La poesía es deriva

Poesía, traducción, ensayo y crítica literaria

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PELUSAS, BOCETOS Y CARGAS DE PROFUNDIDAD

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En este mundo traidor

nada es verdad ni mentira,

todo depende del color

del cristal con que se mira

Ramón de Campoamor

¡Que no Ramón, que no! No puedo estar de acuerdo contigo aunque bien llevas algo de razón. De momento sí diré como Nicanor que rechazo toda responsabilidad, toda molestia que puedan ocasionar estas líneas; que no, aunque le pese a quien le pese, aunque me pese, y mira que de peso y kilos ando algo sobrado desde aquella visita a Lisboa —Oh, Lisboa, ¡qué bueno das de comer!— y desde que los tentáculos de cierto Kraken habitaron con alborozo y fiesta mi pecho… Pero no, Ramón, que no, aunque lleves algo de razón cuando digo no… es… no. El lector que esto leyera deberá darse por satisfecho con su lectura; luego, a llorar a otro, a los aviones podrá tirarles piedras y pellizcar los cristales… Decía que no, Ramón, que no todo depende del cristal con que se mira, aunque razón llevas. Y ya lo sé, ya sabemos que incluso la Poesía es así y en eso que tanto me gusta por naturaleza, la crítica literaria (di, curiosidad), también. Sí, te lo decía ayer mismo a la noche, mientras Dalí veía hormigas por todas partes y relojes derritiéndose sobre penes al descubierto y vulvas de todas clases, vulvas peludas, montes rasurados (o casi todo), pieles recién mojadas. Él decía que nada tenía que ver la absenta que ya mediaba en su botella pero no, Ramón, tú y yo sabíamos que algo de razón llevaba el verde líquido (¿o era negro esta vez?).

Repito, Ramón, no estoy de acuerdo contigo y sin matices en tus palabras solo puedo concederte que algo de razón tienes, y que así no puedes ir por la vida, relativizándolo todo para no correr riesgos, para vivir cómodamente, entre loas y finas sábanas, concediendo dones y abrazos, sonrisas y parabienes a todo lo que cualquiera diga y, simplemente, por que lo diga desde tal o cual ilusión de tarima y etiqueta. En la Poesía, por ejemplo, no todo depende del cristal con que se mira pues hay Poemas y poemas; es decir, hay poemas que son Poesía, y poemas que son cualquiera otra cosa pero nunca Poesía, nunca Poema; vanidad, sí; oratoria, ego, mentira y engaño, juego, desahogo, sensibilismo y emotivismo, pensamientos y experiencias brutas, sin pulir, grotescas a veces, torpes andarinas presumidas. Pelusas llamo a estos “poemas”… Y después de un poema pelusa, llega, con suerte, el “boceto” —el huevo de colón era un boceto de poema, esos poemas con fondo y forma a los que, sin embargo, les falta un buen remiendo… Pelusa y boceto y, entonces, “carga de profundidad”, esos poemas que penetran con estruendo o silencio la propia piel y caen, lenta y pesadamente hasta encontrar ese hueco en el ser donde explotar y reventarlo todo

Comunicación leída en el I Encuentro de Joven Crítica Canaria

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Comunicación leída en el I Encuentro Joven Crítica Canaria, en el tuve el inmenso placer de participar gracias a las gestiones de Daniel María y Covadonga García Fierro:

Antes de llegar al cuerpo de la comunicación, les confieso que esta es, irremediablemente, incompleta e imperfecta y que con ella su autor sólo pretende exponer sus graves y grandes carencias. Además, me veo en la obligación de cambiar el título propuesto y decirles que no podremos hacer un seguimiento lineal a lo largo de la historia de la crítica literaria en Canarias, entre otras cosas, porque tal historia, de momento, no existe; o no he podido encontrarla. No obstante, quiero proponer un viaje en el tiempo, hacia el pasado y el futuro, de la mano de dos síntomas de inmadurez espontánea que afectan a esta literatura atlántica, que es la nuestra, aunque no sea de una manera exclusiva. En eso, sí que no somos únicos. Asimismo, y con algo de suerte, podré arrinconar a algunas de esas falsas certezas que, aquí y en todas partes, venden la vanidad y el miedo al escritor, y recordemos que el crítico literario es, también, un autor, un escritor… Pero no nos equivoquemos. Hablar de estos síntomas más o menos espontáneos de inmadurez en nuestra literatura, no es hablar de la ausencia de importantes, novedosas, sólidas o relevantes propuestas literarias; se trata, al contrario, de señalar sin pudor ese hábito o vicio que seduce a poetas y escritores, a críticos e investigadores por igual y que, junto al amiguismo y los textos travestidos, oscuros y neoacadémicos perjudican seriamente la salud, la literatura y la crítica literaria.

 

Vanidad y miedo. Miedo, y sobre todo vanidad, ese peligroso atavismo de la hipnosis de la propia mano que desliza de izquierda a derecha, de arriba abajo sobre la propia letra y sobre las letras afines, sobre la letra del gurú o del maestro; ese abandono entre las sábanas anticiclónicas del papel. La vanidad es ese gusto vicioso por el olor propio, por el olor de la tribu y que afecta, sin remedio, al juicio y la letra del que escribe, empujándolo a buscar rebaños a los que seguir o grupúsculos que crear. La se distancia del dogma con apenas una frase envenenada; la distancia entre la vanidad y la ansiedad de “querer ser popular” son unas pocas líneas irresponsables donde el autor se autoproclama poseedor y conocedor de la verdad, donde, incluso, dicta el lugar que habita la Poesía, un lugar que afirma único. Y tal comportamiento carcome la esencia misma de la Literatura, de la Poesía como conocimiento y búsqueda perpetuas; la médula misma de la crítica literaria que es, también, camino y búsqueda de conocimiento. Lo sorprendente es que, a estas alturas de la Historia, aún se encuentran ejemplos de actitudes que perjudican seriamente la propia capacidad crítica y reflexiva, dentro del ámbito literario, y que, sobre todo, contaminan y manipulan al lector. Véase, por ejemplo, un extracto del artículo titulado “La falacia como realidad” (La Provincia-Diario de Las Palmas, 6 septiembre 2001), de la mano de Francisco León y referente a la antología de Antonio García Ysábal “La nueva poesía canaria” (de. Verbum, 2001) y la polémica en torno a esta. Textualmente, se lee que:

 

«existe otra poesía en Canarias, más nueva, más joven y más seria, que lleva el sello liberador de las corrientes syntácticas. Ya sé que no gusta mucho, en Canarias, oír esto. Pero a veces no queda más remedio que hacer recordar la verdad. Y yo apuesto por la verdad y por quienes se bañan en esas aguas: aguas de la responsabilidad y la dificultad»

 

