En conversación con un amigo, R. Alzala.

Lleva cuarenta años junto a la playa

y aún no ha llegado.

Así son los naufragios.

R. Alzala

Alguien me dijo que las notas de campo caducan:

son como pan de ayer

Desconozco si sucede lo mismo con los versos encerrados en el cajón, versos que nunca estuvieron completos o poemarios inconclusos. Dos ejemplos son Vacaciones Indefinidas y 20 kms al Sur del Infierno. Si bien rescaté algún poema de esos momentos y pasaron a ser poemas de cabecera o formar parte de alguna publicación, el resto están faltos de algo. Revivirlos no sé si serviría de algo, ¿con qué fin? ¿Sumergirme en la vorágine de hace más de 10 años? ¿Soy el mismo? ¿Esas letras son las mismas?

            El otro día volví a ellos. La sensación no fue negativa, un transporte al pasado, versos destacables, cierta unidad, conceptualidad como aquel Círculos Concéntricos de aquel poeta que no recuerdo. Un hilo, una historia que seguir entre versos, volver a los estados intermedios. Puede que esté bien donde se encuentran, como los restos del Titanic. Pasárselos a J no haría mal a nadie. También leí mi diario de viajes, algunas líneas me transportan al momento exacto, otras me recuerdas situaciones olvidadas.

Con la prosa tengo la sensación de que existe otro camino. Aún así, eso de reposar lo escrito debería valer para cualquier manifestación literaria. Con la prosa me ha pasado algo diferente. Sea un relato o un capítulo, tengo la sensación de concluir, que está terminado o, si a caso, modificarlo sin que me cueste demasiado ni suponga un quebradero de cabeza.

Nada comparable al quebradero de cabeza que me produce la poesía a este respecto. Podría incluso continuar una novela o un relato o reescribirlo sin tantas preguntas. Aunque ya me ha pasado con un novela, estar en otro momento, aunque no llega a ser tan complicado como con la poesía.

Desconozco lo que oculta la poesía, si es fruto del instante y a medida que ese instante se dilata pierde un algo. Puede ser, y es algo personal,  no a todo el mundo le pasará; tal vez se trate de mi propia visión y de «escapar» o no darle bombo al pasado. No ser esclavo del pasado.

Pienso que la mayoría de mis poemas, aquellos que perduraron, fueron fruto del instante, y alargar las diferentes etapas de creación es como si lo condenaran o debilitaran.

No puedo generalizar, cada escritor tendrá su propia visión, dudo que estas palabras puedan servir de ayuda para alguien, ese lanzar una balsa para un barco que no ha naufragado.

Sobre la crítica literaria, reflexiones.

[…] Todo libro debería leerse hasta tres veces antes de escribir una crítica literaria. La crítica es un proceso creativo que se alimenta de las experiencias de lectura, de sus ecos y matices, de las sombras que proyecta sobre nuestro cuerpo. Así, tercera lectura las ideas puede abrazar una oportunidad más sólida de corporeizarse, de conformar el organismo de su propia corriente. Este discurso bien hallado es dibujado con cada página, empapándose de nuestras notas, esquivando la tentación de los dogmas y las otras piedras del camino. Y así avanza el texto de la crítica, con la generosa alimentación de esas varias lecturas que alumbran el propio horizonte.

Crítica literaria, primeras aproximaciones (III)

Nunca había sabido que mi paso

era distinto sobre tierra roja,

que sonaba más puramente seco

lo mismo que si no llevase un hombre,

de pie, en su dimensión. Por ese ruido

quizá algunos linderos me recuerden.

Por otra cosa no. Cambian las nubes

de forma y se adelantan a su cambio

deslumbrándose en él, como el arroyo

dentro de su fluir; los manantiales

contienen hacia fuera su silencio.

¿Dónde estabas sin mí, bebida mía?

Hasta la hoz pregunta más que siega.

Hasta el grajo maldice más que chilla.

Un concierto de espiga contra espiga

viene con el levante del sol. ¡Cuánto

hueco para morir! ¡Cuánto azul vívido,

cuánto amarillo de era para el roce!

Ni aun hallando sabré: me han trasladado

la visión, piedra a piedra, como a un templo.

¡Qué hora: lanzar el cuerpo hacia lo alto!

Riego activo por dentro y por encima

transparente quietud, en bloques, hecha

con delgadez de música distante

muy en alma subida y sola al raso.

