La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Mes: agosto 2014

“Desaparezca… aquí”

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Hizo muecas, así,
Con los labios, señalando
Como hacen allà en Puerto Rico,
Y dijo:
“Desaparezca aquí”.
Ası me hablö
Como una extraña de una
Noche que platica a otro
Extraño de verano:
“Desaparezca aquí”,
Como si entre las bocas
Intermediase algo màs
Que unas piernas desnudas
ebrias y hümedas de tröpico
Y veinte de agosto…
Aquella noche estaban sobreviviendo,
Una vez màs,
E hice como si mi lengua
Fuera otra, como si
No fuese conmigo
Y comencé el entendimiento
Desde abajo,
A conocerlo todo
Y cada una de sus partes,
Los dedos de sus pies griegos,
Las pantorrillas pierna arriba
A lo largo de toda aquella
Perspectiva caballera
De mujer a la espera
De sirenas, encaramàndome
A cada tramo de epidermis
Mojada o muerta, olorosa
siempre en el camino
empapado y lento
Descubierto sobre su falda
Sus bragas, mis dedos…
“Desaparezca aquí”
Siempre mantuve el contacto
Visual hasta que ya
dejé de verla.

Un poco demasiado tensos

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“… Sí, aquel día fue uno de esos inolvidables. Un día entero desde por la mañana, sin parar, sin prisas, las pausas todas las del mundo, conversábamos porque conversar era la vida y la vida era escribir, pintar, beber con todos y cada uno de aquellos desconocidos, arquitectos del Paint, abogados de absenta y prostitutas, ¿recuerdas a Rata Callejera?… Aquella mañana llegaba a las once y media a la casa y me dijo ‘Vayamos a por un café, aquí al lado’. Hacía años que él no tomaba café después de cierto incidente… igualmente, evitaba desayunar con churros, esquivaba comerlos a toda costa. En efecto,  fuimos al bar de al lado y pedimos café, y yo churros para uno. El camarero apenas tardó unos escasos 4 minutos y, mientras me dejaba quemar por el primer sorbo de bebida negra y el primer mordisco de harina y aceite, mirándome a los ojos exclamó ‘¡Estamos todos un poco demasiado tensos!”… Lo dijo tan gritando que todos las mesas nos miraron y hasta el camarero y el dueño del bar -amigo de su padre- se acercó a nosotros con esa cara a medio camino entre la bronca compadrera y la media sonrisa. Todos sabían quién era él y él también los conocía a todos… ‘¡Todos estamos un poco demasiado tensos!’… No dejé de ecoar esa frase en mi cabeza, y el eco me acompañaría durante el desayuno y mientras comentábamos los nuevos fichajes de la Unión Deportiva. ‘¿Viste cómo saltaron al campo antes del final del partido? Lo hacen siempre, sabes. ¿Viste cómo reaccionó la gente en feisbuk y en la calle? Amenazas de muerte, palizas, máximos desarrollos mierda… Algún policía habría muy cabreado también y esos lo tienen fácil para descargar frustraciones de esas, sabes lo que te digo, siempre pueden joder a alguien con la ley de su parte. Pero la gente tío… Mal. Muy mal. La gente está muy loca, Yoni… Todos estamos un poco demasiado tensos, ¿no?”

Yo, cerdo; tú, vaca

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Tu mirada de vaca,
tu sexo rumiante…
tus cuartos traseros y esa lengua eterna
pesadilla de toda hambre y toda sed,
como los pezones de tus ubres
y esas orejas que siempre siempre siempre
quieren escucharme…
Te quiero tanto que de ti comería todo
porque soy un cerdo,
porque soy un salvaje animal
y bastardo,
onagro libre
como Dios y las balas.
Te quiero tanto porque soy,
una vez más,
un cerdo…
y tú una vaca.

Mi boca

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En una tumba de luciérnagas
me vivo como Lorenzo
preñando cada una,
y todas, de sus lágrimas.
El B52 ya pasó, ya se aleja
con su zumbido repelente
y lleno de hambre y desesperación…
Hemos llegado tarde al refugio.
Mamá y papá y Tobi
han muerto..
Solo te queda mi boca,
llena de mentiras, para sobrellevar
la vida que nos queda.

