La poesía es deriva

Poesía, traducción, ensayo y crítica literaria

Etiqueta: crítica literaria en Canarias

Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, crítica literaria

Reading Time: 7 minutes

Siempre era hora de marchar cuando leía Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa (Ediciones La Palma, 2015), estreno poético de la escritora Alba Sabina Pérez (Tenerife, 1984). Siempre era tarde aunque su lectura dejara llegarme a ella en el trasegar diario hacia el trabajo, desde el sur hasta el norte frente a las tres isletas, viajando siempre desde el centro hacia a las afueras y viceversa, siempre, por las entrañas de una ciudad que descuelga caprichosa su melena de arena y viento hacia la cama. Siempre parecía tarde porque descubrimos una voz inédita para la autora cuando ya habíamos creído atisbar (y adelantar) sus futuros pasos. Y este tiempo precipitado a la fuerza aconsejaba, en medio de la sorpresa cautela; pero sobre deseo de más lecturas, de otras lidias entre la poeta y la poesía, deseo de descubrir su camino por andar. Saber quién es más allá de todo lo que otros dijeron de ella.

En Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, el lector logra dibujarse una voz, una voz que ve margullar en la Poesía y que, además, resulta nueva y sorprendente para los lectores de la autora. En efecto, para aquellos que ya conocían a la escritora por sus anteriores títulos publicados (en prosa), Algo que contar (Planeta, 2008), ¿Quién cuidará de mis guardianes? (Idea, 2013) y Silence (Neys Books, 2014), este poemario avanza una propuesta que, tratando de la nostalgia, el pesar y la angustia, huye del sentimentalismo que suele estar tan a mano (resultar tan natural) para la primera  expresión poética. Además, para aquellos con lecturas previas de nuestras poetas se presente como un diálogo coral, una tertulia sobre nuestro pasado (y nuestro presente cercano) y la actualidad  que llama siempre a nuestras puertas. ¿Acaso alguien argumentar contra esa poesía, ese puerto y cuerpo que Ellas encuentran para nuestra literatura?

Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa consta de 56 poemas que, distribuidos en dos partes, nos presentan, nada más comenzar, un diálogo entre la poeta y el también poeta finlandés Pentti Saaritsa (Penti en Otoño y Sweet Kid), autor poco conocido en España pero que le sirve a la autora para soltar sus naves a la mar. Justamente aquí escuchamos una nos detiene en la lectura, que atrapa por la sorpresa, con un cuerpo que, ciertamente, seguimos reconociendo, una voz femenina —y deberíamos preguntarnos femenina ¿por qué? — que con una cierta y extraña calma habla desde una cierta nostalgia, desde un estremecimiento de inaprensible melancolía que parece provenir del trasiego diario, de la propia vida. Sin embargo, lejos de dejarse enredar por la primera expresión emocional de estas experiencias (sentimentalismo, emociones tremendistas y facilonería sensiblera), la autora nos que apuntan a cierto calado de fondo, unas letras cercanas, sin embargo, y desnudas, como si nos hablara realmente abrazados por una intimidad compartida, dentro, sin ansias de etiquetas ni vacías pretensiones.

 

[…]

 

Hubo un tiempo, Pentti,

en el que tú y yo estábamos seguros

de nuestro debate solitario

y de nuestra posibilidad

de encontrar lo que definía

la celebración de la vida.

 

Y ahora, sin ello, ya sin ello,

soy, yo al menos, Pentti,

como un viento vespertino

al que todavía nadie hace ningún caso.

 

Me formé en la noche y lo intenté,

quise decir algo y fui sólo una extranjera.

[…]

Pentti en otoño

 

Desde esta cadencia inicial comienza a mostrarse el poemario, lentamente, con pocos cambios bruscos en la voz, como ocurre, por ejemplo, en el texto Enfermedad Feliz. Leemos una cierta unicidad, una misma intención, un objetivo concentrado que no se desvía por egocentrismos extraliterarios, y que se mantiene a lo largo de todo el libro. Aquí nos expone a la primera duda, esa que trata sobre la fidelidad entre lo escrito y lo vivido, entre el pensamiento del autor y su expresión metafórica, entre la sonrisa de nuestra pareja de baile y el movimiento del baile como organismo vivo. A lo largo del poemario destaca, sin duda, la distancia que la autora toma respecto a lo emocional que amamanta los poemas, ese latido de una experiencia ordinaria que, en cuanto vulgar (cotidiano), le da un cierto estilo y delata otras opciones facilonas, falsamente trágicas o grandilocuentes.

