La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Never, nothing will die

Reading Time: 1 minute

Quita dos a dos

las almohadas.

Quiere dormir,

desnudarse y

tumbar su cuerpo

cómodamente, ser feliz y

soñar… El hombre

elefante frente al tocador

se arregla el cabello,

ajusta el nudo de su corbata y

sonríe, mira por última vez

la noche estrellada…

 

… Lentamente ,

amanece sobre la cama…

Never, oh! never, nothing will die;

nothing will die… Joseph Merrick.

 

Los Sueños del Caracol, poemario inédito (2014)

Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, crítica literaria

Reading Time: 7 minutes

Siempre era hora de marchar cuando leía Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa (Ediciones La Palma, 2015), estreno poético de la escritora Alba Sabina Pérez (Tenerife, 1984). Siempre era tarde aunque su lectura dejara llegarme a ella en el trasegar diario hacia el trabajo, desde el sur hasta el norte frente a las tres isletas, viajando siempre desde el centro hacia a las afueras y viceversa, siempre, por las entrañas de una ciudad que descuelga caprichosa su melena de arena y viento hacia la cama. Siempre parecía tarde porque descubrimos una voz inédita para la autora cuando ya habíamos creído atisbar (y adelantar) sus futuros pasos. Y este tiempo precipitado a la fuerza aconsejaba, en medio de la sorpresa cautela; pero sobre deseo de más lecturas, de otras lidias entre la poeta y la poesía, deseo de descubrir su camino por andar. Saber quién es más allá de todo lo que otros dijeron de ella.

En Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, el lector logra dibujarse una voz, una voz que ve margullar en la Poesía y que, además, resulta nueva y sorprendente para los lectores de la autora. En efecto, para aquellos que ya conocían a la escritora por sus anteriores títulos publicados (en prosa), Algo que contar (Planeta, 2008), ¿Quién cuidará de mis guardianes? (Idea, 2013) y Silence (Neys Books, 2014), este poemario avanza una propuesta que, tratando de la nostalgia, el pesar y la angustia, huye del sentimentalismo que suele estar tan a mano (resultar tan natural) para la primera  expresión poética. Además, para aquellos con lecturas previas de nuestras poetas se presente como un diálogo coral, una tertulia sobre nuestro pasado (y nuestro presente cercano) y la actualidad  que llama siempre a nuestras puertas. ¿Acaso alguien argumentar contra esa poesía, ese puerto y cuerpo que Ellas encuentran para nuestra literatura?

Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa consta de 56 poemas que, distribuidos en dos partes, nos presentan, nada más comenzar, un diálogo entre la poeta y el también poeta finlandés Pentti Saaritsa (Penti en Otoño y Sweet Kid), autor poco conocido en España pero que le sirve a la autora para soltar sus naves a la mar. Justamente aquí escuchamos una nos detiene en la lectura, que atrapa por la sorpresa, con un cuerpo que, ciertamente, seguimos reconociendo, una voz femenina —y deberíamos preguntarnos femenina ¿por qué? — que con una cierta y extraña calma habla desde una cierta nostalgia, desde un estremecimiento de inaprensible melancolía que parece provenir del trasiego diario, de la propia vida. Sin embargo, lejos de dejarse enredar por la primera expresión emocional de estas experiencias (sentimentalismo, emociones tremendistas y facilonería sensiblera), la autora nos que apuntan a cierto calado de fondo, unas letras cercanas, sin embargo, y desnudas, como si nos hablara realmente abrazados por una intimidad compartida, dentro, sin ansias de etiquetas ni vacías pretensiones.

 

[…]

 

Hubo un tiempo, Pentti,

en el que tú y yo estábamos seguros

de nuestro debate solitario

y de nuestra posibilidad

de encontrar lo que definía

la celebración de la vida.

 

Y ahora, sin ello, ya sin ello,

soy, yo al menos, Pentti,

como un viento vespertino

al que todavía nadie hace ningún caso.

 

Me formé en la noche y lo intenté,

quise decir algo y fui sólo una extranjera.