Lo sé. Se trata de una cita con poco contexto pero que sirve a uno de los propósitos de esta comunicación, animarles a que investiguen, a que investiguen tal contexto; permite animarles, además, a que se pregunten qué significa “poesía más joven y más seria”, qué significa “sello liberador”; qué significa “corrientes syntácticas”; qué significa “recordar la verdad”, qué es la Poesía, y proponerles también que se pregunten si es responsable que alguien se haga valedor de la verdad presentándola como única, y más cuando se habla de Poesía. Les animo a que lean, que lean en soledad y pregunten por sí mismos, a que expongan sus conclusiones en grupo; les animo a que sacudan a la “tribu” porque es preciso recordar que si bien las lealtades de grupo tienen su momento y lugar, también acanceran la sangre de la Literatura. Orwell ya lo decía:

 

«Las lealtades de grupo son necesarias, pero en la medida en que la literatura es obra de individuos, las lealtades envenenan la Literatura»

 

Vanidad y miedo pueden afectar por igual al escritor y al crítico literario aunque sea más fácil pensar que mucho más a este último. Al respecto, confesaré que contemplo la crítica literaria como otra forma de escritura, igual en sus sacrificios y exigencias, con su parte (re)creativa, interpretación del Otro, de lo leído, de la propia experiencia de la lectura. Por eso hablo tanto de vanidad, porque somos personas que leen y experimentan la lectura, leyentes (e imperfectos). Pero la vanidad y el miedo actúan, generalmente, sobre períodos distintos del tiempo. Así, mientras que la vanidad se deja sentir, sobre todo, en el presente y el futuro, en su intento de controlarlos, el miedo mira constantemente hacia el pasado, ese pasado que le provoca un terror atávico y el cual, de una manera u otra, desea cambiar, modificar o manipular. Y la historia literaria de Canarias nos da ejemplos al respecto, tanto para hablar de la vanidad como del miedo. En el caso de este último, al hablar del pasado,  recuerdo unos ejemplos estudiados por el poeta, ensayista y crítico literario Lázaro Santana en su ensayo “La memoria mixtificada”. En él, y acerca de la afirmación tan repetida de la superioridad del poeta Domingo Rivero sobre la obra de Miguel de Unamuno, el crítico escribe su dedo en la llaga y nos recuerda que la obra de calidad que Domingo Rivero publicó es la única que el propio poeta consideró de calidad, cosa demostrada cuando se ha podido tener acceso al resto de “obra no publicada” del poeta. Y todo esto frente a la obra de Miguel de Unamuno que es suficiente, honda y extensa para sostenerlo como uno de los grandes españoles del siglo XX. Otro ejemplo es la reivindicación de Nicolás Estévanez como el poeta del sentir canario y del nacionalismo cuando clara era, en su prosa, el pensamiento político revolucionario y anarquista, y que, además, en lo tocante al verso, no pasaba de aficionado. Hablemos, también, de la fama dada al Vizconde del Buen Paso (Cristóbal del Hoyo) como el primer “collagista” de la poesía española cuando, según la investigación de Lázaro Santana, apenas escribió un verso propio, limitándose a hacer “sus poemas” de traducciones de poetas portugueses; hablemos, también, de la afirmación e insistencia que desvincula el surrealismo de la poesía canaria del surrealismo español con la intención de hermanarlo, directamente, con el surrealismo francés, justificando tal “vínculo” con la breve visita de los padres del surrealismo a Tenerife, además de la relativa importancia de la exposición de 1935. Al respecto, añade Lázaro Santana, que si bien Canarias dio dos buenas figuras al surrealismo español y europeo, a saber, Agustín Espinosa y Oscar Domínguez, poetas y artistas como Pedro García Cabrera, Domingo López Torres, Emetério Gutiérrez Arbelo, Juan Ismael, entre otros, que fueron poetas y pintores estimables, sí, tuvieron méritos lejos del de aquellos. Además, continúa el investigador grancanario, “los mejores libros de García Cabrera, escritos con posterioridad a 1940, nada tienen que ver con el surrealismo.

A la vista de estos ejemplos, no puedo sino recordar la urgencia de estar atentos a todo aquello que se repite sin pensar y que puede afectar a nuestra lectura, a todos esos juicios, valoraciones y parabienes y premios que se reproducen sin filtro ni tino (y mucho en Canarias); a esas “palabras papales”, como diría el poeta Rayco Arbelo Robaina, que se repiten sin cesar y sin argumentos. Además, si nos atrevemos a aceptar que la Poesía no necesita quién la defienda, podremos estar de acuerdo en que tampoco necesita sordos o loros que le hagan eco, que la vacíen de su carne. Y hablar de Poesía es hablar de crítica literaria.

 

Cuando se escribe, un poema, una novela, un cuento (una crítica literaria) por vanidad o miedo el texto es empujado por su autor a la hinchazón, al hematoma, a la deshonestidad. En palabras de George Orwell, citadas por el crítico y ensayista Jorge Rodríguez Padrón en “La memoria y sus signos”:

 

«El estilo hinchado es por sí mismo una suerte de eufemismo (…) El gran enemigo del lenguaje claro es la insinceridad. Cuando hay un hiato entre la realidad de uno y el propósito de uno, uno se vuelve de modo instintivo a las palabras largas y a las frases hechas y gastadas, como un calamar que hace derramar su tinta»

En efecto, la vanidad y el miedo inflan la escritura pero la vanidad lo hace para convertir sus letras en sumidero de todo lo que no sea ella misma, bocanegra hambrienta de “ego” y ciénaga llena de los reptiles-ideas del autor. De ahí que la vanidad de nada sirva, salvo para alimentar al ganado guanil; la vanidad de nada protege y a todo expone al autor con el ridículo del rey desnudo. La vanidad apuñala a la Literatura por la espalda y no permite cultivar la Letra sostenida en el tiempo. Y acaba reduciéndose ella misma a unas simples y escuetas coordenadas sobre el papel; ese mismo papel que, antes o después, querrá convertir en dogma y crucifixión. Desde este punto de vista, la vanidad en la crítica literaria contamina el objetivo del autor convirtiéndolo en un simple promotor enaltecido de sí mismo, o enaltecedor del amigo o maestro. La vanidad crea dogma y olvida lo fundamental: ofrecer el texto a nuevos lectores, a nuevas lecturas, a nuevos diálogos y encuentros; ofrecer al lector esas nuevas conexiones e interpretaciones que, a priori, ni el mismo autor ha podido llegar a ver ni pretender. Y el ser del crítico literario no debe ser el poder, ni siquiera esa pretensión de “crear opinión”, pues antes que crear opinión el crítico debe proponer un diálogo múltiple, con el texto y con el lector, y, finalmente, con el autor de la obra que contempla e intenta desvelar. Porque cuando el crítico literario ha sido capaz de entregarse al texto y sacrificar su propio ego, cuando ha sido capaz de dedicarle el tiempo necesario a la experiencia de su lectura, el crítico literario, como escritor, huye de su propia vanidad y se deja llevar por la creación y el análisis desapegado, el silencio de navegar el inabarcable remanso de la lectura; esa extraña soledad sin magua que camina lentamente en busca del conocimiento, de un rumor que todo lo envuelve y que, en todas partes, se expone a la intemperie.

