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A veces miro y pienso que es una luna y que hoy, esta noche y por suerte, me ha tocado verla en todo llena. Entonces la pienso desnuda, con esa piel blanca de guardarse, de ofrendar la propia entrega a tan solo unos pocos, por aquel celo tan de proteger la magia; esa epidermis tan blanca que hasta un gemido basta para sonrojar, así apenas una gota de saliva. A veces, ocurre que observo por encima del hombro, rápidamente, como queriendo no ser notado, perpetrando con la experiencia que en suerte he recogido de mis años aquella mirada tímida y nerviosa, aquella de cuando los ojos se entregaban a otra persona… Además, en ocasiones, quizás en esos días más aerostáticos en los que recorro el mundo y el universo con unas alas imposibles y casi prohibidas, me llego a la fe de que ese punto blanco que se muestra a la mirada, es solo el más delicado y pequeño vello de todo su ser; que es inabarcable.

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