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¿Sabías que sonreímos ante la belleza? A veces el gesto no alcanza los labios y se queda en un entornar la cabeza, imperceptiblemente; son los brazos quienes entablan la sonrisa sobre el pecho, góndola libre y limpia navegando entre islas, y ante la belleza se desnuda de repente. Aunque no lo creas, a nosotros nos aparece sin mediar aviso una erección, no rígida e inamovible sino llena, plena de sangre y humilde, dada a ti. ¿Pero sonreir por esta fotografía? No hace falta, contente. No es más que otra fotografía a contraluz de las hojas de un árbol que no conocemos.

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