La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

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Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, crítica literaria

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Siempre era hora de marchar cuando leía Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa (Ediciones La Palma, 2015), estreno poético de la escritora Alba Sabina Pérez (Tenerife, 1984). Siempre era tarde aunque su lectura dejara llegarme a ella en el trasegar diario hacia el trabajo, desde el sur hasta el norte frente a las tres isletas, viajando siempre desde el centro hacia a las afueras y viceversa, siempre, por las entrañas de una ciudad que descuelga caprichosa su melena de arena y viento hacia la cama. Siempre parecía tarde porque descubrimos una voz inédita para la autora cuando ya habíamos creído atisbar (y adelantar) sus futuros pasos. Y este tiempo precipitado a la fuerza aconsejaba, en medio de la sorpresa cautela; pero sobre deseo de más lecturas, de otras lidias entre la poeta y la poesía, deseo de descubrir su camino por andar. Saber quién es más allá de todo lo que otros dijeron de ella.

En Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, el lector logra dibujarse una voz, una voz que ve margullar en la Poesía y que, además, resulta nueva y sorprendente para los lectores de la autora. En efecto, para aquellos que ya conocían a la escritora por sus anteriores títulos publicados (en prosa), Algo que contar (Planeta, 2008), ¿Quién cuidará de mis guardianes? (Idea, 2013) y Silence (Neys Books, 2014), este poemario avanza una propuesta que, tratando de la nostalgia, el pesar y la angustia, huye del sentimentalismo que suele estar tan a mano (resultar tan natural) para la primera  expresión poética. Además, para aquellos con lecturas previas de nuestras poetas se presente como un diálogo coral, una tertulia sobre nuestro pasado (y nuestro presente cercano) y la actualidad  que llama siempre a nuestras puertas. ¿Acaso alguien argumentar contra esa poesía, ese puerto y cuerpo que Ellas encuentran para nuestra literatura?

Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa consta de 56 poemas que, distribuidos en dos partes, nos presentan, nada más comenzar, un diálogo entre la poeta y el también poeta finlandés Pentti Saaritsa (Penti en Otoño y Sweet Kid), autor poco conocido en España pero que le sirve a la autora para soltar sus naves a la mar. Justamente aquí escuchamos una nos detiene en la lectura, que atrapa por la sorpresa, con un cuerpo que, ciertamente, seguimos reconociendo, una voz femenina —y deberíamos preguntarnos femenina ¿por qué? — que con una cierta y extraña calma habla desde una cierta nostalgia, desde un estremecimiento de inaprensible melancolía que parece provenir del trasiego diario, de la propia vida. Sin embargo, lejos de dejarse enredar por la primera expresión emocional de estas experiencias (sentimentalismo, emociones tremendistas y facilonería sensiblera), la autora nos que apuntan a cierto calado de fondo, unas letras cercanas, sin embargo, y desnudas, como si nos hablara realmente abrazados por una intimidad compartida, dentro, sin ansias de etiquetas ni vacías pretensiones.

 

[…]

 

Hubo un tiempo, Pentti,

en el que tú y yo estábamos seguros

de nuestro debate solitario

y de nuestra posibilidad

de encontrar lo que definía

la celebración de la vida.

 

Y ahora, sin ello, ya sin ello,

soy, yo al menos, Pentti,

como un viento vespertino

al que todavía nadie hace ningún caso.

 

Me formé en la noche y lo intenté,

quise decir algo y fui sólo una extranjera.

[…]

Pentti en otoño

 

Desde esta cadencia inicial comienza a mostrarse el poemario, lentamente, con pocos cambios bruscos en la voz, como ocurre, por ejemplo, en el texto Enfermedad Feliz. Leemos una cierta unicidad, una misma intención, un objetivo concentrado que no se desvía por egocentrismos extraliterarios, y que se mantiene a lo largo de todo el libro. Aquí nos expone a la primera duda, esa que trata sobre la fidelidad entre lo escrito y lo vivido, entre el pensamiento del autor y su expresión metafórica, entre la sonrisa de nuestra pareja de baile y el movimiento del baile como organismo vivo. A lo largo del poemario destaca, sin duda, la distancia que la autora toma respecto a lo emocional que amamanta los poemas, ese latido de una experiencia ordinaria que, en cuanto vulgar (cotidiano), le da un cierto estilo y delata otras opciones facilonas, falsamente trágicas o grandilocuentes.

 

Sweet Kid, te has teñido el pelo de negro.

