Primera bofetada de Auguste, de Akiko Yosano

My lovely two-year-old Auguste,

I write this down for you:

Today, for the first time,

you struck your mother on the cheek.

It was the power of your life

that wanted to win

the genuine power for conquest

took on the form of anger

and a spastic fit

and flashed like lightning.

You must have been conscious of nothing,

must have forgotten it at once.

But your mother was shocked,

was also deeply happy.

You can, some day, as a man,

be on your own defiantly,

you can be on your own purely, resolutely,

also can love man and nature decisively

(The core of conquest is love),

also you can conquer suspicion, pain, death,

jealousy, cowardice, derision,

oppression, crooked learning, conventions,

filthy wealth, and social ranks.

Yes, that genuine strike,

that’s the totality of your life.

Such were the premonitions I felt that made me happy

under the pain of the sharp blow

you struck with your palm

as a lion cub might.

At the same time I felt the same power

lurking in myself

and even the cheek you didn’t strike

became hot like the cheek you did.

You must have been conscious of nothing.

must have forgotten it at once.

But when you’ve become an adult,

take this out and read it,

when you think, when you work,

when you love someone, when you fight.

My lovely two-year-old Auguste,

I write this down for you:

Today, for the first time,

you struck your mother on the cheek.

My still more lovely Auguste,

You, in my womb,

walked through Europe, sightseeing.

As you grow up,

your wisdom will remember

the memories of those travels with your mother.

What Michelangelo and Rodin did,

what Napoleon and Pasteur did,

yes, it was that genuine strike,

that ferocious, blissful strike.

Traducción japonés-inglés de Hiroaki Sato

Mi querida Auguste de dos años,

a ti escribo esta carta:

Hoy, por primera vez,

le diste una bofetada a tu madre.

Fue la fuerza de tu vida

que quería vencer,

la genuina fuerza de la conquista

que bajo la forma de rabia

y de un ataque espontáneo

luminoso como un rayo.

Seguro que no fuiste consciente de nada,

seguro que olvidaste el enfado al momento.

Pero tu madre, sorprendida,

quedó también profundamente feliz.

Ahora podrás, algún día, como un hombre,

vivir sola y desafiante,

podrás vivir contigo misma así, resolutiva,

también podrás amar a un hombre,

con naturalidad y decisión,

(El secreto de toda conquista es el amor)

también podrás superar las suspicacias, el dolor, la muerte, los celos, la cobardía, el escarnio,

la opresión, el engaño, la convención, la avaricia, la riqueza y el estatus social.

Sí, ese golpe fue genuino,

ejemplo de la totalidad de tu vida concentrada.

Estas fueron las premoniciones que sentí

y las que me alegraron

más allá del dolor del golpe tan certero

que soltaste con tu mano

como si fueras un cachorro de león.

Al mismo tiempo sentí ese misma fuerza

acechando en mi interior,

e incluso la otra mejilla se calentó

a la vez que la otra.

Seguro que no fuiste consciente de nada,

seguro olvidaste el enfado al momento.

Pero cuando te conviertas en mujer,

coge estas letras y léelas,

cuando pienses por ti misma, cuando trabajes,

cuando ames a alguien, cuando luches, léelas.

Mi querida Auguste de dos años,

a ti escribo esta carta:

Hoy por primera vez,

le diste una bofetada a tu madre.

Mi muy amada Auguste,

tú, en mi vientre,

caminaste por Europa, viéndolo todo.

A medida que te hagas mayor,

tu conocimiento recordará

aquellos viajes con tu madre.

Porque lo que hicieron Miguel Ángel y Rodin,

lo que hicieron Napoleón y Pasteur,

sí, eso también fue un golpe genuino,

una feroz y dichosa bofetada.

Traducción inglés-español, Javier Hernández Fernández

Dolores de parto, poema de Akiko Yosano

LABOR PAINS

I am sick today,

sick in my body,

eyes wide open, silent,

I lie on the bed of childbirth.

Why do I, so used to the nearness of death,

to pain and blood and screaming,

now uncontrollably tremble with dread?

A nice young doctor tried to comfort me,

and talked about the joy of giving birth.

Since I know better than he about this matter,

what good purpose can his prattle serve?

Knowledge is not reality.

Experience belongs to the past.

Let those who lack immediacy be silent.

Let observers be content to observe.

I am all alone,

totally, utterly, entirely on my own,

gnawing my lips, holding my body rigid,

waiting on inexorable fate.

There is only one truth.

I shall give birth to a child,

truth driving outward from my inwardness.

Neither good nor bad; real, no sham about it.

With the first labor pains,

suddenly the sun goes pale.

The indifferent world goes strangely calm.

I am alone.

It is alone I am.

Traducción inglés-español,Javier Hernández Fernández

DOLORES DE PARTO

Estoy enferma hoy,

enferma en mi cuerpo,

los ojos bien abiertos, en silencio,

yazco sobre la cama en la que nací.

¿Por qué, tan acostumbrada a la cercanía

de la muerte, del dolor y la sangre y del grito,

tiemblo ahora descontroladamente y con pavor?

Un joven y amable doctor intenta reconfortarme,

y me habla sobre la alegría de dar a luz.

Pero, yo sé mejor que él qué es eso,

así que ¿de qué sirve tanta cháchara?

El conocimiento no es la realidad.

La experiencia pertenece al pasado.

Si no conoces lo inmediato, guarda silencio.

Deja que los observadores se contenten observando.

Estoy a solas,

completa y absolutamente conmigo misma,

mordisqueando mis labios, manteniendo rígido

mi cuerpo, esperando el destino inexorable.

Solo hay una verdad.