Ya este vuelo del ver es amor tuyo.

Y ya nosotros no ignoramos que una

brizna logra también eternizarse

y espera el sitio, espera el viento, espera

retener todo el pasto en su obra humilde.

Y cómo sufre cualquier luz y cómo

sufre en la claridad de la protesta.

Desde siempre me oyes cuando, libre

con el creciente día, me retiro

al oscuro henchimiento, a mi faena,

como el cardal ante la lluvia al áspero

zumo viscoso de su flor; y es porque

tiene que ser así: yo soy un surco

más, no un camino que desabre el tiempo.

Quiere que sea así quien me aró. -¡Reja

profunda!- Soy culpable. Me lo gritan.

Como un heñir de pan sus voces pasan

al latido, a la sangre, a mi locura

de recordar, de aumentar miedos, a esta

locura de llevar mi canto a cuestas,

gavilla más, gavilla de qué parva.

Que os salven, no. Mirad: la lavandera

de río, que no lava la mañana

por no secarla entre sus manos, porque

la secaría como a ropa blanca,

se salva a su manera. Y los otoños

también. Y cada ser. Y el mar que rige

sobre el páramo. Oh, no sólo el viento

del Norte es como un mar, sino que el chopo

tiembla como las jarcias de un navío.

Ni el redil fabuloso de las tardes

me invade así. Tu amor, a tu amor temo,

nave central de mi dolor, y campo.

Pero ahora estoy lejos, tan lejano

que nadie lloraría si muriese.

Comienzo a comprobar que nuestro reino

tampoco es de este mundo. ¿ Qué montañas

me elevarían? ¿Qué oración me sirve?

Pueblos hay que conocen las estrellas,

acostumbrados a los frutos, casi

tallados a la imagen de sus hombres

que saben de semillas por el tacto.

En ellos, qué ciudad. Urden mil danzas

en torno mío insectos y me llenan

de rumores de establo, ya asumidos

como la hez de un fermentado vino.

Sigo. Pasan los días, luminosos

a ras de tierra, y sobre las colinas

ciegos de altura insoportable, y bellos

igual que un estertor de alondra nueva.

Sigo. Seguir es mi única esperanza.

Seguir oyendo el ruido de mis pasos

con la fruición de un pobre lazarillo.

Pero ahora eres tú y estás en todo.

Si yo muriese harías de mí un surco,

un surco inalterable: ni pedrisca,

ni ese luto del ángel, nieve, ni ese

cierzo con tantos fuegos clandestinos

cambiarían su línea, que interpreta

la estación claramente. ¿ y qué lugares

más sobrios que estos para ir esperando?

¡Es Castilla, sufridlo! En otros tiempos,

cuando se me nombraba como a hijo,

no podía pensar que la de ella

fuera la única voz que me quedase,

la única intimidad bien sosegada

que dejara en mis ojos fe de cepa.

De cepa madre. Y tú, corazón, uva

roja, la más ebria, la que menos

vendimiaron los hombres, ¿cómo ibas

a saber que no estabas en racimo,

que no te sostenía tallo alguno?

-He hablado así tempranamente, ¿y debo

prevenirme del sol del entusiasmo?

Una luz que en el aire es aire apenas

viene desde el crepúsculo y separa

la intensa sombra de los arces blancos

antes de separar dos claridades:

la del día total y la nublada

de luna, confundidas un instante

dentro de un rayo último difuso.

Qué importa marzo coronando almendros.

Y la noche qué importa si aún estamos

buscando un resplandor definitivo.

Oh, la noche que lanza sus estrellas

desde almenas celestes. Ya no hay nada:

cielo y tierra sin más. ¡Seguro blanco,

seguro blanco ofrece el pecho mío!

Oh, la estrella de oculta amanecida

traspasándome al fin, ya más cercana.

Que cuando caiga muera o no, que importa.

Qué importa si ahora estoy en el camino.