 

Sweet Kid, te has teñido el pelo de negro.

Ya no te pareces a la niña

Que sostenía la taza hasta mi mesa

En el bar de tu padre,

Cuando tu padre clavaba el toldo al suelo

Sin camiseta en las tardes diáfanas

Sin camiseta cuando yo pasaba

Hacia la barra a recoger mi té.

Los días de verano hacia la barra

y tú corrías, rubia, Sweet Kid,

Tú corrías hacia mí,

Lejos de la gente, y te mentías,

Te decías que el tiempo era

Un reloj grande y ligero

Que tenía cuerda y lloraba en invierno

Y que tu padre tenía la camisa puesta

Y que tú tenías el pelo como yo.

 

Sweet Kid, te has teñido el pelo de negro

Y tu padre ya no está,

Tu padre es ahora un novio grande

Que se sienta a la mesa con un amigo

Y ríen y toman té, y son rubios

Y ellos te quieren los dos

Y se podrían llamar Jules et Jim

Pero no se llaman nada, sólo tú

Los llamas Soñadores

Y se retiran por la tarde.

[…]

Sweet Kid

 

La lectura continúa y la nostalgia se extiende sobre una cama recién iluminada, con textos que incitan al lector a otras lecturas mediante un uso equilibrado de referencias extraliterarias a otros autores y artistas como Robert Frost y Catulo, el pintor chino Xiang Shengmo, John Wayne, hacia el cine de Orson Welles y Lone Schefor. Y en este caso las referencias funcionan en tanto que no se delatan pretenciosas, ni forzadas o vacías, porque no distraen de la lectura que tenemos delante (la presente; la que facilita nuestra experiencia como lectores); y porque se ofrecen como parte integrante de la historia del este libro entre las manos. Así, una tras otra y sin que su número sea excesivo, estos viejos hiperenlaces literarios acaban por darnos pistas sobre ese sueño vivido y vívido (acaso realidad) que es Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, migas de pan hacia ese deseo que la autora intenta reconstruir, ese llamamiento que, como si se tratase de una visión, nos impulsa a dibujar sobre la arena para tomar notas de un conocido insomnio. Al respecto, podemos encontrar en la poesía canaria usos anteriores de las referencias extratextuales, con objetivos más o menos diferenciados (cercanos, también), en autores precedentes como Federico J. Silva, Pedro Flores y Tina Suárez Rojas, y que, en la contemporaneidad de nuestra poesía, encuentra otro eco femenino en Acerina Cruz Sánchez.

No obstante, no podemos afirmar que haya en la lectura de Ya nadie lee a Pentti Saarista algún tipo de influencia directa o buscada (¿deseada?) desde estos autores hacia Alba Sabina; de la misma forma que al autor de esta crítica le resulta opaco señalar influencias de otros autores ante lo que podría acordarse parece hervir desde la propia ansia lectora (instinto) de la autora, lecturas propias, músicas, cine, personales pasiones y concepciones del hecho literario, la toma íntima de conciencia de su proceso creativo. Respecto a la puntación de los poemas, hay acierto como norma general para el poemario; los poemas nos dicen cómo quieren ser leídos sin que se note un uso caprichoso o principiante en los versos, de manera que palabras, sentidos, imágenes y música van de la mano con un logrado equilibrio. Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa extrema su tertulia de la nostalgia hasta un presente que se nos viste con una angustia secular, superviviente entre las dolorosas incertezas del día a día, distraídas, quizás, con ese viaje a la sacrosanta tregua que hallamos en el vapor de una taza de café, en el tamborileo de los dedos sobre la mesa del bar. Podemos percibir un aire a esa derrota familiar, quizás, como el deambular bajo las sábanas ante la tercera alarma del despertador. Pero la lectura, y Pentti, avanzan, y así despertamos, porque siempre es hora de recapitular una vez más.