 

Y llegados a este punto, podemos hablar del presente, aunque sea del limitado presente que puedo ofrecerles. Al respecto, si bien el panorama de la crítica literaria en los medios impresos y electrónicos en Canarias está en coma, cuando no muerto, es justo señalar la labor realizada en El Escobillón y El Perseguidor para la difusión de la Literatura. Sin embargo, esta más que estimable tarea sobrevive como un oasis en medio de un desierto donde hasta los cactus mueren de sed… de no ser por la Red. La Red se mueve más, y, quizás inevitablemente, de una manera más caótica. Una muestra de ello es que apenas conozco webs dedicadas a la crítica literaria; sí, sin embargo, para la reseña y la investigación literaria, como la revista Fogal (http://www.revistafogal.com/), la revista de la Academia Canaria de la Lengua (http://aclrevistaliteraria.academiacanarialengua.org/), el blog del poeta Daniel Bernal (http://impresionesdesdeutopos.blogspot.com.es/). Pero poca crítica literaria, y desconozco algo más que lo que escribo en el blog Mierda Perro y en la revista digital de El Alisio. Aún así, lejos de ennegrecer el futuro, y a la vista de este I Encuentro de Joven Crítica y de las relaciones que por la red se han ido estableciendo, creo que el panorama de la crítica literaria, tal cual la he planteado o, al menos, de una crítica no visceral ni destructiva, está más cerca de un cambio para bien. El aviso, no obstante, y si estuviera yo en condiciones de advertir de peligros, presentaría a ese tipo de textos que se pretenden o se quieren críticos pero que no pasan de reseñas o de artículos de opinión y reflexión. Y, en este caso, y tal cual reza una canción de Violadores del Verso, hay que llamar a las cosas por su nombre.

 

Sin embargo, he de reconocer que la mirada que me acerca a la Letra, a la Escritura y a la Poesía, a la crítica literaria, no es una mirada de certidumbres. No hay certezas, y no puedo ofrecerlas. Indico, sí, lugares, esquinas y, lejos de tranquilizar a nadie, hablo de esa cabeza que transforma el horizonte (antes recto y rígido) en un hogar oblongo, circular, curvo y sin límites; alejado de tranquilos paseos a la luz de las estrellas, hablo de esa luz de Mafasca que se aparece en este instante en que escribo, o cuando siembro y doy agua a un poema, a una crítica literaria, con la intención de mostrar la inmensidad del lugar que habitamos… Pero esta es una mirada de aliento, de ánimo; mis pasos son pequeños y este mundo inaudito, tremendo y hermoso, y en verdad que me hace sentir muy pequeño, y que acrecienta mi propia desnudez. Pero, a cambio, y casi sin querer, ofrece la transmutación en creación y luz de la urdimbre que convulsiona la mirada. Así que, llegado a este punto, y para hablar el presente y del futuro de la crítica literaria, el acercamiento crítico que propongo huye de hacer dogma, huye de la vanidad, huye de convertir la experiencia poética que es la Ysla (con “i” griega) en una “poca tierra que pisar”; huye de hacer del océano un “mucho mar por estorbar” y quiere habitar el encuentro. No en vano, me he expuesto aquí a hablar de la vanidad y del miedo para acercarles esta propuesta, esta crítica literaria que, al margen de corrientes y ataduras de todo tipo, lejos de reseñas disfrazadas de críticas y de contexto excesivo trabaje una crítica de mano a mano, un a solas con el texto y con la obra, con el poema, con la incertidumbre y el riesgo. Pues la crítica literaria es, a fin de cuentas, un acto creativo y de recreación, de análisis e interpretación que se debe a su naturaleza subjetiva pero que, al contrario de una opinión, se compromete con la red coherente y flexible de interpretaciones, de ejemplos y argumentos que elabora y teje a partir de una experiencia lectora. Y es ahí donde ubico la humildad, la honradez y el sacrificio del crítico, su combate constante contra el miedo y la vanidad (egoísmo); de su compromiso múltiple. A mi entender, el crítico literario extiende el trabajo del autor del poema, del libro, de la obra, por su cuenta y riesgo, y reconoce sus propias limitaciones al mismo tiempo que se ofrece como una luminaria para el lector; de esta manera, el crítico es a veces un mago o un ilusionista que transita para nosotros veredas que, en ocasiones, nunca estuvieron claras ni admitidas en el plan inicial del poeta o escritor.

         En otras palabras, el crítico ha de saber entregarse a la incertidumbre y al temblor que alimenta la creación literaria. No hay certezas, pero vale la pena.

 

Crítica literaria, primeras aproximaciones (III)

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Nunca había sabido que mi paso

era distinto sobre tierra roja,

que sonaba más puramente seco

lo mismo que si no llevase un hombre,

de pie, en su dimensión. Por ese ruido

quizá algunos linderos me recuerden.

Por otra cosa no. Cambian las nubes

de forma y se adelantan a su cambio

deslumbrándose en él, como el arroyo

dentro de su fluir; los manantiales

contienen hacia fuera su silencio.

¿Dónde estabas sin mí, bebida mía?

Hasta la hoz pregunta más que siega.

Hasta el grajo maldice más que chilla.

Un concierto de espiga contra espiga

viene con el levante del sol. ¡Cuánto

hueco para morir! ¡Cuánto azul vívido,

cuánto amarillo de era para el roce!

Ni aun hallando sabré: me han trasladado

la visión, piedra a piedra, como a un templo.

¡Qué hora: lanzar el cuerpo hacia lo alto!

Riego activo por dentro y por encima

transparente quietud, en bloques, hecha

con delgadez de música distante

muy en alma subida y sola al raso.

Ya este vuelo del ver es amor tuyo.

Y ya nosotros no ignoramos que una

brizna logra también eternizarse

y espera el sitio, espera el viento, espera

retener todo el pasto en su obra humilde.

Y cómo sufre cualquier luz y cómo

sufre en la claridad de la protesta.

Desde siempre me oyes cuando, libre

con el creciente día, me retiro

al oscuro henchimiento, a mi faena,

como el cardal ante la lluvia al áspero

zumo viscoso de su flor; y es porque

tiene que ser así: yo soy un surco

más, no un camino que desabre el tiempo.

Quiere que sea así quien me aró. -¡Reja

profunda!- Soy culpable. Me lo gritan.

Como un heñir de pan sus voces pasan

al latido, a la sangre, a mi locura

de recordar, de aumentar miedos, a esta

locura de llevar mi canto a cuestas,

gavilla más, gavilla de qué parva.

Que os salven, no. Mirad: la lavandera

de río, que no lava la mañana

por no secarla entre sus manos, porque

la secaría como a ropa blanca,

se salva a su manera. Y los otoños

también. Y cada ser. Y el mar que rige

sobre el páramo. Oh, no sólo el viento

del Norte es como un mar, sino que el chopo

tiembla como las jarcias de un navío.

Ni el redil fabuloso de las tardes

me invade así. Tu amor, a tu amor temo,

nave central de mi dolor, y campo.

Pero ahora estoy lejos, tan lejano

que nadie lloraría si muriese.

