La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Categoría: Microrrelato (Página 2 de 2)

Sueño en las trincheras

Reading Time: 3 minutes

Todo es blanco y silencio. Es invierno. Segunda Guerra Mundial. Lo mismo da si ruso o nazi… Desde un nido de ametralladoras espero ansioso bajo el sudor violento de mi cuerpo a que llegue la embestida de los soldados enemigos. Como invisibles tras una niebla traicionera saltan frente a mis ojos, através de una carretera estrecha. “Va a ser una carnicería”, pienso… Y así es. No dudo en apretar el gatillo de la inmensa ametralladora rotatoria que dirijo con los dos brazos mientras un compañero invisible sostiene, casi moribundo, la munición que me alimenta… Uno a uno el enemigo cae. Los mató a cada paso que dan. Los acribillo a cada grito que profieren, uno a uno, todos caen sobre sus crecientes cuerpos negros… Será primavera en Stalingrado, pero no aquí. Aquí todo es de un blanco caústico, blanco como la muerte que se escapa a carcajadas por entre las bocas de los muertos, más allá de las tripas derramadas y los agujeros de mis balas. Sí, la muerta es blanca cuando frente a mí no hay más que un montón de cuerpos oscuros y sanguinolentos, apilados como sacos de cemento… Hablo con mi compañero o quizás es él quien me habla, quizás me advierte acerca de un peligro a mi izquierda… Y, ciertamente, lo hay…

Giro la cabeza y el paisaje blanquinegro del bosque se evapora, desnudando la tierra sobre una enorme pista de hielo atrevasada por icebergs que rompen, en silencio, la superficie y muestran sus cabezas también muertas; ajenas como el hielo a todo y a todos los que aquí aparecemos…

Cuidado con los lobos… Te devorarán en cuanto te capturen, farfulla mi compañero.

¿Qué lobos?, pregunto.

Los guardas! ¡Míralos!… No hay escapatoria… no a menos que te suicides, a menos que te cubras de sangre da igual… da igual de donde sea, si tuya o de otros o de tripas, de carne muerta… a menos que te vuelvas loco y salvaje como ellos, morirás… ¡Morirás! ¡Lo entiendes!… Les gusta perseguir a los prisioneros, jugar con ellos mientras gritan por su vida… Les gusta deleitarse con su dolor y su agonía, ¡entiendes!… Por eso no comen carne muerta. Desprecian el olor a tripa muerta, a sangre seca o babeada por otro…Vuélvete lobo como ellos, vuélvete loco, ¡escúchame!, un animal más salvaje… mutílate…¡Haz lo que sea para sobrevivir!

 

Miro a mi alrededor y observo a los lobos, enormes y de un pelaje denso como el piche que inunda las playas. Corren de un lado para el otro bajo un cielo espeso, ciego y huero como la muerte. Frente a mí, en medio de este campo de prisioneros un hombre corre y se encarama en el saliente de un iceberg y un guarda lo persigue, y salta sobre el montículo de hielo y aúlla desquiciado por la sangre, por el hambre y ese sórdido placer de saberse próximo de un suculento banquete… El hombre, en el vértice más delgado del colmillo helado se agacha y alza la mirada. Está todo cubierto de sangre, de sangre cuajada, casi asfixiada, casa parece el enorme cuerpo de uno de los soldados acribillados antes a balazos en la trinchera…

Cierra los ojos y me mira y sonríe; sus dientes brillan blancos, refulgentes como rayos de una perfecta demencia. Cuando abre los ojos parece gritar las palabras de mi compañero:

Cuidado con ellos… No hay escapatoria a menos que te suicides, a menos que te cubras de sangre y de tripas, de carne muerta… A menos que te vuelvas uno de ellos…Vuélvete como ellos, ¡vuélvete loco, un animal más salvaje y mutílate!…

El lobo se acerca mientras tanto y olisquea la presa viva. Su saliva corre en abundancia, obscena; busca sangre, busca vida que arrancar con sus dientes… Pero se marcha. Abandona el lugar cuando ya he abierto los ojos. No está y despierto en medio de una carcajada nerviosa y unas lágrimas suicidades sobre la almohada. El lobo no está y tú tampoco…

Libros en sueño

Reading Time: 2 minutes

Dos días y la misma simpática pesadilla. Entro en una librería, una amplia y luminosa en un primer sueño, y otra pequeña, más bazar que otra cosa, pero increíblemente surtida con ensayo y poesía en el segundo. En cada sueño leo los títulos, los acojo en el nido que forman mis brazos; no son más de seis en un sueño y en el otro no los llego a contar, ni siquiera los cojo… En cada librería el deseo rampa campante como un caprichoso rex en plena pampa argentina, salivando ante la visión del ganado, frotándose sus garritas contra las margaritas: el ganado de la pampa no es un ganado vulgar… Cuando llega la dependienta le digo que sí, que me los llevo todos, que ahora paso por la caja pero al cabo de unos minutos decido que no, que no compraré ningún libro… No se puede… En el otro sueño ocurre algo similar pero más doloroso aún pues ante mis ojos todo es poesía japonesa del siglo veinte, poetas contemporáreos míos que quiero leer, poesía persa…

