El hacedor de ludópatas, crítica literaria

SE COGE ANTES A UN LUDÓPATA QUE A UN COJO

La Naturaleza, llamada reino animal por los químicos, se procura instintivamente los tres medios que necesita para perpetuarse…hambre, apetencia del coito, odio que tiende a la destrucción del enemigo…dispensémonos de llamarlas placeres…son satisfacciones habituales en los brutos…El hombre comparte la condición de los brutos cuando se entrega a esas tres inclinaciones sin que su razón intervenga. Si, en cambio, nuestro espíritu interviene, las tres satisfacciones se convierten en placer, placer, placer…

CASANOVA

Así comienza el poemario, y no es para menos. El placer; el placer, el placer ronda “El hacedor de Ludópatas” de Elica Ramos (La Palma, 1970), navega sus venas abiertas a conciencia, y con premeditación, para hacer del tema amoroso un juego confesional en el que, desde la primera persona y el tuteo, ensaya poemas y silencios. Por no todo debe decirse, y al Hacedor de ludópatas le gusta jugar, marcar el espacio físico de las pausas en la lectura, dejar constancia de sus propios caprichos. El yo poético de Elica Ramos parece depredar aquí sus propias experiencias amorosas, las personalísimas ficciones con un lenguaje refrescado, urbanizado incluso, con con esa mezcla de desdén, sexualidad y descaro tan de estos tiempos. No obstante, se aleja mucho de lo prometido en el prólogo-introducción. Muchas palabras para el tema estrella de la Poesía, el amor, cuyo planteamiento resulta, al mismo tiempo, cercano y distante en el libro, como si la poeta fuera actor y público de su propio teatro; poeta, mujer, artista del poema declamado que encuentra en sus esquinas más oscuras la madera que provoca todos sus incendios… No habrá paciencia para pirómanos.

“El hacedor de ludópatas” es un poemario de distancia corta, de combate a puño cercano, a tiro de gancho, con un estilo intimista, quizás próximo o característico de las poetas canarias; con poemas que, en general, buscan el efecto, el golpe final a pocas milésimas de la campana, el arriesgado desconcierto por knock out al lector… Pero que afloja el ímpetu por una imperfecta coordinación entre los versomúsculos del inicio y el desarrollo del impacto. El resultado: el combate se prolonga, los poemas no se cierran, quedan colgantes de un sinsaber si tirar la toalla o lanzarse de nuevo con arrojo y confianza a otro round. Esta descoordinación aparece a lo largo de todo el libro, algo más que intermitentemente, y amenaza con solidificarse como marca de “estilo” o “pretensión” aunque no únicamente de la autora, sino de cierto enfoque poético que busca el punch, en detrimento de la técnica, del fondo (sobre todo)…

Esta búsqueda del efecto y el gancho termina frecuentemente en cojeras de la experiencia lectora, incoherencias, incluso cuando se pretende el uso del espacio físico como pausa, porque luego, en otros poemas, no ocupa su lugar de la misma manera. ¿Capricho? No lo sé, pero quizás lo termina siendo: capricho visual, marca de la casa; un búsqueda que quiebra en pretensiones perpetradas de efectismo, y me reitero en ello aunque no sea tanto el estruendo, el pretender en epigramas que…  no llegan, no abofetean con fuerza la cara. Quizás porque:

La dicha es una tormenta de verano

repentina y naufraga al sol

oscura como el abatimiento.

y se muestran, así, las dudas que los propios poemas parecen albergar acerca de su propia integridad, de su verdad. Incompletos. Cuasiformes.

