La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

La cama, media barra de bar abanonada

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Tu ropa dejaba un silencio tras de sí,

confidencia o soco o silo, refugio nuclear.

Ahora nada queda salvo un silencio obcecado,

un letime apocalíptico sobre las playas de la isla de Henderson

donde, ahora, como en la propia trinchera que nos desangra sobre la cama,

se reúnen, a morir, restos de basura, carne y desechos.

No somos más que media barra de bar,

abandonada a la suerte de una medianoche de lunes

donde apenas unas chopas trapecistas, y algunas cucarachas mexicanas,

recalan, para devorarse, entre restos de Jilmador, cepos de caza

y los restos de Lorca lamiendo la sosa caústica.

[12:50pm]

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Sala de estar. Televisor encendido.

La abeja Maya en el interior del bosque.

Un ciempiés exhibe sus dotes de trobador…

pero no convence.

Tras la cristalera de la sala de estar del hospital

un hombre de polo rojo falla su único y último hoyo

en el green. La pelota queda muerta,

y él la mira apenas un segundo y la recoge,

y se va.

En el bar del hospital, sobre una butaca vacía,

da a luz una mota de polvo entre una multitud ausente y gérmenes que la ignoran.

Es un mediodía soleado. Las nubes dibujan la historia del tiempo sobre el césped

mientras un árbol gris y muerto me susurra una historia repetida.

Abandono mis ojos sobre el césped.

La muerte se torna verde.

 

En la sala de espera un viejo moribundo intenta servirse un café de máquina, mientras me mira, perdido, adivinando

la muerte de mi abuela. Se comenta en los pasillos -dice-las palomas en los ventanales, y las tórtolas y los niños.

 

Pero sólo cabe amar cuando unas lágrimas afloran nuevas tentativas de asalto.

She in the sky

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Me jugaría la vida por agarrarte, sentirte entre mis dedos, susurrar pegadito a tu piel “never more, never more” mientras la azotea húmeda empapa mi pecho y el estómago se confunde con el corazón y así los latidos y el vértigo. No es amor, no. Ni mariposas ni pájaros azules… Simplemente tenerte unas ganas inmensas. This is you in the sky.

Los días las mañanas

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¿Cómo se escriben los días en un diario,

si estos vienen y ya se van, si no se detienen

ni paran, cuando no se posan siquiera

un instante a la noche, porque saben

que no trabajan para otra mañana?

Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, crítica literaria

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Siempre era hora de marchar cuando leía Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa (Ediciones La Palma, 2015), estreno poético de la escritora Alba Sabina Pérez (Tenerife, 1984). Siempre era tarde aunque su lectura dejara llegarme a ella en el trasegar diario hacia el trabajo, desde el sur hasta el norte frente a las tres isletas, viajando siempre desde el centro hacia a las afueras y viceversa, siempre, por las entrañas de una ciudad que descuelga caprichosa su melena de arena y viento hacia la cama. Siempre parecía tarde porque descubrimos una voz inédita para la autora cuando ya habíamos creído atisbar (y adelantar) sus futuros pasos. Y este tiempo precipitado a la fuerza aconsejaba, en medio de la sorpresa cautela; pero sobre deseo de más lecturas, de otras lidias entre la poeta y la poesía, deseo de descubrir su camino por andar. Saber quién es más allá de todo lo que otros dijeron de ella.

En Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, el lector logra dibujarse una voz, una voz que ve margullar en la Poesía y que, además, resulta nueva y sorprendente para los lectores de la autora. En efecto, para aquellos que ya conocían a la escritora por sus anteriores títulos publicados (en prosa), Algo que contar (Planeta, 2008), ¿Quién cuidará de mis guardianes? (Idea, 2013) y Silence (Neys Books, 2014), este poemario avanza una propuesta que, tratando de la nostalgia, el pesar y la angustia, huye del sentimentalismo que suele estar tan a mano (resultar tan natural) para la primera  expresión poética. Además, para aquellos con lecturas previas de nuestras poetas se presente como un diálogo coral, una tertulia sobre nuestro pasado (y nuestro presente cercano) y la actualidad  que llama siempre a nuestras puertas. ¿Acaso alguien argumentar contra esa poesía, ese puerto y cuerpo que Ellas encuentran para nuestra literatura?

Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa consta de 56 poemas que, distribuidos en dos partes, nos presentan, nada más comenzar, un diálogo entre la poeta y el también poeta finlandés Pentti Saaritsa (Penti en Otoño y Sweet Kid), autor poco conocido en España pero que le sirve a la autora para soltar sus naves a la mar. Justamente aquí escuchamos una nos detiene en la lectura, que atrapa por la sorpresa, con un cuerpo que, ciertamente, seguimos reconociendo, una voz femenina —y deberíamos preguntarnos femenina ¿por qué? — que con una cierta y extraña calma habla desde una cierta nostalgia, desde un estremecimiento de inaprensible melancolía que parece provenir del trasiego diario, de la propia vida. Sin embargo, lejos de dejarse enredar por la primera expresión emocional de estas experiencias (sentimentalismo, emociones tremendistas y facilonería sensiblera), la autora nos que apuntan a cierto calado de fondo, unas letras cercanas, sin embargo, y desnudas, como si nos hablara realmente abrazados por una intimidad compartida, dentro, sin ansias de etiquetas ni vacías pretensiones.

 

[…]

 

Hubo un tiempo, Pentti,

en el que tú y yo estábamos seguros

de nuestro debate solitario

y de nuestra posibilidad

de encontrar lo que definía

la celebración de la vida.

 

Y ahora, sin ello, ya sin ello,

soy, yo al menos, Pentti,

como un viento vespertino

al que todavía nadie hace ningún caso.

 

Me formé en la noche y lo intenté,

quise decir algo y fui sólo una extranjera.

[…]

Pentti en otoño

 

Desde esta cadencia inicial comienza a mostrarse el poemario, lentamente, con pocos cambios bruscos en la voz, como ocurre, por ejemplo, en el texto Enfermedad Feliz. Leemos una cierta unicidad, una misma intención, un objetivo concentrado que no se desvía por egocentrismos extraliterarios, y que se mantiene a lo largo de todo el libro. Aquí nos expone a la primera duda, esa que trata sobre la fidelidad entre lo escrito y lo vivido, entre el pensamiento del autor y su expresión metafórica, entre la sonrisa de nuestra pareja de baile y el movimiento del baile como organismo vivo. A lo largo del poemario destaca, sin duda, la distancia que la autora toma respecto a lo emocional que amamanta los poemas, ese latido de una experiencia ordinaria que, en cuanto vulgar (cotidiano), le da un cierto estilo y delata otras opciones facilonas, falsamente trágicas o grandilocuentes.

 

Sweet Kid, te has teñido el pelo de negro.

Ya no te pareces a la niña

Que sostenía la taza hasta mi mesa

En el bar de tu padre,

Cuando tu padre clavaba el toldo al suelo

Sin camiseta en las tardes diáfanas

Sin camiseta cuando yo pasaba

Hacia la barra a recoger mi té.

Los días de verano hacia la barra

y tú corrías, rubia, Sweet Kid,

Tú corrías hacia mí,

Lejos de la gente, y te mentías,

Te decías que el tiempo era

Un reloj grande y ligero

Que tenía cuerda y lloraba en invierno

Y que tu padre tenía la camisa puesta

Y que tú tenías el pelo como yo.

 

Sweet Kid, te has teñido el pelo de negro

Y tu padre ya no está,

Tu padre es ahora un novio grande

Que se sienta a la mesa con un amigo

Y ríen y toman té, y son rubios

Y ellos te quieren los dos

Y se podrían llamar Jules et Jim

Pero no se llaman nada, sólo tú

Los llamas Soñadores

Y se retiran por la tarde.

[…]

Sweet Kid

 

La lectura continúa y la nostalgia se extiende sobre una cama recién iluminada, con textos que incitan al lector a otras lecturas mediante un uso equilibrado de referencias extraliterarias a otros autores y artistas como Robert Frost y Catulo, el pintor chino Xiang Shengmo, John Wayne, hacia el cine de Orson Welles y Lone Schefor. Y en este caso las referencias funcionan en tanto que no se delatan pretenciosas, ni forzadas o vacías, porque no distraen de la lectura que tenemos delante (la presente; la que facilita nuestra experiencia como lectores); y porque se ofrecen como parte integrante de la historia del este libro entre las manos. Así, una tras otra y sin que su número sea excesivo, estos viejos hiperenlaces literarios acaban por darnos pistas sobre ese sueño vivido y vívido (acaso realidad) que es Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, migas de pan hacia ese deseo que la autora intenta reconstruir, ese llamamiento que, como si se tratase de una visión, nos impulsa a dibujar sobre la arena para tomar notas de un conocido insomnio. Al respecto, podemos encontrar en la poesía canaria usos anteriores de las referencias extratextuales, con objetivos más o menos diferenciados (cercanos, también), en autores precedentes como Federico J. Silva, Pedro Flores y Tina Suárez Rojas, y que, en la contemporaneidad de nuestra poesía, encuentra otro eco femenino en Acerina Cruz Sánchez.

