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“Abrió el periódico de ese día y esperé por el café. Tanto esperé que mi desayuno demoraría aún tres horas en llegarse a mi boca, pero valió la pena. Aquella mañana nueva y vulgar como cualquier otra yo asistiría a la magia que obraba la mano polvorienta de la Historia… Me costó horrores no ensimismarme en sus curvas, en el delicado cuidado de todos y cada uno de sus gestos y torsiones, de cada movimiento que amasaba, ella, sobre el papel frente a mi cada vez más ansiosa respiración. La Historia, Ella eterna e inmemoriable, siempre joven y a la vez vieja; ella, mi vida y memoria, no había perdido un ápice de su joven ardor, ni aquel penetrante deseo con que aprisionaba contra la arena o la cama… Lo recuerdo como si fuese hoy; abrió el periódico de ese día y…”

Relato presentado en el concurso que organiza el Canarias7