La cama, media barra de bar abanonada

Tu ropa dejaba un silencio tras de sí,

confidencia o soco o silo, refugio nuclear.

Ahora nada queda salvo un silencio obcecado,

un letime apocalíptico sobre las playas de la isla de Henderson

donde, ahora, como en la propia trinchera que nos desangra sobre la cama,

se reúnen, a morir, restos de basura, carne y desechos.

No somos más que media barra de bar,

abandonada a la suerte de una medianoche de lunes

donde apenas unas chopas trapecistas, y algunas cucarachas mexicanas,

recalan, para devorarse, entre restos de Jilmador, cepos de caza

y los restos de Lorca lamiendo la sosa caústica.

31 de diciembre de 2016

¿Recuerdas aquellos años? Asistíamos a un espectáculo único, sin duda, aquel espectáculo que parecíamos contemplar siempre desde una piscina cubierta, en medio de una bruma y la visión de la anguila mitológica, medio sorprendidos y medio distraídos, en ese instante equilibrista que tanto conocimos y aprendimos a domar mientras otros retrasaban el paso con el que podrían acompañarnos…

Tú y yo nos entregamos a la minería más auténtica, excavar lugares en los que añejar la carne y nuestra letra. Siempre el mismo día… Y así hemos llegado hasta aquí y hasta ahora. Siempre mirando otros horizontes rodeados de monos.

[12:50pm]

Sala de estar. Televisor encendido.

La abeja Maya en el interior del bosque.

Un ciempiés exhibe sus dotes de trobador…

pero no convence.

Tras la cristalera de la sala de estar del hospital

un hombre de polo rojo falla su único y último hoyo

en el green. La pelota queda muerta,

y él la mira apenas un segundo y la recoge,

y se va.

En el bar del hospital, sobre una butaca vacía,

da a luz una mota de polvo entre una multitud ausente y gérmenes que la ignoran.

Es un mediodía soleado. Las nubes dibujan la historia del tiempo sobre el césped

mientras un árbol gris y muerto me susurra una historia repetida.

Abandono mis ojos sobre el césped.

La muerte se torna verde.

 

En la sala de espera un viejo moribundo intenta servirse un café de máquina, mientras me mira, perdido, adivinando

la muerte de mi abuela. Se comenta en los pasillos -dice-las palomas en los ventanales, y las tórtolas y los niños.

 

Pero sólo cabe amar cuando unas lágrimas afloran nuevas tentativas de asalto.

Algunos primeros poemas

Esta noche es perfecta.

Hay luz. Hay silencio.

El cerebro se inyecta de sangre

y la sangre de azúcar y de alcohol

y de tanta poesía

que nunca

cabe en un poema…

*

¿Qué importa

si nos quedamos solos?

Hace tiempo que dejó

de extrañarnos.

El tiempo gira sin cesar,

la vida se multiplica en nuestra retina

y no dejamos de enviar nuestras hordas bárbaras

contra toda la jodida civilización…

¿Qué importa?

*

¿Qué importa el conocimiento profundo

y extraño

de nuestros deseos?

Siempre habrá versos y relatos que no me cuentes,

que yo

no te diga.

¿Qué importa un libro mal escrito unas comillas

extrañas y urticantes…

si baja dulce la absenta nuestras gargantas?

Los abogados van al infierno, y lo sabes;

y los que no quieren ahogarse en su mierda se van de putas,

¡y lo sabes!

¿Qué importa, Loco?

¿Qué importa?

¿Qué importa tu nombre y tu apellido

si te cuelgas de ramas y farolas, si aúllas en silencio,

si no preguntas, sino hablas,

si tras unos acordes te lanzas a bailar con la utopía de un hombre

con la felicidad recitada, con la dicha

que ahora no tienes,

con un tiempo que ahora sólo recuerdas ebrio?

Loco, tienes razón,

nos cuelgan nuestros errores de las pupilas

pero el aire que respiramos es nuestro, y SÓLO nuestro.

 

¡Qué importa si es este poema se suicida de por vida

a sabiendas de que se queda corto,

de que hay toneladas de poesía con las que no puede cargar

sino es con la inestimable ayuda de una botella de algo, un algo de droga,

un todo de poco,

o  mucho sexo de nada!

¿Qué importa, Loco?

¿Qué importa?

The Tiki doctors and the late mixed poems

*

Únicamente es posible el naúfrago

*

Naútica, Antidio Cabal en «Atmósfera seguido de Parasangas».

