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Esta es la primera vez que escribo de memoria, desde un recuerdo lejano, desde un lugar que, quizás, nunca habité… La cabeza es un tejado donde anidan las palabras, casi siempre dormidas, atentas a la luz que nace del suelo… Pienso en ellas y sueño con sombreros, con islas sobre el mar, estas palabras nuevas desconocidas y que aparecen en un recanto de mi cráneo para escribirse instintivamente… Cada letra se procura un sonido, cada letra siembra un mapa de tinta tras la piel del papel y la pantalla, una familia, un juego de cientos de palomas hambrientas a pleno arrullar de migas de pan… En este momento veo imágenes, imágenes que se tornan instantes mientras yo busco más y más aire para ellas. Y cuando las encuentro, ¡una sonrisa!

            Cuando una ballena expulsa todo el aire de sus pulmones, millares de palabras saltan por encima de su lomo. Ellas quieren volar y, de verdad, que algunas vuelan; a otras les gustan los barcos y en ellos se alongan al gozo del viaje, para avistar los juegos de los delfines. También hay palabras que se quedan mirando al fondo del mar, a la pesca de los ecos de la Atlántida o el murmullo del mencey Loco, aguardando aquellas antiguas historias de los peces. Otras palabras permanecen flotando en la superficie, arrepiadas de frío y sin rumbo, sedientas… En la antigüedad, los marineros hablaban de palabras que se guardaban los secretos del mundo en el vientre de las ballenas; las islas son esas palabras que nuestros brazos no pueden jamás abarcar, que mergullan cerca de los barcos, como el milano que también se sumerge en el aire y la esa gaviota perdida que tienta las torretas eléctricas y las farolas en las autopistas.

Cada palabra es una isla… Pero ya anochece, ya he vivido esta escena… El barco se aproxima lentamente al puerto, el horizonte casi duerme entre las nubes; quietecita, una línea oscura baja las luces de las casas hasta el cuerpo de las calles y allá, al fondo del escenario, una aparición, los sueños que persiguen un bocado de tierra más, y las estrellas, anunciando la islamadre llena de futuros, un puñao sueños y el recuerdo de la primera emoción de la mirada.

Publicado inicialmente en El Alisio