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BURY ME NOT ON THE LONE PRAIRIE En un escenario sin luces, en la total oscuridad, en el principio, era ya el verbo, y el verbo voz entre los labios; y estaba en Dios, también, aunque no quiso este saber mucho de June Evon aquel día, cuando caía el sol. La voz se escuchaba en todas partes, pausada, cada una a su vez, cada una portadora de un color de la historia; y la voz llegó, entonces, a todos los que habitaban aquella irrealidad, aquella ficción en verso de otras vidas…Y como en un teatro resonó aquella voz de mujer, partida en la suya misma y otras múltiples… «A quienes amo y me aman … A los otros también.» Con esta dedicatoria entrecomillada comienza la “Brevísima relación de la destrucción de June Evon” (Ediciones Vitruvio, 2013), nuevo libro de la poeta Tina Suárez Rojas (Gran Canaria, 1971), dedicatoria que, en este caso, parece comenzar el poemario corriendo el telón de un teatro recreado para nosotros en el libro; telón que también podría ser la persona de la misma poeta. Una vez la tela roja toca su fin y quedamos a oscuras, expectantes, ante el comienzo de la representación, se van sucediendo las primeras apariciones, los primeros fotogramas en la mente, las primeras imágenes frente a los ojos. Y podríamos cerrarlos, pues este es el inicio de un filme del viejo del oeste que ha permanecido intacto tras los párpados desde el tiempo de nuestra infancia. Colaborando con esta puesta en escena, se lee sobre negro:

In the desert

I saw a creature, naked, bestial,

Who, squatting upon the ground,

Held his heart in his hands,

And ate of it.

I said, “Is it good, friend?”

“It is bitter—bitter,” he answered;

“But I like it

“Because it is bitter,

“And because it is my heart.”

Stephen Crane

Y continúa, tras desaparecer de la pantalla y aún en silencio:

Do what you love. Know you own

bone; gnaw at it, bury it, unearth it,

and gnaw it still.

Henry David Thoreau

 