Ya no te pareces a la niña

Que sostenía la taza hasta mi mesa

En el bar de tu padre,

Cuando tu padre clavaba el toldo al suelo

Sin camiseta en las tardes diáfanas

Sin camiseta cuando yo pasaba

Hacia la barra a recoger mi té.

Los días de verano hacia la barra

y tú corrías, rubia, Sweet Kid,

Tú corrías hacia mí,

Lejos de la gente, y te mentías,

Te decías que el tiempo era

Un reloj grande y ligero

Que tenía cuerda y lloraba en invierno

Y que tu padre tenía la camisa puesta

Y que tú tenías el pelo como yo.

 

Sweet Kid, te has teñido el pelo de negro

Y tu padre ya no está,

Tu padre es ahora un novio grande

Que se sienta a la mesa con un amigo

Y ríen y toman té, y son rubios

Y ellos te quieren los dos

Y se podrían llamar Jules et Jim

Pero no se llaman nada, sólo tú

Los llamas Soñadores

Y se retiran por la tarde.

[…]

Sweet Kid

 

La lectura continúa y la nostalgia se extiende sobre una cama recién iluminada, con textos que incitan al lector a otras lecturas mediante un uso equilibrado de referencias extraliterarias a otros autores y artistas como Robert Frost y Catulo, el pintor chino Xiang Shengmo, John Wayne, hacia el cine de Orson Welles y Lone Schefor. Y en este caso las referencias funcionan en tanto que no se delatan pretenciosas, ni forzadas o vacías, porque no distraen de la lectura que tenemos delante (la presente; la que facilita nuestra experiencia como lectores); y porque se ofrecen como parte integrante de la historia del este libro entre las manos. Así, una tras otra y sin que su número sea excesivo, estos viejos hiperenlaces literarios acaban por darnos pistas sobre ese sueño vivido y vívido (acaso realidad) que es Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, migas de pan hacia ese deseo que la autora intenta reconstruir, ese llamamiento que, como si se tratase de una visión, nos impulsa a dibujar sobre la arena para tomar notas de un conocido insomnio. Al respecto, podemos encontrar en la poesía canaria usos anteriores de las referencias extratextuales, con objetivos más o menos diferenciados (cercanos, también), en autores precedentes como Federico J. Silva, Pedro Flores y Tina Suárez Rojas, y que, en la contemporaneidad de nuestra poesía, encuentra otro eco femenino en Acerina Cruz Sánchez.

No obstante, no podemos afirmar que haya en la lectura de Ya nadie lee a Pentti Saarista algún tipo de influencia directa o buscada (¿deseada?) desde estos autores hacia Alba Sabina; de la misma forma que al autor de esta crítica le resulta opaco señalar influencias de otros autores ante lo que podría acordarse parece hervir desde la propia ansia lectora (instinto) de la autora, lecturas propias, músicas, cine, personales pasiones y concepciones del hecho literario, la toma íntima de conciencia de su proceso creativo. Respecto a la puntación de los poemas, hay acierto como norma general para el poemario; los poemas nos dicen cómo quieren ser leídos sin que se note un uso caprichoso o principiante en los versos, de manera que palabras, sentidos, imágenes y música van de la mano con un logrado equilibrio. Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa extrema su tertulia de la nostalgia hasta un presente que se nos viste con una angustia secular, superviviente entre las dolorosas incertezas del día a día, distraídas, quizás, con ese viaje a la sacrosanta tregua que hallamos en el vapor de una taza de café, en el tamborileo de los dedos sobre la mesa del bar. Podemos percibir un aire a esa derrota familiar, quizás, como el deambular bajo las sábanas ante la tercera alarma del despertador. Pero la lectura, y Pentti, avanzan, y así despertamos, porque siempre es hora de recapitular una vez más.

 

Barcelona

Nubes de antracita

Vermuth

 

Cipralex

Abro la boca hacia el cielo

Se derriten mis ojos

 

Periódico mojado

África

Mi vecina lee

Es portuguesa

Origen camerunés

Crucigrama hecho

Ñu

Silicio

 

Barcelona resquebrajada

Calle Simancas

El Tibidabo ya no gira

Cielo naranja

 

Cipralex

Vermuth sin hielo

utopía es tiniebla

Reloj desierto

Desaliento

[…]

Me meto el dedo en la llaga

Escuece

Cipralex

[…]

Tiempo presente

El cipralex no funciona

 

Cielo naranja

Escupes en el armario

El Tibidabo es un reloj roto

Barcelona y Cipralex

 

Este poema junto a Matemáticas Acuáticas puede leerse como los golpes de un ahogado de repente que esperara quizás en vano, audiencia con su muerte. Se trata de poemas que podrían etiquetarse de actuales pero que sobreviven a dichas etiquetas pues no se limitan a una expresión actualizada sino que, además, dicen y cuentan, sugieren una imagen, la metáfora de una experiencia que, en este caso, nos habla del dolor, de la angustia, del sobreseimiento de replicarle a la vida; una cierta derrota bien vestida, humano retiro.