No obstante, no podemos afirmar que haya en la lectura de Ya nadie lee a Pentti Saarista algún tipo de influencia directa o buscada (¿deseada?) desde estos autores hacia Alba Sabina; de la misma forma que al autor de esta crítica le resulta opaco señalar influencias de otros autores ante lo que podría acordarse parece hervir desde la propia ansia lectora (instinto) de la autora, lecturas propias, músicas, cine, personales pasiones y concepciones del hecho literario, la toma íntima de conciencia de su proceso creativo. Respecto a la puntación de los poemas, hay acierto como norma general para el poemario; los poemas nos dicen cómo quieren ser leídos sin que se note un uso caprichoso o principiante en los versos, de manera que palabras, sentidos, imágenes y música van de la mano con un logrado equilibrio. Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa extrema su tertulia de la nostalgia hasta un presente que se nos viste con una angustia secular, superviviente entre las dolorosas incertezas del día a día, distraídas, quizás, con ese viaje a la sacrosanta tregua que hallamos en el vapor de una taza de café, en el tamborileo de los dedos sobre la mesa del bar. Podemos percibir un aire a esa derrota familiar, quizás, como el deambular bajo las sábanas ante la tercera alarma del despertador. Pero la lectura, y Pentti, avanzan, y así despertamos, porque siempre es hora de recapitular una vez más.

 

Barcelona

Nubes de antracita

Vermuth

 

Cipralex

Abro la boca hacia el cielo

Se derriten mis ojos

 

Periódico mojado

África

Mi vecina lee

Es portuguesa

Origen camerunés

Crucigrama hecho

Ñu

Silicio

 

Barcelona resquebrajada

Calle Simancas

El Tibidabo ya no gira

Cielo naranja

 

Cipralex

Vermuth sin hielo

utopía es tiniebla

Reloj desierto

Desaliento

[…]

Me meto el dedo en la llaga

Escuece

Cipralex

[…]

Tiempo presente

El cipralex no funciona

 

Cielo naranja

Escupes en el armario

El Tibidabo es un reloj roto

Barcelona y Cipralex

 

Este poema junto a Matemáticas Acuáticas puede leerse como los golpes de un ahogado de repente que esperara quizás en vano, audiencia con su muerte. Se trata de poemas que podrían etiquetarse de actuales pero que sobreviven a dichas etiquetas pues no se limitan a una expresión actualizada sino que, además, dicen y cuentan, sugieren una imagen, la metáfora de una experiencia que, en este caso, nos habla del dolor, de la angustia, del sobreseimiento de replicarle a la vida; una cierta derrota bien vestida, humano retiro.

 

[…]

¿Quién eres tú?

Antes de que regrese

la noche, dímelo,

cuando atardece sobre la montaña

que prometió esperarte y no dudó.

[…]

¿Qué eres tú? Dímelo

Antes de que la noche vuelva.

No pides luz, no tienes lo que quiere

toda esta oscuridad.

 

Ahora,

hoy apenas existes. Todos duermen

y es terrible. Estás sola y es espesa la sombra.

[…]

 

En definitiva, Ya Nadie Lee a Pentti Saarista se nos ofrece como un libro equilibrado donde los poemas atraviesan sonámbulos (rebeldes de la somnolencia) una distancia a oscuras, apenas encontrando tropiezos como en Paseo por El Prado y Hojas de Arena Azul y Lirios Negros, La Casa de los Tres Días o El Escondite de Kamadeva, tropiezos que no afectan a la experiencia total del libro, que no huelen a truco. Así la lectura crece dentro de una nostalgia creíble, en medio de una incertidumbre íntima y natural, una introspección que no asusta, que no parece impostada; que logramos comprender y hacer nuestra porque llegamos a reconocerla como esa mano que a todos nos aprieta, en alguna ocasión.

 

Para adquirir el libro:

Ediciones La Palma

 

Web de Alba Sabina Pérez

 

Otros artículos sobre el poemario y la autor:

De Santiago Gil en Ciclotimias

De Manuel de la Fuente en ABC

 

Selección de poemas del libro en Vallejo&Company

Selección de poemas del libro en Plumas Hispanoamericanas

 

 

Reseña del Miguel Sánchez al libro Palabrota Poeta, de Federico J. Silva

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La obra de Federico J. Silva respira juego y creatividad por todas partes, provoca, también, de manera natural, a la manera de los chiquillos, como los perros cuando, yéndose hacia debajo de la cama nos miran y dicen “haz que no me ves, voy a morder tus zapatillas”. Porque hay una entrega en ello, una entrega a la Poesía; porque hay riesgo y honradez. De aparentares y disimuleses, nada se ve; la mediocridad, se denuncia. Y no es la obra del poeta una cómoda; es un poeta exigente con sus lectores y así lo manifiesta. Con él se puede estar o no de acuerdo en cuanto a sus planteamientos poéticos y estéticos… pero es un hecho que lleva escrita una obra sembradita originalísima en toda la literatura hispanoamericana. A continuación, ya gracias al escritor Miguel Sánchez, reproduzco aquí la reseña que éste escribió sobre Palabrota Poeta (Ediciones Vitrubio), en la revista El Guiniguada Revista de investigaciones y experiencias en Ciencias de la Educación, Nº 23 (2014) pp. 173-174,  eISSN: 2386-3374.