Sin embargo, no todo son pretensiones e impactos fallidos. Hay muchos logros en el poemario, pero rara vez se encadenan y dan el alejóp final con éxito. Aunque el lector tendrá que arrojar su propio veredicto ante esta propuesta poética, confirmar o no, esos golpes que, desde aquí, parecen lanzarse al tuntún (muchos). Y allí donde los velos se apagan, las direcciones se extravían… donde El tuyo es un horizonte desolado porque…He recelado tu nombre y La aritmética del hambre estuvo cerrada a pócimas… la Poesía se (re)vela como una aritmética de efectos, y se arriesgas a provocar hambre y sed lectora… Pareciera que todo el libro no fuera más que un deseo de llanto veloz que perezca en el naufragio de sus propios párpados; y, muy a pesar de la actualidad de sus combinaciones léxicas, sus imágenes, cuando no caen en algo peor que el tópico, se leen pretenciosas. Y lo pretencioso es ofrecer dos frases (incluso una) como poema completo, como arma cargada de futuro… para luego cerrar página, sin más, supuestamente satisfecho y por completo:

«Hace tiempo abandoné el recurso

de disfrazarme de verde entre las algas…»

o un pensamiento o verso aislado que se anuncia y exhibe poema:

«Dejad que el mar también me arrastre…»

No obstante, hay mucha carne en El Hacedor de ludópatas, y casi de igual intensidad es la capacidad de dispersión.

Bombas que no se deciden a estallar, crítica literaria

Poemario ganador de la XVII Edición del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, correspondiente al año 2009. El afortunado autor, Teodoro Santana (Gran Canaria, 1957).

[…] Diario íntimo de una bomba a punto de estallar detiene a primera vista nuestros ojos en ese título sugerente que ya abre las puertas de la lectura. La bomba no despliega su potencial destructivo, pero avisa al respecto, advierte sobre sus intimidades; sugiere, quizás, lucha, acción y denuncia social, reforzado esto último con una imagen de portada en la que un grupo de policías del Mayo francés portan, entre porras y llaves y esposas, ramilletes de flores y algunas frutas.

El libro comienzas tras una cita evocadora de los vientres abiertos de los bombarderos aliados sobre Berlín: «La bomba sólo está viva mientras cae» (Iain Banks), con el que se da paso a dos poemas en los que ya se nota una personalidad creativa definida, estrechamente vinculada a la poesía social y, en este caso, de genética efectivamente combativa aunque sin resultar panfletaria, al menos de momento. Recién abierto el libro, comenzamos a leer y el poeta nos pregunta por el vacío de la sombra de un alguien ―que bien puede ser el lector que se acerca a los versos―, pidiéndole que venga al origen de todas las palabras, al aliento encendido que nos consume. Ven―dice el autor― a mi abrazo furioso y desolado… Y como lectores, vamos, nos acercamos a él.

Se trata de un comienzo fraternal, casi humanista y con una fuerza que nos conduce hasta el tercer poema para truncarse (desgraciadamente) y desilusionar a este que lee; pues, hacer del poema titulado “La Palabra” un poema fallido, con muchos lugares comunes donde la palabra es la voz, el viento, el aire, el Universo, el mar; es una oportunidad que tan pronto como llega y nos despierta la avidez de otros descubrimientos poéticos, se va, sin más, sin lograr levantarnos de la hoja, tras un título que entendimos (erróneamente o no) como una búsqueda de definiciones nuevas y aproximadas ―pues eso es,precisamente “La Palabra”―, un ofrecimiento de campos poéticos, líricos inexplorados, frescos.

Avanza la lectura y llegamos a la página 11 del libro, y volvemos a encontrar lugares comunes, oportunidades que consideramos perdidas, poesía social con aire a panfleto reivindicativo (sin ofensa pretendida) que se suceden hasta la página 21. La poesía social se enfrenta en todo momento al riesgo del eslogan político, de panfleto y, o bien no tiene su hueco como creación artística, o bien necesita urgentemente una reinvención que explore otros ámbitos del pensamiento y la lírica, para que continúe su lucha, su ofrenda, sin que por ello se la pueda señalar despectivamente de tal o cual manera. El humor, por ejemplo, el sarcasmo y la ironía pueden ser mutaciones validísimas para ello. El libro continúa avanzando y la figura del poeta se hiperdefine, así su voz, su voluntad de lucha, el espíritu crítico y combativo que, seguramente, labró su juventud comunista como partícipe, en carne y hueso, de la primera transición de de la democracia española.