 

[…]

¿Quién eres tú?

Antes de que regrese

la noche, dímelo,

cuando atardece sobre la montaña

que prometió esperarte y no dudó.

[…]

¿Qué eres tú? Dímelo

Antes de que la noche vuelva.

No pides luz, no tienes lo que quiere

toda esta oscuridad.

 

Ahora,

hoy apenas existes. Todos duermen

y es terrible. Estás sola y es espesa la sombra.

[…]

 

En definitiva, Ya Nadie Lee a Pentti Saarista se nos ofrece como un libro equilibrado donde los poemas atraviesan sonámbulos (rebeldes de la somnolencia) una distancia a oscuras, apenas encontrando tropiezos como en Paseo por El Prado y Hojas de Arena Azul y Lirios Negros, La Casa de los Tres Días o El Escondite de Kamadeva, tropiezos que no afectan a la experiencia total del libro, que no huelen a truco. Así la lectura crece dentro de una nostalgia creíble, en medio de una incertidumbre íntima y natural, una introspección que no asusta, que no parece impostada; que logramos comprender y hacer nuestra porque llegamos a reconocerla como esa mano que a todos nos aprieta, en alguna ocasión.

 

Para adquirir el libro:

Ediciones La Palma

 

Web de Alba Sabina Pérez

 

Otros artículos sobre el poemario y la autor:

De Santiago Gil en Ciclotimias

De Manuel de la Fuente en ABC

 

Selección de poemas del libro en Vallejo&Company

Selección de poemas del libro en Plumas Hispanoamericanas

 

 

Sobre la crítica literaria, reflexiones.

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[…] Todo libro debería leerse hasta tres veces antes de escribir una crítica literaria. La crítica es un proceso creativo que se alimenta de las experiencias de lectura, de sus ecos y matices, de las sombras que proyecta sobre nuestro cuerpo. Así, tercera lectura las ideas puede abrazar una oportunidad más sólida de corporeizarse, de conformar el organismo de su propia corriente. Este discurso bien hallado es dibujado con cada página, empapándose de nuestras notas, esquivando la tentación de los dogmas y las otras piedras del camino. Y así avanza el texto de la crítica, con la generosa alimentación de esas varias lecturas que alumbran el propio horizonte.

El Desvelo

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             Silencio y oscuridad se confunden. No sabes dónde estás pero ya abres los ojos. Con la mano tientas el aire y la respiración. Al principio es contenida, exhalada en la tensión calma de unas velas, en la mirada que lanzas y el cedazo del iris a la espera de una buena captura, cuerpos o islas que quizás nunca existieran. Mientras tanto la pupila palpa y dilata gritando por un poco luz, pero nada ves, nada; al menos, de momento. Y crees que arriesgas cuando te incorporas de no sabes dónde, cuando avanzas tus pies, el paso del uno detrás del otro, con ambos brazos extendidos y vacilantes como antenas de una cucaracha hambrienta en plena noche de verano. El tiempo no ha hecho aún acto de presencia pero en cuanto resuena tu estómago tomas conciencia de que no sabes cuántas vueltas, cuántos caminos, cuántos vuelcos has dado ya, cuántos los errores fueron los cometidos… aunque ahora la tensión despierta de otra manera.

Allá al fondo y en el medio de nada, un haz ínfimo de luz atraviesa la oscuridad e ilumina un punto en el espacio. Piensas entonces que hoy sí, que hoy sí podrías llevarte algo a la boca, y en cuanto olvidas tus temores inicias la maniobra. Te acercas despacio, cimbreando el extremo de los dedos, reconociendo el aire con los labios. Ya no encuentras obstáculos, ya nada te obliga al suelo, desde todas direcciones la experiencia del momento que avanzas te empapa y, al llegar a la luz, pausadamente dejas que beba de ti, por un instante, entre esta nueva incertidumbre y desvelo. Lees[i]:

 

Acostumbrados como estamos, hablo.

