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¿Recuerdas aquellos años? Asistíamos a un espectáculo único, sin duda, aquel espectáculo que parecíamos contemplar siempre desde una piscina cubierta, en medio de una bruma y la visión de la anguila mitológica, medio sorprendidos y medio distraídos, en ese instante equilibrista que tanto conocimos y aprendimos a domar mientras otros retrasaban el paso con el que podrían acompañarnos…

Tú y yo nos entregamos a la minería más auténtica, excavar lugares en los que añejar la carne y nuestra letra. Siempre el mismo día… Y así hemos llegado hasta aquí y hasta ahora. Siempre mirando otros horizontes rodeados de monos.

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