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El pasado formará siempre parte del futuro y del presente. Somos habitados por recuerdos y por el saber de experiencias hecho, difícilmente abordamos una situación desde un opaco vacío. Nos vale tal vez el olvido selectivo para que la vida no se convierta en una mera repetición de gestos cotidianos. Somos seres replicantes, monótonos, clones de nosotros mismos. Pero no es nada de esto lo que se discute. No necesitamos empaparnos de filosofía ni de éticas superficiales para comprender el peligro frente al que este invento coloca a la humanidad. Estoy de acuerdo con el excelentísimo Sr. Diputado cuando dice, desde lo alto de su reputación académica, que el hombre también está hecho de las máquinas que crea. Y sería de una ceguera ideológica, que no me asiste, si me negase a admitir que las máquinas muchas veces han salvado al hombre. Lo que se discute aquí es algo aún más profundo y socialmente más corrosivo que la propia bomba de Hiroshima, pues, cuando aparece, influye en la naturaleza humana en su índole más individual y cotidiana, removiendo sus mismos cimientos, no sólo morales, sino existenciales. Corremos el riesgo de promover la creación de un nuevo hombre. Sólo que en vez de ganar una dimensión espiritual y humana superior, como los semidioses de los mitos bíblicos y paganos, se trata de un infrahombre. La liberalización del uso del dispositivo vulgarmente conocido como Recall puede significar el principio del fin de nuestra civilización. Tal cosa no será hecha con mi voto.

Reconozco, sin pudor, que Recall, al que tan ciegamente defiende el Sr. Diputado, tiene algunas ventajas aparentes. A todos nos gusta sumergirnos en nuestros más felices recuerdos, con la mayor nitidez y precisión posibles —aunque algunos luego se decepcionen cuando notan que los falsos recuerdos superan ampliamente a los verdaderos. A pesar de eso, lo que Recall propone es una abdicación de la propia vida, una eutanasia para los no enfermos, con patrones demenciales. Uno de los problemas más graves de esta tecnología es la exactitud de la correspondencia espacio y tiempo. Por eso resulta irresponsablemente tentador prescindir con ella del futuro.

Si esta experiencia puede aceptarse para enfermos terminales, es inadmisible en el resto de los casos. Imagínese un caso extremo, un niño huérfano que legítimamente desea usar sin interrupción Recall para revivir los años que pasó con sus padres. A pesar de la justicia de este consuelo, ¿no sería demasiado grave arrancarlo tan pronto del futuro? ¿No habrá métodos más realistas para superar el trauma y permitirle experimentar la vida? Recall es una sofisticación moribunda, el colmo de la decadencia humana. Apelo a los señores diputados, independientemente de su color partidario, a rechazar esta propuesta y prohibir la tecnología. No permitan que la obsesión por el pasado extinga el futuro. He dicho.

Texto publicado en Jornal das Letras, primera quincena de agosto de 2018, en la sección O Homem do Leme (El hombre al timón) de Manuel Halpern.


Manuel Halpern é jornalista do Jornal de Letras, Artes e Ideias, desde 1998, colaborador permanente da revista Visão e fundador da revista literária A Morte do Artista. Autor dos livros O Futuro da Saudade – O Novo Fado e os Novos Fadistas (ensaio, 2004); O Segredo do Teu Corpo/Palco (teatro, 2006 – peça encenada em 1999 e 2006); Fora de Mim (ficção, 2008) e O Homem do Leme (crónicas, 2018).

Nascido em Lisboa, no ano da Revolução dos Cravos, é licenciado em Comunicação Social, pela Universidade Católica Portuguesa, com pós-graduação em Crítica de Cinema e Música Pop, na Universidade Ramon Lull em Barcelona e foi bolseiro da FLAD (Washington, 2013) e da Fundação Gabriel García Márquez (Cartagena de Índias, Colômbia, 2014).

Membro da Federação Internacional de Críticos de Cinema, colaborou em diversos meios de comunicação social, tendo sido autor dos programas Juke Box (Star FM), Best of Cinema (ETV) e da rubrica Contos Para Pulares (Antena 3).

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