 

Barcelona

Nubes de antracita

Vermuth

 

Cipralex

Abro la boca hacia el cielo

Se derriten mis ojos

 

Periódico mojado

África

Mi vecina lee

Es portuguesa

Origen camerunés

Crucigrama hecho

Ñu

Silicio

 

Barcelona resquebrajada

Calle Simancas

El Tibidabo ya no gira

Cielo naranja

 

Cipralex

Vermuth sin hielo

utopía es tiniebla

Reloj desierto

Desaliento

[…]

Me meto el dedo en la llaga

Escuece

Cipralex

[…]

Tiempo presente

El cipralex no funciona

 

Cielo naranja

Escupes en el armario

El Tibidabo es un reloj roto

Barcelona y Cipralex

 

Este poema junto a Matemáticas Acuáticas puede leerse como los golpes de un ahogado de repente que esperara quizás en vano, audiencia con su muerte. Se trata de poemas que podrían etiquetarse de actuales pero que sobreviven a dichas etiquetas pues no se limitan a una expresión actualizada sino que, además, dicen y cuentan, sugieren una imagen, la metáfora de una experiencia que, en este caso, nos habla del dolor, de la angustia, del sobreseimiento de replicarle a la vida; una cierta derrota bien vestida, humano retiro.

 

[…]

¿Quién eres tú?

Antes de que regrese

la noche, dímelo,

cuando atardece sobre la montaña

que prometió esperarte y no dudó.

[…]

¿Qué eres tú? Dímelo

Antes de que la noche vuelva.

No pides luz, no tienes lo que quiere

toda esta oscuridad.

 

Ahora,

hoy apenas existes. Todos duermen

y es terrible. Estás sola y es espesa la sombra.

[…]

 

En definitiva, Ya Nadie Lee a Pentti Saarista se nos ofrece como un libro equilibrado donde los poemas atraviesan sonámbulos (rebeldes de la somnolencia) una distancia a oscuras, apenas encontrando tropiezos como en Paseo por El Prado y Hojas de Arena Azul y Lirios Negros, La Casa de los Tres Días o El Escondite de Kamadeva, tropiezos que no afectan a la experiencia total del libro, que no huelen a truco. Así la lectura crece dentro de una nostalgia creíble, en medio de una incertidumbre íntima y natural, una introspección que no asusta, que no parece impostada; que logramos comprender y hacer nuestra porque llegamos a reconocerla como esa mano que a todos nos aprieta, en alguna ocasión.

 

Para adquirir el libro:

Ediciones La Palma

 

Web de Alba Sabina Pérez

 

Otros artículos sobre el poemario y la autor:

De Santiago Gil en Ciclotimias

De Manuel de la Fuente en ABC

 

Selección de poemas del libro en Vallejo&Company

Selección de poemas del libro en Plumas Hispanoamericanas

 

 

Ruido o Luz, crítica literaria

Reading Time: 5 minutes

He doblado sobre las hojas las coordenadas que me dieran, he descubierto un nuevo braille en las esquinas del papel. En este mapa de lecturas puedo recordarme, rescatar del tiempo lugares que leí, voces que escuché y que llegaban de los confines del universo, que parecían hablar de mí y de ti, de todos nosotros, niños dibujando historias entre las estrellas:

(N 28º 29’, 16º 18’)

 

Miran los niños la cúpula

del planetario

 

El cielo dibujado

cuenta una historia

que ya apenas recuerda

la memoria de la especie,

cuando caminábamos tras una estrella

cruzando la sabana

hacia el norte

 

Por mucho que te tensan los ojos

los pibitos no ven

o no recuerdan

Sólo ven puntos

 

Desordenados

 