Como cualquiera; de lo que acontece.

Pero también, por causas mejoradas

mi cuerpo tiene la palabra: él solo.

Se pronuncia de forma que parece

que fuera por entero lengua mía.

Parezco conversar, hablar por medio

de mi comportamiento otro lenguaje;

dialogar con las olas, los peñascos,

con las gaviotas; única manera

de entendernos, afines, naturales.

 

[i] “El otro lenguaje”, de Canción atlántica, Manuel Padorno

Ensayos sobre crítica literaria, de Antonio Alatorre.

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«En el poeta, la creación tiene un carácter absoluto: él no juzga. El crítico sí juzga, pero en esta tarea no se apoya fundamentalmente en bases científicas, sino en una intuición personal iluminada por la inteligencia… El crítico nos comunica su experiencia del poema. El creador original parte de la emoción suscitada en él por un hecho de la naturaleza, de la humanidad, de su vivencia personal, de su fantasía. El crítico parte de la experiencia que es su contacto con la obra literaria… el crítico, lector privilegiado, dotado no solo de mayor receptividad y de mayor sagacidad literaria, sino también de la capacidad de comunicación, es un espejo mucho más fiel y amplio, mucho más capaz de reflejar en toda su complejidad la esencia de la obra. Las impresiones que en el lector ordinario son difusas e imprecisas, se dan organizadas, coherentes y luminosas en el crítico».

“Hay muchos reseñistas, pero pocos críticos literarios de verdad”, Pere Sureda

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[…]

Siempre que puedo los publico con una nueva traducción, aunque no siempre; en el caso del libro que saldrá en noviembre, La saga moscovita, de Vasili Aksiónov, que ya publiqué en La otra orilla, mantengo la traducción de Marta Rebón, puesto que se trata de una traducción de hace cinco años y absolutamente impecable. Pero, por lo general, siempre busco nuevas traducciones, porque es difícil encontrar traducciones por las cuales no haya pasado demasiado tiempo.

Una de las características de las ediciones de Navona es la visibilidad del traductor.

Nosotros en la colección de Ficciones ponemos el nombre del traductor en portada y añadimos en la solapa una biografía del traductor, porque es imposible leer Johnny empeñó su fusil sin el traductor. Es imposible leer Guerra y paz, al menos para la mayoría de españoles, sin el traductor, que es una pieza fundamental.

[…]

Este ha sido un interesantísimo fragmento de una entrevista no menos interesante y directa y clara en sus respuesta. Si quieres leerla al completo, aquí.

El cruce

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La Poesía en Canarias presenta tal variedad de propuestas y voces, voces maduras ya, voces (las nuevas) verdes y todavía en pleno proceso de carnificación (claro, intenso e identificable) que no se explica (desde la Literatura) por qué no existe un corpus de críticos literarios en Canarias que pueda merecer tal nombre, que pueda acompañar tanta variedad y retos literarios, y que se entregue a la creación y al alimento del diálogo entre autores, entre poéticas, entre propuestas y lectores, que arriesgue un aquí está la paja, aquí el grano. No se explica (desde la Literatura) por qué no existe un corpus de críticos desparasitado de amiguismos, enchufismos, vanidades y miedos y egoísmos, independientes de neocaciques (y de cobardías varias) que se comprometa aportar su parte a la Literatura en Canarias y, por ende, a la Literatura Hispanoamericana. Igualmente, no se explica cómo puede alguien llamarse investigador, antólogo o crítico literario en la España peninsular, si se permite el lujo de perpetuar la, hoy por hoy, inexplicable ignorancia del hecho poético (y literario) en Canarias.  No se explica porque ya dejó de tener excusa y sentido. De la misma forma, no se explica como la lejanía del continente (y sus circuitos editoriales y de difusión) siguen siendo esgrimidos entre paños y lágrimas de chaqueta como motivo para el poco conocimiento que de la literatura en Canarias se tiene. Y es que, en la Red, las plañideras pierden toda credibilidad profesional.

¿Acaso están todos los antólogos, críticos y poetas peninsulares vendidos a los grupos editoriales y a sus egos unipersonales y vanidades o prejuicios? ¿Acaso quedarán sin eco crítico las voces de Jorge Rodríguez Padrón y Lázaro Santana, de Domingo Pérez Minik? (por mencionar a algunos de nuestros predecesores). ¿A dónde vamos por este cruce?