Comienzo a comprobar que nuestro reino

tampoco es de este mundo. ¿ Qué montañas

me elevarían? ¿Qué oración me sirve?

Pueblos hay que conocen las estrellas,

acostumbrados a los frutos, casi

tallados a la imagen de sus hombres

que saben de semillas por el tacto.

En ellos, qué ciudad. Urden mil danzas

en torno mío insectos y me llenan

de rumores de establo, ya asumidos

como la hez de un fermentado vino.

Sigo. Pasan los días, luminosos

a ras de tierra, y sobre las colinas

ciegos de altura insoportable, y bellos

igual que un estertor de alondra nueva.

Sigo. Seguir es mi única esperanza.

Seguir oyendo el ruido de mis pasos

con la fruición de un pobre lazarillo.

Pero ahora eres tú y estás en todo.

Si yo muriese harías de mí un surco,

un surco inalterable: ni pedrisca,

ni ese luto del ángel, nieve, ni ese

cierzo con tantos fuegos clandestinos

cambiarían su línea, que interpreta

la estación claramente. ¿ y qué lugares

más sobrios que estos para ir esperando?

¡Es Castilla, sufridlo! En otros tiempos,

cuando se me nombraba como a hijo,

no podía pensar que la de ella

fuera la única voz que me quedase,

la única intimidad bien sosegada

que dejara en mis ojos fe de cepa.

De cepa madre. Y tú, corazón, uva

roja, la más ebria, la que menos

vendimiaron los hombres, ¿cómo ibas

a saber que no estabas en racimo,

que no te sostenía tallo alguno?

-He hablado así tempranamente, ¿y debo

prevenirme del sol del entusiasmo?

Una luz que en el aire es aire apenas

viene desde el crepúsculo y separa

la intensa sombra de los arces blancos

antes de separar dos claridades:

la del día total y la nublada

de luna, confundidas un instante

dentro de un rayo último difuso.

Qué importa marzo coronando almendros.

Y la noche qué importa si aún estamos

buscando un resplandor definitivo.

Oh, la noche que lanza sus estrellas

desde almenas celestes. Ya no hay nada:

cielo y tierra sin más. ¡Seguro blanco,

seguro blanco ofrece el pecho mío!

Oh, la estrella de oculta amanecida

traspasándome al fin, ya más cercana.

Que cuando caiga muera o no, que importa.

Qué importa si ahora estoy en el camino.

 

 

 

Al leer este poema una vez más después de subirlo, me surge una reflexión. Dicha reflexión gira entorno a si, para hacer una crítica literaria es necesario, o útil el conocimiento del autor, de su biografía, de sus circunstancias, como podría añadir Ortega y Gasset. Además, el poner o no el nombre de Nueve Puertas ha sido una cuestión discutida en Nueve Puertas, como siempre con cordialidad y urbanismo . En mi opinión, no poner el nombre del autor permite asegurar una dosis mayor de integridad o de subjetividad a la crítica, además permitir que ésta sea más “original” o menos preguiada. No obstante, al saber yo de quién es este poema, me planteé la utilidad de conocer algunos aspectos vitales del poeta para, de esta manera, poder construir o conducir mi crítica con más seguridad. Con todo, no he buscado más información sobre el autor y la crítica se sustenta en mi ignorancia de las condiciones vitales de éste y en mis propias percepciones y reflexiones. El poema comienza con una iluminación del poeta que, luego podremos intuir, está paseando. Al poeta le asalta un instante la certeza de que su paso es distinto según la tierra que pise, que en ese momento es una tierra roja que casi ausenta su presencia. Por eso los linderos que frecuenta el poeta no lo recordarán por su presencia sino por ese sonido, que a pesar de ser pisada sobre piedras rojas, no es ruido. Se trata de una toma de conciencia nueva, de percibir “como por primera vez”, no sólo la tierra que se pisa, si no el lugar que ocupa el mismo poeta en el camino que recorre y su relación con el paisaje. Al mismo tiempo el paisaje descubre la profundad de sus secretos expuestos a todos los ojos, pero que sólo unos pocos llegan a desvelar:

cambian las nubes

de forma y se adelantan a su cambio

deslumbrándose en él, como el arroyo

dentro de su fluir”

 

La contemplación de la naturaleza es, junto con la autocontemplación reflexiva, uno de los caminos que conduce al Conocimiento del origen de la experiencia humana. En este caso, el poeta descubre las palabras que explican el conocimiento que, de una forma u otra, ha estado fraguándose a medio camino entre su interior y el exterior. Es un comienzo de poema muy lírico, profundo y sin que por ello sea complejo de entender ni de leer. Podría incluso pensarse que el poeta, en el recuerdo de ese instante, se eleva de la tierra roja que pisa, tal y como haría su espíritu cuando paseaba. Y, sin embargo, continúa su camino… un camino y una acción de caminar que aprovecha el poeta para reflexionar, para desvelar aquella que llega a aprehender el pensamiento (o la intuición poética?). El comienzo del poema es, como ya apuntaba anteriormente, muy poético y sencillo de entender. Parece adelantar que la estructura del poema será así: lírica y asimilable sin mayores esfuerzos. Sin embargo, la misma acción de caminar parece dotar al poema de una mezcla de estructuras o de pensamientos que, en mi opinión, dificulta su lectura y su opinión salvo que, a medida que leemos con atención el poema, se llegue a la conclusión de que el poema es una serie de pensamientos o iluminaciones en voz alta: distintos en su tema, en su voz, en su tono… Incluso, parece que entre el verso “¿Dónde estabas sin mí, bebida mía?” y

¡Cuánto azul vívido,

cuánto amarillo de era para el roce!

se mezclan unidades conceptuales (ideas, temas) de una forma un tanto brusca.

Así seguimos con la lectura del poema:

Ni aún hallando sabré: me han trasladado

la visión, piedra a piedra, como a un templo!

 

El poeta sigue caminando y y mueve su cuerpo a través del paisaje que contempla y los pensamientos e imágenes que le sugieren. Se crea una especia de paisaje poético en su mente en que el camino, poético también, de conocimiento, se alimenta de lo que perciben sus sentidos. Parece entonces que el poeta hace de su cuerpo el mismo paisaje que contempla, busca algún tipo de equivalencia:

 

Riego activo por dentro y por encima

transparente quietud, en bloques, hecha

con delgadez de música distante

muy en alma subida y sola al raso.”

 

En este punto ya el poema se ha transformado en una experiencia casi mística, contenida, pero conceptualmente compleja. La sencillez del comienza, la manera directa en que se acercaba al lector se pierde para transformarse en un poema difícil de sostener entre las manos. El poema se nos evade, es volátil y ligero, pero no sencillo. A partir de aquí, el poeta mantiene la mirada nueva hacia lo que contempla, y va entrelazando distintas reflexiones que se nutren de su propio ser, a veces, hasta con dolor. Las imágenes son coloridas, el tiempo pasa a ser juguete rítmico y a medida que se abre el poema (impreso leeríamos la segunda página) parecen reflejarse en el poema las nubes que, probablemente, salpican de sombras la luz del sol. De repente, entre los versos

Quiere que sea así quien me aró” y “Y los otoños también”

parece que esconde el autor una crítica a la religión, como si aceptará la figura de la divinidad, pero no los dogmas religiosos, al mismo tiempo que expresa su condición de Ser reflexivo.

