La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

[12:50pm]

Sala de estar. Televisor encendido.

La abeja Maya en el interior del bosque.

Un ciempiés exhibe sus dotes de trobador…

pero no convence.

Tras la cristalera de la sala de estar del hospital

un hombre de polo rojo falla su único y último hoyo

en el green. La pelota queda muerta,

y él la mira apenas un segundo y la recoge,

y se va.

En el bar del hospital, sobre una butaca vacía,

da a luz una mota de polvo entre una multitud ausente y gérmenes que la ignoran.

Es un mediodía soleado. Las nubes dibujan la historia del tiempo sobre el césped

mientras un árbol gris y muerto me susurra una historia repetida.

Abandono mis ojos sobre el césped.

La muerte se torna verde.

 

En la sala de espera un viejo moribundo intenta servirse un café de máquina, mientras me mira, perdido, adivinando

la muerte de mi abuela. Se comenta en los pasillos -dice-las palomas en los ventanales, y las tórtolas y los niños.

 

Pero sólo cabe amar cuando unas lágrimas afloran nuevas tentativas de asalto.

Notas para el silencio

Y si se pierde el silencio en medio de un nuevo ruido, ¿acaso perderse no es un hallazgo también genuino, una sorpresa, un otro silencio al que se abraza, abandonando al primero?

Extraños

Duermen bajo una luna imperceptible,

luces sólo tras una cortina de verano,

inoportunos, de una necesidad.

Millones que vuelven a diario

como si en el regreso encontraran

algo de paz, y algún sosiego.

Viven en cuevas,

ablandando las migajas que caen.

First date

El restaurante. El mismo ambiente vinoso y autosuficiente. Los idénticos empresarios con idénticas queridas vestidas de vanas esperanzas. Tú mirada fija en el último horizonte de la mesa, atravesando mi estómago; los ojos escavando mi cráneo perdido, extrayendo no sé que confesiones a mi lengua.

Yo disfrutaba de una creciente erección en ese preciso instante, mientras tú te sincerabas, mientras murmurabas algo sobre un atraco cometido en mi nombre (con tu voz de mujer) y una camioneta hundida por tus delgados y lechosos brazos japoneses, y una pareja de guardias civiles pintarrajeados de payaso y maniatados por ti, en el portal de mi propia casa…

… El camarero llegó con la cuenta y alguien dijo “lo siento”.

 

-Señorita, hay un señor desvanecido en su sopa.

Haberte dicho

Debería haberte dicho
que no más soy un asteroide,
una cometa a la caza de palomas,
un globoaerostático voiyeur,
la piedra que disparas con la tiraera.

Haberte dicho
que no soy real hasta que me evado en tus manos,
y me cierras los ojos con dos monedas de 25 pesetas.

Los días las mañanas

¿Cómo se escriben los días en un diario,

si estos vienen y ya se van, si no se detienen

ni paran, cuando no se posan siquiera

un instante a la noche, porque saben

que no trabajan para otra mañana?

Alonso Quesada, dos poemas.

Poemas extraídos de “Insulario”, antología de textos de Alonso Quesada confeccionada por Lázaro Santana.

 

 

UN TENEDOR DE LIBROS

 

 
Este es un tenedor de libros, bueno;

un inglés muy pacífico, que mira

distraído el amor.. . Frente a mi mesa

él trabaja consciente. -Es la oficina

de una entidad británica, severa,

donde pagan ¡mis números! con libras…
Hay un claro de sol sobre la testa

del inglés y él lo siente y se suaviza

aquel mirar tan mercantil que tienen

los ojos grises… pero no termina

la operación de cálculos que sigue

la recta ruta, bajo el sol, precisa…
Todos trabajan menos yo, que miro:

¡mi alma en todo minuto está propicia!

Y este es el mal de mi futuro de hombre.