Diario íntimo de una bomba a punto de estallar” nos ofrece poemas intensos que, a pesar de, en general, no aportar novedades ni provocaciones nuevas del lenguaje, sí deja caer de su contador explosivo alguna que otra combinación léxica novedosa como

«están hechos de barro, de sudor,

de aguardiente y tabaco»

Teodoro Santana es, a la vista de este poemario, un poeta con fondo que incita a leer algún otro libro más que haya publicado, aunque sea para confirmar que por sus venas corren las miles de canciones de autor que enfrentaban los años finales de la dictadura infame; venas con sangre de color intenso, sin duda, y de patente compromiso social que hacen verter al autor poemas completos, sin búsquedas inútiles de efectos finales, aunque sí, en muchas ocasiones, se siente la Poesía en un segundo plano, arma de futuro que parece inmolarse a la espera de una próxima reencarnación. Porque siempre ha de llegar.

Un ejemplo de ello podemos observarlo en la página 27 en la que el apego del autor a su genética social y combativa impide el desarrollo de la Poesía, en beneficio siempre de una denuncia que, por excesivamente comunicada, expuesta y evidente, se aleja de la República Poética… mientras el poeta carga con su cruz… hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota. Sin duda alguna, Teodoro Santana sigue en pie de lucha, ariete de batalla a pesar de la Historia, o, quizás, a propósito de la sin salida a la que nos ha llevado, hoy también delante de porras y patadas. El olvido para él no es posible porque

«El olvido es la lanza en el costado».

Aún no sé por qué. Me amas»

Y es la emoción que nos deja Teodoro Santana; un instante en medio de la niebla, de corazón a corazón porque para llegar a nosotros a tenido que vencer al Tiempo, pagado el precio de la temporalidad. De esta manera el poema “Vértigo” nos deja con ganas de más para llegar a “Gente peligrosa” y tropezarnos de nuevo con una oportunidad perdida, una piedra en el camino que nos enseña a llorar, llorar y llorar… o llamar al poeta y tomarnos unas cañas; conocer de primera mano el intenso arrebato de superponerse a una realidad que repite aquello que, quizás, le persiguió con porras; ímpetu que llega a truncar los caminos poéticos que el mismo abre y explora, cuando «la existencia es sólo una jornada entre la nada y la nada».

Tomás Morales o la importancia de la memoria

El pasado año, 2012, Juan Carlos de Sancho (Islas Canarias, 1956) organizó un acto de reinvidicación social y literaria para que se conservara el nombre del poeta canario Tomás Morales para el «nuevo» instituto que acogería a todos los alumnos de lo que, anteriormente, eran dos centros educativos colindantes.

poeta Tomás Morales
Reivindiación para la conservación del nombre Tomás Morales para el IES

A los muertos no les queda más que la memoria de los vivos, nuestra voluntad y compromiso de recordarlos… Que existen y existirán millones de personas cuya vida y obra estuvo, y está, condenada a un olvido casi irremediable, es parte del destino humano. Pero no por ello hemos de condenarnos a la resignación… Y en Canarias aprendimos a condenar al olvido (al desinterés) desde muy temprano en nuestra historia, tal y como ocurrió con nuestros primeros antepasados y su legado cultura (auténticamente único en ciertos casos)… Lo peor de todo fue que esa inusual maquinaria de olvido se hizo costumbre entre nosotros… De esta manera, Tomás Morales se convierte hoy en la oportunidad perfecta para luchar contra el olvido, una vez más, de nuestra historia, a través de su obra y el testimonio poético que dejó de la época en la que vivió, y poder entender, un poco más, este tiempo nuestro que vivimos. De esta manera, el nombre –y, por tanto, la memoria- de Tomás Morales es la ocasión perfecta para ser más humanos, valorando nuestro pasado, honrando también nosotros la vida y hacer algo más que vagar y consumir.

Sin embargo, es fundamental que tengamos muy presente que permitir la desaparición del nombre de Tomás Morales es una de tantas maneras de no ser, o de ser más vacíos, más inhumanos; de convertirnos en cualquier cosa autómata… Es la ocasión perfecta para que nuestra dejadez contribuya otra vez a que nuestros hermanos y amigos, a que nuestros hijos y familiares olviden, un poco más, quiénes son, para que todos aquellos que nos visiten sigan ignorando quiénes somos, qué tierra es ésta, qué historia.