Y el poeta camina. Y se aleja. Sus pensamientos se insertan y siembran el paisaje, y el el paisaje fecunda su espíritu. Y la reflexión crece sin pausa, en una especia de toma de conciencia de la propia condición y vida humanas, hasta tal punto que nos parece que el poeta habla de la muerte.

Es aquí cuando salta la pregunta acerca de la idoneidad de documentarse acerca de la vida del autor. Cuando el autor escribe:

 

cuando se me nombraba como hijo,

no podía pensar que la de ella

fuera la única voz que me quedase,

la única intimidad bien sosegada

que dejara en mis ojos fe de cepa”

 

parece hablar de su muerte, de su cercanía o, quizás, de éste pensamiento, que se ha hecho más frecuente o muy real. El poeta camina y le salen al paso piratas del pensamiento que lo asaltan con reflexiones, costureras aladas que hilvana la naturaleza que le rodea con sus acto de vivir.

 

Y así hasta que anochece con

una luz que en el aire es aire apenas”

 

Y entonces ya la muerte parece perder su importancia. Y, entonces, de nuevo, el poeta introduce otro salto conceptual, aunque si hemos llegado hasta aquí, independientemente de cuántas lecturas haya costado, bascularemos de nuevo nuestra atención en la recta final del poema

A modo de conclusión, resalto el comienzo del poema y determinados versos sin máculas, perfectos en forma y contenido-sentido, parecen claros de luz en un día nublado por los que podemos alimentarnos y saciar el hambre de luz. El tono reflexivo del poema también me gusta, a pesar de esos saltos conceptuales y de la complejidad que aparece y desaparece en los versos, aunque me gusta, por muy contradictorio que pueda parecer, los cambios aparentes de tema dentro del poema ya que aportan coherencia al hecho de una paseo durante el cual el poeta piensa y asiste al preludio de la creación del poema.

Crtítica literaria, primeras aproximaciones (2)

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Alguien siembra la luz entre los surcos.

La tierra candeal se queda quieta,

y aquí, allá, se ve azorando el grano

ardiendo; florecen llamas, lenguas:

alas de luz es lo que da la tierra.

Ardiente brisa orea los sembrados,

el oleaje de los trigos encendiéndose,

el cabeceo de las brasas altas.

Arde el pan sobre la era solitaria;

huele el aire a pan, la piedra, el agua.

¡Campos de luz! La arena bulle, rompe

contra los muros blancos, se despeña

desparramada por el suelo, vuelta.

Me gusta este poema. Sin más. Me parece un poema clásico, en el sentido más generalmente aceptado como “poesía”. Tiene lirismo, tiene imágenes que me encanta y logra, a mi parecer, crear un paisaje nuevo a partir del que, seguramente, contempla o vive el poeta. Al unir sus imágenes: Luz ardiendo, llamas que florecen, alas de luz nacida de la tierra; la brisa arde en unos sembrados que ella misma refresca; el trigo se enciende; hay brasas en lo alto, es el campo todo luz y arena que bulle, que rompe contra los muros blancos y se desparrama por el suelo. parece que el poeta crea sobre el paisaje de tierra firme (tierra, sembrados, trigo, lo alto, campo, arena, muros) un paisaje que se acerca a una playa; o, quizás, se trata del camino que realiza el poeta-poema desde dentro (la tierra) hacia la playa…

Y me gusta. Es un poema cálido, tranquilo, con aroma a sueño despierto, a espejismo de incandescencia y soledad. Veo el poema como un texto ya terminado, muy cercano al “poema último” que es todo texto en blanco antes de que el poeta se lance a buscarlo con pruebas y correcciones. Se percibe una mirada profunda y sobria, con un ligera intención de elevar lo vivido a la grandeza (¿épica?). No obstante, hay dos versos que me dejan un leve resto de desconfianza acerca del lugar que ocupa en el poema, y de desconcierto. Así, el verso “huele el aire a pan, la piedra, el agua”, es un verso que me encanta; tiene algo en su sonoridad que inyecta calma directamente en el cerebro, al mismo tiempo que fecunda la intuición de la sospecha de que quizás sobran los dos últimos elementos del verso. Pero, ¿cómo decir sin ser el autor que un segmento u otro sobra de un verso? Como dije al principio, el poema me parece sólido, compacto, además de muy colorido, por lo que no afirmaré que sobran los elementos “la piedra, el agua”. Por lo tanto, me limito a señalar que hay algo en ellos que me inspira infantil “desconfianza”…¿o quizás un desconcierto poético?

Para terminar, el verso que también me desconcierta es el último, no en su totalidad, sino únicamente cómo termina “desparramada por el suelo, vuelta”. Sea quizás por tratarse de un final “típico” para un tipo de poesía concreta, o incluso para la poesía del autor (Sea quién sea), ese “vuelta” me llega como un el único fleco del poema, ese mechón de pelo que, en un peinado hecho a propósito, con un fin, basado en una idea-imagen concreta, se sale del marco.

Imagen: cuadro de Manuel Padorno, en Galería Bat

Crítica literaria, primeras aproximaciones

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POEMA (de Francisco Ramírez Viu):

En el mágico vuelo

donde todo es puro deshacerse,

late la cría del mirlo

y silban sus labios.

En sus ojos la vida se ofrece.

Nada es y nada esconde.

Asciende por ellos como un globo,

como un papel en el aire.

La invade el sonido del juego,

el  tacto del sol en su cuerpo.

Sonríe la tarde.

La pequeña cría mira

desde su nido humilde

la sombra de otros movimientos.

Cuando la luz ensancha sus venas,

su pecho se hincha con empeño

y abre sus alas

como quien abre los brazos

muy lejos del suelo.

Crítica:

En el mágico vuelo (1)

donde todo es puro deshacerse (*),

late la cría del mirlo

y silban sus labios.

En sus ojos, la vida se ofrece.

Nada es(2) y nada esconde.

Asciende por ellos como un globo,

como un papel (3) en el aire (4)

La invade el sonido del juego,

el tacto del sol en (5) su cuerpo.

Sonríe la tarde. (6)

La pequeña cría mira
desde su nido humilde (7)

la sombra de otros movimientos (8).

(9)
Cuando la luz ensancha sus venas,

su pecho se hincha con empeño

y abre sus alas

como quien abre los brazos (10)

muy lejos del suelo.
—————————————————————-
(1) La lectura que me pide el poema en ese primer verso hace una pausa justo al final, pausa que, en mi opinión y según mi propia experiencia, tanto puede proponerse con una coma, explicitándola más y, quizás, dándole al poema la profundidad y claridad de un haiku, como dejar la separación entre versos sin coma. De todas maneras esta cuestión de las pausas y su expresión con comas puede dar para muchos comentarios.

