La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Mes: junio 2015

El desvelo, primera parte

Reading Time: 2 minutes

Silencio y oscuridad se confunden. No sabes dónde estás pero ya abres los ojos. Con la mano tientas el aire y la respiración. Al principio es contenida, exhalada sobre la tensión calma de unas velas. Lanzas con la mirada un cedazo del iris a la espera de una buena captura, detalles, percepciones de medio cuerpo, promesas de sirena y una tranquilidad que, quizás, nunca existió… Mientras tanto la pupila palpa y dilata como gritando por un poco luz pero nada ves; nada. Al menos de momento. Y crees que arriesgas cuando te incorporas de no sabes dónde, cuando avanzas tus pies, el paso uno tras del otro, con ambos brazos extendidos y vacilantes como las antenas de una cucaracha sofocada en plena noche de verano. Y el tiempo no ha hecho aún acto de presencia, pero en cuanto resuena tu estómago tomas conciencia de que no sabes cuántas vueltas, cuántos caminos, cuántos pasos has dado… pero ya la tensión es otra. Allá al fondo y en el medio de nada un haz ínfimo de luz araña decidido la oscuridad e ilumina un punto en el espacio. Piensas entonces que hoy sí podrías llevarte algo a la boca, y en cuanto olvidas tus temores comienzas la maniobra; te acercas despacio, cimbreando el extremo de los brazos, reconociendo el aire con la punta de tus dedos. Ya no encuentras obstáculos, nada ni alguien saltan a tu encuentro, y nada te obliga al suelo. Desde todas direcciones la experiencia del momento que hilvanas te empapa y, al llegar a la luz, pausadamente dejas que beba de ti el eco de una nueva incertidumbre:

Acostumbrados como estamos, hablo.

Como cualquiera; de lo que acontece.

Pero también, por causas mejoradas

mi cuerpo tiene la palabra: él solo.

Se pronuncia de forma que parece

que fuera por entero lengua mía.

Parezco conversar, hablar por medio

de mi comportamiento otro lenguaje;

dialogar con las olas, los peñascos,

con las gaviotas; única manera

de entendernos, afines, naturales.

“El otro lenguaje”, de Canción atlántica, Manuel Padorno.

Refugio

Reading Time: 1 minute

El eco de la distancia contra la roca,

y no contemplas, atada al mástil,

el mar bajo tu nave.

El horizonte engulle un cuerpo de cemento,

abandonado mientras enjaulas tu aliento

en una boca azul y extranjera…

 

Murmuras, todavía, que hay refugio

en tus sueños para los dos


O eco da distância contra a roca,

e não estás a contemplar, atada ao mastro,

o mar debaixo da tua nave.

O horizonte engole um corpo de cimento,

abandonado, enquanto enjaulas o teu hálito

numa boca azul e estrangeira……

Ainda murmuras que há refúgio

para nós, nos teus sonhos.

Ruido o Luz, crítica literaria

Reading Time: 5 minutes

He doblado sobre las hojas las coordenadas que me dieran, he descubierto un nuevo braille en las esquinas del papel. En este mapa de lecturas puedo recordarme, rescatar del tiempo lugares que leí, voces que escuché y que llegaban de los confines del universo, que parecían hablar de mí y de ti, de todos nosotros, niños dibujando historias entre las estrellas:

(N 28º 29’, 16º 18’)

 

Miran los niños la cúpula

del planetario

 

El cielo dibujado

cuenta una historia

que ya apenas recuerda

la memoria de la especie,

cuando caminábamos tras una estrella

cruzando la sabana

hacia el norte

 

Por mucho que te tensan los ojos

los pibitos no ven

o no recuerdan

Sólo ven puntos

 

Desordenados

 

