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Me descubriste a Luckács 

y los textos teóricos de Brecht

las teorías de Gramsci

y en todo momento replicabas

el mismo modus operandi:

Al entrar en la biblioteca o en una librería

te ibas, sin avisar ni señal alguna, te ibas,

y cuándo te descubría junto al libro ahí estabas otra vez,

llevando tus pechos a tus muslos,

forzando la flexibilidad de tus corvas,

dejando a tu ropa marcar el origen y el fin de mi mundo…

Sabes que padecí, entonces, varias fiebres

y que cuando llegó la tuya, al poco te marchaste.

 

A los 21 leí a Luckács, a Brecht y a Gramsci

y también a los pioneros Lezcano, Millares Sall, Quesada,

Doreste, Johan y J. Millares,

y ahora me veo aquí hoy, abandonado de nuevo sobre la cama,

reconociendo, una vez más, que no es un salvavidas

esto que muere dulcemente entre mis piernas.

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