¡Esta es mi enfermedad desconocida!…

El inglés ha parado, por fumarse

un cigarrillo de opio; una sonrisa

tiene en los labios y una gracia inglesa

me dice en tanto el cigarrillo lía…
Y entonces, la discreta entonación

de este adorable míster, finaliza,

y al verme como ayer, puestos los ojos

en lugar diferente al que me obligan,

clama: -¡Señor poeta, muchas nubes

para ganar con claridad la vida!…
¡Pero me cuenta de la Amada, lejos,

en los fríos hogares!…

Una cita

de patriotismo, que orgulloso siente

su corazón,

todo teneduría.. .

Y mi alma puesta en ocasión de plática,

al alma inglesa a platicar invita,

con la recordación de aquella aurora

en la que alondra y ruiseñor porfían…

Y el entusiasmo del inglés florece,

como una flor exótica, divina,

que sólo han visto nuestros buenos ojos,

en un caliente invernadero, un día…

 

 

EL BALANCE

 

A Tomás Morales

Estos cuarenta ingleses esta noche se juntan

para hacer un balance porque termina el año.

El trabajo nocturno, si es trabajo de números,

tiene para estos hombres un voluptuoso encanto.

Van llegando puntuales. Sobre las altas mesas

van uniformemente los libros colocando;

luego sacan sus pipas; reposados encienden

y antes de dar comienzo beben un whisky agrio.

 

La oficina está plena de luz, y yo he venido,

como todos los días, con bastante retraso…

Ellos, que no toleran la indiferencia mía,

en su lengua, a mis modos, ponen un comentario…

Y el más viejo de todos, el tenedor primero.

-¡ jaranero divino! a mi entrada alza el vaso

y con una postura de orador de Hyde-Park

grita:- iBrindo, señores, por el amigo Byron!
Los demás se sonríen -una burla británica-.

Yo sigo a mi pupitre y empiezo mi trabajo…

 

Sobre Rafael Romero Quesada (Alonso Quesada) en la Academia Canaria de la Lengua.

Sobre “Insulario”, en la revista Moralia

Obra completa (tomo I) en Memoria Digital de Canarias

 

 

Notas sobre el Puerto desde la guagua para un turista

El puerto está preñado,

son engendros metálicos que lo habitan

liberando sus esporas.

Ruido en el aire para la luz

las cabezas en la playa llenas de luceros,

nichos nuevos para miradas rotas

que te acompañan mudas desde la Laja.

Es un vientre extraño, El Puerto,

extraños los huevos que flotan sobre

el aceite de motor y los desechos.

Efluvios, mierda de máquinas que lloran;

hediondos recuerdos.

Los muebles

Y todos esos muebles que deciden irse,

quemándose ellos mismos

sobre un montón de olvido.

Calima de hoy

que saluda una mañana más

-y tú dando los buenos días-

una tarde más

-y te levantas y comes; recoges la casa-

un día mas,

que solamente esperará

hasta que anochezca.

 

***

 

galletas y orujo

un plato de colores

sueño y recuerdos

frente al televisor

 

nadie vendrá porque

ya acá estamos,

durmiendo esos muebles

que alientan nuestras cabezas.

 

***

 

las horas

las sábanas caídas

esta mañana cerrada.

la tierna calima se ha ido

-mamá.

Y casi no sé ya

qué hacer.

 

Prosas de Jardín, de Lázaro Santana (selección breve)

Flores en la orilla del canal, sus fragancias

rojas, azules, amarillas. El frío transparente de

marzo en Amsterdam hace más luminoso el olor.

[…]

 

Página transitada por los perros: su inconfundible olor a esquina meada.

 

[…]

 

Cuando hace el amor cree hundirse en una

ciénaga donde hasta no respirar es un placer.

 

[…]

 

¿Qué buscas en el poema: su vida o la tuya?

[…]

 

Asirte a la escritura sin tener en cuenta que

vas a hundirte con ella.

[…]

 

Hacer un (buen) poema después de haber

hecho (bien) el amor: algo parecido a eso debe

ser la perfección.

 

[…]

La nada existe un mal poema la colorea de

gris.

[…]

 

Un poema es un sistema: los astros circulan

por él según un orden estricto. Cuando ocurre

una catástrofe se produce la iluminación.