CUESTIÓN DE PERSPECTIVA

Fondo es una palabra rebelde, inconformista, curiosa. Según se junte a tal o cual otra nos acompaña hasta el instante mismo de la más absoluta felicidad, del más completo goce, o del esperpento o la escatología más imhumana… El fondo de un vaso Collins, por ejemplo, un vaso de tubo, amenaza con el fin de la copa, del instante de tranquilidad, ese tiempo que robamos en los lugares diversos a otras obligaciones, pero tambíen avisa del fin de la obligación de aparentar, de perder el tiempo entre conversaciones banales, estúpidas, vacías; el fin de la obligación de ser correctos y comedidos, de no hablar más que de mentiras, el fina de contener las ansias de desnudarlas; el fin de la obligación de ser felices… El fondo de un vaso Collins puede, también, ser la puerta hacia otra copa más, esa satisfacción creciente y en lenta gestación, como una criatura única e irrepetible que crecerá por acción e inacción de nuestro hígado. Así las copas disponen puertas para nosotros, pero el fondo de las copas es el que nos ofrece la cerradura y la llave, la pastilla roja o la azul, la píldora para crecer como gigantes o convertirnos en diminutos seres; la posibilidad de correr el fechillo para el lado que queramos.

Fondo es, además, un vocablo flexible que puede ir, incluso, con las mirillas en «el fondo de las mirillas» de las puertas, y con las cerraduras en «el fondo de las cerraduras». No podemos negar la capacidad sugestiva de fondo, tampoco su naturaleza de puente, en esos ejemplos, hacia otras sorpresas, otras dimensiones. A veces, se tratará de una visita esperada y agradable, o inesperada pero igualmente gustosa; otras, lo inesperado de una aparición al otro lado nos saca de nuestras casillas, de nuestro sopor cotidiano, o rompe nuestra esquiva y perezosa paz interior. Hoy, por ejemplo, podría ser esa suegra, nuera o ese cuñado con el que nos llevamos mal, el casero o el vecino genérico que, además de antipático, no deja de hacer ruido a todas horas. Pero hoy, sobre todo, hoy puede llegar una sorpresa gris disfrazda de un azul oscurísimo, si se nos ocurre manifestarnos amparados en la Constitución, o se nos ha pasado por la cabeza, por justicia y amor a la verdad, por compromiso contra las injusticias, colgar en Internet el vídeo de una actuación policial deleznable, reprochable, denunciable, u otro donde los agentes de seguridad del estado se dejan llevar por sus vísceras o por las órdenes de superiores con tal o cual fondo… Fondo, en el fondo cabe todo… En este sentido, la democracia tiene también fondo, «el fondo de la democracia», y hay quien dice que tal fondo es una cloaca, mientras que otros lo ven infinito, lleno de posibilidades, de libertad y, sobre todo, de responsabilidad individual y colectiva; de solidaridad… Cuestión de perspectivas, sin duda, pero es que hay fondo para rato. También, y por desgracia, fondo monetario internacional, o la cueva de Alí Babá.

De la misma manera, habita un fondo en las ideas. Por ejemplo, la idea de una paz perpetua anida en ver el fondo del váter siempre blanco, pues es signo de que no habrá atascos ni desbordamientos de agua. Pero no siempre es así; el fondo de un váter siempre blanco, cuando visitamos a diario el trono de todo humano, esa paz que nos transmite, esa paz fontanera, se rompe cuando tomamos conciencia de una mala salud intestinal, o, al menos, de una incómoda pereza del tránsito. El fondo del tránsito, el tránsito sobre la tierra, el fondo de la tierra…