En Ruido o Luz (Ediciones Amargord, colección. ONCE, 2013) doblar las páginas por sus extremos acrecienta el juego que nos proponen los autores, Daniel Bellón, Carlos Bruno y Ernesto Suárez; un juego que nace de un planetario y que sorprende con una «obra poética colectiva y multidimensional», con un cuerpo y una voz que parece no ser fácil de encontrar en las estanterías. Ruido o Luz consolida, además, la realidad de la poesía en Canarias, una realidad variada y rica, que literariamente no tiene dificultades en traspasar a la poesía que se publica y promociona en el territorio peninsular español. Y al mejor conocimiento de esta realidad, la editorial Amargord continúa contribuyendo, haciendo cada vez difícil que el desconocimiento y la ignorancia, que aún se vierte sobre la poesía hecha (y hallada) en Canarias sea un hecho explicable o no avergonzante. Y es que desde los años 90, en Canarias ha crecido una diversidad poética continúa desarrollándose; en pocas líneas, podríamos hablar en esos años de las corrientes syntáticas y voces como Rafael-José Díaz en Tenerife, y de Federico J. Silva, Pedro Flores, Tina Suárez Rojas, Rafael José Franco, entre otros en Gran Canaria, y llegar así a nuestros días con voces tendentes a un universo intermedio, un volcán del medio, literario donde parecen ubicarse (al menos de momento) Iván Cabrera Cartaya y Alba Sabina Pérez (desde Tenerife) y Acerina Cruz, David Guijosa y Rayco Arbelo (inédito) en Gran Canaria, entre otros. La editorial Amargord aporta aquí, y una vez más, su esfuerzo editorial al imagen siempre dinámica la Poesía en Canarias, confirmando, en este caso, la existencia de poetas para los que la poesía es lo fundamental.

Ruido o Luz nos acerca una voz imposible de diseccionar si queremos desnudar sus partes constituyentes, y ya desde el primer poema declara un ritmo y colores que permanece a lo largo de toda la lectura. Y aunque la propuesta poética parezca acomodarse en varios poemas de Geodesia, la tercera parte del libro, el equilibrio poético no se ve afectado y no se maltrata el encuentro radical entre el lector y los poemas, entre el lector y la poesía.

 

(N 28º 45’, O 17º 53’)

 

la luz nos oculta la luz

para ver

hacemos uso de lo oscuro

 

 

(N 28º 18’, O 16º 31’)

De un golpe venimos             de la reventazón

de un tiempo y un espacio encerrados

en apenitas una casi nada         De una violencia

original nacimos y vamos repitiendo

la onda expansiva

 

Matando por miedo a la muerte

esta abstracción se concreta

en las páginas de nuestros diarios.

 

 

En Ruido o Luz, un poemario de cuatro partes más un epílogo y una elucidación entrañable y cercana, nada sobra. Atravesamos historias, sueños, ecos de tierras y universos lejanos, ciudades invisibles y reconstruidas por mecanismos diversos, reflexiones más o menos veladas, como el eco de una tierra que orbitara una constelación de tres estrellas sonoras:

(N 33º 18’ E 43º 37’)

 

El sabio decidió

no disponer más nombres de estrellas

(se le acababan los alfabetos)

no invento más para las constelaciones

(se le agotaban los mitos las bestias y los objetos)

 

murmuró Omar Jayyam

las estrellas se apagan

regaló al sultán un calendario

el más preciso que los tiempos vieron

la caravana alerta

            pidió una copa de vino

sonrió triste o socarrón

parte ya hacia la nada

            ¡ya es la hora, despierta!

 

El sabio cerró los ojos y respiró

el sabio dejó de oír el ruido y las voces

dejaría pasar cien mil años

y entonces moriría en paz

 

La propia escritura de los poemas quiere acercarse al lector, de la mano de un estilo directo, como de cuentacuentos a veces, y una escritura comedida y tranquila que nos propone averiguar el significado de los silencios, su lugar en la comunicación, proponernos la pregunta del Qué, qué es eso que hace perfecto al silencio, a los silencios que habitan la lectura, el espacio entre estrofas; Qué hay más allá de este lugar donde acaba el poema, entre página y página.