 

 

 

Al leer este poema una vez más después de subirlo, me surge una reflexión. Dicha reflexión gira entorno a si, para hacer una crítica literaria es necesario, o útil el conocimiento del autor, de su biografía, de sus circunstancias, como podría añadir Ortega y Gasset. Además, el poner o no el nombre de Nueve Puertas ha sido una cuestión discutida en Nueve Puertas, como siempre con cordialidad y urbanismo . En mi opinión, no poner el nombre del autor permite asegurar una dosis mayor de integridad o de subjetividad a la crítica, además permitir que ésta sea más “original” o menos preguiada. No obstante, al saber yo de quién es este poema, me planteé la utilidad de conocer algunos aspectos vitales del poeta para, de esta manera, poder construir o conducir mi crítica con más seguridad. Con todo, no he buscado más información sobre el autor y la crítica se sustenta en mi ignorancia de las condiciones vitales de éste y en mis propias percepciones y reflexiones. El poema comienza con una iluminación del poeta que, luego podremos intuir, está paseando. Al poeta le asalta un instante la certeza de que su paso es distinto según la tierra que pise, que en ese momento es una tierra roja que casi ausenta su presencia. Por eso los linderos que frecuenta el poeta no lo recordarán por su presencia sino por ese sonido, que a pesar de ser pisada sobre piedras rojas, no es ruido. Se trata de una toma de conciencia nueva, de percibir “como por primera vez”, no sólo la tierra que se pisa, si no el lugar que ocupa el mismo poeta en el camino que recorre y su relación con el paisaje. Al mismo tiempo el paisaje descubre la profundad de sus secretos expuestos a todos los ojos, pero que sólo unos pocos llegan a desvelar:

cambian las nubes

de forma y se adelantan a su cambio

deslumbrándose en él, como el arroyo

dentro de su fluir”

 

La contemplación de la naturaleza es, junto con la autocontemplación reflexiva, uno de los caminos que conduce al Conocimiento del origen de la experiencia humana. En este caso, el poeta descubre las palabras que explican el conocimiento que, de una forma u otra, ha estado fraguándose a medio camino entre su interior y el exterior. Es un comienzo de poema muy lírico, profundo y sin que por ello sea complejo de entender ni de leer. Podría incluso pensarse que el poeta, en el recuerdo de ese instante, se eleva de la tierra roja que pisa, tal y como haría su espíritu cuando paseaba. Y, sin embargo, continúa su camino… un camino y una acción de caminar que aprovecha el poeta para reflexionar, para desvelar aquella que llega a aprehender el pensamiento (o la intuición poética?). El comienzo del poema es, como ya apuntaba anteriormente, muy poético y sencillo de entender. Parece adelantar que la estructura del poema será así: lírica y asimilable sin mayores esfuerzos. Sin embargo, la misma acción de caminar parece dotar al poema de una mezcla de estructuras o de pensamientos que, en mi opinión, dificulta su lectura y su opinión salvo que, a medida que leemos con atención el poema, se llegue a la conclusión de que el poema es una serie de pensamientos o iluminaciones en voz alta: distintos en su tema, en su voz, en su tono… Incluso, parece que entre el verso “¿Dónde estabas sin mí, bebida mía?” y

¡Cuánto azul vívido,

cuánto amarillo de era para el roce!

se mezclan unidades conceptuales (ideas, temas) de una forma un tanto brusca.

Así seguimos con la lectura del poema:

Ni aún hallando sabré: me han trasladado

la visión, piedra a piedra, como a un templo!

 

El poeta sigue caminando y y mueve su cuerpo a través del paisaje que contempla y los pensamientos e imágenes que le sugieren. Se crea una especia de paisaje poético en su mente en que el camino, poético también, de conocimiento, se alimenta de lo que perciben sus sentidos. Parece entonces que el poeta hace de su cuerpo el mismo paisaje que contempla, busca algún tipo de equivalencia:

 

Riego activo por dentro y por encima

transparente quietud, en bloques, hecha

con delgadez de música distante

muy en alma subida y sola al raso.”

 

En este punto ya el poema se ha transformado en una experiencia casi mística, contenida, pero conceptualmente compleja. La sencillez del comienza, la manera directa en que se acercaba al lector se pierde para transformarse en un poema difícil de sostener entre las manos. El poema se nos evade, es volátil y ligero, pero no sencillo. A partir de aquí, el poeta mantiene la mirada nueva hacia lo que contempla, y va entrelazando distintas reflexiones que se nutren de su propio ser, a veces, hasta con dolor. Las imágenes son coloridas, el tiempo pasa a ser juguete rítmico y a medida que se abre el poema (impreso leeríamos la segunda página) parecen reflejarse en el poema las nubes que, probablemente, salpican de sombras la luz del sol. De repente, entre los versos

Quiere que sea así quien me aró” y “Y los otoños también”

parece que esconde el autor una crítica a la religión, como si aceptará la figura de la divinidad, pero no los dogmas religiosos, al mismo tiempo que expresa su condición de Ser reflexivo.

