La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Notas para el silencio

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Y si se pierde el silencio en medio de un nuevo ruido, ¿acaso perderse no es un hallazgo también genuino, una sorpresa, un otro silencio al que se abraza, abandonando al primero?

Sobre la crítica literaria, reflexiones.

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[…] Todo libro debería leerse hasta tres veces antes de escribir una crítica literaria. La crítica es un proceso creativo que se alimenta de las experiencias de lectura, de sus ecos y matices, de las sombras que proyecta sobre nuestro cuerpo. Así, tercera lectura las ideas puede abrazar una oportunidad más sólida de corporeizarse, de conformar el organismo de su propia corriente. Este discurso bien hallado es dibujado con cada página, empapándose de nuestras notas, esquivando la tentación de los dogmas y las otras piedras del camino. Y así avanza el texto de la crítica, con la generosa alimentación de esas varias lecturas que alumbran el propio horizonte.

El Desvelo

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             Silencio y oscuridad se confunden. No sabes dónde estás pero ya abres los ojos. Con la mano tientas el aire y la respiración. Al principio es contenida, exhalada en la tensión calma de unas velas, en la mirada que lanzas y el cedazo del iris a la espera de una buena captura, cuerpos o islas que quizás nunca existieran. Mientras tanto la pupila palpa y dilata gritando por un poco luz, pero nada ves, nada; al menos, de momento. Y crees que arriesgas cuando te incorporas de no sabes dónde, cuando avanzas tus pies, el paso del uno detrás del otro, con ambos brazos extendidos y vacilantes como antenas de una cucaracha hambrienta en plena noche de verano. El tiempo no ha hecho aún acto de presencia pero en cuanto resuena tu estómago tomas conciencia de que no sabes cuántas vueltas, cuántos caminos, cuántos vuelcos has dado ya, cuántos los errores fueron los cometidos… aunque ahora la tensión despierta de otra manera.

Allá al fondo y en el medio de nada, un haz ínfimo de luz atraviesa la oscuridad e ilumina un punto en el espacio. Piensas entonces que hoy sí, que hoy sí podrías llevarte algo a la boca, y en cuanto olvidas tus temores inicias la maniobra. Te acercas despacio, cimbreando el extremo de los dedos, reconociendo el aire con los labios. Ya no encuentras obstáculos, ya nada te obliga al suelo, desde todas direcciones la experiencia del momento que avanzas te empapa y, al llegar a la luz, pausadamente dejas que beba de ti, por un instante, entre esta nueva incertidumbre y desvelo. Lees[i]:

 

Acostumbrados como estamos, hablo.

Como cualquiera; de lo que acontece.

Pero también, por causas mejoradas

mi cuerpo tiene la palabra: él solo.

Se pronuncia de forma que parece

que fuera por entero lengua mía.

Parezco conversar, hablar por medio

de mi comportamiento otro lenguaje;

dialogar con las olas, los peñascos,

con las gaviotas; única manera

de entendernos, afines, naturales.

 

[i] “El otro lenguaje”, de Canción atlántica, Manuel Padorno

Erbane, Fuerteventura

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Erbane se despide de mí desnuda, desnuda como siempre me ha acompañado en todos estos días. Nunca me he cansado de ella, es imposible. Soy su amante y ella me posee. Con su eterno cabello de arena y azúcar me dice adiós mientras abandona el barco el puerto de Morro Jable. Soy yo el que se marcha, una vez más… Vieja Erbane, Erbane eterna, joven Erbane. Fuerteventura es una isla desértica y reservada, llena de una vida honda y honesta. Fuerteventura es un espejo que muestra al viajante todo lo que trae consigo, una lanzadera para el agua, las nubes y el viento y desde donde contemplar la vida con todos los privilegios.

Como un estilo de tiempo, Fuerteventura habita un misterio instintivo y primitivo. Y el tiempo siembra en ella su voz.

