La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Mes: noviembre 2015

A Propósito del Tiempo que Tarda la Luz en Recorrer un Metro de Distancia

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Contigo, sólo alcanzo a medir
la precisión del tiempo que nos mueve:
nos alejamos; orbitamos el uno al otro;
recorremos erráticos el laberinto de cesio del reloj;
nos acercamos.
Contigo, la distancia que nos separa
huye de medidas exactas.
La distancia que nos acerca
es difícil de precisar
y, sin embargo, la luz que compartimos
recorre, imperturbable, 1 metro de espacio en 0,00000000333564052
segundos de tiempo.

publicado en Confluencias (BeginBook, 2010)

Una verdad imperfecta

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La maravilla azul empuja hacia el desierto.

El corazón avanza a tientas entre cientos de acequias de plata

entreveradas por las dunas e infinitos caminos.

A lo lejos, unas montañas de silencio insinúan seres ancestrales,

gigantes aparecidos tras el velo de un agua imperceptible

que busca, sin cesar, su primer recuerdo…

Cuando amanezca, nada cambiará.

La luz apenas ofrece una verdad imperfecta.

brinden y ni piensen en olvidarse

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De camino a casa dejo atrás algunas parejas de guiris, no recuerdo si son vecinos, vivimos vidas distintas, nuestra realidad es diferente. Cuando casi llego a la esquina de la calle antes de doblar hacia mi apartamento, ellas, las veo. Primero llevo mis ojos hacia a ella, pierna arriba: ropa de deporte, ropa corta, mucho más allá de lo que diríamos muslo; pasea a un par de perros, de esos pequeños, con personalidad, no son ratas de compañía; y la miro de nuevo pues obviamente el contraste de colores, negro de su ropa, blanco con leve color a sol en la piel, llama la atención, y una cierta curvatura más allá de su espalda. Pero entonces casi al pasarla vuelvo mi vista hacia Ella. Ella es la otra de esta conversación de vecinos, Ella me reconoce, y yo la reconozco. Sigo caminando y ya ahora doblo la esquina curva y vuelvo la vista atrás, y es Ella. La reconozco. Ella me reconoce también una vez más y ya en el portal de mi casa vuelvo a buscarla y la encuentro y encuentro que ella también me busca. Nos conocemos aunque me lleve treinta y pico años y hubiéramos hablando en la terraza de un restaurante italiana a las tantas de la noche y con tantos números de copas encima y yo a la espera de una de tantas superlunas de este año… Ella y yo. Coincidimos en algún lugar, en alguna hoja de la vida que se pasa, en alguna línea de ese diálogo que continúa para dos después de que ambos se hablen, brinden y ni piensen en olvidarse.

Playa de ciudad

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Playa de ciudad.

Abrazo palomas hambrientas

que dejan en la espuma cientos de mensajes,

que lamen mis heridas,

que picotean mis huellas,

mis pasos, mis sombras…

Todo en la orilla es de una libertad alambrada;

la marea, una delgadísima bruma que cerca el mundo.

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