Años 90, poesía canaria: Alicia Llarena

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Más de media noche… Los transeúntes que han percibido su presencia se quedan maravillados un instante, se dejan sorprender por el dulce martilleo, detienen incluso el paso y se van. El insólito visitante nocturno no gira la mirada y continúa afanado su tarea; quiere irrumpir en las oficinas, prender fuego al lugar, hacerlo volar con los kilos y kilos de jabón que servirán de explosivo. Pero de repente asoma la luna sobre las nubes negras de la ciudad y el justiciero de ladrones cierra, sorprendido, los ojos ante la luz reflejada en la ventana… Tras unos segundos, pasa el picor y puede disfrutar de la Blanca, de la senda que derrama sobre el mar. A esa hora el puerto parece un lugar habitable donde los barcos han cesado ya de lanzar su alma por las chimeneas (como dijo el poeta) y todos los marinos yacen en tierra. Todo parece distinto, y también él que reconoce en su reflejo un mirlo encaramado al rellano de una ventana… Ahora lo entiende todo, el pico azafrán se había hecho fantásticamente visible desde las alturas; aunque no sabe qué hace ahí, tan en lo alto, lejos de una cama entre ramas, sin volar, ahí aferrado a la misión de irrumpir las oficinas de la planta número 7 de una agencia de calificación delincuente… Por fin el mirlo vuelve a lo alto de farola de en una avenida siempre bulliciosa. Lee en su ratos libres, se dedica a su labores de mirlo (investigación literaria, prosa, docencia, prepara exámenes…) vive como mirlo, y recuerda en ocasiones, rememora con calma, aquella noche cargada de nitroglicerina frente a la luna con sus dos libros de poesía bajo el brazo.

Así, con dos libros de poesía, comenzó Alicia Llarena (Gran Canaria, 1964) su andadura literaria, si bien, el grueso de su obra publicada se reparte entre prosa y prosa de investigación. No obstante, la lectura de sus primeros poemas llama, por lo menos, la atención, la curiosidad por el lugar que ahora ocupan esos comienzos poéticos, por su prosa. Sobre los comienzos, podemos observar en Alicia Llarena un verso calmado, de técnica narrativa y mucha ternura. Quizás sea aquí, en la ternura, donde se podría señalar la juventud de sus primeros libros, pero sería un tópico en el que no caeremos sin recomendar al lector que saque sus propias conclusiones. Su verso, además, es verso a medio camino entre un poesía clásica, por ese aroma que desprende su discurso, y una “ahora” que avanza mientras mira hacia otro lugar, un pasado, un “otro mundo”, una persona, algún tipo de familiar melancolía.

I

 

Contigo he conocido

ese conjunto de animales

que se disputan la quietud del cuerpo,

su secreta agonía.

Era muy pronto entonces

para asomarme al mundo

y conocer sus signos

a veces tímidos, o simplemente oscuros.

Nada había que no fuera inocencia,

la plenitud que ignora

cuanto existe,

el olor del romero

en las esquinas de la casa.

Afuera me esperaban

sin embargo

la bestia y su locura.

De Fauna para el olvido

 

XV

 

¿Qué animales salvajes me hacen hoy el amor?

¿Qué afán es éste que llena nuestro lecho

con sus signos oscuros,

los indicios del naufragios,

el terror del invierno?

Lo sé porque hoy tientas mi fondo primitivo

con tus manos calientes,

con la soberbia del ladrón

ante su víctima,

agitado por el orgullo

de su rara habilidad.

No me inquieta tu aliento posesivo,

tu animal celoso extraño a la ternura.

Abro incluso las puertas de mi cuerpo

y dejo al aire las ventanas

que dan al interior.

Procedo con la calma de quien sabe cerca

la noche del delito,

y abandona el hogar

después de haber guardado con sigilo

los objetos del alma,

las joyas importantes.

de Fauna para el olvido

 

PROPORCIONES

 

En esta tierra el agua

ocupa superficies gigantescas.

Mareas que con su fuerza

harían de esta ciudad

un puñado de escombros inservibles.

Líquidos que atestiguan inservibles.

Océanos que adentro pugnan por salir

para rendir su culto a los deseos.

Abrevaderos que en el alma

tienen la misma substancia que la lluvia.

Sin embargo nos asusta nuestra sed.

Y nos ahogamos en un vaso

pequeño y transparente.

(Inédito, presente en antología de “Última generación del milenio”)

 

 

RELEYENDO A GARCILASO, AÑOS DESPUÉS

 

Cuando me paro a contemplar mi estado

y a ver los pasos por do me han traído

 

sé que todo está bien

incluso el orden

en que fueron otorgados

los fracasos.

(Inédito, presente en antología de “Última generación del milenio”)

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