El hábito

«A pesar del rastro que ha borrado el hábito sigues acogiendo en ti aquel primer silencio. A diario nos encontramos en apenas una mirada más allá de los cristales, en el sueño que nos arde los párpados y la memoria, ese recuerdo que en la derrota acostamos con nosotros… Sigues ahí, aquí conmigo sin pedirme nada a cambio… y yo sabiendo todo, todo lo que he prometido darte.», extracto de Páginas de ruido blanco.

Notas sobre el viaje

Existe un yo que no viaja, que no coge vacaciones y que aguarda en casa nuestro regreso. La noche antes de partir podemos sentir su inquietud, le estorbamos y no sabe cómo decirlo y ya horas antes de salir de la casa podemos verlo, tal cual un día cualquiera, pretendiendo que nada acontece. A veces ni nos despedimos de él simplemente porque no lo encontramos. Y así cerramos la puerta, incompletos… Solo al llegar las noche cuando ya las horas y su paso se llegan hasta nosotros para cobrarse un día más, se dará cuenta de que está solo en una realidad partida.

Never, nothing will die

Quita dos a dos

las almohadas.

Quiere dormir,

desnudarse y

tumbar su cuerpo

cómodamente, ser feliz y

soñar… El hombre

elefante frente al tocador

se arregla el cabello,

ajusta el nudo de su corbata y

sonríe, mira por última vez

la noche estrellada…

 

… Lentamente ,

amanece sobre la cama…

Never, oh! never, nothing will die;

nothing will die… Joseph Merrick.

 

Los Sueños del Caracol, poemario inédito (2014)

Algunos primeros poemas

Perdónalos,

porque no saben lo que hacen…

 

Y todos ellos

quedaron tranquilos y satisfechos.

Y al terminar la quema sumarísima ejecución,

todos abandonaron el lugar.

Y a las cenizas carroñeras del paredón,

se las llevó el viento.

Las ascuas impertinentes

se amontonaron frente al muro…

 

En un claro del bosque alguien azuzaba

una gran hoguera, prendía las cruces apiladas,

para una perfecta combustión,

mientras él comenzaba a ahogarse, lentamente,

en los brazos del fuego.

Y en el aire había una misma cantinela,

un advertencia condenada de muerte

repetida una y otra vez…

 

El futuro condenado observaba sin emoción,

con distancia y silencio,

a sus ejecutores honoris causa.

No medio palabra alguna, y se sacó los ojos

y los dejó sobre la mesa.

Una fosa en blanco común

le separaba de todos ellos…

 

Y entonces entraron los hambrientos y ansiosos de carne.

Frente al escritorio, permanecía absorto en la realidad,

en las claves de ese desorden

que solamente él comprendía…

 

Tuvo que salir.

Alguien llamó a la puerta

y pronunció su nombre.

Terça feira, 18/11/2014

El goteo incesante y la voz del chorro al caer,

el murmullo incomprensible de los guiris

-esta sordera cerrada, impagable-

… Esta letra ilegible de los viajes en metro…

Taza de café,

pan y presunto e queijo

en lonchas.

El amanecer despierta

y el horizonte es una orquesta

muda y sin instrumentos,

una bella muerte que duerme

sobre tu cama; que te espera.

Y el sol mientras tanto más allá,

além dos luceros y das estrelas,

além das luces dos coches

que viven de noche.

Que se oculta a mi llegada.

La tabaiba

Se refleja en un espejo huérfano,

a diario sueña con la tierra que le arrancaron;

es el recuerdo de un deseo,

la idea de una boca de cristal atrapando libros,

las historias de los portaretratos,

los ronquidos de los cojines de colores sobre el sillón;

el eco de los gemidos en la cocina.

La tabaiba dulce me mira fijamente desde el balcón;

y no conoce nada de mí.

Algunos primeros poemas

Instrucciones para no ser infiel (sólo aplicable a hombres)

 

Coge una

cuchilla de afeitar y

corta

TE
LOS

testículos.

Acto

seguido

cose

TE

LOS

con el hilo de capar toros y cerdos.



Mateo 18:8:
“Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtalo y tíralo. Es mejor que entres en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno”

(hecho oído por youtube, sobre un agricultor colombiano)

 

Carnívoros

 

Desgarramos la yugular del mundo

a mordidas,  arrancamos con nuestras manos

la carne que nos ofrecía la Vida.

Después del banquete,

dedicamos unos minutos a lamernos

la sangre  del hocico el uno al otro,

pues esa noche podíamos dormir tranquilos de nuevo.