En Ruido o Luz (Ediciones Amargord, colección. ONCE, 2013) doblar las páginas por sus extremos acrecienta el juego que nos proponen los autores, Daniel Bellón, Carlos Bruno y Ernesto Suárez; un juego que nace de un planetario y que sorprende con una «obra poética colectiva y multidimensional», con un cuerpo y una voz que parece no ser fácil de encontrar en las estanterías. Ruido o Luz consolida, además, la realidad de la poesía en Canarias, una realidad variada y rica, que literariamente no tiene dificultades en traspasar a la poesía que se publica y promociona en el territorio peninsular español. Y al mejor conocimiento de esta realidad, la editorial Amargord continúa contribuyendo, haciendo cada vez difícil que el desconocimiento y la ignorancia, que aún se vierte sobre la poesía hecha (y hallada) en Canarias sea un hecho explicable o no avergonzante. Y es que desde los años 90, en Canarias ha crecido una diversidad poética continúa desarrollándose; en pocas líneas, podríamos hablar en esos años de las corrientes syntáticas y voces como Rafael-José Díaz en Tenerife, y de Federico J. Silva, Pedro Flores, Tina Suárez Rojas, Rafael José Franco, entre otros en Gran Canaria, y llegar así a nuestros días con voces tendentes a un universo intermedio, un volcán del medio, literario donde parecen ubicarse (al menos de momento) Iván Cabrera Cartaya y Alba Sabina Pérez (desde Tenerife) y Acerina Cruz, David Guijosa y Rayco Arbelo (inédito) en Gran Canaria, entre otros. La editorial Amargord aporta aquí, y una vez más, su esfuerzo editorial al imagen siempre dinámica la Poesía en Canarias, confirmando, en este caso, la existencia de poetas para los que la poesía es lo fundamental.

Ruido o Luz nos acerca una voz imposible de diseccionar si queremos desnudar sus partes constituyentes, y ya desde el primer poema declara un ritmo y colores que permanece a lo largo de toda la lectura. Y aunque la propuesta poética parezca acomodarse en varios poemas de Geodesia, la tercera parte del libro, el equilibrio poético no se ve afectado y no se maltrata el encuentro radical entre el lector y los poemas, entre el lector y la poesía.

 

(N 28º 45’, O 17º 53’)

 

la luz nos oculta la luz

para ver

hacemos uso de lo oscuro

 

 

(N 28º 18’, O 16º 31’)

De un golpe venimos             de la reventazón

de un tiempo y un espacio encerrados

en apenitas una casi nada         De una violencia

original nacimos y vamos repitiendo

la onda expansiva

 

Matando por miedo a la muerte

esta abstracción se concreta

en las páginas de nuestros diarios.

 

 

En Ruido o Luz, un poemario de cuatro partes más un epílogo y una elucidación entrañable y cercana, nada sobra. Atravesamos historias, sueños, ecos de tierras y universos lejanos, ciudades invisibles y reconstruidas por mecanismos diversos, reflexiones más o menos veladas, como el eco de una tierra que orbitara una constelación de tres estrellas sonoras:

(N 33º 18’ E 43º 37’)

 

El sabio decidió

no disponer más nombres de estrellas

(se le acababan los alfabetos)

no invento más para las constelaciones

(se le agotaban los mitos las bestias y los objetos)

 

murmuró Omar Jayyam

las estrellas se apagan

regaló al sultán un calendario

el más preciso que los tiempos vieron

la caravana alerta

            pidió una copa de vino

sonrió triste o socarrón

parte ya hacia la nada

            ¡ya es la hora, despierta!

 

El sabio cerró los ojos y respiró

el sabio dejó de oír el ruido y las voces

dejaría pasar cien mil años

y entonces moriría en paz

 

La propia escritura de los poemas quiere acercarse al lector, de la mano de un estilo directo, como de cuentacuentos a veces, y una escritura comedida y tranquila que nos propone averiguar el significado de los silencios, su lugar en la comunicación, proponernos la pregunta del Qué, qué es eso que hace perfecto al silencio, a los silencios que habitan la lectura, el espacio entre estrofas; Qué hay más allá de este lugar donde acaba el poema, entre página y página.

