Tengo un libro que es recuerdo de ti. Apenas algo más. Y ahí es nada… Hojas de 90 de gramaje y casi todo el espacio vacío con unas pocas fotos tuyas, fotografías que acaparan toda la atención, sí, cuando los ojos se llegan a ellas entre tanto campo y tierra de apariencia yerma o dormida.

Eres Fuerteventura aunque preferías que te llamase Erbane y yo te hacia caso siempre, indefenso como estaba a todas horas con no más que mi propia desnudez de hombre de la cueva. Tú, también, pero cómoda y de pie o tumbada en el sillón o sobre la hamaca, ahí fuera, en la terraza a ojos de todo; ahí quieta te gustaba recordarme tu nombre. Y sonreías cada vez que lo posabas en mi oídos… Y ahora tengo un libro, tengo un libro que es un recuerdo de ti. Apenas, nada.