9 meses antes

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“Abrió el periódico de ese día y esperé por el café. Tanto esperé que mi desayuno demoraría aún tres horas en llegarse a mi boca, pero valió la pena. Aquella mañana nueva y vulgar como cualquier otra yo asistiría a la magia que obraba la mano polvorienta de la Historia… Me costó horrores no ensimismarme en sus curvas, en el delicado cuidado de todos y cada uno de sus gestos y torsiones, de cada movimiento que amasaba, ella, sobre el papel frente a mi cada vez más ansiosa respiración. La Historia, Ella eterna e inmemoriable, siempre joven y a la vez vieja; ella, mi vida y memoria, no había perdido un ápice de su joven ardor, ni aquel penetrante deseo con que aprisionaba contra la arena o la cama… Lo recuerdo como si fuese hoy; abrió el periódico de ese día y…”

Relato presentado en el concurso que organiza el Canarias7

Un color, amarillo.

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Me revuelco con varias historias y parece que voy ciego. Veo ballenas que son islas e islas que hace años mataban ballenas y tallaban sus dientes. Pienso en amarillo, esa lluvia leve, lluvia carente, pienso en una tribu toda alzando la voz alrededor del fuego. Es la catarsis de unas manos, de un lamento tan antiguo como inútil. Buscan al mago, al chamán, al héroe, al jefe, buscan a otro que no sean ellos mismos. Y así caminan, ellos avanzan, y los pies tan cerca a veces del suelo que comienzan a arde poco a poco… Es casi un silencioso suicidio de la voluntad colectiva, un ritual de esclavizada purificación a través del fuego de la rabia, la tristeza, la furia, la impotencia. Nuestros antepasados se revuelven en el pantano más oscuro de la carne que decide permanecer inane, que murmura, y nada más, bajo las sábanas de sus propios espejismos: “Habrá que limitarse a arder”.

Una y otra vez la Historia y dos mil años de Historia para esto… Aunque rueden y rueden los libros empeñados en ensartarnos sobre cada hoja para darnos otra vida y sacarnos a la calle, la tribu nos niega y aparta. Todo cheira a pupilas inmóviles y quemadas.

 

Tomás Morales o la importancia de la memoria

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El pasado año, 2012, Juan Carlos de Sancho (Islas Canarias, 1956) organizó un acto de reinvidicación social y literaria para que se conservara el nombre del poeta canario Tomás Morales para el “nuevo” instituto que acogería a todos los alumnos de lo que, anteriormente, eran dos centros educativos colindantes.

poeta Tomás Morales

Reivindiación para la conservación del nombre Tomás Morales para el IES

A los muertos no les queda más que la memoria de los vivos, nuestra voluntad y compromiso de recordarlos… Que existen y existirán millones de personas cuya vida y obra estuvo, y está, condenada a un olvido casi irremediable, es parte del destino humano. Pero no por ello hemos de condenarnos a la resignación… Y en Canarias aprendimos a condenar al olvido (al desinterés) desde muy temprano en nuestra historia, tal y como ocurrió con nuestros primeros antepasados y su legado cultura (auténticamente único en ciertos casos)… Lo peor de todo fue que esa inusual maquinaria de olvido se hizo costumbre entre nosotros… De esta manera, Tomás Morales se convierte hoy en la oportunidad perfecta para luchar contra el olvido, una vez más, de nuestra historia, a través de su obra y el testimonio poético que dejó de la época en la que vivió, y poder entender, un poco más, este tiempo nuestro que vivimos. De esta manera, el nombre –y, por tanto, la memoria- de Tomás Morales es la ocasión perfecta para ser más humanos, valorando nuestro pasado, honrando también nosotros la vida y hacer algo más que vagar y consumir.

Sin embargo, es fundamental que tengamos muy presente que permitir la desaparición del nombre de Tomás Morales es una de tantas maneras de no ser, o de ser más vacíos, más inhumanos; de convertirnos en cualquier cosa autómata… Es la ocasión perfecta para que nuestra dejadez contribuya otra vez a que nuestros hermanos y amigos, a que nuestros hijos y familiares olviden, un poco más, quiénes son, para que todos aquellos que nos visiten sigan ignorando quiénes somos, qué tierra es ésta, qué historia.