El título de la publicación, Palabrota poeta, da cuerpo a un hermoso divertimento poético. El autor, Federico J. Silva, nos presenta una serie de poemas que coquetean con el tautograma pero sin encorsetarse en su propios límites. El resultado son treinta cuatro piezas que resaltan el potencial poético de las palabras que las conforman.
[…]
En Palabrota poeta, como ya adelantamos, encontramos una estructura ágil, nada rígida, que sin encerrarse completamente en el tautograma, lo resalta y dignifica. Los poemas se presentan ordenados alfabéticamente. En el primero predominan las palabras que empiezan por la letra “a” y en el último aquellos que empiezan por “z”.
El autor no olvida la grafía “ñ”, a la que dedica la composición XXI, ni los dígrafos “ch” y “ll”. A título de ejemplo extraemos el dedicado a la “b”:
Bestia de betún y barro basta,
boca beso tu benemérita a bocajarro,
bárbara bucanera, basilisca belladona,
bebo tu bilabialidad de benceno.
Bah, el busilis:
la búsqueda de la beldad o una biopsia de lo bueno.

Federico J. Silva reclama en cada línea, al igual que Cortázar, una obra que reivindique la creatividad y el juego. Ya el propio título es toda una declaración de intenciones.
Coquetea con el surrealismo y la literatura potencial por la capacidad abierta de sus propuestas, sin límites ni anclajes previos. Recoge además uno de los principios fundamentales del modernismo, la evocación de los sentidos, pues cada una de
las composiciones logra despertar en el lector sensaciones relacionadas con el tacto, la vista, el oído, el gusto o el olfato. Su trabajo, fresco y vital, nos recuerda la poética del ya mencionado Rubén Darío, de Tomás Morales… la poesía sensorial de
Alberti, Salinas, Gerardo Diego, Jorge Guillén, García Lorca… y reclama el valor de la palabra como puente entre el hombre y las emociones.
Las características expuestas hacen de esta una lectura recomendable tanto para lectores avezados como para aquellos que se adentran en el universo lírico, para adultos y para jóvenes, lectores estos últimos de los que esta disciplina está tan huérfana, tan necesitada.

Enlace al contenido y fuente originales.

Ensayos sobre crítica literaria, de Antonio Alatorre.

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«En el poeta, la creación tiene un carácter absoluto: él no juzga. El crítico sí juzga, pero en esta tarea no se apoya fundamentalmente en bases científicas, sino en una intuición personal iluminada por la inteligencia… El crítico nos comunica su experiencia del poema. El creador original parte de la emoción suscitada en él por un hecho de la naturaleza, de la humanidad, de su vivencia personal, de su fantasía. El crítico parte de la experiencia que es su contacto con la obra literaria… el crítico, lector privilegiado, dotado no solo de mayor receptividad y de mayor sagacidad literaria, sino también de la capacidad de comunicación, es un espejo mucho más fiel y amplio, mucho más capaz de reflejar en toda su complejidad la esencia de la obra. Las impresiones que en el lector ordinario son difusas e imprecisas, se dan organizadas, coherentes y luminosas en el crítico».

El cruce

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La Poesía en Canarias presenta tal variedad de propuestas y voces, voces maduras ya, voces (las nuevas) verdes y todavía en pleno proceso de carnificación (claro, intenso e identificable) que no se explica (desde la Literatura) por qué no existe un corpus de críticos literarios en Canarias que pueda merecer tal nombre, que pueda acompañar tanta variedad y retos literarios, y que se entregue a la creación y al alimento del diálogo entre autores, entre poéticas, entre propuestas y lectores, que arriesgue un aquí está la paja, aquí el grano. No se explica (desde la Literatura) por qué no existe un corpus de críticos desparasitado de amiguismos, enchufismos, vanidades y miedos y egoísmos, independientes de neocaciques (y de cobardías varias) que se comprometa aportar su parte a la Literatura en Canarias y, por ende, a la Literatura Hispanoamericana. Igualmente, no se explica cómo puede alguien llamarse investigador, antólogo o crítico literario en la España peninsular, si se permite el lujo de perpetuar la, hoy por hoy, inexplicable ignorancia del hecho poético (y literario) en Canarias.  No se explica porque ya dejó de tener excusa y sentido. De la misma forma, no se explica como la lejanía del continente (y sus circuitos editoriales y de difusión) siguen siendo esgrimidos entre paños y lágrimas de chaqueta como motivo para el poco conocimiento que de la literatura en Canarias se tiene. Y es que, en la Red, las plañideras pierden toda credibilidad profesional.