Cuando despierto, al tercer día antes de un tercer sueño, no me resisto y compro dos libros, Cartas y Ensayos Selectos, de Raymond Chandler, uno de ellos… Ahora respiro y vivo mejor y poco a poco voy conociendo al abuelo Ray y leo sus cartas. Mi cerebro se apropia una imagen para sí del viejo, me cae bien el abuelo, y me apropio de una de sus ácidas propuestas para título de un libro: Todo lo que se necesitan son elefantes…

Pero es verdad, piénsalo. El helicóptero de Rajoy tuvo miedo de los elefantes, Rajoy también y compró pantallas de plasma, Cospedal tuvo miedo de los elefantes y compró un paquete de sobres. Temer a los elefantes hace que la gente mienta aunque mentir solo mienten los mentirosos… Soria tiene miedo a los elefantes pero se consuela soñando con trabajar en Repsol “algún día pronto”…

Todo lo que se necesita son elefantes por eso hay premios literarios que los temen y premian la mediocridad… Todo lo que necesitas son elefantes, amada mía. Aníbal lo supo antes que el tío Ray. Yo, al contrario, prefiero los osos hormigueros.

Para leer más sobre Raymond Chandler, aquí un interesante artículo en El País.

1999

Reading Time: 1 minute

Cada nueve años la comida escaseaba y también el aire. Las abejas daban los primeros avisos. Primero, huían; entonces, caían muertas sobre la arena de la playa. Cada nueve años la ciudad entera se ahogaba en un frenesí de desesperación y el GOMA demoraba siempre treinta y tres días en dictar, invariablemente, su orden. El Gobierno de las Máquinas era así, implacable, ajeno, extraño, bárbaro. En esta ocasión, tras el anterior “Tu recién nacido, tu comida”, el decreto sería denominado “Tu carne, nuestro futuro”. Por ley se estipulaba que todos aquellos nacidos antes de 1999, y hasta un máximo de 3 millones, serían reunidos en las plataformas subacuáticas INDOLOR y propuestos para el recíproco y mutuo consumo. El objetivo oficial del decreto era “Inventar el mundo perfecto para nuestros hijos. El mundo de la abundancia y el bienestar”, pero no era otra cosa que un acto caníbal “consentido”, según rezaba el GOMA… Y así se decretó. Muchos obedecieron silenciosos, otros fueron obligados por los funcionarios públicos de la ley. De ellos, se dijo que más de uno tuvo que ocultar o devorarse sus propias lágrimas.

Velocidad relativo espacio adentro

Reading Time: 1 minute

Está atrapada, intenta escapar, desembarazarse de la prisión electroestática, huir y cortar las cadenas parpadeantes que la atraen y la atan… Pero no puede; quiere y no sabe cómo, ni qué hacer, ni por cuánto más tiempo, ni por qué siempre se deja llevar… Cada derrotado intento besa una vez más la superficie blanca y resplandeciente, lechosa, que la succiona a la vertical… ¡Zas! Y falla. Se persigna, da un renovado beso. ¡Zas! Y falla… Así una y otra vez pero reconoce que la gravedad es fuerte como para romperla ella sola. “Inventar el mundo, inventar el mundo, inventar el mundo”. ¡Zas, zas, zas!… “Inventar el mundo, inventar el mundo, inventar el mundo”. ¡Zas, zas!… “Inventar el mundo, inventar el mundo, inventar el mundo”. ¡Zas…! Desiste… El nacer del sol llega ya en órbita el  transbordador, y ella sigue allí quieta y exhausta, completamente dormida con sus miles de
ojos cerrados. Destino: Sistema Estelas “NOWHERE-109”. Pero lo ha olvidado. La memoria de las moscas es así: intensa pero breve, a esta velocidad relativa espacio adentro.

El polvo de nuestros zapatos

Reading Time: 1 minute

Como de costumbre llegó la hora. La cigüeña espacial anclaba en el hangar 109 con su crotoreo distante, ocultando por unos segundos el desahucio de los recién nacidos, el silencio de sus llantos ahogados y aquella deuda que los mayores pagaban, a diario, con kilos y kilos de su carne. Los golpes de la policía reclamaban, en ese momento, inventar el mundo, uno exclusivamente de su propiedad, mientras se abrían paso hacia la bodega de transporte atestada de nervios y angustia. ÍCARO-9, el convoy interplanteario, traía siempre la sonrisa y las palabras del hombre del saco, sus vanas promesas, y ayer apenas había sido distinto. Apoyados en la cristalera panorámica, tú y Sigilo observaban el circo de la segunda gran migración… Millones quedaron atrás, como tu madre, como tantas lágrimas aún huérfanas, y tomabas buena cuenta de ello a pesar de tus seis escasos años. Nuestro único equipaje, una maceta, un par de libros, y todo aquello que cupiera entre el polvo de nuestros zapatos.

Aquel año que pasé enrolado en la Vereenigde Oostindische Compagnie

Reading Time: 1 minute

Hace siglos… La última vez que la vi… La llamaba Dodo y no fue por un sobrepeso existente. Manifiesta la incapacidad de volar más allá de su propia sombra, sí; por eso fue presa fácil de todos aquellos hombres que la quisieron mal y solo para sí mismos…

Dodo, Dodo, Dodo… Nunca quisiste que te llamara así, a pesar de todo lo que te quise y del demente gusto que tuve por tu carne.

Leer más

Página 2 de 2

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén