Una verdad imperfecta

La maravilla azul empuja hacia el desierto.

El corazón avanza a tientas entre cientos de acequias de plata

entreveradas por las dunas e infinitos caminos.

A lo lejos, unas montañas de silencio insinúan seres ancestrales,

gigantes aparecidos tras el velo de un agua imperceptible

que busca, sin cesar, su primer recuerdo…

Cuando amanezca, nada cambiará.

La luz apenas ofrece una verdad imperfecta.

Algunos primeros poemas

Cuando la Bella Dama se hago cargo, finalmente,

de mi historial, querría encargar una investigación

en profundidad de las causas y los causantes de mi muerte;

quiero saber si Dios, si mi padre o mi madre,

si mis hermanos, mis amigos y enemigos,

si mis profesores o mis compañeros de clase,

si mi jefe y mis colegas de trabajo,

si un vino picado o ron mal servido son culpables,

o si fueron, por casualidad, testigos de mi fallecimiento.

 

Sobre todo, y es muy importante para mí,

si el Amor, el Deseo, o el Querer,

con todas las mujeres implicadas en ello,

han sido homicidas involuntarios de mi muerte.

Ellas…que queden absueltas. Por supuesto.

No aguantaría tanto culpabilidad…

Cuando el Sol se pare para mí,

quiero que festejen mi vida,

que me saquen de baile vestido de tablas

con mucha música y cerveza,

y absenta, y ron;

la comida, que no falte,

que no falten las historias de Carcosa La Vieja,

¿que no escatimen con Johnny!

El día de mi último sueño

quiero tertulianos que no sepan nada de mí

hablando en la televisión;

quiero parodias de esos charlatanes y de mi vida

y que alguien se ría de tanto morbo absurdo;

que beba, que no deje de hacerlo.

Que no deje de besarte.

Quiero premios y medallas póstumas al mejor

cachanchán, un asiento de muerto en una institución importante;

quiero que la OMS declaré una pandemia mundial,

la que sea, y una crisis, me igual el sabor…

Sólo pido un poco de respeto a las entidades financieras,

y algo de resignación:

los mediocres y los cobardes, las cucarachas

y los escarabajos de la mierda… tienen derecho a vivir.

 

Amor y erotismo, algunos primeros poemas

LA LUZ Y EL GALLO

 

Me arden mucho más los párpados

desde que estoy contigo,

con este olfato de gallo para la luz

de entre tus piernas,

bajo la finísima piel de los acertijos

ensimismados con tu boca,

en pugna por conquistar y poseer

todo lo que queda de mi maltrecha

y cardíaca retina.

 

 

PARA UNA FOTOGRAFÍA

 

No encuentro gravedad

en el agujero negro que habita tus ojos
por eso me mantengo alejado de ti:

las leyes de la física son inmisericordes.

No puedo dejar de mirarte,

aunque me ciegue el luto viejo de tus canciones,

 

la derrama eterna de tus labios…

¿Quién eres? ¿Qué haces ahí sentada

a lomos de dios?

¿Qué se me ha perdido en medio

de tu carne?

De noche, 1 de n

De chico tenías miedo a la oscuridad

y tu escaso conocimiento perdía siempre

ante los juegos de las sombras y la pupila,

ante los tratos de los ruidos y sonidos

y tus agujeros timpánicos. El corazón parecía

empeñarse más en latir, agitando ciegamente

todos los capilares y membranas posibles.

Un día viste al Hombrelobo atravesar el pasillo

por el marco de tu habitación,

incluso la mano de un Rey Mago de Oriente

tocando tu hombro casi dormido… Y cuando llegó

el conocimiento, lento, siempre, y con dolor muchas veces,

viste un día en una habitación de La Laguna

la silueta de un fantasma que aprobaba tus deseos….

 

La noches, ahora, es otra cosa:

todo se aquieta o tiembla,

todo se silencia entre el cristal de los vasos,

las velas son las luces que pintaban calor en el pasillo de casa;

la vela ahora eres tú.

Porque la noche sigue siendo la misma.

Calor 97

No me dejes

no te mueras

no permitas que te aplaste

por mi zapatilla

no te lances sobre

el polvo amarillo

ni abraces la muerte

entre los calzoncillos

del armario;

eres mía,

y yo

soy tuyo,

hasta que me mude

a un clima más frío

para no verte más,

para no gritar

si vuelas;

irme,

o quemar en alcohol 97

tu cuerpo de papel

como rito de paso,

para jamás cagarme

en dios y en vano…

Pero no me dejes

no te mueras,

no permitas que te aplaste,

de amorísimo,

con mi pie descalzo…

pues lloro cuando lo limpio.

con amor, a ti, Cucaracha.