¿Acaso están todos los antólogos, críticos y poetas peninsulares vendidos a los grupos editoriales y a sus egos unipersonales y vanidades o prejuicios? ¿Acaso quedarán sin eco crítico las voces de Jorge Rodríguez Padrón y Lázaro Santana, de Domingo Pérez Minik? (por mencionar a algunos de nuestros predecesores). ¿A dónde vamos por este cruce?

Ruido o Luz, crítica literaria

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He doblado sobre las hojas las coordenadas que me dieran, he descubierto un nuevo braille en las esquinas del papel. En este mapa de lecturas puedo recordarme, rescatar del tiempo lugares que leí, voces que escuché y que llegaban de los confines del universo, que parecían hablar de mí y de ti, de todos nosotros, niños dibujando historias entre las estrellas:

(N 28º 29’, 16º 18’)

 

Miran los niños la cúpula

del planetario

 

El cielo dibujado

cuenta una historia

que ya apenas recuerda

la memoria de la especie,

cuando caminábamos tras una estrella

cruzando la sabana

hacia el norte

 

Por mucho que te tensan los ojos

los pibitos no ven

o no recuerdan

Sólo ven puntos

 

Desordenados

 

En Ruido o Luz (Ediciones Amargord, colección. ONCE, 2013) doblar las páginas por sus extremos acrecienta el juego que nos proponen los autores, Daniel Bellón, Carlos Bruno y Ernesto Suárez; un juego que nace de un planetario y que sorprende con una «obra poética colectiva y multidimensional», con un cuerpo y una voz que parece no ser fácil de encontrar en las estanterías. Ruido o Luz consolida, además, la realidad de la poesía en Canarias, una realidad variada y rica, que literariamente no tiene dificultades en traspasar a la poesía que se publica y promociona en el territorio peninsular español. Y al mejor conocimiento de esta realidad, la editorial Amargord continúa contribuyendo, haciendo cada vez difícil que el desconocimiento y la ignorancia, que aún se vierte sobre la poesía hecha (y hallada) en Canarias sea un hecho explicable o no avergonzante. Y es que desde los años 90, en Canarias ha crecido una diversidad poética continúa desarrollándose; en pocas líneas, podríamos hablar en esos años de las corrientes syntáticas y voces como Rafael-José Díaz en Tenerife, y de Federico J. Silva, Pedro Flores, Tina Suárez Rojas, Rafael José Franco, entre otros en Gran Canaria, y llegar así a nuestros días con voces tendentes a un universo intermedio, un volcán del medio, literario donde parecen ubicarse (al menos de momento) Iván Cabrera Cartaya y Alba Sabina Pérez (desde Tenerife) y Acerina Cruz, David Guijosa y Rayco Arbelo (inédito) en Gran Canaria, entre otros. La editorial Amargord aporta aquí, y una vez más, su esfuerzo editorial al imagen siempre dinámica la Poesía en Canarias, confirmando, en este caso, la existencia de poetas para los que la poesía es lo fundamental.

Ruido o Luz nos acerca una voz imposible de diseccionar si queremos desnudar sus partes constituyentes, y ya desde el primer poema declara un ritmo y colores que permanece a lo largo de toda la lectura. Y aunque la propuesta poética parezca acomodarse en varios poemas de Geodesia, la tercera parte del libro, el equilibrio poético no se ve afectado y no se maltrata el encuentro radical entre el lector y los poemas, entre el lector y la poesía.

 

(N 28º 45’, O 17º 53’)

 

la luz nos oculta la luz

para ver

hacemos uso de lo oscuro

 

 

(N 28º 18’, O 16º 31’)

De un golpe venimos             de la reventazón

de un tiempo y un espacio encerrados

en apenitas una casi nada         De una violencia

original nacimos y vamos repitiendo

la onda expansiva

 

Matando por miedo a la muerte

esta abstracción se concreta

en las páginas de nuestros diarios.