CUESTIÓN DE PERSPECTIVA

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Fondo es una palabra rebelde, inconformista, curiosa. Según se junte a tal o cual otra nos acompaña hasta el instante mismo de la más absoluta felicidad, del más completo goce, o del esperpento o la escatología más imhumana… El fondo de un vaso Collins, por ejemplo, un vaso de tubo, amenaza con el fin de la copa, del instante de tranquilidad, ese tiempo que robamos en los lugares diversos a otras obligaciones, pero tambíen avisa del fin de la obligación de aparentar, de perder el tiempo entre conversaciones banales, estúpidas, vacías; el fin de la obligación de ser correctos y comedidos, de no hablar más que de mentiras, el fina de contener las ansias de desnudarlas; el fin de la obligación de ser felices… El fondo de un vaso Collins puede, también, ser la puerta hacia otra copa más, esa satisfacción creciente y en lenta gestación, como una criatura única e irrepetible que crecerá por acción e inacción de nuestro hígado. Así las copas disponen puertas para nosotros, pero el fondo de las copas es el que nos ofrece la cerradura y la llave, la pastilla roja o la azul, la píldora para crecer como gigantes o convertirnos en diminutos seres; la posibilidad de correr el fechillo para el lado que queramos.

Fondo es, además, un vocablo flexible que puede ir, incluso, con las mirillas en “el fondo de las mirillas” de las puertas, y con las cerraduras en “el fondo de las cerraduras”. No podemos negar la capacidad sugestiva de fondo, tampoco su naturaleza de puente, en esos ejemplos, hacia otras sorpresas, otras dimensiones. A veces, se tratará de una visita esperada y agradable, o inesperada pero igualmente gustosa; otras, lo inesperado de una aparición al otro lado nos saca de nuestras casillas, de nuestro sopor cotidiano, o rompe nuestra esquiva y perezosa paz interior. Hoy, por ejemplo, podría ser esa suegra, nuera o ese cuñado con el que nos llevamos mal, el casero o el vecino genérico que, además de antipático, no deja de hacer ruido a todas horas. Pero hoy, sobre todo, hoy puede llegar una sorpresa gris disfrazda de un azul oscurísimo, si se nos ocurre manifestarnos amparados en la Constitución, o se nos ha pasado por la cabeza, por justicia y amor a la verdad, por compromiso contra las injusticias, colgar en Internet el vídeo de una actuación policial deleznable, reprochable, denunciable, u otro donde los agentes de seguridad del estado se dejan llevar por sus vísceras o por las órdenes de superiores con tal o cual fondo… Fondo, en el fondo cabe todo… En este sentido, la democracia tiene también fondo, “el fondo de la democracia”, y hay quien dice que tal fondo es una cloaca, mientras que otros lo ven infinito, lleno de posibilidades, de libertad y, sobre todo, de responsabilidad individual y colectiva; de solidaridad… Cuestión de perspectivas, sin duda, pero es que hay fondo para rato. También, y por desgracia, fondo monetario internacional, o la cueva de Alí Babá.

De la misma manera, habita un fondo en las ideas. Por ejemplo, la idea de una paz perpetua anida en ver el fondo del váter siempre blanco, pues es signo de que no habrá atascos ni desbordamientos de agua. Pero no siempre es así; el fondo de un váter siempre blanco, cuando visitamos a diario el trono de todo humano, esa paz que nos transmite, esa paz fontanera, se rompe cuando tomamos conciencia de una mala salud intestinal, o, al menos, de una incómoda pereza del tránsito. El fondo del tránsito, el tránsito sobre la tierra, el fondo de la tierra…