En resumen, ese primer verso me pide una pausa explicitada con una coma. Interpreto yo que se trata de una pausa ligeramente mayor a la que puede indicar ese verso sin coma final.

(*) Tras varias lecturas no me decido, ahora mismo, entre cambiar la palabra “deshacerse” o dejarla tal cual. No atino a ver si es la palabra en sí lo que me provoca extrañeza o su combinación con “puro”.

(2) Colocaría una coma aquí mismo para hacer una pausa que, desde mi punto de vista, es necesaria para el poema, en el sentido de que con las imágenes tan sencillas que nos está mostrando parece ascender en una reflexión filosófica o vital, o una observación trascendente y cotidiana, cercana al tono de un haiku. Una pausa, indicada por comas, que, desde otro punto de vista, otorgaría al lector una oportunidad para centrarse, por un instante, y en ese comienzo de poema, en las primeras imágenes:

magia – vuelo – deshacerse – latido de un cría – colores del mirlo – silbar (canto de la cría) – ojos llenos de vida

(3) En este verso, vi la oportunidad de buscar una imagen que, quizás, innova o aporta novedad. Se trata de sustituir “papel en el aire” por “papel de aire”. La imagen de un papel revoloteando en el aire es sencilla y cotidiana, por eso podemos visualizarla con claridad. Desde esa perspectiva se puede cambiar esa imagen por otra que, si bien mantiene la claridad de la primera, puede abrir al lector una puerta hacia la imaginación, hacia la magia de la que habla el primer verso: ¿cómo es un papel de aire?

(4) Yo pondría una coma basándome en la pausa, no tan prolongada como lo sería con un punto, y porque este verso se relaciona con el siguiente tras el leve vuelo que mantiene con el papel de aire o en el aire. Creo que beneficiaría al ritmo sosegado del poema dándole, incluso, un ligero impulso como en uno de esos giros de un vals.

(5) Cambiaría la preposición “en” por “sobre” con la idea de que esta última aporta a ese segmento del verso la impresión táctil que con “en” se pierde, o no se muestra con claridad. Claro está que la decisión de poner “en” o “sobre” aporta matices distintos. El primero se queda, en cierto modo, en la superficie de la piel, como un leve soplo, mientras que el segundo la toca y acaricia directamente.

Por otro lado, propongo añadir a “cuerpo” uno de los siguientes adjetivos /delicado/frágil. Por un lado, tras algunas lecturas tanto puedo pensar que “cuerpo” puede quedarse vacío de significado en ese momento del poema, como pensar que es un corte limpio, una imagen sin adornos: ya hemos dicho que se trata de una cría de mirlo, no de un pájaro adulto. Sin embargo, por eso mismo, el añadir un adjetivo, creo yo, que puede dar un ligero toque de color, o más solidez al poema sin perturbar la sencillez y la cadencia que lo mantienen en el aire.

(6) En este punto el poema creo que debería separarse visualmente por una línea en blanco. Si bien es cierto que puede que el original estuviera así ya que cuando lo copiamos en wordpress no nos deja hacer esas cosas, salvo que utilicemos el truco del almendruco, jeje. ¿Estaba así el original, Paco?

(7) Sin tener un argumento más elaborado, el adjetivo “humilde” post puesto a “nido” me llega sin que aporte nada nuevo, como creo que es su función en ese caso de adjetivo epíteto (si no recuerdo mal). De la misma forma, sin mayores argumentos, mi elección personal lo pondría antes de “nido”…¿gana lirismo el verso?

(8) La palabra movimiento me llega brusca en el poema. Hasta ahora todo el poema ha volado con delicadeza y las sílabas finales “iento” creo que chocan. Ahora, para expresar eso mismo, el movimiento, no se me ocurre una propuesta en estos momentos…quizás cambiar el verso por “otras sombras”…No sé…me plantea más dudas este verso.

(9) :Quitaría el punto anterior y añadiría, quizás, una coma pero, seguro, un “y”, para darle dinamismo o coger fuerza hasta llegar al “abre sus alas”, para estar armonía con esa energía que tiene todo movimiento en sus inicios.

(10) Creo que este verso entre comas podría llegar como ese segundo antes de posarse en el suelo después de un vuelo agradable.

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Observaciones:
el poema es muy visual con colores claros que, poco a poco, dibujan un cuadro sencillo en el que, además, se pueden escuchar los sonidos propios del entorno natural en el que, por lo menos mi imaginación, se inserta el poema. Además, el ritmo, sosegado y claro, permite momentos de ligeros aleteos de energía. Pero tan ligeros que no perturba la armonía que respira el poema.

Al respecto, tengo que decir que este tipo de poemas, al igual que los haikus y, en general, los poemas cortos y, sobre todo, de imágenes sencillas, me requieren una atención que distinta a la de otros que, quizás, desarrollan más la historia, el poema, la emoción, o que disponen de un cuerpo que te lleva de la mano. En ese sentido parece un tipo de poema para la contemplación y el sosiego aunque también es cierto que a veces me cuesta llegar a la imagen o a lo que transmite el poema, bien sea por mi disposición en el momento de su lectura, bien porque no me llega el poema , o no llego yo a él.

Notas para una crítica literaria, sobre “El hacedor de ludópatas”

Reading Time: 3 minutes

SE COGE ANTES A UN LUDÓPATA QUE A UN COJO

La Naturaleza, llamada reino animal por los químicos, se procura instintivamente los tres medios que necesita para perpetuarse…hambre, apetencia del coito, odio que tiende a la destrucción del enemigo…dispensémonos de llamarlas placeres…son satisfacciones habituales en los brutos…El hombre comparte la condición de los brutos cuando se entrega a esas tres inclinaciones sin que su razón intervenga. Si, en cambio, nuestro espíritu interviene, las tres satisfacciones se convierten en placer, placer, placer…

CASANOVA

Así comienza el poemario, y no es para menos. El placer; el placer, el placer ronda “El hacedor de Ludópatas” de Elica Ramos (La Palma, 1970), navega sus venas abiertas a conciencia, y con premeditación, para hacer del tema amoroso un juego confesional en el que, desde la primera persona y el tuteo, ensaya poemas y silencios. Por no todo debe decirse, y al Hacedor de ludópatas le gusta jugar, marcar el espacio físico de las pausas en la lectura, dejar constancia de sus propios caprichos. El yo poético de Elica Ramos parece depredar aquí sus propias experiencias amorosas, las personalísimas ficciones con un lenguaje refrescado, urbanizado incluso, con con esa mezcla de desdén, sexualidad y descaro tan de estos tiempos. No obstante, se aleja mucho de lo prometido en el prólogo-introducción. Muchas palabras para el tema estrella de la Poesía, el amor, cuyo planteamiento resulta, al mismo tiempo, cercano y distante en el libro, como si la poeta fuera actor y público de su propio teatro; poeta, mujer, artista del poema declamado que encuentra en sus esquinas más oscuras la madera que provoca todos sus incendios… No habrá paciencia para pirómanos.

