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Tu mirada de vaca,
tu sexo rumiante…
tus cuartos traseros y esa lengua eterna
pesadilla de toda hambre y toda sed,
como los pezones de tus ubres
y esas orejas que siempre siempre siempre
quieren escucharme…
Te quiero tanto que de ti comería todo
porque soy un cerdo,
porque soy un salvaje animal
y bastardo,
onagro libre
como Dios y las balas.
Te quiero tanto porque soy,
una vez más,
un cerdo…
y tú una vaca.

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