Ruido o Luz, crítica literaria

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He doblado sobre las hojas las coordenadas que me dieran, he descubierto un nuevo braille en las esquinas del papel. En este mapa de lecturas puedo recordarme, rescatar del tiempo lugares que leí, voces que escuché y que llegaban de los confines del universo, que parecían hablar de mí y de ti, de todos nosotros, niños dibujando historias entre las estrellas:

(N 28º 29’, 16º 18’)

 

Miran los niños la cúpula

del planetario

 

El cielo dibujado

cuenta una historia

que ya apenas recuerda

la memoria de la especie,

cuando caminábamos tras una estrella

cruzando la sabana

hacia el norte

 

Por mucho que te tensan los ojos

los pibitos no ven

o no recuerdan

Sólo ven puntos

 

Desordenados

 

En Ruido o Luz (Ediciones Amargord, colección. ONCE, 2013) doblar las páginas por sus extremos acrecienta el juego que nos proponen los autores, Daniel Bellón, Carlos Bruno y Ernesto Suárez; un juego que nace de un planetario y que sorprende con una «obra poética colectiva y multidimensional», con un cuerpo y una voz que parece no ser fácil de encontrar en las estanterías. Ruido o Luz consolida, además, la realidad de la poesía en Canarias, una realidad variada y rica, que literariamente no tiene dificultades en traspasar a la poesía que se publica y promociona en el territorio peninsular español. Y al mejor conocimiento de esta realidad, la editorial Amargord continúa contribuyendo, haciendo cada vez difícil que el desconocimiento y la ignorancia, que aún se vierte sobre la poesía hecha (y hallada) en Canarias sea un hecho explicable o no avergonzante. Y es que desde los años 90, en Canarias ha crecido una diversidad poética continúa desarrollándose; en pocas líneas, podríamos hablar en esos años de las corrientes syntáticas y voces como Rafael-José Díaz en Tenerife, y de Federico J. Silva, Pedro Flores, Tina Suárez Rojas, Rafael José Franco, entre otros en Gran Canaria, y llegar así a nuestros días con voces tendentes a un universo intermedio, un volcán del medio, literario donde parecen ubicarse (al menos de momento) Iván Cabrera Cartaya y Alba Sabina Pérez (desde Tenerife) y Acerina Cruz, David Guijosa y Rayco Arbelo (inédito) en Gran Canaria, entre otros. La editorial Amargord aporta aquí, y una vez más, su esfuerzo editorial al imagen siempre dinámica la Poesía en Canarias, confirmando, en este caso, la existencia de poetas para los que la poesía es lo fundamental.

Ruido o Luz nos acerca una voz imposible de diseccionar si queremos desnudar sus partes constituyentes, y ya desde el primer poema declara un ritmo y colores que permanece a lo largo de toda la lectura. Y aunque la propuesta poética parezca acomodarse en varios poemas de Geodesia, la tercera parte del libro, el equilibrio poético no se ve afectado y no se maltrata el encuentro radical entre el lector y los poemas, entre el lector y la poesía.

 

(N 28º 45’, O 17º 53’)

 

la luz nos oculta la luz

para ver

hacemos uso de lo oscuro

 

 

(N 28º 18’, O 16º 31’)

De un golpe venimos             de la reventazón

de un tiempo y un espacio encerrados

en apenitas una casi nada         De una violencia

original nacimos y vamos repitiendo

la onda expansiva

 

Matando por miedo a la muerte

esta abstracción se concreta

en las páginas de nuestros diarios.

 

 

En Ruido o Luz, un poemario de cuatro partes más un epílogo y una elucidación entrañable y cercana, nada sobra. Atravesamos historias, sueños, ecos de tierras y universos lejanos, ciudades invisibles y reconstruidas por mecanismos diversos, reflexiones más o menos veladas, como el eco de una tierra que orbitara una constelación de tres estrellas sonoras:

(N 33º 18’ E 43º 37’)

 

El sabio decidió

no disponer más nombres de estrellas

(se le acababan los alfabetos)

no invento más para las constelaciones

(se le agotaban los mitos las bestias y los objetos)

 

murmuró Omar Jayyam

las estrellas se apagan

regaló al sultán un calendario

el más preciso que los tiempos vieron

la caravana alerta

            pidió una copa de vino

sonrió triste o socarrón

parte ya hacia la nada

            ¡ya es la hora, despierta!