Pero no solo sobre la tierra hay fondo. En el mar, también. En el mar el fondo se siente como en su casa. Llega, se desnuda y tanto le da ser, simplemente, fondo, que fondos. Fondo del mar, fondo del océano, fondos abisales, fonda marina incluso. A cada cual, según sus posibilidades. Pero independientemente de su número, cuando el fondo habla de mar, la perspectiva es muy importante. No es lo mismo estar sobre el mar, en una barca, por ejemplo, y disfrutar del misterio de ese fondo que solo se deja intuir, como la sombra negra de un desnudo a contraluz tras las cortinas, que si estamos bajo el mar, con el fondo bajo nuestros pies abierto de par en par como las fauces inmensas de un megalodón. La cosa cambia, es evidente. El fondo del mar, según se mire y, sobre todo, desde donde, influye decisivamente en nuestra capacidad de amar la naturaleza. ¿Cómo amaremos más a una gigante ballena? ¿Viéndola cómodamente desde un barco, a una cierta distancia, desde una placentera perspectiva, o bajo el mar, a pocos metros de semejante mamífero y con el agua como techo? ¡Ah, amigo, cuestión de perspectivas!

… Cuestión de perspectivas, sin duda. Pero cuidémonos de idiotizarlas o infantilizarlas. No instituicionalicemos las mentiras. Hablemos de perspectivas con cuidado y responsabilidad, con estilo, digamos siempre, y no repitamos como loros. Ellas no lo harían. Recordemos que la perspectivas no mienten pues ya de entrada nos avisan de la diferencia con que mostrarán nuestra realidad. De ahí que pida respeto para las perspectivas, y que insista en que hay que confundir las perspectivas con las mentiras. Las primeras dependen de nuestra posición al mirarlas, de nuestro interés por contemplar la realidad desde otro punto de vista; además, de las perspectivas tenemos conciencia, así de su naturaleza de cambio. Las segundas, las mentiras, nada saben de perspectivas pues no respetan al que las escucha, no lo tienen por un igual ni le advierten de los cambios que perpetran en la realidad, ni de los efectos que tienen sobre nosotros. Las perspectivas no tienen intenciones, las mentiras sí y nacen de una actitud prepotente del que las dice, una especia de desprecio que siente hacia el oyente, hacia el otro. Detrás de una mentira, en su interior, pulula la cobardía, en el mejor de los casos, pero tambíen la intención de humillar, robar, someter, oprimir y controla… de imponer una visión de la realidad. El mentiroso, el infame, nada sabe de perspectiva, su fondo es uno hediondo, vacío, lleno de su propia voz y ceguera, un cuchitril de cucarachas y viscosas serpientes o gusanos, anegado por una extraña sed de venganza y poder, de un odio hacia la realidad a la que le niega su naturaleza múltiple, sus millones de perspectivas… La realidad es una cuestión de perspectivas donde hay que recordar que existen las mentiras.

Reflexiones sobre la crítica literaria

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… Al margen de corrientes críticas y ataduras de todo tipo, lejos de reseñas disfrazadas de críticas, y de criticas de “contexto excesivo”, esas que hablan de todo menos de la experiencia de la lectura, de la obra leída y revivida, propongo una crítica “de encuentro”, un mano a mano a solas con el texto, con la obra, con el poema, con la incertidumbre y el riesgo; una experiencia. La crítica literaria es, a fin de cuentas, un acto creativo, un análisis e interpretación que se debe a su naturaleza subjetiva pero que, al contrario de una opinión y la mera vanagloria, se compromete con la red coherente y flexible de interpretaciones, de ejemplos y argumentos que elabora y teje. Ahí radica la humildad, la honradez y el compromiso del crítico. Y es un compromiso múltiple; con la concepción propia de la crítica, con el desarrollo continuo de esta, y también con la poesía, con la creación literaria y la literatura…

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A veces, la cercanía de las lenguas percibida entre los signos de la palabra avisa de un riesgo, insinúa la posibilidad de una sinonimia “absoluta”. Ocurre entonces que, según el contexto, se vive el milagro donde “barco” es “barco”, y “cabelo” es “cabello”.