La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Mes: febrero 2016

Las islas móviles

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Esta es la primera vez que escribo de memoria, desde un recuerdo lejano, desde un lugar que, quizás, nunca habité… La cabeza es un tejado donde anidan las palabras, casi siempre dormidas, atentas a la luz que nace del suelo… Pienso en ellas y sueño con sombreros, con islas sobre el mar, estas palabras nuevas desconocidas y que aparecen en un recanto de mi cráneo para escribirse instintivamente… Cada letra se procura un sonido, cada letra siembra un mapa de tinta tras la piel del papel y la pantalla, una familia, un juego de cientos de palomas hambrientas a pleno arrullar de migas de pan… En este momento veo imágenes, imágenes que se tornan instantes mientras yo busco más y más aire para ellas. Y cuando las encuentro, ¡una sonrisa!

            Cuando una ballena expulsa todo el aire de sus pulmones, millares de palabras saltan por encima de su lomo. Ellas quieren volar y, de verdad, que algunas vuelan; a otras les gustan los barcos y en ellos se alongan al gozo del viaje, para avistar los juegos de los delfines. También hay palabras que se quedan mirando al fondo del mar, a la pesca de los ecos de la Atlántida o el murmullo del mencey Loco, aguardando aquellas antiguas historias de los peces. Otras palabras permanecen flotando en la superficie, arrepiadas de frío y sin rumbo, sedientas… En la antigüedad, los marineros hablaban de palabras que se guardaban los secretos del mundo en el vientre de las ballenas; las islas son esas palabras que nuestros brazos no pueden jamás abarcar, que mergullan cerca de los barcos, como el milano que también se sumerge en el aire y la esa gaviota perdida que tienta las torretas eléctricas y las farolas en las autopistas.

Cada palabra es una isla… Pero ya anochece, ya he vivido esta escena… El barco se aproxima lentamente al puerto, el horizonte casi duerme entre las nubes; quietecita, una línea oscura baja las luces de las casas hasta el cuerpo de las calles y allá, al fondo del escenario, una aparición, los sueños que persiguen un bocado de tierra más, y las estrellas, anunciando la islamadre llena de futuros, un puñao sueños y el recuerdo de la primera emoción de la mirada.

Publicado inicialmente en El Alisio

Alonso Quesada, dos poemas.

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Poemas extraídos de “Insulario”, antología de textos de Alonso Quesada confeccionada por Lázaro Santana.

 

 

UN TENEDOR DE LIBROS

 

 
Este es un tenedor de libros, bueno;

un inglés muy pacífico, que mira

distraído el amor.. . Frente a mi mesa

él trabaja consciente. -Es la oficina

de una entidad británica, severa,

donde pagan ¡mis números! con libras…
Hay un claro de sol sobre la testa

del inglés y él lo siente y se suaviza

aquel mirar tan mercantil que tienen

los ojos grises… pero no termina

la operación de cálculos que sigue

la recta ruta, bajo el sol, precisa…
Todos trabajan menos yo, que miro:

¡mi alma en todo minuto está propicia!

Y este es el mal de mi futuro de hombre.

¡Esta es mi enfermedad desconocida!…

El inglés ha parado, por fumarse

un cigarrillo de opio; una sonrisa

tiene en los labios y una gracia inglesa

me dice en tanto el cigarrillo lía…
Y entonces, la discreta entonación

de este adorable míster, finaliza,

y al verme como ayer, puestos los ojos

en lugar diferente al que me obligan,

clama: -¡Señor poeta, muchas nubes

para ganar con claridad la vida!…
¡Pero me cuenta de la Amada, lejos,

en los fríos hogares!…

Una cita

de patriotismo, que orgulloso siente

su corazón,

todo teneduría.. .

Y mi alma puesta en ocasión de plática,

al alma inglesa a platicar invita,

con la recordación de aquella aurora

en la que alondra y ruiseñor porfían…

Y el entusiasmo del inglés florece,

como una flor exótica, divina,

que sólo han visto nuestros buenos ojos,

en un caliente invernadero, un día…

 

 

EL BALANCE

 

A Tomás Morales

Estos cuarenta ingleses esta noche se juntan

para hacer un balance porque termina el año.

El trabajo nocturno, si es trabajo de números,

tiene para estos hombres un voluptuoso encanto.

Van llegando puntuales. Sobre las altas mesas

van uniformemente los libros colocando;

luego sacan sus pipas; reposados encienden

y antes de dar comienzo beben un whisky agrio.

 

La oficina está plena de luz, y yo he venido,

como todos los días, con bastante retraso…

Ellos, que no toleran la indiferencia mía,

en su lengua, a mis modos, ponen un comentario…

Y el más viejo de todos, el tenedor primero.

-¡ jaranero divino! a mi entrada alza el vaso

y con una postura de orador de Hyde-Park

grita:- iBrindo, señores, por el amigo Byron!
Los demás se sonríen -una burla británica-.

Yo sigo a mi pupitre y empiezo mi trabajo…

 

Sobre Rafael Romero Quesada (Alonso Quesada) en la Academia Canaria de la Lengua.

Sobre “Insulario”, en la revista Moralia

Obra completa (tomo I) en Memoria Digital de Canarias

 

 

Algunos poemas de Yeray Barroso, en “huida al centro del agua”

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no me importo descender para verte.

ni siquiera dolió el silencio,

pues es el estado natural del solitario.

desde la barrera vi los brazos extendidos

de la muchedumbre. solo un pequeño bisbiseo

logró alcanzar mis oídos

mientras observé desde la valla.

unos reían, otros eran solo angustia.

una llama se aproximó

con sus rejos apetecibles

y deseé atravesar la cerca

para recibirla con una carcajada.

 

 

***

 

 

cuando pises esta arena

ya no serás el ave

de la adolescencia.

habrás renunciado a la ciudad

por un vaso de vino

y un respiro de brisa en el rostro.

no sabrás, como ahora no sabes,

quién eres, cuál es tu nombre.

acercarás, sin embargo, el pie

y doblarás el ala en medio de la duna.

luego preguntarás al aire

si puedes acercar tu mano

y tu destrucción

de ayer

no será la misma que la de entonces.

 

 

***

 

 

no anhelo las provisiones, solo el viaje.

no importa que no sea agradable el trayecto,

que el agua sea tan fría y abominable

como relatan los pescadores.

no influye el llanto de los conocidos,

solo mi anhelo de agua,

esta necesidad de dormirme

como un grano más de su sal.

 

 

***

 

 

Abre los brazos del barranco

y transita sus conductos.

desbroza tus ojos,

tíñete de todas las imágenes

que encuentres en el laberinto.

pierde ahora pierde

y busca.

siega con tus uñas

las zarzas,

raspa la piel de la tierra

y recorre la sangre.

podrás regresar

cuando hayas sembrado

todos los ecos que recuerdes.

 

***

 

 

“flor que nace en los raíles”, algunos poemas de Daniel María

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todo

lo

que

hablan

las

flores

acaba

en

el

suelo,

ignorado.

 

***

 

 

en los bancos del parque

crecieron con la hierba

las bocas que se sientan a besar

 

 

***

 

 

amo la sombra de las ramas

que dibujan labios sobre piedras;

ellas, a las que nadie quiere

llevarse a la boca para un beso.

 

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