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No, no es fascismo. Ni Trump es Hitler, ni los caballeros andaluces que prometen la Reconquista lo son. No, no es fascismo. Aún no es la violencia organizada, el asalto al poder para institucionalizar el fin de la democracia. Por ahora. Es esta certeza, la de que vamos camino hacia el descontrol político en un futuro cercano, la que debemos ponderar. Principalmente los políticos deben pensar en esto. Me refiero a esos, los nuestros, todos los políticos de izquierdas y de derechas para quienes la democracia debe ser lo primero. ¿Debe? Entonces comencemos por no cometer esos pecadillos (piadosa metáfora) que en nuestros días pueden volverse pecados capitales.

extracto de “lo cierto es lo incierto”, artículo de Ferreira Fernandes en Diário de Notícias  

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