Y el poeta camina. Y se aleja. Sus pensamientos se insertan y siembran el paisaje, y el el paisaje fecunda su espíritu. Y la reflexión crece sin pausa, en una especia de toma de conciencia de la propia condición y vida humanas, hasta tal punto que nos parece que el poeta habla de la muerte.

Es aquí cuando salta la pregunta acerca de la idoneidad de documentarse acerca de la vida del autor. Cuando el autor escribe:

 

cuando se me nombraba como hijo,

no podía pensar que la de ella

fuera la única voz que me quedase,

la única intimidad bien sosegada

que dejara en mis ojos fe de cepa”

 

parece hablar de su muerte, de su cercanía o, quizás, de éste pensamiento, que se ha hecho más frecuente o muy real. El poeta camina y le salen al paso piratas del pensamiento que lo asaltan con reflexiones, costureras aladas que hilvana la naturaleza que le rodea con sus acto de vivir.

 

Y así hasta que anochece con

una luz que en el aire es aire apenas”

 

Y entonces ya la muerte parece perder su importancia. Y, entonces, de nuevo, el poeta introduce otro salto conceptual, aunque si hemos llegado hasta aquí, independientemente de cuántas lecturas haya costado, bascularemos de nuevo nuestra atención en la recta final del poema

A modo de conclusión, resalto el comienzo del poema y determinados versos sin máculas, perfectos en forma y contenido-sentido, parecen claros de luz en un día nublado por los que podemos alimentarnos y saciar el hambre de luz. El tono reflexivo del poema también me gusta, a pesar de esos saltos conceptuales y de la complejidad que aparece y desaparece en los versos, aunque me gusta, por muy contradictorio que pueda parecer, los cambios aparentes de tema dentro del poema ya que aportan coherencia al hecho de una paseo durante el cual el poeta piensa y asiste al preludio de la creación del poema.

Crtítica literaria, primeras aproximaciones (2)

Alguien siembra la luz entre los surcos.

La tierra candeal se queda quieta,

y aquí, allá, se ve azorando el grano

ardiendo; florecen llamas, lenguas:

alas de luz es lo que da la tierra.

Ardiente brisa orea los sembrados,

el oleaje de los trigos encendiéndose,

el cabeceo de las brasas altas.

Arde el pan sobre la era solitaria;

huele el aire a pan, la piedra, el agua.

¡Campos de luz! La arena bulle, rompe

contra los muros blancos, se despeña

desparramada por el suelo, vuelta.

Me gusta este poema. Sin más. Me parece un poema clásico, en el sentido más generalmente aceptado como “poesía”. Tiene lirismo, tiene imágenes que me encanta y logra, a mi parecer, crear un paisaje nuevo a partir del que, seguramente, contempla o vive el poeta. Al unir sus imágenes: Luz ardiendo, llamas que florecen, alas de luz nacida de la tierra; la brisa arde en unos sembrados que ella misma refresca; el trigo se enciende; hay brasas en lo alto, es el campo todo luz y arena que bulle, que rompe contra los muros blancos y se desparrama por el suelo. parece que el poeta crea sobre el paisaje de tierra firme (tierra, sembrados, trigo, lo alto, campo, arena, muros) un paisaje que se acerca a una playa; o, quizás, se trata del camino que realiza el poeta-poema desde dentro (la tierra) hacia la playa…

Y me gusta. Es un poema cálido, tranquilo, con aroma a sueño despierto, a espejismo de incandescencia y soledad. Veo el poema como un texto ya terminado, muy cercano al “poema último” que es todo texto en blanco antes de que el poeta se lance a buscarlo con pruebas y correcciones. Se percibe una mirada profunda y sobria, con un ligera intención de elevar lo vivido a la grandeza (¿épica?). No obstante, hay dos versos que me dejan un leve resto de desconfianza acerca del lugar que ocupa en el poema, y de desconcierto. Así, el verso “huele el aire a pan, la piedra, el agua”, es un verso que me encanta; tiene algo en su sonoridad que inyecta calma directamente en el cerebro, al mismo tiempo que fecunda la intuición de la sospecha de que quizás sobran los dos últimos elementos del verso. Pero, ¿cómo decir sin ser el autor que un segmento u otro sobra de un verso? Como dije al principio, el poema me parece sólido, compacto, además de muy colorido, por lo que no afirmaré que sobran los elementos “la piedra, el agua”. Por lo tanto, me limito a señalar que hay algo en ellos que me inspira infantil “desconfianza”…¿o quizás un desconcierto poético?

