La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Notas para el silencio

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Y si se pierde el silencio en medio de un nuevo ruido, ¿acaso perderse no es un hallazgo también genuino, una sorpresa, un otro silencio al que se abraza, abandonando al primero?

La tabaiba

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Se refleja en un espejo huérfano,

a diario sueña con la tierra que le arrancaron;

es el recuerdo de un deseo,

la idea de una boca de cristal atrapando libros,

las historias de los portaretratos,

los ronquidos de los cojines de colores sobre el sillón;

el eco de los gemidos en la cocina.

La tabaiba dulce me mira fijamente desde el balcón;

y no conoce nada de mí.

Los días las mañanas

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¿Cómo se escriben los días en un diario,

si estos vienen y ya se van, si no se detienen

ni paran, cuando no se posan siquiera

un instante a la noche, porque saben

que no trabajan para otra mañana?

Las islas móviles

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Esta es la primera vez que escribo de memoria, desde un recuerdo lejano, desde un lugar que, quizás, nunca habité… La cabeza es un tejado donde anidan las palabras, casi siempre dormidas, atentas a la luz que nace del suelo… Pienso en ellas y sueño con sombreros, con islas sobre el mar, estas palabras nuevas desconocidas y que aparecen en un recanto de mi cráneo para escribirse instintivamente… Cada letra se procura un sonido, cada letra siembra un mapa de tinta tras la piel del papel y la pantalla, una familia, un juego de cientos de palomas hambrientas a pleno arrullar de migas de pan… En este momento veo imágenes, imágenes que se tornan instantes mientras yo busco más y más aire para ellas. Y cuando las encuentro, ¡una sonrisa!

            Cuando una ballena expulsa todo el aire de sus pulmones, millares de palabras saltan por encima de su lomo. Ellas quieren volar y, de verdad, que algunas vuelan; a otras les gustan los barcos y en ellos se alongan al gozo del viaje, para avistar los juegos de los delfines. También hay palabras que se quedan mirando al fondo del mar, a la pesca de los ecos de la Atlántida o el murmullo del mencey Loco, aguardando aquellas antiguas historias de los peces. Otras palabras permanecen flotando en la superficie, arrepiadas de frío y sin rumbo, sedientas… En la antigüedad, los marineros hablaban de palabras que se guardaban los secretos del mundo en el vientre de las ballenas; las islas son esas palabras que nuestros brazos no pueden jamás abarcar, que mergullan cerca de los barcos, como el milano que también se sumerge en el aire y la esa gaviota perdida que tienta las torretas eléctricas y las farolas en las autopistas.

Cada palabra es una isla… Pero ya anochece, ya he vivido esta escena… El barco se aproxima lentamente al puerto, el horizonte casi duerme entre las nubes; quietecita, una línea oscura baja las luces de las casas hasta el cuerpo de las calles y allá, al fondo del escenario, una aparición, los sueños que persiguen un bocado de tierra más, y las estrellas, anunciando la islamadre llena de futuros, un puñao sueños y el recuerdo de la primera emoción de la mirada.

Publicado inicialmente en El Alisio

Una verdad imperfecta

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La maravilla azul empuja hacia el desierto.

El corazón avanza a tientas entre cientos de acequias de plata

entreveradas por las dunas e infinitos caminos.

A lo lejos, unas montañas de silencio insinúan seres ancestrales,

gigantes aparecidos tras el velo de un agua imperceptible

que busca, sin cesar, su primer recuerdo…

Cuando amanezca, nada cambiará.

La luz apenas ofrece una verdad imperfecta.

Playa de ciudad

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Playa de ciudad.

Abrazo palomas hambrientas

que dejan en la espuma cientos de mensajes,

que lamen mis heridas,

que picotean mis huellas,

mis pasos, mis sombras…

Todo en la orilla es de una libertad alambrada;

la marea, una delgadísima bruma que cerca el mundo.

Ellas nunca se cansan

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Una lágrima sobre el ventanal

me separa de los cristales.

Dormidas, y casi invisibles,

las palabras mecen libros

en silencio…

 

…Ellas nunca se cansan.

Frente al mar

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Esta tarde, frente al mar.

En busca de silencio.

Con la piedra ahí, crepitando

bajo la espuma,

con la respiración ancestral

de los cangrejos ermitaños,

de la babosa de mar en el pico de su gaviota,

del futuro de los peces abandonados en la bajamar.

 

A pocos metros un hombre rebusca entre la rocas,

duda y tienta cada movimiento, cada antagonismo muscular;

sin duda busca donde no debiera,

sin duda busca aquello que sabe que es y está.

Y se desnuda, porque no parece encontrar nada.

—desconfía de mí—

—desconfía de los gatos pescadores—

—desconfía de las garcetas y los zarapitos—.

Se desnuda.

 

Y yo me vuelvo al mar,

a rememorar el eco reciente de la arena.

 

 

“Calima· y “Rompeolas”, como primeros poemas (o casi)

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Calima

Suspiro africano

 

Este aire luminoso

ramal de luz

 

cadencia de arena oceánica

que seca eléctrica las bocas y gargantas

Melodía del sueño

 

modorra insistente de la demencia

el abandono en sábanas anticiclónicas

de los cuerpos atrapados

en la saciedad líquida de la sombra.

 

 

El Rompeolas

Permaneces

 

casi inmóvil

 

al vaivén de la música

 

la melodía salina

el iris marino de la azul espuma

 

¿Cuántas lágrimas guardas?

¿Cuánto deseo entrega tu piel?

 

Permaneces

 

casi inmóvil

 

al soplo divino de la luna

Y cantas, imperceptible, casi un susurro,

una nana forjada en tus manos.