Pero no solo sobre la tierra hay fondo. En el mar, también. En el mar el fondo se siente como en su casa. Llega, se desnuda y tanto le da ser, simplemente, fondo, que fondos. Fondo del mar, fondo del océano, fondos abisales, fonda marina incluso. A cada cual, según sus posibilidades. Pero independientemente de su número, cuando el fondo habla de mar, la perspectiva es muy importante. No es lo mismo estar sobre el mar, en una barca, por ejemplo, y disfrutar del misterio de ese fondo que solo se deja intuir, como la sombra negra de un desnudo a contraluz tras las cortinas, que si estamos bajo el mar, con el fondo bajo nuestros pies abierto de par en par como las fauces inmensas de un megalodón. La cosa cambia, es evidente. El fondo del mar, según se mire y, sobre todo, desde donde, influye decisivamente en nuestra capacidad de amar la naturaleza. ¿Cómo amaremos más a una gigante ballena? ¿Viéndola cómodamente desde un barco, a una cierta distancia, desde una placentera perspectiva, o bajo el mar, a pocos metros de semejante mamífero y con el agua como techo? ¡Ah, amigo, cuestión de perspectivas!

… Cuestión de perspectivas, sin duda. Pero cuidémonos de idiotizarlas o infantilizarlas. No instituicionalicemos las mentiras. Hablemos de perspectivas con cuidado y responsabilidad, con estilo, digamos siempre, y no repitamos como loros. Ellas no lo harían. Recordemos que la perspectivas no mienten pues ya de entrada nos avisan de la diferencia con que mostrarán nuestra realidad. De ahí que pida respeto para las perspectivas, y que insista en que hay que confundir las perspectivas con las mentiras. Las primeras dependen de nuestra posición al mirarlas, de nuestro interés por contemplar la realidad desde otro punto de vista; además, de las perspectivas tenemos conciencia, así de su naturaleza de cambio. Las segundas, las mentiras, nada saben de perspectivas pues no respetan al que las escucha, no lo tienen por un igual ni le advierten de los cambios que perpetran en la realidad, ni de los efectos que tienen sobre nosotros. Las perspectivas no tienen intenciones, las mentiras sí y nacen de una actitud prepotente del que las dice, una especia de desprecio que siente hacia el oyente, hacia el otro. Detrás de una mentira, en su interior, pulula la cobardía, en el mejor de los casos, pero tambíen la intención de humillar, robar, someter, oprimir y controla… de imponer una visión de la realidad. El mentiroso, el infame, nada sabe de perspectiva, su fondo es uno hediondo, vacío, lleno de su propia voz y ceguera, un cuchitril de cucarachas y viscosas serpientes o gusanos, anegado por una extraña sed de venganza y poder, de un odio hacia la realidad a la que le niega su naturaleza múltiple, sus millones de perspectivas… La realidad es una cuestión de perspectivas donde hay que recordar que existen las mentiras.

Diferencias entre una crítica literaria, una reseña y un ensayo literario.

“Tratado del carnaval en Niza: acontecimiento festivo y reflexión ética a partir del hecho amoroso”, es un artículo de Daniel Bernal (Tenerife, 1984) donde se desarrolla un texto de fondo ensayístico en el que, sin avisar al lector de su objetivo primero y último -si escribir una crítica literaria, o una reseña,si una nota de prensa o un microensayo o un artículo de opinión- el autor despliega toda una serie de relaciones filosóficas y argumentísticas donde, curiosamente, escasean casi hasta la desertificación los ejemplos que, del libro, servirían para sostener lo que de este se afirma.

 Así, el texto de Daniel Bernal se deja estar cómodamente en una encrucijada donde el lector no lee nunca el libro que da pie al artículo en cuestión,  ni sabe nunca, a ciencia cierta, qué motiva tal texto. Apenas son unas 6 líneas las que nos hablan de las características de «Tratado del carnaval en Niza», y seis líneas son pocas líneas para un artículo que llega a las dos páginas y media (en Times New Roman, 12, interlineado 1,5). Pocas líneas, en definitva, para un poeta y unos poemas del que se afirma que:

  1. los versos del poeta en “Tratado de Carnaval en Niza” son versos concisos, con una enunciación que roza la oralidad por momentos alcanzando un grado de concentración epigramático, y de una naturaleza casi aforística.