 

 

En Ruido o Luz, un poemario de cuatro partes más un epílogo y una elucidación entrañable y cercana, nada sobra. Atravesamos historias, sueños, ecos de tierras y universos lejanos, ciudades invisibles y reconstruidas por mecanismos diversos, reflexiones más o menos veladas, como el eco de una tierra que orbitara una constelación de tres estrellas sonoras:

(N 33º 18’ E 43º 37’)

 

El sabio decidió

no disponer más nombres de estrellas

(se le acababan los alfabetos)

no invento más para las constelaciones

(se le agotaban los mitos las bestias y los objetos)

 

murmuró Omar Jayyam

las estrellas se apagan

regaló al sultán un calendario

el más preciso que los tiempos vieron

la caravana alerta

            pidió una copa de vino

sonrió triste o socarrón

parte ya hacia la nada

            ¡ya es la hora, despierta!

 

El sabio cerró los ojos y respiró

el sabio dejó de oír el ruido y las voces

dejaría pasar cien mil años

y entonces moriría en paz

 

La propia escritura de los poemas quiere acercarse al lector, de la mano de un estilo directo, como de cuentacuentos a veces, y una escritura comedida y tranquila que nos propone averiguar el significado de los silencios, su lugar en la comunicación, proponernos la pregunta del Qué, qué es eso que hace perfecto al silencio, a los silencios que habitan la lectura, el espacio entre estrofas; Qué hay más allá de este lugar donde acaba el poema, entre página y página.

 

(N 40º 4’, O 74º 44’)

Tras el azul

 

extraña condición alzar afuera

del confín del planeta

el telescopio necesario que nos muestre

tanta luz

lejanísima

 

contar

una a una

esas sombras iluminadas

 

dos mil seis mil

galaxias que fluctúan

más allá del campo profundo

 

calcular hasta los cientos

de miles

de millones

los solitarios globos que giran

alrededor de

toda esa luz toda

pero eso y más dado por bueno

si existiera algún cielo otro:

 

demasiado infinito para un solo azul respirable

 

demasiado límite

 

demasiado anhelo

(Hubble, 25 de septiembre de 2003)

 

Además, en lo que respecta al ritmo, cada poema logra decirnos como quiere ser leído de manera que la no puntuación extraña y se asimila naturalmente, transformando así la lectura un observatorio, ubicado en algún espacio exterior, desde el cual podemos reconocer la naturaleza germinativa de los poemas que vienen de profundo, de algunos de los dolorosos lugares de la realidad. Y se abren paso, entre la materia negra, y nos piden que tengamos el coraje de preguntar, de cuestionarnos:

 

(N 33º 35’ O 7º 37’)

En Casablanca explotan hombres-bomba

 

El astrónomo recuerda al viejo de la montaña

cuando era una joven zarza ardiente,

delgado como una caña consumida de fervor.

 

¿Cuándo el místico se viró mensajero

de la matanza? ¿De qué sustancia alimenta

a sus suicidas? ¿Cuándo imaginó la palabra

asesino como sinónimo de predicador?

 

EL astrónomo aguza la vista: las estrellas se mueren

El cielo se vacía. Cada explosión de Casablanca

es un agujero negro. Toma notas. Murmura:

[…]

El cielo se vacío

¿Escapa algo a un agujero negro?

 

Ruido o Luz es, en definitiva, un libro de poemas para muchísimos lectores, un libro que nos recuerda que la poesía no se constriñe (ni debe hacerlo) a la tiranía de la rima ni los egotismos lingüísticos, y mucho menos a la pretensión de exhibir etiqueta y título, fama o tribu. En él la Poesía anida y sabe mostrarse de diversas formas, con ropas distintas y los necesarios accesorios gracias a una letra sencilla, pero no simplicista ni simplona, con ventanas abiertas a la metáfora y sus entendimientos, al encuentro del pensamiento y las pequeñas verdades.

El libro en la editorial Amargord, aquí.

Web de Daniel Bellón, aquí.

Entrevista a Carlos Bruno, aquí

Planeta Turista, una mirada necesaria sobre el turismo

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Allá por 2010, quizás uno o dos años antes, nacía el proyecto Leyendo el Turismo, de Samir Delgado, Acerina Cruz y David Guijosa, con la intención de mostrar la creación literaria hecha desde y sobre el turismo. Una propuesta arriesgada y original que se presentaba, además, como una oportunidad de ver desde una perspectiva renovada el “fenómeno turístico” desde Canarias con destino el Universo. Mucho ha acontecido desde entonces y el proyecto ha llevado a varias ciudades y pueblos sus poemas al tiempo que en los medios digitales (blog y Facebook) se tendían o traían puentes desde esos otros autores y artistas que, tiempo antes, ya habían lanzado sus golpes a la criatura del ocio por excelencia. Ahora, Planeta Turista (Amargord Ediciones, 2014) toma el timón del proyecto y reúne, para el lector, la mirada distinta y, a la vez, compartida, que han trazado sus autores, aportando al panorama literaria, social y cultural una manifestación literaria necesaria, poco conocida en Canarias, constituyéndose en perfecta prueba de vida para la creación poética en el territorio hostil de la zona turística. Estas visiones de autor, alumbran desde una perspectiva creativa y arriesgada la realidad masificada y alienante de la viven millones de personas y al que millones de personas alimentan. Así es que en Planeta Turista anida una potencia y oportunidad (¿la responsabilidad?) para proponer un diálogo nuevo entre los “actores” del turismo, yo, tú, nosotros, ellos (trabajadores) y yo, tú, nosotros, ellos (turistas) que facilite el cultivo de otra cultura del desarrollo social y económico y que, además, se manifieste en nuevos o renovados mitos allá donde, como en Canarias, siempre existieron otras miradas legendarias.