Para terminar, el verso que también me desconcierta es el último, no en su totalidad, sino únicamente cómo termina “desparramada por el suelo, vuelta”. Sea quizás por tratarse de un final “típico” para un tipo de poesía concreta, o incluso para la poesía del autor (Sea quién sea), ese “vuelta” me llega como un el único fleco del poema, ese mechón de pelo que, en un peinado hecho a propósito, con un fin, basado en una idea-imagen concreta, se sale del marco.

Imagen: cuadro de Manuel Padorno, en Galería Bat

Crítica literaria, primeras aproximaciones

POEMA (de Francisco Ramírez Viu):

En el mágico vuelo

donde todo es puro deshacerse,

late la cría del mirlo

y silban sus labios.

En sus ojos la vida se ofrece.

Nada es y nada esconde.

Asciende por ellos como un globo,

como un papel en el aire.

La invade el sonido del juego,

el  tacto del sol en su cuerpo.

Sonríe la tarde.

La pequeña cría mira

desde su nido humilde

la sombra de otros movimientos.

Cuando la luz ensancha sus venas,

su pecho se hincha con empeño

y abre sus alas

como quien abre los brazos

muy lejos del suelo.

Crítica:

En el mágico vuelo (1)

donde todo es puro deshacerse (*),

late la cría del mirlo

y silban sus labios.

En sus ojos, la vida se ofrece.

Nada es(2) y nada esconde.

Asciende por ellos como un globo,

como un papel (3) en el aire (4)

La invade el sonido del juego,

el tacto del sol en (5) su cuerpo.

Sonríe la tarde. (6)

La pequeña cría mira
desde su nido humilde (7)

la sombra de otros movimientos (8).

(9)
Cuando la luz ensancha sus venas,

su pecho se hincha con empeño

y abre sus alas

como quien abre los brazos (10)

muy lejos del suelo.
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(1) La lectura que me pide el poema en ese primer verso hace una pausa justo al final, pausa que, en mi opinión y según mi propia experiencia, tanto puede proponerse con una coma, explicitándola más y, quizás, dándole al poema la profundidad y claridad de un haiku, como dejar la separación entre versos sin coma. De todas maneras esta cuestión de las pausas y su expresión con comas puede dar para muchos comentarios.

En resumen, ese primer verso me pide una pausa explicitada con una coma. Interpreto yo que se trata de una pausa ligeramente mayor a la que puede indicar ese verso sin coma final.

(*) Tras varias lecturas no me decido, ahora mismo, entre cambiar la palabra “deshacerse” o dejarla tal cual. No atino a ver si es la palabra en sí lo que me provoca extrañeza o su combinación con “puro”.

(2) Colocaría una coma aquí mismo para hacer una pausa que, desde mi punto de vista, es necesaria para el poema, en el sentido de que con las imágenes tan sencillas que nos está mostrando parece ascender en una reflexión filosófica o vital, o una observación trascendente y cotidiana, cercana al tono de un haiku. Una pausa, indicada por comas, que, desde otro punto de vista, otorgaría al lector una oportunidad para centrarse, por un instante, y en ese comienzo de poema, en las primeras imágenes:

magia – vuelo – deshacerse – latido de un cría – colores del mirlo – silbar (canto de la cría) – ojos llenos de vida

(3) En este verso, vi la oportunidad de buscar una imagen que, quizás, innova o aporta novedad. Se trata de sustituir “papel en el aire” por “papel de aire”. La imagen de un papel revoloteando en el aire es sencilla y cotidiana, por eso podemos visualizarla con claridad. Desde esa perspectiva se puede cambiar esa imagen por otra que, si bien mantiene la claridad de la primera, puede abrir al lector una puerta hacia la imaginación, hacia la magia de la que habla el primer verso: ¿cómo es un papel de aire?

(4) Yo pondría una coma basándome en la pausa, no tan prolongada como lo sería con un punto, y porque este verso se relaciona con el siguiente tras el leve vuelo que mantiene con el papel de aire o en el aire. Creo que beneficiaría al ritmo sosegado del poema dándole, incluso, un ligero impulso como en uno de esos giros de un vals.

