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Dos días y la misma simpática pesadilla. Entro en una librería, una amplia y luminosa y otra pequeña, más bazar que otra cosa pero increíblemente surtida con ensayo y poesía. Leo los títulos, los acojo en el nido que forman mis brazos; no son más de seis en el primer sueño y en el segundo ni los llego a contar. El deseo rampa campante como un caprichoso rex en plena pampa argentina, salivando ante la visión del ganado, frotándose sus garritas contra las flores de los árboles: el ganado de la pampa no es un ganado vulgar… Cuando llega la dependienta le digo que sí, que me los llevo todos, que ahora paso por la caja pero al cabo de unos minutos decido que no, que no compraré ningún libro… No se puede… En el otro sueño ocurre algo similar aunque más doloroso aún. Ante mis ojos poesía japonesa del siglo veinte, poetas contemporáreos míos que quiero leer, poesía persa, libros cartoneros, libros para niños ilustrado con un gusto y una delicadeza exquisitos… Tampoco los compro. No se puede… Cuando despierto, al tercer día antes de un tercer sueño, no me resisto y me acerco a la librería y compro dos libros, Cartas y Ensayos Selectos, de Raymond Chandler, uno de ellos, y un estudio etnográfico sobre la lucha del garrote y el juego del palo… Ahora respiro y vivo mejor y poco a poco voy conociendo al abuelo Ray y leo sus cartas, mi cerebro se apropia de uno de los títulos sarcásticos de Ray con los que siebra una de sus epístolas: Todo lo que se necesitan son elefantes

Y es verdad, piénsalo. El helicóptero de Rajoy tuvo miedo de los elefantes, Rajoy también y compró pantallas de plasma, Cospedal tuvo miedo de los elefantes y compró un paquete de sobres, temer a los elefantes hace que la gente mienta y mentir es cosa de mentirosos. Soria tiene miedo a los elefantes pero se consuela con trabajar en Repsol, se consuela así en sus más húmedos sueños…Todo lo que se necesita son elefantes por eso hay premios literarios que los temen y premian a loa mediocres. Todo lo que necesitas son elefantes, Aníbal lo supo antes que el tío Raymond… Yo prefiero los osos hormigueros.