La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Al parecer

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Al parecer deseo, en mi espera, un sirena que encalle mi proa, mi nave, mi carne,

una sirena que me abra la cabeza contra las rocas, que me desuelle y me decante sobre mis propias hojas escritas.

 

La letra, al menos, sabrá alimentarse de mí.

[poemPackage 1 % N]

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Mercado de Sonora.

[poemPackage 1 %…]

Vendo libros usados

apoyado contra una pared

observando a la gente

[poemPackage 1 %…]

alumbro tal o cual parábola

pero nadie se detiene

un segundo a escuchar

[poemPackage 1 %…]

saludan y sonríen

palmaditas en la espalda -y tal-

[poemPackage 1 %…]

nadie compra

simplemente miran

y se van,

Pero siguen ahí

[poemPackage 1 %…]

en mi boca,

compañía para caracoles

que extrañamente quieren decirse.

 

La cama, media barra de bar abanonada

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Tu ropa dejaba un silencio tras de sí,

confidencia o soco o silo, refugio nuclear.

Ahora nada queda salvo un silencio obcecado,

un letime apocalíptico sobre las playas de la isla de Henderson

donde, ahora, como en la propia trinchera que nos desangra sobre la cama,

se reúnen, a morir, restos de basura, carne y desechos.

No somos más que media barra de bar,

abandonada a la suerte de una medianoche de lunes

donde apenas unas chopas trapecistas, y algunas cucarachas mexicanas,

recalan, para devorarse, entre restos de Jilmador, cepos de caza

y los restos de Lorca lamiendo la sosa caústica.

[12:50pm]

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Sala de estar. Televisor encendido.

La abeja Maya en el interior del bosque.

Un ciempiés exhibe sus dotes de trobador…

pero no convence.

Tras la cristalera de la sala de estar del hospital

un hombre de polo rojo falla su único y último hoyo

en el green. La pelota queda muerta,

y él la mira apenas un segundo y la recoge,

y se va.

En el bar del hospital, sobre una butaca vacía,

da a luz una mota de polvo entre una multitud ausente y gérmenes que la ignoran.

Es un mediodía soleado. Las nubes dibujan la historia del tiempo sobre el césped

mientras un árbol gris y muerto me susurra una historia repetida.

Abandono mis ojos sobre el césped.

La muerte se torna verde.

 

En la sala de espera un viejo moribundo intenta servirse un café de máquina, mientras me mira, perdido, adivinando

la muerte de mi abuela. Se comenta en los pasillos -dice-las palomas en los ventanales, y las tórtolas y los niños.

 

Pero sólo cabe amar cuando unas lágrimas afloran nuevas tentativas de asalto.

Notas para el silencio

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Y si se pierde el silencio en medio de un nuevo ruido, ¿acaso perderse no es un hallazgo también genuino, una sorpresa, un otro silencio al que se abraza, abandonando al primero?

She in the sky

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Me jugaría la vida por agarrarte, sentirte entre mis dedos, susurrar pegadito a tu piel “never more, never more” mientras la azotea húmeda empapa mi pecho y el estómago se confunde con el corazón y así los latidos y el vértigo. No es amor, no. Ni mariposas ni pájaros azules… Simplemente tenerte unas ganas inmensas. This is you in the sky.

Puerta

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Hay una puerta en mi pecho,

y siempre está abierta para ti;

al menos, eso creo…

por eso aguardas, creo,

a pesar de este nuevo hábito

de esperarte, de la velocidad de los días

y de estos gritos que vemos alejarse

atravesando las paredes a las 5:45 de la mañana.

El agua nos redime, en la ducha o bajo la lluvia

en los inviernos que nos quedan;

sobre todo, en nuestro sudor… Y el mar…

El mar, que nos contempla esperando un beso,

o que hagamos unos hijos mirándole de frente.

Never, nothing will die

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Quita dos a dos

las almohadas.

Quiere dormir,

desnudarse y

tumbar su cuerpo

cómodamente, ser feliz y

soñar… El hombre

elefante frente al tocador

se arregla el cabello,

ajusta el nudo de su corbata y

sonríe, mira por última vez

la noche estrellada…

 

… Lentamente ,

amanece sobre la cama…

Never, oh! never, nothing will die;

nothing will die… Joseph Merrick.

 

Los Sueños del Caracol, poemario inédito (2014)

First date

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El restaurante. El mismo ambiente vinoso y autosuficiente. Los idénticos empresarios con idénticas queridas vestidas de vanas esperanzas. Tú mirada fija en el último horizonte de la mesa, atravesando mi estómago; los ojos escavando mi cráneo perdido, extrayendo no sé que confesiones a mi lengua.

Yo disfrutaba de una creciente erección en ese preciso instante, mientras tú te sincerabas, mientras murmurabas algo sobre un atraco cometido en mi nombre (con tu voz de mujer) y una camioneta hundida por tus delgados y lechosos brazos japoneses, y una pareja de guardias civiles pintarrajeados de payaso y maniatados por ti, en el portal de mi propia casa…

… El camarero llegó con la cuenta y alguien dijo “lo siento”.

 

-Señorita, hay un señor desvanecido en su sopa.

Poems from long ago… 3 de n

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Espejismos galdosianos

 

Tu recuerdo camina descalzo sobre mi cama.

Pero cuando abro los ojos, ya no estás…

 

Descubrir la mañana

 

La noche aún duerme

junto al cuerpo.

Sólo tu abres los ojos.

 

Poema sin título 01/12/2009

 

Esta lluvia mansa.

Este silencio.

Gratitud y dicha.