 

(N 40º 4’, O 74º 44’)

Tras el azul

 

extraña condición alzar afuera

del confín del planeta

el telescopio necesario que nos muestre

tanta luz

lejanísima

 

contar

una a una

esas sombras iluminadas

 

dos mil seis mil

galaxias que fluctúan

más allá del campo profundo

 

calcular hasta los cientos

de miles

de millones

los solitarios globos que giran

alrededor de

toda esa luz toda

pero eso y más dado por bueno

si existiera algún cielo otro:

 

demasiado infinito para un solo azul respirable

 

demasiado límite

 

demasiado anhelo

(Hubble, 25 de septiembre de 2003)

 

Además, en lo que respecta al ritmo, cada poema logra decirnos como quiere ser leído de manera que la no puntuación extraña y se asimila naturalmente, transformando así la lectura un observatorio, ubicado en algún espacio exterior, desde el cual podemos reconocer la naturaleza germinativa de los poemas que vienen de profundo, de algunos de los dolorosos lugares de la realidad. Y se abren paso, entre la materia negra, y nos piden que tengamos el coraje de preguntar, de cuestionarnos:

 

(N 33º 35’ O 7º 37’)

En Casablanca explotan hombres-bomba

 

El astrónomo recuerda al viejo de la montaña

cuando era una joven zarza ardiente,

delgado como una caña consumida de fervor.

 

¿Cuándo el místico se viró mensajero

de la matanza? ¿De qué sustancia alimenta

a sus suicidas? ¿Cuándo imaginó la palabra

asesino como sinónimo de predicador?

 

EL astrónomo aguza la vista: las estrellas se mueren

El cielo se vacía. Cada explosión de Casablanca

es un agujero negro. Toma notas. Murmura:

[…]

El cielo se vacío

¿Escapa algo a un agujero negro?

 

Ruido o Luz es, en definitiva, un libro de poemas para muchísimos lectores, un libro que nos recuerda que la poesía no se constriñe (ni debe hacerlo) a la tiranía de la rima ni los egotismos lingüísticos, y mucho menos a la pretensión de exhibir etiqueta y título, fama o tribu. En él la Poesía anida y sabe mostrarse de diversas formas, con ropas distintas y los necesarios accesorios gracias a una letra sencilla, pero no simplicista ni simplona, con ventanas abiertas a la metáfora y sus entendimientos, al encuentro del pensamiento y las pequeñas verdades.

El libro en la editorial Amargord, aquí.

Web de Daniel Bellón, aquí.

Entrevista a Carlos Bruno, aquí

BURY ME NOT ON THE LONE PRAIRIE

Reading Time: 8 minutes

BURY ME NOT ON THE LONE PRAIRIE En un escenario sin luces, en la total oscuridad, en el principio, era ya el verbo, y el verbo voz entre los labios; y estaba en Dios, también, aunque no quiso este saber mucho de June Evon aquel día, cuando caía el sol. La voz se escuchaba en todas partes, pausada, cada una a su vez, cada una portadora de un color de la historia; y la voz llegó, entonces, a todos los que habitaban aquella irrealidad, aquella ficción en verso de otras vidas…Y como en un teatro resonó aquella voz de mujer, partida en la suya misma y otras múltiples… «A quienes amo y me aman … A los otros también.» Con esta dedicatoria entrecomillada comienza la “Brevísima relación de la destrucción de June Evon” (Ediciones Vitruvio, 2013), nuevo libro de la poeta Tina Suárez Rojas (Gran Canaria, 1971), dedicatoria que, en este caso, parece comenzar el poemario corriendo el telón de un teatro recreado para nosotros en el libro; telón que también podría ser la persona de la misma poeta. Una vez la tela roja toca su fin y quedamos a oscuras, expectantes, ante el comienzo de la representación, se van sucediendo las primeras apariciones, los primeros fotogramas en la mente, las primeras imágenes frente a los ojos. Y podríamos cerrarlos, pues este es el inicio de un filme del viejo del oeste que ha permanecido intacto tras los párpados desde el tiempo de nuestra infancia. Colaborando con esta puesta en escena, se lee sobre negro:

In the desert

I saw a creature, naked, bestial,

Who, squatting upon the ground,

Held his heart in his hands,

And ate of it.

I said, “Is it good, friend?”

“It is bitter—bitter,” he answered;

“But I like it

“Because it is bitter,

“And because it is my heart.”

Stephen Crane

Y continúa, tras desaparecer de la pantalla y aún en silencio:

Do what you love. Know you own

bone; gnaw at it, bury it, unearth it,

and gnaw it still.