 

El sabio cerró los ojos y respiró

el sabio dejó de oír el ruido y las voces

dejaría pasar cien mil años

y entonces moriría en paz

 

La propia escritura de los poemas quiere acercarse al lector, de la mano de un estilo directo, como de cuentacuentos a veces, y una escritura comedida y tranquila que nos propone averiguar el significado de los silencios, su lugar en la comunicación, proponernos la pregunta del Qué, qué es eso que hace perfecto al silencio, a los silencios que habitan la lectura, el espacio entre estrofas; Qué hay más allá de este lugar donde acaba el poema, entre página y página.

 

(N 40º 4’, O 74º 44’)

Tras el azul

 

extraña condición alzar afuera

del confín del planeta

el telescopio necesario que nos muestre

tanta luz

lejanísima

 

contar

una a una

esas sombras iluminadas

 

dos mil seis mil

galaxias que fluctúan

más allá del campo profundo

 

calcular hasta los cientos

de miles

de millones

los solitarios globos que giran

alrededor de

toda esa luz toda

pero eso y más dado por bueno

si existiera algún cielo otro:

 

demasiado infinito para un solo azul respirable

 

demasiado límite

 

demasiado anhelo

(Hubble, 25 de septiembre de 2003)

 

Además, en lo que respecta al ritmo, cada poema logra decirnos como quiere ser leído de manera que la no puntuación extraña y se asimila naturalmente, transformando así la lectura un observatorio, ubicado en algún espacio exterior, desde el cual podemos reconocer la naturaleza germinativa de los poemas que vienen de profundo, de algunos de los dolorosos lugares de la realidad. Y se abren paso, entre la materia negra, y nos piden que tengamos el coraje de preguntar, de cuestionarnos:

 

(N 33º 35’ O 7º 37’)

En Casablanca explotan hombres-bomba

 

El astrónomo recuerda al viejo de la montaña

cuando era una joven zarza ardiente,

delgado como una caña consumida de fervor.

 

¿Cuándo el místico se viró mensajero

de la matanza? ¿De qué sustancia alimenta

a sus suicidas? ¿Cuándo imaginó la palabra

asesino como sinónimo de predicador?

 

EL astrónomo aguza la vista: las estrellas se mueren

El cielo se vacía. Cada explosión de Casablanca

es un agujero negro. Toma notas. Murmura:

[…]

El cielo se vacío

¿Escapa algo a un agujero negro?

 

Ruido o Luz es, en definitiva, un libro de poemas para muchísimos lectores, un libro que nos recuerda que la poesía no se constriñe (ni debe hacerlo) a la tiranía de la rima ni los egotismos lingüísticos, y mucho menos a la pretensión de exhibir etiqueta y título, fama o tribu. En él la Poesía anida y sabe mostrarse de diversas formas, con ropas distintas y los necesarios accesorios gracias a una letra sencilla, pero no simplicista ni simplona, con ventanas abiertas a la metáfora y sus entendimientos, al encuentro del pensamiento y las pequeñas verdades.

El libro en la editorial Amargord, aquí.

Web de Daniel Bellón, aquí.

Entrevista a Carlos Bruno, aquí

“La memoria mixtificada”, extractos para una ponencia de Lázaro Santana

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El poeta y crítico literario Lázaro Santana, pronunció el jueves 21 de mayo de 2009, en la Sala Saramago de la FCM, la conferencia La memoria mixtificada, dentro del foro de reflexión Foro Archipiélago. En ella, Lázaro Santana hizo un repaso por la crítica que se ha hecho en las islas en los últimos treinta años respecto a los autores canarios, y señaló que a esta crítica

“la falta objetividad y le sobra chovinismo”,

que es

“inflexible e intransigente y el que se opone no es un discrepante, es un enemigo que ataca a la esencia del ser canario”.

Para llegar a esta conclusión, Lázaro Santana comenzó con unas consideraciones generales sobre el pasado y la memoria, y se sirvió de un cuento de Borges en el que al protagonista le dan la opción de conseguir una memoria prodigiosa y quien, sin embargo, escoge la posibilidad de poder olvidarlo todo.

El escritor expuso que mientras que desde la Poesía se suele mirar al pasado como un tiempo siempre mejor, existe también un miedo atávico que genera la necesidad de falsear el pasado porque

“Solemos adaptar la realidad a nuestros intereses”.