*

*

mi homero de la clase fabularia

mi viejecito terco y arbitrario

quién te diría a ti   quién te diría

nada    tú lo investaste mi viejo y sedentario

el viaje y la pelea los hombres y las sombras

fuen un juego junto al fuego junto al vaso

de vino    quién desdeña el guarecido

de itaca y se va a troya mi cansado

rapsoda   quién se apunta a la guerrilla

del monte  como un perro solitario

mi viejo y mentiroso    qué soñaste

tu cabeza es un grillo astuto y trasgo

tú nada viste viejo   nada sabes   ¿qué ulises?

me resigno con ser llama en el palo

*

sin título, de Lázaro Santana en «Recordatorio USA»

*

*

Habrá que empezar por algún sitio. Pero eso no quiere decir que podamos empezar por el principio. Aquel lugar desde el que empezamos es el origen, está aquí, no detrás. Su resultado no es el inicio, sino la inaguración, y por ello su marca no es la de lo inicial, sino lo inagural. No separa lo de antes y lo de después, sino que une esos dos trozos en lo originario, en la paertura que nos hace sernos insustituibles.

*

Desde lo partido, de Miguel Pérez Alvarado

en «Tras la sístole -viaje y escritura insular-

*

*

Mãe é aquela que vê partir.

*

MÃE. UMA DEFINIÇÃO POSSÍVEL, de Nuno Costa Santos

en «Melancómico O Livro»

*

*

 

Mafra

é Mafra

e eu

sou eu.

Nunca dancei ao som de carrilhões

num pus colchas floridas nas janelas.

Não pretendo lançar no futuro

a minha história que os outros construiram.

Máfra é Mafra

e eu sou livre.

Ou não:

Meus escravos de áfrica plantados no brasil

escavando o ouro com a coronha das g3.

Nunca acertei meus passos pelo ritmo das balas

nem porei a cabeça no alvo que procuras.

Mafra é Mafra

e eu

sou eu.

Por detrás da máscara eu lá estou

sem ódios, nem balas, nem guerras

despido

e com um ramo de cravos

em cada mão.

*

 

De Mafra, com mágoa, de Urbano Bettencourt

en «outros nomres outras guerras».

*

*

Two hours have passed now

And the blood still flow from my throat

There is not a soul walking outside

A spring night, the trees quietly breathing, sprouting

This above all is the seminary spring

Where Bodhisattvas have given up a hundred million lives

Andthe Buddhas have passed into Nirvana to reside

I have resolved time and again

To die alone

Unseen tonight by anyone

Leading myself by the hand

Yet whenever the lukewarm

New blood gushes forth

Fear, indistinct, white, strikes

*

Night, de Kenji Miyazawa en «Strong in the rain»,

traducción al inglés por Roger Pulvers.

*

*

Si os que xacen dentro non poden saíre,

i os que viven fora non queren entrar,

ostes rexos muros que coutan as campas

son un monumento da idiotez humán.

*

Escrito na parede do cimenterio, de Celso Emilio Ferreiro en «Cimenterio Privado» recopilado en «En tránsito. Poesía Galega en Madrid».

San Palos de Carcosa

Había en Carcosa una costumbre veraniega, la única, posiblemente, que era celebrada en la vieja ciudad. Todos los jueves de cada verano, ese verano de arrastrado por la piedra que recordaba a la misma muerte, los habitantes de Carcosa se reunían en los timbeques y bochinches de la ciudad, y cada de una de sus bodegas, y bebían hasta perder el control, todos, hombres y mujeres, viejos, enfermos y también niños -los niños, sí; así sobrevivían los niños. Y la bacanal, cuando ya alcanzaba su máximo hervor, era chivada por algún ser ubicuo o susurrante al mestre bodeguero. El aire reventaba entonces con 9 campanadas que sabían a bitter y maracuyá, y los celebrantes carcosianos, impelidos por algún reflejo antiguo, abortaban cualquier movimiento, las copas caían, los bocas quedaban rebosando líquido dentro de un silencio voraz. De esta forma enmudecidos salían a la calle, filas y filas de gentes apostadas contra los muros de las casas blancas de Carcosa, expectantes. Y solamente aquellos que no habían bebido «a la Carcosa» quedaban expuestos, danzando a veces en el medio de las calles, forzando a bailar a viejos y niños, a las sórdidamente bellas mujeres de la ciudad.
Ya era demasiado tarde cuando se daban cuenta. Desde todos los extremos de la Carcosa, sus habitantes se infusionaban en una marea enloquecida que se lanzaba con palos contra los extraños, esos que no hubieron bebido «a la Carcosa». Corrían por toda las calles siendo perseguidos por caras descompuestas, espuma en todas las bocas y una sonrisa extremada y salvaje… Este era el día de San Palos de Carcosa. Los que sobreviven se refugian en los bares.