 

(N 40º 4’, O 74º 44’)

Tras el azul

 

extraña condición alzar afuera

del confín del planeta

el telescopio necesario que nos muestre

tanta luz

lejanísima

 

contar

una a una

esas sombras iluminadas

 

dos mil seis mil

galaxias que fluctúan

más allá del campo profundo

 

calcular hasta los cientos

de miles

de millones

los solitarios globos que giran

alrededor de

toda esa luz toda

pero eso y más dado por bueno

si existiera algún cielo otro:

 

demasiado infinito para un solo azul respirable

 

demasiado límite

 

demasiado anhelo

(Hubble, 25 de septiembre de 2003)

 

Además, en lo que respecta al ritmo, cada poema logra decirnos como quiere ser leído de manera que la no puntuación extraña y se asimila naturalmente, transformando así la lectura un observatorio, ubicado en algún espacio exterior, desde el cual podemos reconocer la naturaleza germinativa de los poemas que vienen de profundo, de algunos de los dolorosos lugares de la realidad. Y se abren paso, entre la materia negra, y nos piden que tengamos el coraje de preguntar, de cuestionarnos:

 

(N 33º 35’ O 7º 37’)

En Casablanca explotan hombres-bomba

 

El astrónomo recuerda al viejo de la montaña

cuando era una joven zarza ardiente,

delgado como una caña consumida de fervor.

 

¿Cuándo el místico se viró mensajero

de la matanza? ¿De qué sustancia alimenta

a sus suicidas? ¿Cuándo imaginó la palabra

asesino como sinónimo de predicador?

 

EL astrónomo aguza la vista: las estrellas se mueren

El cielo se vacía. Cada explosión de Casablanca

es un agujero negro. Toma notas. Murmura:

[…]

El cielo se vacío

¿Escapa algo a un agujero negro?

 

Ruido o Luz es, en definitiva, un libro de poemas para muchísimos lectores, un libro que nos recuerda que la poesía no se constriñe (ni debe hacerlo) a la tiranía de la rima ni los egotismos lingüísticos, y mucho menos a la pretensión de exhibir etiqueta y título, fama o tribu. En él la Poesía anida y sabe mostrarse de diversas formas, con ropas distintas y los necesarios accesorios gracias a una letra sencilla, pero no simplicista ni simplona, con ventanas abiertas a la metáfora y sus entendimientos, al encuentro del pensamiento y las pequeñas verdades.

El libro en la editorial Amargord, aquí.

Web de Daniel Bellón, aquí.

Entrevista a Carlos Bruno, aquí

Rayco Arbelo Robaina, en “Confluencias” (BeginBook, 2010)

Reading Time: 2 minutes

Tarde en el puerto

 

Los barcos expulsan su alma

a través de las chimeneas.

El puerto es un buen lugar

para llorar, así

aumenta el caudal

de los océanos.

Y Benedetti es un

marinero en tierra,

nos advierte del

peligro que existe mar adentro,

de los versos ocultos

tras tristes hombres que

contemplan el horizonte,

tristes hombres a los

que la felicidad

se les ha colado

entre las manos.

 

 

The Birds

 

Tu cabeza la pueblan pájaros:
los mismos de Hitchcock.
Picotean, se alimentan de tus sesos,
revolotean sobre tu cadáver,
planean, esperan…
Caen en picado, te hieren,
toman altura,
los olvidas
y cuando menos lo esperas
vuelven…
Caen en picado, te hieren
y lloras y tu voz se pierde
y piensas:
“tal vez llegó el momento de quitar el nido”
y en ese soplo ves la luz
de esta película en blanco y negro
y por un día dices:
never more, never more
y piensas en tu derecho a la felicidad,
en los campos de refugiados,

en los saharauis encarcelados,
en las pateras que nunca llegaron,
en los vagabundos de Mesa y López,
en ti, en mí,
en tus fugas de niña adolescente…
Y vuelves a contemplarte

frente al espejo
y comienzas a reconocerte
sin toda esa mierda
que arrastras contigo.

 

 

Sonrisas blancas

 

Parque de caravanas

-calor-,

personas como moscas,

nada o casi nada quehacer.

