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El puerto está preñado,

son engendros metálicos que lo habitan

liberando sus esporas.

Ruido en el aire para la luz

las cabezas en la playa llenas de luceros,

nichos nuevos para miradas rotas

que te acompañan mudas desde la Laja.

Es un vientre extraño, El Puerto,

extraños los huevos que flotan sobre

el aceite de motor y los desechos.

Efluvios, mierda de máquinas que lloran;

hediondos recuerdos.