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Nos equivocamos al pensar que la Literatura, que la Poesía debe movernos las entrañas. El fuego y los escombros de las tripas apenas dieron a la Historia más que lectores oportunistas del miedo y la ignorancia, pornógrafos de las ansias de la tribu por separar a los otros, los extraños, de nosotros, para arrinconar, señalar, quemar. Pero hemos regresado a ese tiempo de oscuridad (lo sabemos), y la superstición reverberada por las cajas del eco que fecundan de ruido nuestros gritos, gobierna de primera instancia nuestras vidas. El silencio, contener nuestra sangre para comprender y actuar minimizando el riesgo de suicidio… Si fuera posible… Mantener un rumbo mediado, atento a las entrelíneas, al bajo de las mareas que, al despistarnos, nos encadenan con las sebas de los suelos arenosos de las horas, muerte y condena; mantener una opinión crítica y directa, o esquiva porque se asume el riesgo de no tener una respuesta ya y sí la precaución, cuando toca, quizás, ser cautos para no caer entrampados. Idénticamente, castigamos la decepción. Somos incapaces de hablar de ella, nombrar todas las decepciones, argumentar la realidad de su posibilidad, aceptar la responsabilidad de nuestra espera. Somos nosotros quienes esperamos ser satisfechos por cada aliento que gastamos, ver colmadas nuestras carencias. Acaso una condena.

Personne”, la segunda entrega poética de Alba Sabina Pérez (Ediciones La Palma, 2018) nos enfrenta a una decepción o, si se prefiere, al reajuste de experiencia con la obra en verso de la autora. Tras su debut poético con “Ya nadie lee a Pentti Saaritsa” (Ediciones La Palma, 2015), cuya lectura recomendaría y en cuya crítica concluía, su momento, con los siguientes términos:

“[…]un libro equilibrado donde los poemas atraviesan sonámbulos (rebeldes de la somnolencia) una distancia a oscuras, apenas encontrando tropiezos […], tropiezos que no afectan a la experiencia total del libro, que no huelen a truco. […] Así la lectura crece dentro de una nostalgia creíble, en medio de una incertidumbre íntima y natural, una introspección que no asusta, que no parece impostada[…]”

Aquel poemario dejó un deseo y una impaciencia por leer otra entrega de poemas de la autora. Se trataba de un libro que sorprendería a propios y ajenos, independientemente de la valoración de sus anteriores entregas en prosa. “Personne” nos muestra un poemario bien escrito, correcto, con un planteamiento llamativo que refuerzan la salva de citas introductorias y las acepciones de la palabra francesa “personne” antes de los poemas. Todo insinúa una idea acabada y una creatividad destinada a iluminar buenas profundidades con sus juegos y recovecos; entre ellos, el elenco y los universos de todos los “personajes secundarios” que encuentra el lector y que la autora podría aprovechar para futuros textos, ensayos, cuentos, elucubraciones:

“Cuando colocamos máscaras

a los seres invisibles

que habitan las esquina

los ponemos en el centro de la mente:

Como estatus de Rodin en una playa de Veracruz.”

en Invisibles.

“He nacido

sin más ventilación

que ahogarme

al morir

y flotar luego

en una piscina

parecida a una tumba.

Me sujeto en tus palabras

para hablar,

para hablar(me)

y nadie parece escuchar.

Tal vez un dios

en una habitación oscura

me dice que has gritado

al fondo de una botella.”

en Lucia Joyce.

“Las mujeres fuertes

más que amar

logran evitar la nada.”

en Ena Berenguer.

Sin embargo, más allá de esta corrección literaria y su creativa puesta en escena, “Personne” deja un sabor agridulce tras una primera lectura, una inevitable decepción al lado de “Ya nadie lee a Pentti Saaritsa”. La voz y la propuesta poética de la autora no florece entre esto poemas, no aspira al aire ni a las raíces; se estanca, ofreciendo un paisaje extraño al calor, al “decir”. Satisfecha, quizás, por una idea acabada. La lectura nos rodea con un olor a “pequeñas historias”, ricas en personas pero sin que salgamos de sus páginas con nuestra experiencia enriquecida:

“La veo andar hacia la plaza

la veo en chándal

con el pelo recogido

en una coleta torcida

sosteniendo una carpeta gruesa

caminando con la mirada al frente

sin desviar

sin bajar los ojos

como si pudiese con las pupilas

tocar el horizonte.”

Después de tres lecturas, la conclusión de no haber leído poesía sino historias en verso, microrrelatos verticales, no cambia. Y de la Poesía, del Conocimiento, poco o nada de temblor a la vista. Nuestras manos quedan desnudas tras cerrar el libro, sin poso alguno en el que seguir leyendo en silencio; el horizonte permanece así, un plato vacío con unas migas de pan apenas. Acaso porque los poemas prefirieron limitarse a flotar, ignorando las profundidades del agua.

Enlaces sobre la autora:

Entrevista en la revista Dragaria.

Entrevista en ABC, edición Sevilla.

Reseña de Iván Cabrera Cartaya a «Personne».

Algunos poemas de «Personne», en la web de Valeria Correa Fiz.

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