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«Estos epitafios conciernen a los muertos y a los vivos muertos, es decir, a quienes están sobre el sepulcro y a quienes están debajo de él. No hay diferencia categórica entre ellos, salvo distinción modal. Obvio que forman dos partes de una parte. No se encuentran a extramuros de la misma identidad, comparten el relampagueo. No pasa de ser un movimiento de la carne, más en la cuestión, valorando la cosa ónticamente o epistemológicamente o épicamente, sin aspavientos culturales condicionados por conocimientos condicionados, entre una carnicería y un cementerio, o entre un cadáver y el mobiliario. Esto encaja en la teoría del conocimiento y en las premisas de la intuición. La lírica rige todo esto, la épica rige todo esto, en tanto en cuanto —tanto en cuanto— la poesía tiene apetito y axiología finita e infinitamente. Tomar en cuenta que el carnicero es un  cadáver vivo y el sepulturero es un cadáver vivo. Pasado un tiempo, uno y otro serán cadáveres muertos.

Cierto es que en las carnicerías no ponen rosas y en el cementerio sí. Esto hay que corregirlo.»

Epitafios, de Antidio Cabal, editado por Kriller71.