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Horizonte oblongo

La isla es una utopía ligera e inmensa, dinámica. La isla es Ysla que muda a diario sus formas, que no cabe en los mapas. La unión de puntos y tintas, de trazos y rectas, las zonas de color que vemos representadas sobre ellos no son la Ysla, a pesar del empeño de reducirla a nombres y etiquetas. En la plaza de los pueblos, en las obras de la ciudad y sus barrios, en las plazas más alejadas (las plazas silenciosas), lo saben. Los mayores se paran a mirar las obras para adivinar hacia dónde irá esta vez, se preguntan: ¿cómo la harán?, ¿tendrá la Ylsa formas novedosas, nuevos colores?, ¿atraerá toda la luz del día e iluminará, más tarde, la noche?, ¿nos cegara por completo?, ¿Y cómo lo harán?, ¿acaso con una expresión retorcida, antigua, o, al contrario, sonará con un verbo más actual?, ¿acaso golpeará nuestra percepción?, ¿qué nos provocará?; ¿será, al contrario y quizás inesperadamente (solo quizás), una vuelta a los clásicos, conservadurismo en sus líneas, una Ysla de islas pretenciosas con aires de “soy antigua y eterna, inmutable; yo soy esa, soy tradición?… La Ysla es inabarcable, y así son sus manifestaciones. Por mucho que poetas y movimientos, que tendencias e ismos insistan, por mucho que poetas oficiosos y oficiales estudiosos se empeñen, ella está más allá y en todas partes… Precisamente, es gracias a esta ubicuidad de las islas (de la Ysla) que sus recreaciones en la poesía fueron reconocidas por el profesor Valbuena Prat, allá por los años 20. Fue entonces cuando quedaron señaladas las características que la poesía canaria había sedimentado desde sus inicios hasta aquellos años. Y fue entonces también cuando se crearon las primeras coletillas para nuestros poetas, las primeras cadenas, las primeras piedras para “padres” de la poesía contemporánea… Los primeros lastres, sin duda, que algunos poetas venideros se encargarían de desarrollar, renovar, o perpetuar. Pero la Ysla no compra eslóganes, ni se guarda solo para poetas, y las islas (al igual que la Ylsa) buscan respuestas constantemente, preguntas, coordenadas hasta ahora ignotas… Los poetas, en ese caso, pueden andar los caminos de ella, las pequeñas sendas, los revirados vericuetos. Algunos logran arrojar luz en su avanzar a tientas; otros, al contrario, inventan luces y apariciones, profecías y dogmas, espejismos que no huelen más que a pasado que ata y no cesa… No obstante, con frecuencia unos y otros parecen olvidar que todos participan de la misma rueda y todos ruedan y ruedan, a trompicones, sobre las piedras del camino.

            La poesía de Coriolano González Montánez (Tenerife, 1965), como también se ha dicho de Víctor Álamo de la Rosa, parece andar ese redescubrimiento, arrojar esa otra luz para los “objetos y lugares cotidianos” de las islas, de la poesía en ellas. Al menos así puede pensarse de los poemas seleccionados en la antología “La nueva poesía Canaria” (Verbum, 2001), pero habría que seguirles el rastro sin duda, preguntar si, como acontenció en otros poetas, han terminado por hacer Poesía al recordar las islas…

 

CORIOLANO GONZÁLEZ MONTÁÑEZ

 

SEPPUKU

La daga de esos dedos tuyos

tan finos como la lluvia

que alguna vez acaricié

de espaldas a ti

me penetra hasta la sangre.

Así a de ser nuestra imagen

de siglos desbordados

porque sucede que adivino

el galopar de la llegada

de la muerte

de una muerte tan lejana a ti

como tu propio deseo

o alma

como tus ojos de lágrimas

o cuerpo difuminado

entre mis manos cortantes

como cuchillas que invaden

mis entrañas.

No debes olvidar entonces

amor mío

que antes de partir hacia mi olvido

has de cortarme la cabeza

con tus besos

y llevarla contigo por tu paseo

de calles erosionadas

por el tiempo de tu ausencia

como testimonio

de tu locura o mis palabras

que aún permanecen despiertas

escuchando el estertor

de este último milenio

de sombras tras tu recuerdo.

Este último milenio de sombras tras tu recuerdo (1994)

 

El hombre fue creado de esa piedra

y el mundo surgió de ella.

El hombre conoció mujer

y las piedras, como el mundo,

se multiplicaron.

Este fue el comienzo.

Sobre esta piedra

el hombre conoció el miedo a las estaciones

y el valor de las muertes,

lloró desconsolado la ignorancia

y  predicó mentiras.

Sobre esta piedra

el hombre honró sus desdichadas

con ofrendas de sangres

y amó hasta el dolor

su inmutable atadura

a los caprichos divinos.

Pero el hombre también sabe olvidar.

Y la piedra creadora

se aletargó en el silencio paciente

de la redención.

El sol no cuartea la memoria

ni la visión que la sabiduría otorga

a los inmortales.

Esta piedra ha contemplado

cómo el hombre se vanaglorió del olvido

-y la soberbia lo atenazo-,

cómo emergían pueblos

y cómo eran azotados por los embates

de la cólera.

Sólo la eternidad es inmutable.

Por eso ahora erigimos estas palabras

sobre la piedra de la creación

y recordamos al hombre

que fue hombre,

para que la magia destierre

los mares de nubes

de nuestras mentes.

Sólo el sacrificio velará

por nuestros sueños.

Conjura del silencio (1994)

 

LAS MONTAÑAS DONDE HABITAN LOS PÁJAROS DIOSES

Nadie ha visto jamás a los pájaros dioses.

Nadie conoce su primer nombre.

Nadie sabe bajo qué forma se muestran

ni cuándo acompañan a nuestra sombra.

Pero sabemos que existen,

que su palabra es misterio,

que traen el destierro y la muerte.

Sabio es el que escucha la voz

de los antepasados.

Por eso he llegado a estas montañas,

para ver el rostro de los pájaros dioses,

para inundarme de su palabra,

para abarcar su cuerpo y comprender

por qué nadie esperará jamás mi regreso.

El libro de la tierra

 

VÍCTOR ÁLAMO DE LA ROSA

 

CORREO CERTIFICADO

Ambos sabemos

(sobre cabezas y a ras de suelo)

de un mundo más arriba

sin sótanos de fiesta pagana

que lo cierto acaba

(y es el porqué de estas líneas)

para citarnos en un vuelo de palomas

sin posdatas donde sellar

el vértigo del viaje.

EL VACÍO

Es aquel vacío de cabina telefónica,

aquél de sordos pasos en el arcén contiguo,

el que nos hace volver la cara con tristeza,

elegir sitio en el banquete de la avenida,

pinchar con tenedor bocaditos al limón de soledad

y sorberla con grato paladar,

como si fuera o fuese siempre siempre

una última cena,

y es que, verdaderamente, de eso se trata,

dilucidar si este torrente sangriento es agua,

fuego azul,

infancia inmatura

olvidados fósiles.

Fósiles o armaduras del tiempo(1991)

 

HAZ

Huella de la luz

no te asombres:

las mejores hojas

son aire, sílabas

que timonea la brisa,

historias que lleva el viento

Altamiras (1997)