[…]

Pentti en otoño

 

Desde esta cadencia inicial comienza a mostrarse el poemario, lentamente, con pocos cambios bruscos en la voz, como ocurre, por ejemplo, en el texto Enfermedad Feliz. Leemos una cierta unicidad, una misma intención, un objetivo concentrado que no se desvía por egocentrismos extraliterarios, y que se mantiene a lo largo de todo el libro. Aquí nos expone a la primera duda, esa que trata sobre la fidelidad entre lo escrito y lo vivido, entre el pensamiento del autor y su expresión metafórica, entre la sonrisa de nuestra pareja de baile y el movimiento del baile como organismo vivo. A lo largo del poemario destaca, sin duda, la distancia que la autora toma respecto a lo emocional que amamanta los poemas, ese latido de una experiencia ordinaria que, en cuanto vulgar (cotidiano), le da un cierto estilo y delata otras opciones facilonas, falsamente trágicas o grandilocuentes.

 

Sweet Kid, te has teñido el pelo de negro.

Ya no te pareces a la niña

Que sostenía la taza hasta mi mesa

En el bar de tu padre,

Cuando tu padre clavaba el toldo al suelo

Sin camiseta en las tardes diáfanas

Sin camiseta cuando yo pasaba

Hacia la barra a recoger mi té.

Los días de verano hacia la barra

y tú corrías, rubia, Sweet Kid,

Tú corrías hacia mí,

Lejos de la gente, y te mentías,

Te decías que el tiempo era

Un reloj grande y ligero

Que tenía cuerda y lloraba en invierno

Y que tu padre tenía la camisa puesta

Y que tú tenías el pelo como yo.

 

Sweet Kid, te has teñido el pelo de negro

Y tu padre ya no está,

Tu padre es ahora un novio grande

Que se sienta a la mesa con un amigo

Y ríen y toman té, y son rubios

Y ellos te quieren los dos

Y se podrían llamar Jules et Jim

Pero no se llaman nada, sólo tú

Los llamas Soñadores

Y se retiran por la tarde.

[…]

Sweet Kid

 

La lectura continúa y la nostalgia se extiende sobre una cama recién iluminada, con textos que incitan al lector a otras lecturas mediante un uso equilibrado de referencias extraliterarias a otros autores y artistas como Robert Frost y Catulo, el pintor chino Xiang Shengmo, John Wayne, hacia el cine de Orson Welles y Lone Schefor. Y en este caso las referencias funcionan en tanto que no se delatan pretenciosas, ni forzadas o vacías, porque no distraen de la lectura que tenemos delante (la presente; la que facilita nuestra experiencia como lectores); y porque se ofrecen como parte integrante de la historia del este libro entre las manos. Así, una tras otra y sin que su número sea excesivo, estos viejos hiperenlaces literarios acaban por darnos pistas sobre ese sueño vivido y vívido (acaso realidad) que es Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa, migas de pan hacia ese deseo que la autora intenta reconstruir, ese llamamiento que, como si se tratase de una visión, nos impulsa a dibujar sobre la arena para tomar notas de un conocido insomnio. Al respecto, podemos encontrar en la poesía canaria usos anteriores de las referencias extratextuales, con objetivos más o menos diferenciados (cercanos, también), en autores precedentes como Federico J. Silva, Pedro Flores y Tina Suárez Rojas, y que, en la contemporaneidad de nuestra poesía, encuentra otro eco femenino en Acerina Cruz Sánchez.