Las gaviotas desfilan al antojo

del viento,

descienden,

se reúnen,

dibujan sonrisas blancas

en la playa

-ratas de mar-,

esperan la ausencia del sol

para colarse en la basura…

Como yo, cuando me colaba en tu vida

las noches de los Miércoles.

 

 

 

Avestruz 150

 

Quiero un avestruz,

le enseñaré a volar

para que me lleve junto a ti,

quiero un avestruz

lo enseñaré a morder y desgarrar

a quien yo le diga,

lo alimentaré con carne humana

y será el primer

avestruz carnívoro, sí.

Quiero un avestruz,

lo llevaré al hipódromo

y ganaré todas las carreras,

reuniré suficiente dinero

para comprar la casa de tus sueños…

Y ni aún así, te darás cuenta de

que soy quien hace que los sordos

escuchen el despertador.

 

 

Tanka estival

 

Pájaro rojo
remonta la montaña
roza las nubes.
Despliega verdes alas
y se posa en mi pecho

 

 

Tanka (pre) primaveral

 

Germinan los almendros
nevado monte
flor sobre rama.
Hojas revolotean en
dedos adolescentes.

 

 

Tanka invernal

 

Noche reposa
sobre el níveo lomo
del suave Cisne.
Remanso cálido de paz
en la piel de la luna

 

 

Pecio

 

Lleva cuarenta años junto a la playa

y aún no ha llegado.

Así son los naufragios.

 

 

Huida (Joseph Merrick)

 

El circo llega a la ciudad,

pueril sueño de huida.

Benita López Peñate en “Confluencias” (BeginBook, 2010)

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XII

 

Mamá, hoy, al mediodía, cuando todos dormían,

escuché al aire en las hojas secas del patio.

¿Sí? ¿Y qué decía?

Nada, un ligero sonido de hojarasca.

Y también escuché al sol del mediodía.

¿Al sol? ¿Y qué decía?

Nada, era el sol del mediodía

y, yo, lo sabía mientras me dormía.

Y, entonces, ¿nada?

Mamá, era el silencio mientras me dormía

y, el silencio, son versos, que en el papel

y en el oído, no tienen signos.

 

 

XIII

 

Juntemos, de pie,

nuestros cuerpos,

alcemos los  brazos,

hacia arriba, hacia los lados,

y seremos un árbol.

 

 

XV

 

Una extensa

cinta azul

de seda

se mueve

por el cielo,

alrededor de la luna,

de las estrellas

y cae

sobre mí

deslizándose serena

alrededor de mi cuello,

de mis piernas.

 

 

XVI

 

Mujer salinera con vestido de lino blanco

entre molinos de agua y  blancos montones de sal.

Un barco en el muelle descarga pescado y carga sacos de sal.

Una casa blanca y azul en la salina, en la primera planta la sal

en la segunda, apoyado en el barandal, el hombre salinero

de pantalón de lino y alpargata de soga.

Cae la luz roja, se encienden las palmatorias

huele a candil. Sube y baja la marea, se posa la luna llena

se apagan las velas. Se diluye la madrugada, la mar quieta,

salen las barcas, entre blancas gaviotas y flores blancas del tarahal.

La mujer  recoge las flores de sal y el hombre abre las compuertas al mar.

 

 

XVII

 

¡Venga, arriba! Cloros y sodios ¡Arriba ese tajaraste

de viento y de sol! ¡Arriba esas conchas!

y ¡que salten! ¡que salten de capa a capa

los electrones al son de las chácaras!

Ahora sueltos, ahora juntos;

de dos en dos, enlace iónico;

cristal de plata, estanques de sal:

¡la gran danza de la sal!

Y vienen y van, arriba y abajo,

una vez, otra vez más,

así, así, ¡montones de sal!

¡Arriba esas chácaras! ¡Arriba ese tajaraste

de sur y tarajal, que ya vienen,

por las acequias, recitando los poetas!

Salinero, salinero, que ya sabemos

que no es nuestra toda la sal

y mil colores tienen los espejos.

