La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Mes: julio 2015

Frente al mar

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Esta tarde, frente al mar.

En busca de silencio.

Con la piedra ahí, crepitando

bajo la espuma,

con la respiración ancestral

de los cangrejos ermitaños,

de la babosa de mar en el pico de su gaviota,

del futuro de los peces abandonados en la bajamar.

 

A pocos metros un hombre rebusca entre la rocas,

duda y tienta cada movimiento, cada antagonismo muscular;

sin duda busca donde no debiera,

sin duda busca aquello que sabe que es y está.

Y se desnuda, porque no parece encontrar nada.

—desconfía de mí—

—desconfía de los gatos pescadores—

—desconfía de las garcetas y los zarapitos—.

Se desnuda.

 

Y yo me vuelvo al mar,

a rememorar el eco reciente de la arena.

 

 

De noche, 1 de n

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De chico tenías miedo a la oscuridad

y tu escaso conocimiento perdía siempre

ante los juegos de las sombras y la pupila,

ante los tratos de los ruidos y sonidos

y tus agujeros timpánicos. El corazón parecía

empeñarse más en latir, agitando ciegamente

todos los capilares y membranas posibles.

Un día viste al Hombrelobo atravesar el pasillo

por el marco de tu habitación,

incluso la mano de un Rey Mago de Oriente

tocando tu hombro casi dormido… Y cuando llegó

el conocimiento, lento, siempre, y con dolor muchas veces,

viste un día en una habitación de La Laguna

la silueta de un fantasma que aprobaba tus deseos….

 

La noches, ahora, es otra cosa:

todo se aquieta o tiembla,

todo se silencia entre el cristal de los vasos,

las velas son las luces que pintaban calor en el pasillo de casa;

la vela ahora eres tú.

Porque la noche sigue siendo la misma.

Calor 97

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No me dejes

no te mueras

no permitas que te aplaste

por mi zapatilla

no te lances sobre

el polvo amarillo

ni abraces la muerte

entre los calzoncillos

del armario;

eres mía,

y yo

soy tuyo,

hasta que me mude

a un clima más frío

para no verte más,

para no gritar

si vuelas;

irme,

o quemar en alcohol 97

tu cuerpo de papel

como rito de paso,

para jamás cagarme

en dios y en vano…

Pero no me dejes

no te mueras,

no permitas que te aplaste,

de amorísimo,

con mi pie descalzo…

pues lloro cuando lo limpio.

con amor, a ti, Cucaracha.

La cucaracha invitada

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Una cucaracha atraviesa mi mirada pespuntando la piel de las baldosas. Se queda frente al televisor, me mira y sonríe. En dos milésimas de segundo estoy a su vera y la piso, y la aplasto, y dejo caer el peso de mi cuerpo hinchado por este calor sobre ella… Cuando me canso o pienso que ya valió, retiro el pie, retiro del impacto mi pierna. Y ella me mira, una vez más, y sonríe; me dice: “Esa no es forma de tratar a una invitada”.

“LIMEN” en Epitafios, de Antidio Cabal

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«Estos epitafios conciernen a los muertos y a los vivos muertos, es decir, a quienes están sobre el sepulcro y a quienes están debajo de él. No hay diferencia categórica entre ellos, salvo distinción modal. Obvio que forman dos partes de una parte. No se encuentran a extramuros de la misma identidad, comparten el relampagueo. No pasa de ser un movimiento de la carne, más en la cuestión, valorando la cosa ónticamente o epistemológicamente o épicamente, sin aspavientos culturales condicionados por conocimientos condicionados, entre una carnicería y un cementerio, o entre un cadáver y el mobiliario. Esto encaja en la teoría del conocimiento y en las premisas de la intuición. La lírica rige todo esto, la épica rige todo esto, en tanto en cuanto —tanto en cuanto— la poesía tiene apetito y axiología finita e infinitamente. Tomar en cuenta que el carnicero es un  cadáver vivo y el sepulturero es un cadáver vivo. Pasado un tiempo, uno y otro serán cadáveres muertos.

Cierto es que en las carnicerías no ponen rosas y en el cementerio sí. Esto hay que corregirlo.»

Epitafios, de Antidio Cabal, editado por Kriller71.

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