Crítica literaria en Canarias: dos perspectivas

No existe crítica literaria en Canarias. No existe la crítica literaria de libros que se dedique con autonomía, independencia, coraje y compromiso al análisis y valoración de la obra literaria. Hay, sí, y en cantidad aceptable y con un cierto dinamismo, reseñas, antologías, ensayos literarios e investigación filológica. Pero no crítica de obra literaria singular. De todas estas “posibilidades críticas” (reseña, antología, ensayo, investigación), la reseña es nuestra gran oportunidad perdida. La reseña que leemos por estas latitudes se autolimita a satisfacer la función promocional de la obra y, habitualmente, el mercadeo de favores, la sencilla adoración del amigo o el enamoramiento de una primera lectura. Se lee, cierto es, una intención metaliteraria, pero se evitan los juicios de valor y estéticos distintos del mero parabién. La función promocional y de felicitación gana tal dimensión que, como un festivo golem gigantesco, ensombrece y aplasta toda pretensión analítica. Y junto a este golem, el autor de la reseña acapara, frecuentemente, tal protagonismo que el libro, objeto, supuestamente, de sus palabras, queda relegado a un plano residual.

El ensayo literario y la investigación filológica, al contrario, arriesgan una valoración implícita (la elección del autor de su estudio, por ejemplo) pero ofrecen un perfil incompleto de la obra estudiada cuando silencian los naturales vaivenes creativos del autor. En lo que respecta a las antologías, estas tienden a evitar el compromiso y el riesgo valorativo explícito, eluden la propuesta teórica, la reflexión, la definición de sus porqués, identificar corrientes, estilos nuevos cánones. En definitiva, no se asumen riesgos. Y, sin riesgo, ¿qué nos queda en Canarias de Literatura? Y sin pensamiento crítico en Literatura, la Sociedad ahonda su enfermedad, su apatía, y condenamos al individuo a satisfacer la avaricia de los grandes grupos editoriales, al onanismo eterno de lecturas que no exigen, fácilmente digeribles y excretables. Y así, solo el lector, huérfano de alguien que le proponga ese diálogo reflexivo que es la crítica literaria, rodeado de un “qué bueno que es todo”, acaba por sospecha de la validez de su literatura más cercana, y la rechaza.

¿Acaso lo reducido del territorio nos vuelve acomodaticios y serviciales? ¿Acaso evitamos el riesgo y la responsabilidad de la Literatura? …Algunos dicen “esto es un sitio pequeño, “aquí nos conocemos todos”, “no vale la pena enemistarse con nadie”; “yo también quiero que me publiquen. Excusas. Instinto de conservación. Ensoñaciones. Desinterés. Falta, quizás, de perspectiva para la literatura en Canarias, o una perspectiva limitadísima.

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