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Cuando ese absurdo, facilón y cómodo concepto de “haberse hecho una idea clara” de tal o cual autor es sacudido por un nuevo libro del susodicho, zarandeado por asalto, cacheteada, arrojo de vaso de agua a la cara o cruzado a la cabeza… se agradece, aunque sea en una primera impresión solamente. Se agradece, entre otras cosas, porque a uno le ayuda a mejorar su guardia, su conocimiento de la técnica, los vicios de otros y los propios… Y hay libros que lo logran.

Como pasa el aire sobre el lomo de una bestia es uno de estos libros; provoca con sus versos, y es esta una provocación que va más allá del lector, del acto placentero, onanista y masturbatorio en que convierte a veces (o muchas) la lectura, imitando a esos algunos escritores que hacen lo mismo con la escritura.

Como pasa el aire sobre el lomo de una bestia, de Pedro Flores, no alimenta esos vicios y da cuerpo a una provocación que extraña, incluso, cuando ya se han leído algunos, varios, muchos libros del poeta… Y se agradece que así sea…

Uno se tira a leer Como pasa el aire sobre el lomo de una bestia con la prepotencia, quizás y precisamente, de lo ya leído y cree entonces darse la razón cuando los primeros poemas no dan “la talla literaria” Estirpe, Pasar por el Mundo, Los Nietos de la Ira… aún no los he leído todos… pero sabe que salva su alma cuando reconoce la triste y dura belleza del poema Yo le debía esta elegía a la tía Teresa, cuando se reconoce acompañado de una cierta extrañeza…

Entonces, sí, en voz baja uno se llama “prepotente do caralho…” y se siente después feliz por la “novedad” de este Encuentro, por el baño de humildad.

Como pasa el aire por el lomo de una besita va más allá de la exposición de una visión o propuesta sobre tal o cual tema poético (muerte, melancolía, crítica social, humor, metapoesía) hasta tal punto de que a uno ha logrado hacer creer que es cierto lo que algunos poemas dicen, saltando las alambradas de ese credo que avisa (y protege) de que todo poeta es un fingidor, de que la poesía es un género de ficción… Así, en esta primera lectura, los poemas de Pedro Flores han logrado que este libro sea un libro imperfecto y criticable, uno que perpetra la simulación de la realidad, la confusión del lector, confundir al poeta con la persona, la persona (y su vida) con el poeta, que siembre la pregunta de qué hay de verdad en los versos, en los poemas, qué hay de truco y qué de treta, dónde queda el animal que nace, crece (el poeta) y que se llega hasta El Hoyo para coger la penúltima guagua; dónde queda el animal y dónde comienza el lenguaje...

Y con todo, y no obstante, esto no es más que una primera impresión, incompleta, inconclusa y también firmada sobre Como pasa el aire sobre el lomo de una bestia, de Pedro Flores, editado por Tres Fronteras Ediciones y XXVII Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás. Un texto, este, que ha de esperar a otras lecturas antes de mudar en crítica literaria.

Y para ir más allá de la reseña, una cata de poemas como muestra:

YO LE DEBÍA ESTA ELEGÍA A LA TÍA TERESA

Te olvidaron durante quince años en una habitación oscura.

Quince años a oscuras en el subtrópico se dice pronto, dios bendito,

dijo mamá, viene hasta en la prensa qué vergüenza y qué pena

igualito que en una historia de terror.

Tía Teresa,

cuántos amaneceres sucedieron con la luz que te quitaron…

Pero no fuiste fea ni susto aun con las guedejas blancas hasta el suelo

y las uñas amarillas combadas hasta este poema de hoy.

Tú nos acariciabas el pelo y nos dabas un caramelo amargo.

Un día dejamos de visitarte, me pasó contigo

lo que con los poemas de Vallejo;

sabía que estabas ahí, frágil y mineral a un tiempo,

como el jodido cholo en su aguacero,

creía que bastaba invocarte como en una película de fantasmas,

escribir tu nombre en un papel

y meterlo en las fauces de tu perro de porcelana.

Alguien dijo que la poesía es una habitación a oscuras.

Yo digo que la poesía es una habitación a oscuras con uan vieja dentro,

una vieja loca y hermosa que huele a infancia y a ciruelas

aunque defeque quince años seguidos en un cuarto oscuro.

Es más, díganle a la tía Teresa si la ven en sus pesadillas

que digo yo que la poesía es un espectro olvidado,

una anciana que se ríe de la luz nadando en su mierda,

un endriago con un camisón de volantes

que te acaricia el pelo y te da luego un caramelo amargo

y espera inclinada tu beso en su rostro

para devorarlo un día a solas y a tientas

durante los largos años que dura el olvida.

***

DESTINO

Papá se casó con un traje prestado.

La noche que me concibió,

ebrio y torpe,

sólo su desnudez era suya.

Entre chirrido y chirrido

de la cama de hierro susurró a mi madre:

ahí va un poeta.

***

POBRE METÁFORA DE LA VIDA

La vida es un enorme búfalo rumiando tiempo

en medio de un campo cuyos límites ignora.

Un enorme búfalo rojo de belfos babosos

y mirada perdida

que come tiempo y se espanta con la cola

las moscas cuyas hijas ya sueñan,

enfundadas en su scapullos de nácar,

con el día en que roerán desde dentro

la calientre, púrpura intimidad de la bestia.

***

EL AFILADOR

Otros guardan en su memoria el sonsonete de los tiovivos,

una precaria orquestita preludiando en noches de verano

el primer beso, dado con los dientes,

pero yo retengo, terca,

la musiquilla con la que se anunciaba,

desde el estribo de su polvorienta motocicleta roja,

el afilador.

Cuando venga la muerte desataré esa tonadilla

que convocaba a las mujeres

con sus pobres cuberterías,

su instrumental de cortar el hambre.

Y ella, la muerte,

que como yo aún dirá tiovivo y motocicleta,

pondrá su herrumbrosa guadaña

en la piedra de afilar mis recuerdos.