La Poesía en Canarias presenta tal variedad de propuestas y voces, voces maduras ya, voces (las nuevas) verdes y todavía en pleno proceso de carnificación (claro, intenso e identificable) que no se explica (desde la Literatura) por qué no existe un corpus de críticos literarios en Canarias que pueda merecer tal nombre, que pueda acompañar tanta variedad y retos literarios, y que se entregue a la creación y al alimento del diálogo entre autores, entre poéticas, entre propuestas y lectores, que arriesgue un aquí está la paja, aquí el grano. No se explica (desde la Literatura) por qué no existe un corpus de críticos desparasitado de amiguismos, enchufismos, vanidades y miedos y egoísmos, independientes de neocaciques (y de cobardías varias) que se comprometa aportar su parte a la Literatura en Canarias y, por ende, a la Literatura Hispanoamericana. Igualmente, no se explica cómo puede alguien llamarse investigador, antólogo o crítico literario en la España peninsular, si se permite el lujo de perpetuar la, hoy por hoy, inexplicable ignorancia del hecho poético (y literario) en Canarias.  No se explica porque ya dejó de tener excusa y sentido. De la misma forma, no se explica como la lejanía del continente (y sus circuitos editoriales y de difusión) siguen siendo esgrimidos entre paños y lágrimas de chaqueta como motivo para el poco conocimiento que de la literatura en Canarias se tiene. Y es que, en la Red, las plañideras pierden toda credibilidad profesional.

¿Acaso están todos los antólogos, críticos y poetas peninsulares vendidos a los grupos editoriales y a sus egos unipersonales y vanidades o prejuicios? ¿Acaso quedarán sin eco crítico las voces de Jorge Rodríguez Padrón y Lázaro Santana, de Domingo Pérez Minik? (por mencionar a algunos de nuestros predecesores). ¿A dónde vamos por este cruce?