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  Al contrario que en otras ocasiones donde las citas, de otros poemas o aforismos o frases célebres de otros autores, al comienzo de un libro, no llegan a desvelar su papel dentro del poemario, en esta ocasión los textos de Stephen Crane y Henry David Thoreau colaboran con el principio de la “Brevísima relación de la destrucción de June Evon” como las famosas “letras” que preceden una película. De este nuevo libro de Tina Suárez Rojas, singularidad dentro de su producción poética, ya han señalado otros el homenaje que hace al Western y la épica que extiende página tras página. En efecto, el filme que narra la Destrucción de June Evon es un conjunto de poemas que, repartidos en torno a unos títulos o capítulos con los nombres de los personajes principales, ofrecen al lector indicios, pistas, acerca de lo que verá a continuación, de lo que puede pasar o ya pasó. Si el Western comienza tras el llamamiento de David Thoreau y se fija, quizás, como marcador generacional de la autora, la épica se presiente desde el comienzo con el primer poema titulado “El Principio”: El día que la iban a matar, June Evon se levantó casi al amanecer […] Y continúa con lo que podría ser la constante y el origen de todas las provocaciones y preguntas que representa, sin duda, este libro: la épica, los límites del prosaísmo, la poesía sembrada con acierto. La poesía se percibe a lo largo y ancho de sus páginas como pinceladas impresionistas que, poco a poco, a lomos de todas las voces que hacen aparición, convierten al lector en narrador omnisciente, construyendo una historia en la que, al mismo tiempo, toma el protagonismo de todos sus personajes. Poesía hay, aunque más de una vez nos vemos obligados a recordar la difusa frontera que, en algunos casos, separa la prosa de la Poesía; a redefinirla, afianzarla en nuestro conocimiento. Quizás la épica de la Destrucción de June Evon tenga la respuesta que (re)defina dicha frontera. No obstante, podemos constatar que la naturaleza poética se ha repartido bien, se ha hilvanado con fina técnica y conocimiento gracias a un claro trabajo de documentación que, sin duda, se percibe desde las primeras páginas del libro: La luz tibia de la mañana se derramaba por los escarpados riscos y obraba a capricho sus tornasoles sobre el manto de rocío. El principio Si al ver una película es posible afirmar que es pura poesía (visual, emocional, de montaje, de interpretación), la Destrucción de June Evon tiene esa capacidad de sorpresa y se convierte, en ocasiones, en ese lugar donde se clausuraba la vida de los hombres, lugar que nadie ha visto, pero del que todos hablan o han oído hablar; lugar cierto, aunque inaprensible. Las voces que nos acompañan en la lectura son las de aquellos que, de una manera más o menos directa, tienen algo que decir para el conocimiento de June Evon y su muerte, y es a modo de flashback que van apareciendo, uno a uno, en cada poema. Si se leyera este libro aferrados a los moldes clásicos o postmodernos de la poesía (en español o no) podría decirse que sólo la mitad menos dos son “buenos”, o “que llegan”, “que provocan”… Pero es precisamente la manera en que se ha tejido esta capacidad de provocación que el poemario logra permanecer junto al lector y plantearle preguntas, preguntas que, en ocasiones, toman la Poesía como tema. “Brevísima relación de la destrucción de June Evon” acaba siendo, así, un libro de recomendada lectura gracias al riesgo que asume y resuelve con solvencia la autora. Este libro es, sin embargo, de difícil ubicación, a pesar de que queda en el extremo opuesto a esos otros libros de poemas que se pretenden poesía de altos vuelos. Además, el tren de June Evon, si a veces parece dejarse embriagar por un exceso de narrativismo, no llega nunca a descarrilar, abrazando la Poesía desde otros lugares, nuevos, inestables, lugares aún por crear. Tenemos, también, un libro sostenido sobre un paisaje de ecos donde la Poesía se reparte en disparos certeros y contundentes, unas veces, y, otras, siendo más abstracta como los aromas innombrables de un buen güisqui: desconoces el adjetivo que precisas, no atinas con el cebo para su pesca, pero pruebas y picas, sabes que está ahí. La Destrucción de June Evon puede leerse como si se viera “Sin perdón” o “El bueno, el feo y el malo”, sin que falte personaje alguno, ni se omita detalle. La historia es sólida, cuidada en todos sus pormenores, puro Western. No tiene la profundidad de una poesía que hable de lo mundano y lo divino pero sí expone la humanidad de aquellos que, en las películas, representan o ridiculizan un aspecto u otro de nosotros mismos: En cuanto a la chica, sospecho que entendía de cartas marcadas y de dados lastrados porque sonreía, seguía mis trampas desde el otro extremo de la barra, y sonreía, tamborileaba los dedos, canturreaba por lo bajo siempre la misma tonada: Oh don’t you remember sweet Betsy from Pike/who crossed the wide prairie with her love Ike y mirarla y escucharla y sentir su complicidad me hizo creer extrañamente seguro, me daba