Para subrayar tal miedo, recurrió a la alegoría del desván en el que se guardan los fantasmas familiares y en el que no hay más que una muñeca rota… Es en ese momento, cuando se presenta la opción de aceptar lo que se ve, la realidad, o de seguir creyendo que lo que se imaginaba es lo cierto:

“En lo personal, cada uno es dueño de su imaginación, pero esa opción sobre la historia hay que denunciarla”.

Y esto es lo que comenzó a hacer Santana en su intervención, respecto a la crítica y estudios literarios de autores canarios en las últimas décadas. Señaló que

“la mirada provinciana casi siempre falsea la realidad”

y que, al analizar lo más cercano,

“podemos perder la perspectiva y tendemos a magnificar lo que analizamos”.

Destacó que en ocasiones tal crítica y estudio se hilvana desde un enfoque político, interesado y distorsionado, y que, en otras ocasiones, se hace por un cierto sentimiento de orfandad que desea, sobre todo, que nos sintamos“ protegidos por el pasado”.

Durante la ponencia, el escritor dio ejemplos como el caso de la poesía de Domingo Rivero de la que, recordó, se ha llegado a decir que es superior a la de Unamuno, algo insostenible, a su juicio, y añadió que este hecho se da porque se quiere

“construir un ascendente fuerte desde el que partir”.

También destacó que la interpretación que se ha venido haciendo de Nicolás Estébanez, como abanderado del nacionalismo canario, es falsa, ya que este fue esencialmente universalista y anarquista, y señaló que de su poema Canarias se ha hecho “una interpretación torcida”.

Otra de las mixtificaciones realizadas con autores canarios, apuntó Lázaro Santana, se refiere a los surrealistas. En concreto, considera que se ha magnificado la visita de André Breton a Tenerife en 1935 para enlazar directamente a los autores canarios con los franceses y negar los lazos con el surrealismo esapñol, algo que el crítico grancanario atribuye a un “complejo de inferioridad”, pues la influencia, tanto de Alberti como de Jiménez Caballero, sobre los autores canarios es, en su opinión, clara:

“La vinculación intelectual de los vanguardistas canarios se produce con autores de la Península casi exclusivamente”,

Al respecto, señaló que Canarias sí aportó dos buenas figura al surrealismo: el pintor Óscar Domínguez y Agustín Espinosa.

Frente a esta actitud, destacó como un exceso insostenible que se haya dicho del libro Lo imprevisto, de Domingo López Torres, que es “uno de los mejores libros del surrealismo”. Para Lázaro Santana, estas consideraciones tuvieron cierto sentido en 1975 tras salir del franquismo “pero ahora ya no”. Santana citó también el caso de una exposición del grupo Pajaritas de papel (1928-1930), formado por Domingo Pérez Minik, entre otros, que organizó el Gobierno de Canarias. En el texto del comisario incluido en el catálogo de la muestra, Santana encontró otro “ejemplo de irresponsabilidad crítica” ya que en ese texto se consideraba la “fundacional” e “ingente labor creativa” del grupo, cuando ellos mismos se definían como creadores de arte doméstico.

Para concluir su exposición, se abordó un ejemplo histórico de este tipo de mixtificaciones. Se refirió al pasaje narrando por el alférez Alonso Jaime Sotomayor, quien participó en 1483 en la conquista de Canarias junto a Juan Rejón. En ella, se cuenta que un canario viejo le dio a Rejón buena información para comenzar a invadir la isla de Gran Canaria. Tiempo después, algunas crónicas convirtieron a ese canario viejo en una canaria y posteriormente, en Santa Ana. Al respecto, apostilló el escritor que, en el fondo, “los que se ocupan de la crítica deben elegir si al final de su estudio se quedan con el canario viejo o con Santa Ana”.

