La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Mes: julio 2014

El escarabajo

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Diez de la noche.

Siete de octubre.

Apenas cinco estrellas

y una botella de vino

ya vacía.

Tejes una bufanda

con cientos de flores.

Yo quiero tus pies,

y dormirme.

Como ese escarabajo

que te guarda y me mira.

PELUSAS, BOCETOS Y CARGAS DE PROFUNDIDAD

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En este mundo traidor

nada es verdad ni mentira,

todo depende del color

del cristal con que se mira

Ramón de Campoamor

¡Que no Ramón, que no! No puedo estar de acuerdo contigo aunque bien llevas algo de razón. De momento sí diré como Nicanor que rechazo toda responsabilidad, toda molestia que puedan ocasionar estas líneas; que no, aunque le pese a quien le pese, aunque me pese, y mira que de peso y kilos ando algo sobrado desde aquella visita a Lisboa —Oh, Lisboa, ¡qué bueno das de comer!— y desde que los tentáculos de cierto Kraken habitaron con alborozo y fiesta mi pecho… Pero no, Ramón, que no, aunque lleves algo de razón cuando digo no… es… no. El lector que esto leyera deberá darse por satisfecho con su lectura; luego, a llorar a otro, a los aviones podrá tirarles piedras y pellizcar los cristales… Decía que no, Ramón, que no todo depende del cristal con que se mira, aunque razón llevas. Y ya lo sé, ya sabemos que incluso la Poesía es así y en eso que tanto me gusta por naturaleza, la crítica literaria (di, curiosidad), también. Sí, te lo decía ayer mismo a la noche, mientras Dalí veía hormigas por todas partes y relojes derritiéndose sobre penes al descubierto y vulvas de todas clases, vulvas peludas, montes rasurados (o casi todo), pieles recién mojadas. Él decía que nada tenía que ver la absenta que ya mediaba en su botella pero no, Ramón, tú y yo sabíamos que algo de razón llevaba el verde líquido (¿o era negro esta vez?).

Repito, Ramón, no estoy de acuerdo contigo y sin matices en tus palabras solo puedo concederte que algo de razón tienes, y que así no puedes ir por la vida, relativizándolo todo para no correr riesgos, para vivir cómodamente, entre loas y finas sábanas, concediendo dones y abrazos, sonrisas y parabienes a todo lo que cualquiera diga y, simplemente, por que lo diga desde tal o cual ilusión de tarima y etiqueta. En la Poesía, por ejemplo, no todo depende del cristal con que se mira pues hay Poemas y poemas; es decir, hay poemas que son Poesía, y poemas que son cualquiera otra cosa pero nunca Poesía, nunca Poema; vanidad, sí; oratoria, ego, mentira y engaño, juego, desahogo, sensibilismo y emotivismo, pensamientos y experiencias brutas, sin pulir, grotescas a veces, torpes andarinas presumidas. Pelusas llamo a estos “poemas”… Y después de un poema pelusa, llega, con suerte, el “boceto” —el huevo de colón era un boceto de poema, esos poemas con fondo y forma a los que, sin embargo, les falta un buen remiendo… Pelusa y boceto y, entonces, “carga de profundidad”, esos poemas que penetran con estruendo o silencio la propia piel y caen, lenta y pesadamente hasta encontrar ese hueco en el ser donde explotar y reventarlo todo

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