confianza. Póquer de ases, full de reinas, escalera de colores, aquella noche le hubiera ganado la partida a la mismísima muerte si hubiese venido a reclamar mi pellejo… Cuando quise invitarla a un mule skinner para celebrarlo ya se había esfumado. Nunca supe que era June Evon. Lester Bonnifield (Tahúr) * Al contrario que en otros poemarios donde se nota la voluntad de truco y de vuelo alto, no hay pretensiones ni vanidades aquí, tampoco inútiles ornatos. Hay, al contrario, un trabajo cuidadoso, una propuesta arriesgada que se percibe como dedicación (cuando al riesgo se entrega uno) por el ejercicio poético libre que permite, en ocasiones, la propia trayectoria literaria: […] Entonces yo vi que muchacha blanca traía buenos espíritus, por eso Espiga al viento dijo tú Agua Clara, llamó Agua Clara. Espiga al viento (indio Cheyenne) […] Con este libro, la poeta Tina Suárez Rojas propone al lector ser, a la vez, uno y múltiple, narrador y personajes, voces, ecos y su propia voz que, por dentro, va sacando durante la lectura sus propias conclusiones acerca de June Evon. De la misma manera, y como ya hicieran Federico J. Silva en “Era Pompeia” y Pedro Flores con “El último gancho de Kid Fracaso”, el verso de la poeta es un medio para la ficción y, si bien la propuesta poética hace equilibrios entre poesía y prosa y, a veces teatro, para volver hacia atrás con teatro, prosa y poesía, no vemos que el texto de la Destrucción de June Evon sea extrapolable a la horizontalidad de la prosa, así sin más; ni siquiera en su versión de prosa poética. Tal y como está, en verso, se encuentra su lugar, confluencia de géneros, novela, teatro, cine, poesía… Y este último se sostiene, eso sí, en un hábil y sólido manejo del lenguaje, de las partes conformantes de la historia, de lo que se quiere hacer y contar y el cómo, del “aire” de los personajes. A lo largo y ancho del poemario reina la sobriedad de una delicada cabalgada, pero no resulta soporífera: […] Yo me imagino su cabaña colinas arriba, entre esos imponentes arces y castaños que apenas desde aquí se atisban, qué dulzura para la vista ser testigo de la grandeza del Señor, los llanos verdeantes, los rojizos peñascos… […] Después no quise preguntarle ya más. Creo que un sombrío desencanto importunó sus recuerdos Trudy Carmichael (Criada) Uno de los momentos álgidos de este juego de voces llega con la conversación entre June Evon y el reverendo, que el mismo reverendo Thomas Sander Papaíto Sander pone en la boca del lector: Le dije hija mía, no sigas buscando la condenación, no se puede ir por ahí disparando contra el mundo. Una joven tan lozana debe poner su empeño en otros menesteres, el mismo que ponen las flores en embriagar el aire con sus múltiples fragancias, ¿lo comprendes? Me dijo ahórrese sus buenos consejos, reverendo, nadie se los dio a Judit, por eso fue posible degollar a Holofernes. […] Le dije hija mía, perdona a ese enemigo, sé contrita y asume con amor tu penitencia. Me dijo no me precio de enemigos, reverendo, lo mío es sólo un asunto pendiente. Ojalá tuviera un enemigo. Es leal, no te abandona nunca. […] Me dijo carne de coyote, reverendo, sólo eso, carne de coyote es lo que se come en el desierto. Como también ocurre en las intervenciones del maestro de escuela Jedediah Erwin y Mortimer Powell, el ebanista y sepulturero: […] —¡Mírame, Pete Owen! Pero él no se giraba. —Oh, siempre la misma, June Evon, absurdamente dramática… ¡Lárgate! —¡Pete Owen! Pero él no se giraba. Y ella disparó. Disparó y disparó. Disparó. […] Este mismo poema, que podría servir de final de película, no es sino la antesala, el valle previo a la cresta de la acción y el drama: Ajusticiamos a una chica que mató a un chico que ya la había matado a ella mucho antes. A veces, amar tan intensamente te convierte en lo que amas. Pobre diabla. ¿Pero quién no ha aprendido a remendar el corazón? ¡Qué demonios! Sólo así se sobrevive. Eddington Burnes (Sheriff) En definitiva,  “Brevísima relación de la destrucción de June Evon” es un poemario atípico, fácilmente condenable por la maledicencia, pero que puede luchar contra toda una raza de incivilizados (el Sheriff dixit); una apuesta arriesgada que siembra preguntas y provocar extrañeza en el lector durante su agradable lectura; lectura, esta, que no deja de ser, por encima de las preguntas no resueltas, una grata sorpresa poética y editorial, y un buen ejemplo de la poesía como género de ficción que parece encontrar en Canarias solventes autores. […]

Oh bury me not on the lone prairie

where the wild coyotes will owl over me

where the rattlesnakes hiss and the wind blows free

Oh bury me not on the lone prairie

[…]

Siempre fue igual, al final sólo quedan unas botas

colgando en el vacío. Y el callar de los hipócritas

…THE END…

 

*

Otros han dicho sobre “Brevísima relación de la destrucción de June Evon”:

“Tina Suárez Rojas pergeña un western femenino y épico”, aquí

“Un western que es pura poesía”, acá

“Cada poema, una voz. Todos los poemas, una historia”, en El Cultural

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