El libro, divido en una sección para cada autor, muestra poco a poco las partes de ese todo que es el planeta Turista, intercalando las voces de otras lenguas, las visiones de otros, las metáforas y los sueños propios, la locura de ver cuadros por todas partes, y con algún punto de anclaje común, como por ejemplo las referencias a Turistneyland (¿o touristneyland?), ese no-lugar cegador y hambriento:

Y entiendes que hay una voz.
la voz es un lugar touristneyland.

 

De entre los tres autores, las propuestas más genuinamente poéticas se reúnen en torno a David Guijosa y Acerina Cruz, y donde el primero parece moverse con seguridad en unas coordenadas personales ya definidas y creíbles, la segunda autora desarrolla, una vez más, un imaginario creativo que podría caracterizar con justicia el conjunto de su obra.

 

David Guijosa

Folleto: vacaciones amnesia

tan en silencio

cuando te has ido.

cada semana

debo olvidar tu voz,

cara, piel, besos: evaporados.

reshjÄrta

tú eres tiempo, yo amnesia.

solo las vacaciones permanecen.

 

nirvana

este paraíso conserva la memoria,

es terrenal. Todavía lo feo

y lo feo se reencarnan,

las copas brindan retenidas en las manos,

sonríen por turnos los clientes del sol

y sudan las farolas que alumbran la noche.

las américas, jandía, playa del inglés, puerto

de la cruz, estepona, cala millor, corralejo,

magalluf, playa blanca, los cristianos à

la costa.

aquí no ha florecido el nirvana.

tan solo llegan el polen de los neones

y el mediodía, como emisarios de la iluminación.

la historia no se detiene, seguimos

reservando plaza en los hoteles del karma:

en la línea del horizonte, una línea roja

para las malas noticias y las buenas,

corre la sangre por las calles primaverales;

las bocas

de los transeúntes

atrapando palabras para este verso.

 

Acerina Cruz

Aterrizaje

El avión es un escupitajo

Que aterriza a lo largo de mis manos

Procedente de Gatwick o Heathrow

Y de tu boca que dice:

“I’m going to the disco tonight

Forgetting tomorrows”.

 

La saliva es igual de transparente…

 

Descenso

Las sombras fingen mi suicidio

cuando ceno y uso el cuchillo.

La camisa está en el suelo

y los libros en el sofá,

he trabajado mucho

para desordenarlo todo,

también la cabeza por el balcón

pensando en volcarse…

Algo en el alcohol

mezclado con el olor a cloro

me recuerda el balconing.

Las musas habrían sido putas

si yo hubiera sido un hombre,

pero las que me visitan son amigas

que se acuestan con mis novios

 

Las lágrimas saben

PERFECTAMENTE

caer en el bikini.

 

Al contrario, Samir Delgado, autor que cierra el libro, si bien ofrece una propuesta arriesgada, esta queda hueca, en gran medida, y no llega a realizarse en las coordenadas que el mismo autor desea, el poema breve; las constantes referencias y citas extratextuales y extraliterarias, la empecinada búsqueda del golpe al final del verso,  e imágenes ocurrentes y enganchadas con mayor o menor acierto, perjudican el encuentro con la Poesía. Y con frecuencia el verso del autor queda colgado y balanceándose en la cuerda de un culturalismo que no cuaja, que oscurece sin motivo la interpretación del texto. A pesar de esto, no puede negarse la originalidad y el alcance al que apunta el autor, del cual podrían destacarse:

 

[postal intercontinental]

Los reactores chorrean una estela

de nube efímera que dura segundos de vida

 

la huella aérea nada dice de su extraña procedencia

 

sin embargo algún espectador

contempla desde abajo

igual que un turista

su propia biografía.

 

[guías baedeker]

A pesar del transcurso mecánico del tiempo

Todavía el viaje remoto hacia un país exótico

Ocupa los sueños de buena parte de Europa

 

es la quimera renovada de las guías Baedeker

con vuelos chárter aterrizando entre cocoteros

 

La ilusión óptica de las dos guerras mundiales

 

sobre un paraíso real más allá de las trincheras.