Debo dar a luz a un bebé,

y esta verdad saca de mí mi interioridad.

Ni bueno, ni malo; real, no hay vergüenza en ello.

Con los primeros dolores del parto,

de repente el sol palidece.

El mundo indiferente se aquieta extrañamente.

Estoy sola.

A solas completamente, estoy.

Contexto original aquí

En él, no se menciona al traductor hacia el inglés.

Carta al padre, traducción de «Carta ao pai» de João Tordo

CARTA AL PADRE

de João Tordo 19/02/2014 – 11:21

El escritor João Tordo publicó en su blog una “carta al padre”, el músico Fernando Tordo, que, a sus 65 años, emigró para Brasil. Se trata de un testimonio conmovedor que aquí reproducimos íntegro.

Ayer, mi padre se marchó, finalmente. Hacía poco que regresó y ya se fue, emigró a Recife y dejó este país, donde nació y donde vivió durante 65 años. Su jubilación sería, por aquí, de unos docientos y pocos euros, más una pequeña “pensión” de la Sociedad Portuguesa de Autores que habría servido, durante los últimos años, para pagar el coche con el que se movía por Lisboa y hacia los conciertos que fue dando por el país. En esos conciertos hubo salas llenas, medio llenas y, a veces, casi vacías; siempre lo hizo (era su trabajo) con una sonrisa en los labios y buen ánimo, para ganarse los garbanzos.

Ayer, cuando me acosté, me sentí triste. Y, al mismo tiempo, me sentí feliz. Triste, porque es más normal que emigren los hijos y no los padres (aunque Portugal tal vez ha sido capaz de conseguir invertir esa tendencia). Feliz, porque admiro su coraje para comenzar de nuevo en un país que casi desconoce (y donde casi lo desconocen), yéndose como se va animado por las cosas nuevas que allí encontrará.

Todo esto son cosas personales que no interesan a nadie, excepto a la familia del señor Tordo. Sucede que mi padre, guste o no su música, es una figura pública desde que era yo muy pequeño y, por lo tanto, su partida, que se limitó a anunciar en Facebook, donde mantenía contacto regular con sus amigos y admiradores, acabó por convertirse en algo mediático Y es esa la razón por la cual escribo: porque, casi sin quererlo, leí algunos de los comentarios sobre su marcha.

Mucha gente se despedía de él con palabras de ánimo. Otros, a pesar de las circunstancias, lo mandaban para Cuba. O para Corea del Norte. O decían que tenía que haber emigrado mucho antes. Que solo necesitamos aquellos que se quedan aquí. Hasta le insultan. Le asocian a la política, de la que se disoció activamente hace décadas (mientras estuvo con ella contribuyó, a su modesta manera, como otros músicos, escritores, cineastas y artistas, para la liberación de un pueblo). Y también pregunta qué hará allá: ¿limpiar baños y cocinas? ¿Vivir de su dorada jubilación? ¿Pillar un “curro” proporcionado por los “amiguitos”? Hubo hasta quien, con una ironía insospechada, le pidió que “no cobrase su jubilación portuguesa”. Los doscientos y poco euros.

Entiendo el desamor. Siempre lo entendí; es natural, incluso más natural cuando vivimos como vivimos y donde vivimos y con las dificultades que atravesamos. Lo que no entiendo es el odio. Mi padre, que es una persona llena de defectos como todos nosotros —como todos los autores de estos insultos—, hizo lo que le quedaba por hacer.

Se quiera o no, él forma parte de la historia de la música en Portugal. Solo, o con Ary dos Santos, o junto con algunas de las voces más apreciadas por el público de hoy —Carminho, Carlos do Carmo, Mariza, son incontables— , hizo algunos de los temas que perdurarán mientras nos sea permitido oír música.

Poco importa quién es el hombre, eso queda reservado para la intimidad de quien le conoce. Yo le conozco: es un tipo simpático y lleno de humor, que está bien con la vida y que, ayer, se fue con una maleta a la espalda y una guitarra en la mano, a los 65años, cansado de este país donde, más pronto que tarde, aquellos que le mandan para Cuba, Corea del Norte o a limpiar baños y cocinas encontrarán, finalmente, la tierra prometida: un lugar donde no queda nada salvo losreality shows de la televisión, las telenovelas y la vergüenza.

Nuestros gobernantes se han preparado para anunciar, contentísimos, el fin de la crisis, olvidando decir todo lo que se ha llevado por delante. La primera cosa fue la cultura, que es el patrimonio de un país. La segunda fue la felicidad, que está ausente de los rostros de quien anda por la calle todos los días. La tercera fue la esperanza. Y la cuarta fue mi país, y otros como él, que se niegan a ser gobernados por gente que hace de todo para darle el jaque mate —país lleno de personas, como mi padre, llenas de defectos, peor que quisieran construir un país mejor para sus hijos y para los nietos. Fracasaron en ese propósito; se engañaron al pensar que podíamos cambiar.

No queremos cambiar. Queremos esta miseria, la admitimos, la dejamos entrar. Y algunos de nosotros incluso están ahí para insultar, desde la comodidad de sus sofás, a aquel que, por no tener trabajo aquí —y que necesita trabajar para, a los 65 años, no transformarse en un fantasma o un pedigüeño—, hizo las maletas, cogió la guitarra y se fue lejos.

Ayer, al acostarme, le imaginé solo dentro del avión, soñando con el futuro; de buen ánimo, con una sonrisa en los labios. Y le voy a echar mucho de menos, pero me quedo con suspicacias. Me duele saber que, ayer, mi padre se fue lejos.

Versión original, aquí

Conexto original: Público.pt

Traducción al español del traductor Javier Hernández Fernández