Henry David Thoreau

 

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Crtítica literaria, primeras aproximaciones (2)

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Alguien siembra la luz entre los surcos.

La tierra candeal se queda quieta,

y aquí, allá, se ve azorando el grano

ardiendo; florecen llamas, lenguas:

alas de luz es lo que da la tierra.

Ardiente brisa orea los sembrados,

el oleaje de los trigos encendiéndose,

el cabeceo de las brasas altas.

Arde el pan sobre la era solitaria;

huele el aire a pan, la piedra, el agua.

¡Campos de luz! La arena bulle, rompe

contra los muros blancos, se despeña

desparramada por el suelo, vuelta.

Me gusta este poema. Sin más. Me parece un poema clásico, en el sentido más generalmente aceptado como “poesía”. Tiene lirismo, tiene imágenes que me encanta y logra, a mi parecer, crear un paisaje nuevo a partir del que, seguramente, contempla o vive el poeta. Al unir sus imágenes: Luz ardiendo, llamas que florecen, alas de luz nacida de la tierra; la brisa arde en unos sembrados que ella misma refresca; el trigo se enciende; hay brasas en lo alto, es el campo todo luz y arena que bulle, que rompe contra los muros blancos y se desparrama por el suelo. parece que el poeta crea sobre el paisaje de tierra firme (tierra, sembrados, trigo, lo alto, campo, arena, muros) un paisaje que se acerca a una playa; o, quizás, se trata del camino que realiza el poeta-poema desde dentro (la tierra) hacia la playa…

Y me gusta. Es un poema cálido, tranquilo, con aroma a sueño despierto, a espejismo de incandescencia y soledad. Veo el poema como un texto ya terminado, muy cercano al “poema último” que es todo texto en blanco antes de que el poeta se lance a buscarlo con pruebas y correcciones. Se percibe una mirada profunda y sobria, con un ligera intención de elevar lo vivido a la grandeza (¿épica?). No obstante, hay dos versos que me dejan un leve resto de desconfianza acerca del lugar que ocupa en el poema, y de desconcierto. Así, el verso “huele el aire a pan, la piedra, el agua”, es un verso que me encanta; tiene algo en su sonoridad que inyecta calma directamente en el cerebro, al mismo tiempo que fecunda la intuición de la sospecha de que quizás sobran los dos últimos elementos del verso. Pero, ¿cómo decir sin ser el autor que un segmento u otro sobra de un verso? Como dije al principio, el poema me parece sólido, compacto, además de muy colorido, por lo que no afirmaré que sobran los elementos “la piedra, el agua”. Por lo tanto, me limito a señalar que hay algo en ellos que me inspira infantil “desconfianza”…¿o quizás un desconcierto poético?

Para terminar, el verso que también me desconcierta es el último, no en su totalidad, sino únicamente cómo termina “desparramada por el suelo, vuelta”. Sea quizás por tratarse de un final “típico” para un tipo de poesía concreta, o incluso para la poesía del autor (Sea quién sea), ese “vuelta” me llega como un el único fleco del poema, ese mechón de pelo que, en un peinado hecho a propósito, con un fin, basado en una idea-imagen concreta, se sale del marco.

Imagen: cuadro de Manuel Padorno, en Galería Bat

Reflexiones sobre la crítica literaria

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… Al margen de corrientes críticas y ataduras de todo tipo, lejos de reseñas disfrazadas de críticas, y de criticas de “contexto excesivo”, esas que hablan de todo menos de la experiencia de la lectura, de la obra leída y revivida, propongo una crítica “de encuentro”, un mano a mano a solas con el texto, con la obra, con el poema, con la incertidumbre y el riesgo; una experiencia. La crítica literaria es, a fin de cuentas, un acto creativo, un análisis e interpretación que se debe a su naturaleza subjetiva pero que, al contrario de una opinión y la mera vanagloria, se compromete con la red coherente y flexible de interpretaciones, de ejemplos y argumentos que elabora y teje. Ahí radica la humildad, la honradez y el compromiso del crítico. Y es un compromiso múltiple; con la concepción propia de la crítica, con el desarrollo continuo de esta, y también con la poesía, con la creación literaria y la literatura…

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