Y viene, y viene, y viene,

ahora tú, salinero, ahora tú,

expandiendo tu alma en los espejos.

Aquí, aquí en los estanques,

están los versos de las flores de sal.

 

 

XVIII

 

Caer de lo alto de mi cuerpo

y permanecer, quieta,

en mi largo y en mi ancho,

esperando, en el sueño,

subir al espacio

y viajar en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BURY ME NOT ON THE LONE PRAIRIE

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BURY ME NOT ON THE LONE PRAIRIE En un escenario sin luces, en la total oscuridad, en el principio, era ya el verbo, y el verbo voz entre los labios; y estaba en Dios, también, aunque no quiso este saber mucho de June Evon aquel día, cuando caía el sol. La voz se escuchaba en todas partes, pausada, cada una a su vez, cada una portadora de un color de la historia; y la voz llegó, entonces, a todos los que habitaban aquella irrealidad, aquella ficción en verso de otras vidas…Y como en un teatro resonó aquella voz de mujer, partida en la suya misma y otras múltiples… «A quienes amo y me aman … A los otros también.» Con esta dedicatoria entrecomillada comienza la “Brevísima relación de la destrucción de June Evon” (Ediciones Vitruvio, 2013), nuevo libro de la poeta Tina Suárez Rojas (Gran Canaria, 1971), dedicatoria que, en este caso, parece comenzar el poemario corriendo el telón de un teatro recreado para nosotros en el libro; telón que también podría ser la persona de la misma poeta. Una vez la tela roja toca su fin y quedamos a oscuras, expectantes, ante el comienzo de la representación, se van sucediendo las primeras apariciones, los primeros fotogramas en la mente, las primeras imágenes frente a los ojos. Y podríamos cerrarlos, pues este es el inicio de un filme del viejo del oeste que ha permanecido intacto tras los párpados desde el tiempo de nuestra infancia. Colaborando con esta puesta en escena, se lee sobre negro:

In the desert

I saw a creature, naked, bestial,

Who, squatting upon the ground,

Held his heart in his hands,

And ate of it.

I said, “Is it good, friend?”

“It is bitter—bitter,” he answered;

“But I like it

“Because it is bitter,

“And because it is my heart.”

Stephen Crane

Y continúa, tras desaparecer de la pantalla y aún en silencio:

Do what you love. Know you own

bone; gnaw at it, bury it, unearth it,

and gnaw it still.

Henry David Thoreau

 

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A los 21

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Me descubriste a Luckács 

y los textos teóricos de Brecht

las teorías de Gramsci

y en todo momento replicabas

el mismo modus operandi:

Al entrar en la biblioteca o en una librería

te ibas, sin avisar ni señal alguna, te ibas,

y cuándo te descubría junto al libro ahí estabas otra vez,

llevando tus pechos a tus muslos,

forzando la flexibilidad de tus corvas,

dejando a tu ropa marcar el origen y el fin de mi mundo…

Sabes que padecí, entonces, varias fiebres

y que cuando llegó la tuya, al poco te marchaste.

 

A los 21 leí a Luckács, a Brecht y a Gramsci

y también a los pioneros Lezcano, Millares Sall, Quesada,

Doreste, Johan y J. Millares,

y ahora me veo aquí hoy, abandonado de nuevo sobre la cama,

reconociendo, una vez más, que no es un salvavidas

esto que muere dulcemente entre mis piernas.

“Colmillos para caminar, hocico para las canciones de amor”, Confluencias

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Rompes el cielo con tu espalda

y arremolinas tus cabellos en la exhausta espuma de las olas.

Vienes y vas. Te retiras, te aproximas

y te viertes y revientas,

y asaltas luna llena y coralina mis almenas

de esmeralda.

Y, mientras, yo,

morsa del encanto y el requiebro,

huyo del deshielo y los osos polares,

sorbo la vida tras la barra carnosa de tu boca

y bailo, con mis colmillos, sobre los malecones de tu cuerpo

afinando mi hocico con canciones de amor.

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