“El hacedor de ludópatas” es un poemario de distancia corta, de combate a puño cercano, a tiro de gancho, con un estilo intimista, quizás próximo o característico de las poetas canarias; con poemas que, en general, buscan el efecto, el golpe final a pocas milésimas de la campana, el arriesgado desconcierto por knock out al lector… Pero que afloja el ímpetu por una imperfecta coordinación entre los versomúsculos del inicio y el desarrollo del impacto. El resultado: el combate se prolonga, los poemas no se cierran, quedan colgantes de un sinsaber si tirar la toalla o lanzarse de nuevo con arrojo y confianza a otro round. Esta descoordinación aparece a lo largo de todo el libro, algo más que intermitentemente, y amenaza con solidificarse como marca de “estilo” o “pretensión” aunque no únicamente de la autora, sino de cierto enfoque poético que busca el punch, en detrimento de la técnica, del fondo (sobre todo)…

Esta búsqueda del efecto y el gancho termina frecuentemente en cojeras de la experiencia lectora, incoherencias, incluso cuando se pretende el uso del espacio físico como pausa, porque luego, en otros poemas, no ocupa su lugar de la misma manera. ¿Capricho? No lo sé, pero quizás lo termina siendo: capricho visual, marca de la casa; un búsqueda que quiebra en pretensiones perpetradas de efectismo, y me reitero en ello aunque no sea tanto el estruendo, el pretender en epigramas que…  no llegan, no abofetean con fuerza la cara. Quizás porque:

La dicha es una tormenta de verano

repentina y naufraga al sol

oscura como el abatimiento.

y se muestran, así, las dudas que los propios poemas parecen albergar acerca de su propia integridad, de su verdad. Incompletos. Cuasiformes.

Sin embargo, no todo son pretensiones e impactos fallidos. Hay muchos logros en el poemario, pero rara vez se encadenan y dan el alejóp final con éxito. Aunque el lector tendrá que arrojar su propio veredicto ante esta propuesta poética, confirmar o no, esos golpes que, desde aquí, parecen lanzarse al tuntún (muchos). Y allí donde los velos se apagan, las direcciones se extravían… donde El tuyo es un horizonte desolado porque…He recelado tu nombre y La aritmética del hambre estuvo cerrada a pócimas… la Poesía se (re)vela como una aritmética de efectos, y se arriesgas a provocar hambre y sed lectora… Pareciera que todo el libro no fuera más que un deseo de llanto veloz que perezca en el naufragio de sus propios párpados; y, muy a pesar de la actualidad de sus combinaciones léxicas, sus imágenes, cuando no caen en algo peor que el tópico, se leen pretenciosas. Y lo pretencioso es ofrecer dos frases (incluso una) como poema completo, como arma cargada de futuro… para luego cerrar página, sin más, supuestamente satisfecho y por completo:

«Hace tiempo abandoné el recurso

de disfrazarme de verde entre las algas…»

o un pensamiento o verso aislado que se anuncia y exhibe poema:

«Dejad que el mar también me arrastre…»

No obstante, hay mucha carne en El Hacedor de ludópatas, y casi de igual intensidad es la capacidad de dispersión.

Notas para una crítica literaria: “Bombas que no se deciden a estallar”

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Poemario ganador de la XVII Edición del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, correspondiente al año 2009. El afortunado autor, Teodoro Santana (Gran Canaria, 1957).

[…] Diario íntimo de una bomba a punto de estallar detiene a primera vista nuestros ojos en ese título sugerente que ya abre las puertas de la lectura. La bomba no despliega su potencial destructivo, pero avisa al respecto, advierte sobre sus intimidades; sugiere, quizás, lucha, acción y denuncia social, reforzado esto último con una imagen de portada en la que un grupo de policías del Mayo francés portan, entre porras y llaves y esposas, ramilletes de flores y algunas frutas.

El libro comienzas tras una cita evocadora de los vientres abiertos de los bombarderos aliados sobre Berlín: «La bomba sólo está viva mientras cae» (Iain Banks), con el que se da paso a dos poemas en los que ya se nota una personalidad creativa definida, estrechamente vinculada a la poesía social y, en este caso, de genética efectivamente combativa aunque sin resultar panfletaria, al menos de momento. Recién abierto el libro, comenzamos a leer y el poeta nos pregunta por el vacío de la sombra de un alguien ―que bien puede ser el lector que se acerca a los versos―, pidiéndole que venga al origen de todas las palabras, al aliento encendido que nos consume. Ven―dice el autor― a mi abrazo furioso y desolado… Y como lectores, vamos, nos acercamos a él.

Se trata de un comienzo fraternal, casi humanista y con una fuerza que nos conduce hasta el tercer poema para truncarse (desgraciadamente) y desilusionar a este que lee; pues, hacer del poema titulado “La Palabra” un poema fallido, con muchos lugares comunes donde la palabra es la voz, el viento, el aire, el Universo, el mar; es una oportunidad que tan pronto como llega y nos despierta la avidez de otros descubrimientos poéticos, se va, sin más, sin lograr levantarnos de la hoja, tras un título que entendimos (erróneamente o no) como una búsqueda de definiciones nuevas y aproximadas ―pues eso es,precisamente “La Palabra”―, un ofrecimiento de campos poéticos, líricos inexplorados, frescos.

Avanza la lectura y llegamos a la página 11 del libro, y volvemos a encontrar lugares comunes, oportunidades que consideramos perdidas, poesía social con aire a panfleto reivindicativo (sin ofensa pretendida) que se suceden hasta la página 21. La poesía social se enfrenta en todo momento al riesgo del eslogan político, de panfleto y, o bien no tiene su hueco como creación artística, o bien necesita urgentemente una reinvención que explore otros ámbitos del pensamiento y la lírica, para que continúe su lucha, su ofrenda, sin que por ello se la pueda señalar despectivamente de tal o cual manera. El humor, por ejemplo, el sarcasmo y la ironía pueden ser mutaciones validísimas para ello. El libro continúa avanzando y la figura del poeta se hiperdefine, así su voz, su voluntad de lucha, el espíritu crítico y combativo que, seguramente, labró su juventud comunista como partícipe, en carne y hueso, de la primera transición de de la democracia española.

Diario íntimo de una bomba a punto de estallar” nos ofrece poemas intensos que, a pesar de, en general, no aportar novedades ni provocaciones nuevas del lenguaje, sí deja caer de su contador explosivo alguna que otra combinación léxica novedosa como

«están hechos de barro, de sudor,

de aguardiente y tabaco»

Teodoro Santana es, a la vista de este poemario, un poeta con fondo que incita a leer algún otro libro más que haya publicado, aunque sea para confirmar que por sus venas corren las miles de canciones de autor que enfrentaban los años finales de la dictadura infame; venas con sangre de color intenso, sin duda, y de patente compromiso social que hacen verter al autor poemas completos, sin búsquedas inútiles de efectos finales, aunque sí, en muchas ocasiones, se siente la Poesía en un segundo plano, arma de futuro que parece inmolarse a la espera de una próxima reencarnación. Porque siempre ha de llegar.

