La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

La cama, media barra de bar abanonada

Tu ropa dejaba un silencio tras de sí, confidencia o soco o silo o refugio nuclear. Ahora nada queda salvo un silencio obcecado, un letime apocalíptico sobre las playas de la isla de Henderson, donde ahora, como en la propia trinchera que nos desangra sobre la cama, se reúnen a morir restos de basura, carne y desechos.

No somos más que media barra de bar, abandonada a la suerte de una medianoche de lunes, donde apenas unas chopas trapecistas y algunas cucarachas mexicanas recalan, para devorarse entre restos de Jilmador y tus cepos de caza cubierto de sosa caústica para lorcas.

Calor 97

No me dejes

no te mueras

no permitas que te aplaste

por mi zapatilla

no te lances sobre

el polvo amarillo

ni abraces la muerte

entre los calzoncillos

del armario;

eres mía,

y yo

soy tuyo,

hasta que me mude

a un clima más frío

para no verte más,

para no gritar

si vuelas;

irme,

o quemar en alcohol 97

tu cuerpo de papel

como rito de paso,

para jamás cagarme

en dios y en vano…

Pero no me dejes

no te mueras,

no permitas que te aplaste,

de amorísimo,

con mi pie descalzo…

pues lloro cuando lo limpio.

con amor, a ti, Cucaracha.

La cucaracha invitada

Una cucaracha atraviesa mi mirada pespuntando la piel de las baldosas. Se queda frente al televisor, me mira y sonríe. En dos milésimas de segundo estoy a su vera y la piso, y la aplasto, y dejo caer el peso de mi cuerpo hinchado por este calor sobre ella… Cuando me canso o pienso que ya valió, retiro el pie, retiro del impacto mi pierna. Y ella me mira, una vez más, y sonríe; me dice: “Esa no es forma de tratar a una invitada”.