del interés del pueblo. El referéndum es, en España, una democracia que el “Gobierno” nos niega aún siendo nuestro derecho… España es un país serio, los jueces no necesitan consejos del FMI, pues ya tiene la mano del “Gobierno” para darles órdenes. Aunque, mal le pese al “Gobierno”, a muchos políticos, banqueros y la Casa Real, existen aún jueces comprometidos con la Justicia… En España, la falsa división de poderes es una muestra más del desprecio del “Gobierno” hacia los españoles… En fin, una lectura como estas y estos pensamientos a veces asilvestrados… Pero no dejo de pensar en el incumplimiento del PP de su programa electoral, sus mentiras, sus injerencias en la Justicia y la politización de la policía, la corrupción de la Casa Real, en el un tercio de la población infantil en riesgo de pobreza o exclusión social, en esos cada vez más vecinos nuestros que vemos buscando entre la basura, en los los empresarios “sugiriendo” menos derechos y meno sueldo, los bancos y el “Gobierno” robando nuestro dinero, nuestro futuro, en cómo la esclavitud se va inoculando como única forma de vida aceptable… ¿Qué necesitamos para unirnos todos contra aquellos que nos pisotean, escupen y desprecian, contra todos esos que nos esclavizan?… ¿Acaso necesitamos que alguien muera?… Si alguien muere, el “Gobierno” ejercerá la represión sin disfraz y todo el cuerpo de policía, con la instrucción militar que recibe, la aplicará sin contemplación alguna (se verán justificados en su trabajo); entonces, también nosotros tendremos nuestra parte de responsabilidad por habernos permitido llegar a ese punto.

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