Archivo de la categoría: Poemas

«Detrás de tu nombre», algunos poemas de Rafael-José Díaz

con estas letras de miel yo te bautizo con leche mientras te hundes en las aguas y pruebas el sabor de mi semen o mi sangre   ***   las condiciones de la palabra solitaria son cinco. la primera, que se esconde en lo más oscuro del libro. la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su propio cuerpo… Leer más »

«Aeropuerto»

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Un viajero espera con su equipaje en el fondo del barranco. La llegada del Ave del Paraíso está prevista para el amanecer. El viaje se prevé largo y se realizarán varias escalas sobre  las flores de pétalos azules y en las blancas nubes de servicio. Durante la espera, la tripulación de abordo obsequiará con dátiles a todo el pasaje.  … Leer más »

UN DÍA GRIS DE SOL

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Este lugar, un silencio que desde el agua en los días de sol. Hoy, sin embargo, apenas deja mirar, gris y doliente, a los ojos, y murmura incomodado por el viento, atento a esta cita a ciegas. Retiro con torpeza una bolsa de basura que se agita fuera de su cesto, abrazo el mudo vaivén de las palmeras. Me reconozco… Leer más »

Ausencia

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Meter las manos en la arena es cavar profundo la carne aquietada de un mar rojo. una travesía blanca donde el corazón saliva sobre una herida necesaria.

Para los inmortales gusanos

Todas estos pozos de carne y sus tesoros, el ojo derecho y no el izquierdo por siniestro, y la mano derecha también, y el hígado, no lo olvides, grasiento diario de bitácora, rastro de cientos de travesías y papeles remojados. Todos los deseos que quedaron pendientes, de la mano al suelo, testimonios de un tiempo que no llegará atrapado entre… Leer más »

La isla, dos poemas

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Stranger in a stranger land, Lázaro Santana CUANDO tus pies se afirman en la tierra extranjera (extranjero tú en ella) y con su gente hablas y con sus vidas vives y con su música cantas con sus pasiones trabajas te haces libre (un cuarto a medianoche un cuerpo amigo unos dólares discos bourbon yerba la ciudad y sus árboles oboe… Leer más »

Estos pocos ojos

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las señales sobre el asfalto, los detritos de la comida de otros                        —desechados, deshechos— las bolsas de basura asomando, desde el contenedor, la plástica nariz en pesquisa de un cabo de aire, los muebles desmembrados, abandonados a la fiebre de la relentada y la lluvia. Y estos pocos ojos.

Al parecer

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Al parecer deseo, en mi espera, un sirena que encalle mi proa, mi nave, mi carne, una sirena que me abra la cabeza contra las rocas, que me desuelle y me decante sobre mis propias hojas escritas.   La letra, al menos, sabrá alimentarse de mí.

Que extrañamente quieren decirse

 Mercado de Sonora. Vendo libros usados apoyado contra una pared observando a la gente. Alumbro tal o cual parábola pero nadie se detiene, apenas saludan, apenas sonríen, la mirada puesta en un viaje sin retorno inexistente; Nadie compra. Pero siguen ahí, en mi boca, compañía para caracoles que extrañamente quieren decirse.