 …Y donde apenas leemos versos del poeta Samir Delgado, ¿qué nos queda? ¿qué hay? ¿A quién leemos? Leemos a Daniel Bernal, como crítico literario, como ensayista, pensador o articulista, pero no al poeta autor del libro; leemos, sí, una exageradísima -al menos, a mi entender- retahíla  de datos y argumentos expuestos y enlazados, pródigos en referencias culturales y nombres de intelectuales, sin que se vea ese diálogo crítico-lector que une a este último con el poeta. Pareciera, incluso, que el único fin del texto fuera el de sostener, aupar y ubicar el poemario en tal o cual corriente filosófica o literaria contemporánea, asignarle este o aquel pensamiento; asociar el poemario y al poeta a nombres como Mario Benedetti o Jorge Riechmman; encumbrarlo en altas cimas; hurtándole al lector su capacidad de opinar al respecto.

Estrategia esta, no obstante, válida, según qué pretenda el autor, según cómo conciba la poesía y la crítica literaria, la literatura misma y la creación, pero que aleja, irremediablemente, al lector del poeta, y al lector del libro de poemas, creando, además, unas expectativas sospechosas y sin ejemplos que la sostengan. Texto este, de Daniel Bernal, que parece afectado de contexto excesivo, y que poco habla de poemas o Poesía.

«Diario de una bomba a punto de estallar», critica literaria

Bombas que no se deciden a estallar

[…] ganador de la XVII Edición del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, correspondiente al año 2009,el afortunado autor, Teodoro Santana (Gran Canaria, 1957).

Con el libro en nuestras manos observamos una edición elegante, como suelen serlo todas las correspodientes a ganadores del mencionado premio; diseño de portada cuidado, novedoso y algo vintage, de un material que pide a gritos ser poseído, aunque muy ensución por cierto… “Diario íntimo de una bomba a punto de estallar” detiene a primera vista nuestros ojos en ese título sugerente que ya abre las puertas de la lectura. La bomba no despliega su potencial destructivo, pero que avisa al respecto, advierte sus intimidades aún por declarar; sugiere, quizás, lucha, acción, y hasta denuncia (¿social?), lo cual refuerza una imagen de portada en la que un grupo de policías sacados del Mayo francés porta, entre porras y llaves y esposas, ramilletes de flores y algunas frutas.

 

El libro comienzas tras una cita evocadora de los vientres abiertos de los  bombarderos aliados sobre Berlín: «La bomba sólo está viva mientras cae» (Iain Banks), con el que se da paso a dos poemas en los que ya se nota una personalidad creativa definida, estrechamente vinculada a la poesía social y, en este caso, de génetica efectivamente combativa sin resultar panfletaria, al menos de momento. El panfleto es el principal riesgo de la poesía social en la actualidad, poesía que ya tuvo su momento, su motivo.  Recién abierto el libro, comenzamos preguntándonos por el vacío de la sombra de un alguien ―que bien puede ser el lector que se acerca a los versos―, pidiéndole que venga al origen de todas las palabras, al aliento encendido que nos consume. Ven―dice el poeta― a mi abrazo furioso y desolado. Y como lectores, vamos, nos acercamos a él.

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Reflexiones sobre la crítica literaria

… Al margen de corrientes críticas y ataduras de todo tipo, lejos de reseñas disfrazadas de críticas, y de criticas de «contexto excesivo», esas que hablan de todo menos de la experiencia de la lectura, de la obra leída y revivida, propongo una crítica “de encuentro”, un mano a mano a solas con el texto, con la obra, con el poema, con la incertidumbre y el riesgo; una experiencia. La crítica literaria es, a fin de cuentas, un acto creativo, un análisis e interpretación que se debe a su naturaleza subjetiva pero que, al contrario de una opinión y la mera vanagloria, se compromete con la red coherente y flexible de interpretaciones, de ejemplos y argumentos que elabora y teje. Ahí radica la humildad, la honradez y el compromiso del crítico. Y es un compromiso múltiple; con la concepción propia de la crítica, con el desarrollo continuo de esta, y también con la poesía, con la creación literaria y la literatura…