Libros, elefantes y osos hormigueros

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Dos días y la misma simpática pesadilla. Entro en una librería, una amplia y luminosa y otra pequeña, más bazar que otra cosa pero increíblemente surtida con ensayo y poesía. Leo los títulos, los acojo en el nido que forman mis brazos; no son más de seis en el primer sueño y en el segundo ni los llego a contar. El deseo rampa campante como un caprichoso rex en plena pampa argentina, salivando ante la visión del ganado, frotándose sus garritas contra las flores de los árboles: el ganado de la pampa no es un ganado vulgar… Cuando llega la dependienta le digo que sí, que me los llevo todos, que ahora paso por la caja pero al cabo de unos minutos decido que no, que no compraré ningún libro… No se puede… En el otro sueño ocurre algo similar aunque más doloroso aún. Ante mis ojos poesía japonesa del siglo veinte, poetas contemporáreos míos que quiero leer, poesía persa, libros cartoneros, libros para niños ilustrado con un gusto y una delicadeza exquisitos… Tampoco los compro. No se puede… Cuando despierto, al tercer día antes de un tercer sueño, no me resisto y me acerco a la librería y compro dos libros, Cartas y Ensayos Selectos, de Raymond Chandler, uno de ellos, y un estudio etnográfico sobre la lucha del garrote y el juego del palo… Ahora respiro y vivo mejor y poco a poco voy conociendo al abuelo Ray y leo sus cartas, mi cerebro se apropia de uno de los títulos sarcásticos de Ray con los que siebra una de sus epístolas: Todo lo que se necesitan son elefantes

Y es verdad, piénsalo. El helicóptero de Rajoy tuvo miedo de los elefantes, Rajoy también y compró pantallas de plasma, Cospedal tuvo miedo de los elefantes y compró un paquete de sobres, temer a los elefantes hace que la gente mienta y mentir es cosa de mentirosos. Soria tiene miedo a los elefantes pero se consuela con trabajar en Repsol, se consuela así en sus más húmedos sueños…Todo lo que se necesita son elefantes por eso hay premios literarios que los temen y premian a loa mediocres. Todo lo que necesitas son elefantes, Aníbal lo supo antes que el tío Raymond… Yo prefiero los osos hormigueros.

Erbane, Fuerteventura

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Erbane se despide de mí desnuda, desnuda como siempre me ha acompañado en todos estos días. Nunca me he cansado de ella, es imposible. Soy su amante y ella me posee. Con su eterno cabello de arena y azúcar me dice adiós mientras abandona el barco el puerto de Morro Jable. Soy yo el que se marcha, una vez más… Vieja Erbane, Erbane eterna, joven Erbane. Fuerteventura es una isla desértica y reservada, llena de una vida honda y honesta. Fuerteventura es un espejo que muestra al viajante todo lo que trae consigo, una lanzadera para el agua, las nubes y el viento y desde donde contemplar la vida con todos los privilegios.

Como un estilo de tiempo, Fuerteventura habita un misterio instintivo y primitivo. Y el tiempo siembra en ella su voz.

Libros en sueño

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Dos días y la misma simpática pesadilla. Entro en una librería, una amplia y luminosa en un primer sueño, y otra pequeña, más bazar que otra cosa, pero increíblemente surtida con ensayo y poesía en el segundo. En cada sueño leo los títulos, los acojo en el nido que forman mis brazos; no son más de seis en un sueño y en el otro no los llego a contar, ni siquiera los cojo… En cada librería el deseo rampa campante como un caprichoso rex en plena pampa argentina, salivando ante la visión del ganado, frotándose sus garritas contra las margaritas: el ganado de la pampa no es un ganado vulgar… Cuando llega la dependienta le digo que sí, que me los llevo todos, que ahora paso por la caja pero al cabo de unos minutos decido que no, que no compraré ningún libro… No se puede… En el otro sueño ocurre algo similar pero más doloroso aún pues ante mis ojos todo es poesía japonesa del siglo veinte, poetas contemporáreos míos que quiero leer, poesía persa…

Cuando despierto, al tercer día antes de un tercer sueño, no me resisto y compro dos libros, Cartas y Ensayos Selectos, de Raymond Chandler, uno de ellos… Ahora respiro y vivo mejor y poco a poco voy conociendo al abuelo Ray y leo sus cartas. Mi cerebro se apropia una imagen para sí del viejo, me cae bien el abuelo, y me apropio de una de sus ácidas propuestas para título de un libro: Todo lo que se necesitan son elefantes…

Pero es verdad, piénsalo. El helicóptero de Rajoy tuvo miedo de los elefantes, Rajoy también y compró pantallas de plasma, Cospedal tuvo miedo de los elefantes y compró un paquete de sobres. Temer a los elefantes hace que la gente mienta aunque mentir solo mienten los mentirosos… Soria tiene miedo a los elefantes pero se consuela soñando con trabajar en Repsol “algún día pronto”…

Todo lo que se necesita son elefantes por eso hay premios literarios que los temen y premian la mediocridad… Todo lo que necesitas son elefantes, amada mía. Aníbal lo supo antes que el tío Ray. Yo, al contrario, prefiero los osos hormigueros.

Para leer más sobre Raymond Chandler, aquí un interesante artículo en El País.

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