L’Histoire de l’érotisme en una guagua hacia el Sur

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“Mecánicamente mira a su izquierda. A esta hora el cansancio es ya una criatura informe y pesada que se engarza en sus párpados mientras mordisquea del cuello su sangre. Un extranjero lee “L’Histoire de l’érotisme”; pálido, con la frente la nariz y los cachetes enrojecidos del poco sol de este invierno; el pelo claro y la cabeza también clareada en la coronilla, gafas de pasta y el uniforme típico de un turista de la granbretaña… Lee una vez más el título y busca en su móvil el autor… George Bataille… Levemente le recuerda algún otro autor, loco de atar, relacionado con él… Ernst? Jünger?… Da igual. Lo mejor del libro -piensa- es su portada. Sobre fondo verde de anverso de hoja de acacia una mujer desnuda y con gafas de pasta, abierta de piernas, con la boca también abierta dejando solamemente entrever un velo de dientes bajo el labio superior -húmedo seguramente, piensa él- acoge en su sexo un cisne de alas extendidas y pico tenso como en éxtasis… El cristal de las gafas es blanco y no refleja nada, resalta sus labios y los dientes; nada deja ver tras de sí. El cisne, macho según la deducción de aquel que mira, es blanco igualmente, pero menos… algo más sucio… La guagua brinca en un bache y su cuello gira y rebota contra el cristal de la ventana a su derecha. No duele. Se espabila. En ese momento una niña extraneja mira fijamente aquella portada mientras su madre o abuela o hermana o mujer tira de su brazo hacia la salide del transporte público… Ve lo mismo que él: sobre fondo verde de anverso de hoja de árbol una mujer desnuda y con gafas gruesas, abierta de piernas, con la boca también abierta dejando solamemente entrever los dientes bajo el labio de arriba -húmedo, o no; esto no lo piensa ella, no lo conoce aún- está caída sobre el suelo mientras un cisne de alas extendidas y pico tenso -como en éxtasis, esto tampoco lo sabe; nada sabe de éxtasis la chiquilla-… El cristal de las gafas es blanco y no refleja nada, nada deja ver tras de sí. El cisne o cisna es blanco igualmente, pero menos… algo más oscuro, piensa ella…
Hanna termina de bajar las escaleras de la guagua y él vuelve al libro y topa con otra mirada… Un mujer negra parece torcer el labio, levanta disimuladamente las cejas, las pupilas dilatan, observala siguiente canción en su teléfono móvil… Lleva el pelo recogido en una coleta imposiblemente lisa; ropa ajustada y justa, gorro violeta, de invierno, y no deja de mirar al frente, más allá de la cristalera del chófer… Él vuelve la mirada al cristal de la derecha y recuerda para sí que no son las 12 ni la una ni las dos de la noche, a pesar de ser jueves, noche de tapas en Vegueta; piensa, una vez más y con algo de tristeza que es una prostituta hacia zona turística…”

Libros, elefantes y osos hormigueros

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Dos días y la misma simpática pesadilla. Entro en una librería, una amplia y luminosa y otra pequeña, más bazar que otra cosa pero increíblemente surtida con ensayo y poesía. Leo los títulos, los acojo en el nido que forman mis brazos; no son más de seis en el primer sueño y en el segundo ni los llego a contar. El deseo rampa campante como un caprichoso rex en plena pampa argentina, salivando ante la visión del ganado, frotándose sus garritas contra las flores de los árboles: el ganado de la pampa no es un ganado vulgar… Cuando llega la dependienta le digo que sí, que me los llevo todos, que ahora paso por la caja pero al cabo de unos minutos decido que no, que no compraré ningún libro… No se puede… En el otro sueño ocurre algo similar aunque más doloroso aún. Ante mis ojos poesía japonesa del siglo veinte, poetas contemporáreos míos que quiero leer, poesía persa, libros cartoneros, libros para niños ilustrado con un gusto y una delicadeza exquisitos… Tampoco los compro. No se puede… Cuando despierto, al tercer día antes de un tercer sueño, no me resisto y me acerco a la librería y compro dos libros, Cartas y Ensayos Selectos, de Raymond Chandler, uno de ellos, y un estudio etnográfico sobre la lucha del garrote y el juego del palo… Ahora respiro y vivo mejor y poco a poco voy conociendo al abuelo Ray y leo sus cartas, mi cerebro se apropia de uno de los títulos sarcásticos de Ray con los que siebra una de sus epístolas: Todo lo que se necesitan son elefantes

Y es verdad, piénsalo. El helicóptero de Rajoy tuvo miedo de los elefantes, Rajoy también y compró pantallas de plasma, Cospedal tuvo miedo de los elefantes y compró un paquete de sobres, temer a los elefantes hace que la gente mienta y mentir es cosa de mentirosos. Soria tiene miedo a los elefantes pero se consuela con trabajar en Repsol, se consuela así en sus más húmedos sueños…Todo lo que se necesita son elefantes por eso hay premios literarios que los temen y premian a loa mediocres. Todo lo que necesitas son elefantes, Aníbal lo supo antes que el tío Raymond… Yo prefiero los osos hormigueros.

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