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LA LUZ Y EL GALLO

 

Me arden mucho más los párpados

desde que estoy contigo,

con este olfato de gallo para la luz

de entre tus piernas,

bajo la finísima piel de los acertijos

ensimismados con tu boca,

en pugna por conquistar y poseer

todo lo que queda de mi maltrecha

y cardíaca retina.

 

 

PARA UNA FOTOGRAFÍA

 

No encuentro gravedad

en el agujero negro que habita tus ojos
por eso me mantengo alejado de ti:

las leyes de la física son inmisericordes.

No puedo dejar de mirarte,

aunque me ciegue el luto viejo de tus canciones,

 

la derrama eterna de tus labios…

¿Quién eres? ¿Qué haces ahí sentada

a lomos de dios?

¿Qué se me ha perdido en medio

de tu carne?

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