No obstante, no podemos afirmar que haya en la lectura de Ya nadie lee a Pentti Saarista algún tipo de influencia directa o buscada (¿deseada?) desde estos autores hacia Alba Sabina; de la misma forma que al autor de esta crítica le resulta opaco señalar influencias de otros autores ante lo que podría acordarse parece hervir desde la propia ansia lectora (instinto) de la autora, lecturas propias, músicas, cine, personales pasiones y concepciones del hecho literario, la toma íntima de conciencia de su proceso creativo. Respecto a la puntación de los poemas, hay acierto como norma general para el poemario; los poemas nos dicen cómo quieren ser leídos sin que se note un uso caprichoso o principiante en los versos, de manera que palabras, sentidos, imágenes y música van de la mano con un logrado equilibrio. Ya Nadie Lee a Pentti Saaritsa extrema su tertulia de la nostalgia hasta un presente que se nos viste con una angustia secular, superviviente entre las dolorosas incertezas del día a día, distraídas, quizás, con ese viaje a la sacrosanta tregua que hallamos en el vapor de una taza de café, en el tamborileo de los dedos sobre la mesa del bar. Podemos percibir un aire a esa derrota familiar, quizás, como el deambular bajo las sábanas ante la tercera alarma del despertador. Pero la lectura, y Pentti, avanzan, y así despertamos, porque siempre es hora de recapitular una vez más.

 

Barcelona

Nubes de antracita

Vermuth

 

Cipralex

Abro la boca hacia el cielo

Se derriten mis ojos

 

Periódico mojado

África

Mi vecina lee

Es portuguesa

Origen camerunés

Crucigrama hecho

Ñu

Silicio

 

Barcelona resquebrajada

Calle Simancas

El Tibidabo ya no gira

Cielo naranja

 

Cipralex

Vermuth sin hielo

utopía es tiniebla

Reloj desierto

Desaliento

[…]

Me meto el dedo en la llaga

Escuece

Cipralex

[…]

Tiempo presente

El cipralex no funciona

 

Cielo naranja

Escupes en el armario

El Tibidabo es un reloj roto

Barcelona y Cipralex

 

Este poema junto a Matemáticas Acuáticas puede leerse como los golpes de un ahogado de repente que esperara quizás en vano, audiencia con su muerte. Se trata de poemas que podrían etiquetarse de actuales pero que sobreviven a dichas etiquetas pues no se limitan a una expresión actualizada sino que, además, dicen y cuentan, sugieren una imagen, la metáfora de una experiencia que, en este caso, nos habla del dolor, de la angustia, del sobreseimiento de replicarle a la vida; una cierta derrota bien vestida, humano retiro.

 

[…]

¿Quién eres tú?

Antes de que regrese

la noche, dímelo,

cuando atardece sobre la montaña

que prometió esperarte y no dudó.

[…]

¿Qué eres tú? Dímelo

Antes de que la noche vuelva.

No pides luz, no tienes lo que quiere

toda esta oscuridad.

 

Ahora,

hoy apenas existes. Todos duermen

y es terrible. Estás sola y es espesa la sombra.

[…]

 

En definitiva, Ya Nadie Lee a Pentti Saarista se nos ofrece como un libro equilibrado donde los poemas atraviesan sonámbulos (rebeldes de la somnolencia) una distancia a oscuras, apenas encontrando tropiezos como en Paseo por El Prado y Hojas de Arena Azul y Lirios Negros, La Casa de los Tres Días o El Escondite de Kamadeva, tropiezos que no afectan a la experiencia total del libro, que no huelen a truco. Así la lectura crece dentro de una nostalgia creíble, en medio de una incertidumbre íntima y natural, una introspección que no asusta, que no parece impostada; que logramos comprender y hacer nuestra porque llegamos a reconocerla como esa mano que a todos nos aprieta, en alguna ocasión.

 

Para adquirir el libro:

Ediciones La Palma

 

Web de Alba Sabina Pérez

 

Otros artículos sobre el poemario y la autor:

De Santiago Gil en Ciclotimias

De Manuel de la Fuente en ABC

 

Selección de poemas del libro en Vallejo&Company

Selección de poemas del libro en Plumas Hispanoamericanas

 

 

Ellas nunca se cansan

Reading Time: 1 minute

Una lágrima sobre el ventanal

me separa de los cristales.

Dormidas, y casi invisibles,

las palabras mecen libros

en silencio…

 

…Ellas nunca se cansan.