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no me importo descender para verte.

ni siquiera dolió el silencio,

pues es el estado natural del solitario.

desde la barrera vi los brazos extendidos

de la muchedumbre. solo un pequeño bisbiseo

logró alcanzar mis oídos

mientras observé desde la valla.

unos reían, otros eran solo angustia.

una llama se aproximó

con sus rejos apetecibles

y deseé atravesar la cerca

para recibirla con una carcajada.

 

 

***

 

 

cuando pises esta arena

ya no serás el ave

de la adolescencia.

habrás renunciado a la ciudad

por un vaso de vino

y un respiro de brisa en el rostro.

no sabrás, como ahora no sabes,

quién eres, cuál es tu nombre.

acercarás, sin embargo, el pie

y doblarás el ala en medio de la duna.

luego preguntarás al aire

si puedes acercar tu mano

y tu destrucción

de ayer

no será la misma que la de entonces.

 

 

***

 

 

no anhelo las provisiones, solo el viaje.

no importa que no sea agradable el trayecto,

que el agua sea tan fría y abominable

como relatan los pescadores.

no influye el llanto de los conocidos,

solo mi anhelo de agua,

esta necesidad de dormirme

como un grano más de su sal.

 

 

***

 

 

Abre los brazos del barranco

y transita sus conductos.

desbroza tus ojos,

tíñete de todas las imágenes

que encuentres en el laberinto.

pierde ahora pierde

y busca.

siega con tus uñas

las zarzas,

raspa la piel de la tierra

y recorre la sangre.

podrás regresar

cuando hayas sembrado

todos los ecos que recuerdes.

 

***