(5) Cambiaría la preposición “en” por “sobre” con la idea de que esta última aporta a ese segmento del verso la impresión táctil que con “en” se pierde, o no se muestra con claridad. Claro está que la decisión de poner “en” o “sobre” aporta matices distintos. El primero se queda, en cierto modo, en la superficie de la piel, como un leve soplo, mientras que el segundo la toca y acaricia directamente.

Por otro lado, propongo añadir a “cuerpo” uno de los siguientes adjetivos /delicado/frágil. Por un lado, tras algunas lecturas tanto puedo pensar que “cuerpo” puede quedarse vacío de significado en ese momento del poema, como pensar que es un corte limpio, una imagen sin adornos: ya hemos dicho que se trata de una cría de mirlo, no de un pájaro adulto. Sin embargo, por eso mismo, el añadir un adjetivo, creo yo, que puede dar un ligero toque de color, o más solidez al poema sin perturbar la sencillez y la cadencia que lo mantienen en el aire.

(6) En este punto el poema creo que debería separarse visualmente por una línea en blanco. Si bien es cierto que puede que el original estuviera así ya que cuando lo copiamos en wordpress no nos deja hacer esas cosas, salvo que utilicemos el truco del almendruco, jeje. ¿Estaba así el original, Paco?

(7) Sin tener un argumento más elaborado, el adjetivo “humilde” post puesto a “nido” me llega sin que aporte nada nuevo, como creo que es su función en ese caso de adjetivo epíteto (si no recuerdo mal). De la misma forma, sin mayores argumentos, mi elección personal lo pondría antes de “nido”…¿gana lirismo el verso?

(8) La palabra movimiento me llega brusca en el poema. Hasta ahora todo el poema ha volado con delicadeza y las sílabas finales “iento” creo que chocan. Ahora, para expresar eso mismo, el movimiento, no se me ocurre una propuesta en estos momentos…quizás cambiar el verso por “otras sombras”…No sé…me plantea más dudas este verso.

(9) :Quitaría el punto anterior y añadiría, quizás, una coma pero, seguro, un “y”, para darle dinamismo o coger fuerza hasta llegar al “abre sus alas”, para estar armonía con esa energía que tiene todo movimiento en sus inicios.

(10) Creo que este verso entre comas podría llegar como ese segundo antes de posarse en el suelo después de un vuelo agradable.

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Observaciones:
el poema es muy visual con colores claros que, poco a poco, dibujan un cuadro sencillo en el que, además, se pueden escuchar los sonidos propios del entorno natural en el que, por lo menos mi imaginación, se inserta el poema. Además, el ritmo, sosegado y claro, permite momentos de ligeros aleteos de energía. Pero tan ligeros que no perturba la armonía que respira el poema.

Al respecto, tengo que decir que este tipo de poemas, al igual que los haikus y, en general, los poemas cortos y, sobre todo, de imágenes sencillas, me requieren una atención que distinta a la de otros que, quizás, desarrollan más la historia, el poema, la emoción, o que disponen de un cuerpo que te lleva de la mano. En ese sentido parece un tipo de poema para la contemplación y el sosiego aunque también es cierto que a veces me cuesta llegar a la imagen o a lo que transmite el poema, bien sea por mi disposición en el momento de su lectura, bien porque no me llega el poema , o no llego yo a él.

Reflexiones sobre la crítica literaria

… Al margen de corrientes críticas y ataduras de todo tipo, lejos de reseñas disfrazadas de críticas, y de criticas de «contexto excesivo», esas que hablan de todo menos de la experiencia de la lectura, de la obra leída y revivida, propongo una crítica “de encuentro”, un mano a mano a solas con el texto, con la obra, con el poema, con la incertidumbre y el riesgo; una experiencia. La crítica literaria es, a fin de cuentas, un acto creativo, un análisis e interpretación que se debe a su naturaleza subjetiva pero que, al contrario de una opinión y la mera vanagloria, se compromete con la red coherente y flexible de interpretaciones, de ejemplos y argumentos que elabora y teje. Ahí radica la humildad, la honradez y el compromiso del crítico. Y es un compromiso múltiple; con la concepción propia de la crítica, con el desarrollo continuo de esta, y también con la poesía, con la creación literaria y la literatura…