 

Dicho esto, no es descabellado pensar que un texto ensayístico, reflexivo o académico podría satisfacer mejor las intenciones del autor, al proporcionarle un hábitat más cómodo y extenso para el desarrollo claro y expresivo de sus ideas.

En conjunto, Planeta Turista deja un sabor de lectura irregular pero que logra, sin embargo, sobrevivirse gracias a esa visión original del conjunto y a una presentación creativa, original, crítica y reflexiva de la realidad turística, tal y como ocurre en los poemas hotel salvation, holiday life recept [one week], turistas morning [fragment], de David Guijosa, 17 años y pico, Hoteles, de Acerina Cruz, y [holidays] y [abril] [sabana africana 2*1], de Samir Delgado. En cuanto a la crítica social, presente en el libro, se hace fácil recordar o identificar a qué apunta, aunque se echa de menos un mayor calado, más allá de las fronteras del verso, la estrofa o una frase ingeniosa:

 

David Guijosa

[…]

somos una sombra en la memoria del mundo,

somos sólo hoteles

[…]

 

Acerina Cruz

 

[…]

Pero en el s.XXI miles de europeos

al año se compran esta aventura,

juegan a ser los héroes clásicos…

 

y nosotros vivimos de eso

[…]

 

Es en esa superficie donde también parecen haberse quedado un cierto número de poemas que se leen como el eco del eco de una idea:

 

David Guijosa

love poem for a standar tourist

 

what do you feel when we come closer.

Corazón extranjero es: aventuras exóticas.

Ven a un soleado beso circular sin límites.

I’m ready for our fantasy. Hoy podríamos ser

paraíso y deseo. Yo ya he estirado.

You look at me, i look at you mi querido turista.

Let’s taste our difference, huh.

Aprendía a hablar inglés y

más para poder → estar más cerca.

Casi todos mis amigos pueden decir i love you

en cinco o

seis

idiomas distintos. Quieres oírlo?:

sé hablar italiano → ti amo.

Sé hablar francés → je t’aime.

También deutsche und exklusiv, puro liebesgedicht.

Y sé hablar neruda: amo el amor de los marineros

que se besan y se van.

 

Tú y yo y el tiempo, fraülein/darling →

quiero bailar en horizontal contigo esta noche,

deja tu zimmer nummer en mi mano,

será sol-

o love.

 

Samir Delgado

[juguete del viento]

sobre una escultura de césar Manrique

El juguete del viento

Con el metálico silabeo

De una clepsidra móvil:

 

Solamente vuelan turistas.

 

U otros poemas que repiten una misma estructura e intenciones como serializados y salidos de un molde, y que parecen haber encontrado un meeting point playero en el cierre del libro, correspondiente a Samir Delgado. Se trata de poemas cuyos comienzos podrían intercambiarse, fácilmente, sin menoscabo para el resto del texto, por ejemplo, La lluvia ocre de las flechas en la caverna, El hombre de Vitrubio…, La diosa sonríe eternamente…, El objetivo telescópico…, La marea bautiza a los chicos…, El juguete del viento…, La isla es una miniatura…. y cuyo final es, igualmente, un copiar y pegar:

 

[oriental]

sobre un grabado de katsushika hokusai

 

Desaparece el monte Fuji

bajo el manto nuclear

(de píxeles)

 

[imperial pictures]

sobre un grabado de nicolas de staël

 

En el itinerario a plumilla de la gaviota:

la fija casi eterna geometría del vértigo

 

En el remanso volátil de la gaviota:

los filodendros de luz imperial.

 

En el vuelo diario de la gaviota:

la escultura del ocaso for sale.

 

En conclusión, Planeta Turista ofrece una mirada original y creativa, necesaria, sobre y desde el fenómeno turístico, que ambiciona un alcance mayor que la escritura “de las islas” que dibujara anteriormente el poeta Francisco León, en su recopilación de poemas (de otros autores) El sueño de las islas, y que debería hacer el viaje de vuelta en traducciones a las lenguas de los países que nos visitan. Planeta Turista construye una visión donde el turismo, el Sur, deja de ser simplemente el Sur, y donde los guiris son personas, donde en el happy hour hay algo de amor y vida empastillada, y donde el sexo con borrachera es un acto de creación, en tierra hostil, que huele a crema de coco.

Enlaces de interés:

Blog de Emilio Quintana con contenido sobre literatura y turismo.

Enlaces sobre el turismo en Islas Canarias:

Primeros tiempos del turismo en Islas Canarias.

Pioneros suecos del turismo en Islas Canarias.