Un ejemplo de ello podemos observarlo en la página 27 en la que el apego del autor a su genética social y combativa impide el desarrollo de la Poesía, en beneficio siempre de una denuncia que, por excesivamente comunicada, expuesta y evidente, se aleja de la República Poética… mientras el poeta carga con su cruz… hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota. Sin duda alguna, Teodoro Santana sigue en pie de lucha, ariete de batalla a pesar de la Historia, o, quizás, a propósito de la sin salida a la que nos ha llevado, hoy también delante de porras y patadas. El olvido para él no es posible porque

«El olvido es la lanza en el costado».

Aún no sé por qué. Me amas»

Y es la emoción que nos deja Teodoro Santana; un instante en medio de la niebla, de corazón a corazón porque para llegar a nosotros a tenido que vencer al Tiempo, pagado el precio de la temporalidad. De esta manera el poema “Vértigo” nos deja con ganas de más para llegar a “Gente peligrosa” y tropezarnos de nuevo con una oportunidad perdida, una piedra en el camino que nos enseña a llorar, llorar y llorar… o llamar al poeta y tomarnos unas cañas; conocer de primera mano el intenso arrebato de superponerse a una realidad que repite aquello que, quizás, le persiguió con porras; ímpetu que llega a truncar los caminos poéticos que el mismo abre y explora, cuando «la existencia es sólo una jornada entre la nada y la nada».

Diferencias entre una crítica literaria, una reseña y un ensayo literario. Propuestas para una crítica literaria (2 de n)

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“Tratado del carnaval en Niza: acontecimiento festivo y reflexión ética a partir del hecho amoroso”, es un artículo de Daniel Bernal (Tenerife, 1984) donde se desarrolla un texto de fondo ensayístico en el que, sin avisar al lector de su objetivo primero y último -si escribir una crítica literaria, o una reseña,si una nota de prensa o un microensayo o un artículo de opinión- el autor despliega toda una serie de relaciones filosóficas y argumentísticas donde, curiosamente, escasean casi hasta la desertificación los ejemplos que, del libro, servirían para sostener lo que de este se afirma.

 Así, el texto de Daniel Bernal se deja estar cómodamente en una encrucijada donde el lector no lee nunca el libro que da pie al artículo en cuestión,  ni sabe nunca, a ciencia cierta, qué motiva tal texto. Apenas son unas 6 líneas las que nos hablan de las características de “Tratado del carnaval en Niza”, y seis líneas son pocas líneas para un artículo que llega a las dos páginas y media (en Times New Roman, 12, interlineado 1,5). Pocas líneas, en definitva, para un poeta y unos poemas del que se afirma que:

  1. los versos del poeta en “Tratado de Carnaval en Niza” son versos concisos, con una enunciación que roza la oralidad por momentos alcanzando un grado de concentración epigramático, y de una naturaleza casi aforística.

 …Y donde apenas leemos versos del poeta Samir Delgado, ¿qué nos queda? ¿qué hay? ¿A quién leemos? Leemos a Daniel Bernal, como crítico literario, como ensayista, pensador o articulista, pero no al poeta autor del libro; leemos, sí, una exageradísima -al menos, a mi entender- retahíla  de datos y argumentos expuestos y enlazados, pródigos en referencias culturales y nombres de intelectuales, sin que se vea ese diálogo crítico-lector que une a este último con el poeta. Pareciera, incluso, que el único fin del texto fuera el de sostener, aupar y ubicar el poemario en tal o cual corriente filosófica o literaria contemporánea, asignarle este o aquel pensamiento; asociar el poemario y al poeta a nombres como Mario Benedetti o Jorge Riechmman; encumbrarlo en altas cimas; hurtándole al lector su capacidad de opinar al respecto.

Estrategia esta, no obstante, válida, según qué pretenda el autor, según cómo conciba la poesía y la crítica literaria, la literatura misma y la creación, pero que aleja, irremediablemente, al lector del poeta, y al lector del libro de poemas, creando, además, unas expectativas sospechosas y sin ejemplos que la sostengan. Texto este, de Daniel Bernal, que parece afectado de contexto excesivo, y que poco habla de poemas o Poesía.

“Diario de una bomba a punto de estallar”, propuestas para una crítica literaria (1 de n)

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Bombas que no se deciden a estallar

[…] ganador de la XVII Edición del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, correspondiente al año 2009,el afortunado autor, Teodoro Santana (Gran Canaria, 1957).

Con el libro en nuestras manos observamos una edición elegante, como suelen serlo todas las correspodientes a ganadores del mencionado premio; diseño de portada cuidado, novedoso y algo vintage, de un material que pide a gritos ser poseído, aunque muy ensución por cierto… “Diario íntimo de una bomba a punto de estallar” detiene a primera vista nuestros ojos en ese título sugerente que ya abre las puertas de la lectura. La bomba no despliega su potencial destructivo, pero que avisa al respecto, advierte sus intimidades aún por declarar; sugiere, quizás, lucha, acción, y hasta denuncia (¿social?), lo cual refuerza una imagen de portada en la que un grupo de policías sacados del Mayo francés porta, entre porras y llaves y esposas, ramilletes de flores y algunas frutas.

 

El libro comienzas tras una cita evocadora de los vientres abiertos de los  bombarderos aliados sobre Berlín: «La bomba sólo está viva mientras cae» (Iain Banks), con el que se da paso a dos poemas en los que ya se nota una personalidad creativa definida, estrechamente vinculada a la poesía social y, en este caso, de génetica efectivamente combativa sin resultar panfletaria, al menos de momento. El panfleto es el principal riesgo de la poesía social en la actualidad, poesía que ya tuvo su momento, su motivo.  Recién abierto el libro, comenzamos preguntándonos por el vacío de la sombra de un alguien ―que bien puede ser el lector que se acerca a los versos―, pidiéndole que venga al origen de todas las palabras, al aliento encendido que nos consume. Ven―dice el poeta― a mi abrazo furioso y desolado. Y como lectores, vamos, nos acercamos a él.

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Reflexiones sobre la crítica literaria

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… Al margen de corrientes críticas y ataduras de todo tipo, lejos de reseñas disfrazadas de críticas, y de criticas de “contexto excesivo”, esas que hablan de todo menos de la experiencia de la lectura, de la obra leída y revivida, propongo una crítica “de encuentro”, un mano a mano a solas con el texto, con la obra, con el poema, con la incertidumbre y el riesgo; una experiencia. La crítica literaria es, a fin de cuentas, un acto creativo, un análisis e interpretación que se debe a su naturaleza subjetiva pero que, al contrario de una opinión y la mera vanagloria, se compromete con la red coherente y flexible de interpretaciones, de ejemplos y argumentos que elabora y teje. Ahí radica la humildad, la honradez y el compromiso del crítico. Y es un compromiso múltiple; con la concepción propia de la crítica, con el desarrollo continuo de esta, y también con la poesía, con la creación literaria y la literatura…

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